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Historia 46666 — capítulo 11
Me quede mirando a Edward mientras caminaba junto a Shaun, la lluvia ahora era mucho mas persistente, por lo que me hallaba mojada de pies a cabeza. Ni a Edward ni a su amigo parecía importarle en lo más mínimo aquello, ya que siguieron caminando tranquilamente, sin apuros ni reparos.
¿Qué había sido todo esto?
Fugas, treguas, no treguas… todo aquello me confundía demasiado.
Me pasé distraídamente la mano por los cabellos mas rebeldes que se empinaban en bajar por mi frente dificultando mi visión, y caminé lentamente hacía la puerta de la casa.
En otras circunstancias, habría corrido a esconderme bajo algún techo con tal magnitud de la lluvia, temiendo por un resfrío o algo mas grave. Ahora ya no me importaba nada de eso, al diablo con la gripe y los estornudos. Al carajo con todo.
Al entrar, dejé un pequeño caminito de agua, colgué mi casaca y me saqué las botas. Estilaba de pies a cabezas.
Bonny bajó raudamente por las escaleras, para variar se hallaba durmiendo en la cama de Renée supuse, y al sentir la puerta se había dirigido al encuentro de su…
Que raro… su ama era Renée, y ella ya debería estar ya en casa, por lo que Bonny no debería haber estado esperando a nadie.
-¡Mamá!-grité hacía la cocina, ella tendría que estar preparando algo, para sorprenderme.
No hubo contestación a mi pequeño grito, solo pude escuchar el sonoro ruido que hacía la lluvia al caer sobre el techo.
Me puse de pié, y fui a ver a la cocina, en donde puede comprobar que realmente no había nadie allí.
-¡Mamá!- volví a gritar ahora dirigiéndome hacia las escaleras.
Definitivamente no había nadie. Renée no estaba por ningún lado.
Era muy raro que aún no llegara, si mal no recordaba, eran los martes y jueves los que salía temprano, y hoy era martes.
-¿Dónde está tu ama?- le pregunté a Bonny, mientras la alzaba entre mis brazos. La gata por toda respuesta, pestañeo perezosamente y se lanzó a ronronear.
Mi estomago hizo un ruido fuertísimo, me recordaba muy sutilmente que hoy no había tomado desayuno y que no probaba bocado desde ayer.
Tendría que prepararme algo para comer, no era mala en ello, no llegaba a ser una aplicada en las artes culinarias, pero si me las arreglaba bastante bien.
Dejé a Bonny en el suelo y partí a ver que podría preparar para saciar a mi bochinchero estomago.
La gata me siguió, pasando su cola entre mis piernas a medida que avanzaba.
Al entrar en la cocina, me fijé que encima de la mesa había un par de bolsas, no había reparado en ellas anteriormente. Me acerqué y cogí la que estaba mas cerca.
Adentro había comida, incluso antes de abrirla lo noté, por el fuerte olor que emanaban, un olor francamente delicioso…
En las otras bolsas también había mas comida y un par de refrescos.
La dueña de todo eso por supuesto había sido Renée. En una nota que había dejado en una de las bolsas, me explicaba que hoy su turno se alargaba hasta mas aya de las 8.00 y que no podría venir a cenar con migo, por eso había pasado por comida y refrescos para mi cena.
Tendría que explicarle a Renée que cuando no pudiera llegar a tiempo para preparar comida, yo podría hacerlo sola, no necesitaba que me comprara comida preparada, a mí no me molestaba en lo mas mínimo poner en marcha mis dotes en la cocina.
-Claro, ahora que no está tu ama me tomas en cuenta a mi eh?.-le dije a Bonny, que me pasaba insistentemente la cola entre las piernas a la vez que ronroneaba sonoramente.-eres una embustera.
Comí con infinitas ganas aquella deliciosa comida, e incluso la saboree más ahora que estaba sola. No me molestaba la soledad, incluso me agradaba el no tener que conversar con nadie.
A veces me sucedía que me levantaba sin ganas de cruzar palabras con nadie, me daban ganas de ser solo yo, yo y la soledad.
Pero en cambio habían otros días en donde necesitaba la compañía de alguien con quién poder cuchuchear un rato, con quién poder reír.
Sé que sonaba muy raro aquello, porque, o te gusta la soledad o te gusta la compañía. En mi caso eran las dos cosas, un poco de soledad y un poco de compañía.
Comí más de lo normal, cuando por fin me levanté de la mesa, noté que mi estomago se veía notablemente mas abultado y me sentía pesada, por lo que decidí ir a recostarme al sillón a descansar.
Poco rato después, justo cuando me disponíaa cambiar el canal nuevamente, tras no haber encontrado nada de mi agrado, sonó el timbre.
Esa era Renée, seguramente sus horas extras ya habían terminado, aunque era temprano aún, eran solo las seis y según decía en la nota de Renée llegaría como a las ocho. Bueno tal vez había acabado antes.
El timbre sonó otra vez.
-Ya voy.-grite poniéndome de pie de malas ganas.
-Hola Bella.
No era Renée quién había tocado el timbre, me sorprendió muchísimo aquella visita.
-Jacob…
Jacob Black se hallaba en el umbral de la puerta sonriéndome de oreja a oreja.
-¿Cómo estás?-me dijo sonriendo aún mas.
Era impresionante la sonrisa de Jacob, era como mágica, capas de contagiar al que le viera.
-Bien…y tú?
-Como me vez.
Lo miré, se le veía feliz, lleno de vitalidad, irradiaba alegría hasta por los poros.
Asentí sonriendo también, aunque no era una persona de sonrisa floja, no pude evitarlo.
-Y… ¿Qué te trae por aquí?
-Mmm… traigo algo así como un mandado.-susurró, colocando cara de misterio.
-Hum, ¿un mandado?-le contesté siguiéndole el juego, poniendo cara de
misterio también.- ¿Qué te parece si pasas y me lo develas?
-Me parece estupendo.
Ahora que miraba bien a Jacob, era casi estrepitoso su gran porte, era de una contextura grandísima, yo parecía la cuarta parte de él.
-Y bien, ¿de que se trata?- le pregunté una vez que estuvimos sentados.
-Mas bien es un recado para Renée.
Asentí para que continuara, ya se lo daría después.
-Billy quiere que asista a su cumpleaños numero 50 y por nada en el mundo desea que una de sus más viejas amigas se pierda aquello.
-Ohh, pero por supuesto, apenas llegue se lo daré.
-Claro que la invitación se extiende a ti también.- siguió.- ahora que estás aquí te tocara asistir muy a menudo a todos las festividades Black.
-Estaría encantada de asistir también.
La idea no me parecía mala, me haría bien conocer otros lugares, salir un poco. Además que Jacob y su padre eran una excelente compañía.
-Eso sería genial.-asintió muy feliz.
-¿Entonces hacen muchas fiestas los Black?
-La verdad es que sí.-admitió.- Mi familia tiene muchas tradiciones, ya sabes…
-Claro, eso me parece fascinante. Mis abuelos nunca tuvieron mucha afición por las festividades.
-¿Enserio?, entonces ya es hora de que te vallas acostumbrando, aquí no te quedaras afuera de ninguna.
-Ohh… creo que es como una orden no?- le acusé entrecerrando losojos.
-Sí, algo así.
Asentí mientras reía, él me siguió riendo también.
-Bueno creo que me tengo que ir, Billy me va a retar si me demoro más de lo debido.
-Ohh claro, es mejor cumplir con las ordenes.- le dije burlonamente, mientras ponía cara de preocupación.- no hay que desobedecer a los mayores.
-Mmm…tienes razón.-asintió sonriendo, a la vez que se pasaba una de sus grandes manos por el cabello.
Jacob aún sonriendo, se puso de pie haciendo ademán de irse.
-El cumpleaños es el sábado a las 7.00, espero que no faltes.
-Creí que la indispensable aquí era mi madre.- le acusé en broma, poniéndome de pie también.
-Tú y Renée.- me corroboró.
-Bueno, entonces el sábado a las 7.00 en tu casa… lo voy a anotar para que no se me olvide.
Y no era broma, del 80% de los recados que tenía que dar, solo el 10% llegaba a su destino, en verdad si que era distraída, pero al menos lo reconocía, ese ya era un paso.
-No se te puede olvidar porque….-hizo una pausa como dándole suspenso a la situación.- ¿recuerdas que era una misión muy importante este recado?
Asentí con la cabeza.
-Bueno pues, me gustaría terminarla con éxito.-continuó guiñándome un ojo.
-Ahh, ya. Pierde cuidado Jacob, apenas cierre esta puerta voy a correr a escribirlo todo, no quisiera que tu "misión" terminara mal por mi culpa.
- Sería muy amable de tu parte.
Cuando abrí la puerta para despedir a Jacob, me di cuenta de que aún seguía lloviendo muy intensamente, la lluvia parecía no querer dar tregua.
-Te vas a mojar, ¿no será mejor que esperes a que pase?
-Me quedaría encantado.-y por la gran sonrisa que me dedicó, me pareció de verdad que así era.-pero Billy se preocuparía muchísimo.
Cuando le iba a contestar a Jacob, más bien a rebatir para que se quedara, un saludo desde dos casas mas aya me distrajo.
Si no hubiese conocido también aquellas figuras, a causa de la lluvia se me hubiese hecho muy difícil reconocer quienes eran.
Pero como me había pasado todos estos días observándolos y fijándome en todo lo que hacían, reconocí de inmediato a las dos cabezas empapadas pertenecientes a Edward y a su amigo Shaun.
No era Edward el que me saludaba, quién agitaba con fervor el brazo era su amigo.
Estire mi brazo para hacerle una débil seña. Pareció satisfecho y me sonrió.
Edward se cruzó de brazos y llamó su atención, Shaun dejó de mirar hacia mi dirección y desvió la mirada hacia él.
-¿Así que eres vecina de Edward Cullen?
Miré a Jacob muy sorprendida.
-¿Lo conoces?-le pregunté con los ojos como plato.
-Sí, aunque solo de vista.-me aclaró.- Es muy conocido por lo de su equipo de Basketball.
-Ahh…
-Y bueno su padre es el mejor médico de por aquí, es una persona excelente.-añadió aún con la mirada fija en Edward y Shaun, que seguían conversando bajo la lluvia.
-¿Médico?, ¿su padre es doctor?
Ahora fijó sus ojos en mí, y me sonrió incrédulo.
-¿No lo sabias? Pensé que siendo tan pequeño este pueblo las cosas se sabía todas de una vez.
-Mmm… parece que después de todo no es tan pequeño.- asentí distraídamente.
-El doctor Cullen es en verdad muy generoso, ayuda bastante. Los de su familia también son buenas personas…bueno casi todos.
-¿Casi todos?-le pregunté inmediatamente.
Traté de cambiar un poco mi expresión, debía de sonar como una metiche.
Jacob hizo una mueca, pero no me contesto.
-Creo que ya tengo que irme Bella, Billy se va a poner furioso.-me dijo evadiendo por completo mi pregunta.
No quería demostrarle interés al tema, pero de todas formas me debatí interiormente por presionarlo mas acerca de los Cullen. Finalmente ganaron las apariencias.
-¿En verdad no quieres esperar a que pase la lluvia?
-No, prefiero cumplir con las órdenes de mis mayores Bella, no me guíes por un mal camino.
Me reí de buenas ganas, ¿yo siendo una mala influencia?, jamás pensé escuchar aquello. ¿En serio Jacob creía que era una mala influencia?
-Esta bien Jacob, sigue tu camino.- le apremié rodando los ojos simulando enojo.-Y procura no demorarte ¿vale?
-Así lo haré.
-Si es necesario corre, no valla a ser que Billy este muy preocupado.
Jacob meneó la cabeza graciosamente y entornó los ojos dándose la vuelta.
Cuando hubo dado unos pasos, se giró nuevamente.
-Nos vemos Bella.
La lluvia caía por su negro pelo, y por todo su cuerpo, empapándolo de pies a cabezas, y él se daba el lujo de quedarse ahí parado.
-Nos vemos Jacob.- le sonreí por iniciativa propia.- Y apúrate o pescaras un resfriado.
Puso los ojos en blanco, aunque se giró nuevamente y se puso a caminar.
Unos pasos más aya se dio una media vueltita y me hizo señas con la mano.
Jacob dando solo tres zancadas separó la distancia que antes había entre él y Edward quién continuaba conversando con Shaun.
Shaun se le quedó mirando, al igual que Edward. Jacob les devolvió la mirada y siguió su camino sin darle mayor importancia.
Edward lo continuó observando a pesar de que Jacob ya les había sacado bastante distancia.
Solo una vez que Jacob hubo desaparecido de vista, Edward le quito los ojos de encima, pero solo para posarlos en mí esta vez.
A la distancia que nos encontrábamos, no supe descifrar la expresión de su rostro, y la tupida lluvia no ayudaba mucho a mi propósito.
Recordé su típica expresión de enojo e ira, y por una extraña razón por segunda vez en el día, me dio algo parecido a la aflicción. Claro que no podía estar segura de si era tristeza realmente, había otros sentimientos mezclados también.
Me di la vuelta sin pensar nada más, y cerré la puerta.
Mi mente se quedó en blanco por unos momentos, no fui capaz de caminar hacia el sillón, por lo que me quede ahí, parada junto a la puerta.
¿En que había estado pensando?
Edward Cullen era quién me había causado dolores de cabezas repetitivos durante días, con quién apenas en mi primer día de clases ya había tenido un altercado, cosa inédita en mi vida.
Era un chico insensible, arrogante y déspota, ¿y yo sentía tristeza?
¿Había llegado incluso a pensar en una…tregua?
Me reí amargamente de solo pensarlo, ¿treguas? ¿Una tregua de verdad?
Una tregua era una cesación temporal de hostilidades, un descanso. Eso jamás había pasado, y jamás iba a pasar.
Por un momento pude ver una bandera blanca en lo alto del cielo, que lentamente descendía, descendía para nunca mas volver a subir, sí así era…
No mas Treguas…
Decidí ignorar a Edward, ya no sería débil.
Ninguna chica debe aguantar aquellos tratos, un hombre sin educación suficiente para tratar bien a una mujer, no se merecía ni siquiera una mirada, ni una palabra que saliera de mi boca.
Ya no aguantaría más a aquel arrogante, si quería tratar mal a alguien, que fuera a insultar a sus babosas amigas y a sus subordinados que tenía por amigos.
Durante toda la semana me enfoqué en mis quehaceres, tomé apuntes en casi todas las clases, realicé cada uno de los trabajos que me mandaban, e incluso me atreví a contestar algunas preguntas que hacían los profesores en sus clases, como solía hacerlo en mi antiguo instituto.
Por su parte los profesores se veían muy complacidos con mi presencia, en varias ocasiones me felicitaron por mis aciertos y me halagaron por lo mucho que sabia.
Las cosas con mis nuevos amigos anduvieron muy bien, me llegué a sentir muy cómoda con ellos, e incluso Jessica me acompañó al centro comercial, a comprar algo mas de ropa abrigada. Me ayudó a escoger unos bonitos guantes que combinaban a la perfección con el gorro y bufanda recién comprados, los cuales también me ayudó a escoger.
Jessica tenía bastante gusto para la ropa, y al final del día, me llevaba a casa, una gruesa casaca acolchada, dos pares de guantes, tres gorros y dos bufandas.
En la esperada prueba de Trigonometría me sentí muy segura y cómoda, me sabía casi todas las respuestas y solo tuve problemas con dos. Esperaba con ansias el resultado.
Las cosas con Renée anduvieron bien durante toda la semana, los días martes y jueves llegó antes que yo a casa y preparó cosas deliciosas de comer y los otros días traía la ya acostumbrada comida preparada para cenar.
No volví a mirar a Edward, aunque el día jueves me sorprendió de camino a casa.
-Bella…
Aquella palabra salió de su boca de vuelta de clases, me había alcanzo sin mayor esfuerzo y se había colocado junto a mí, siguiendo mi ritmo al caminar.
Fiel a mi promesa interna, hice caso omiso de aquello y seguí mi camino sin siquiera prestarle atención ni dedicarle una mirada.
No me siguió ni volvió a llamarme, se quedó parado en el mismo lugar y me observó.
Eso no fue lo único, me sentí observada en varias ocasiones, sabía que era él, porque Mike me había dicho en reiteradas circunstancias que Cullen me miraba yque le parecía muy raro.
Evité todo tipo de preguntas y conjeturas, alegando que no tenía idea porque era y no me interesaba.
Ni siquiera por una sola vez lo miré, ni cuando reía estrepitosamente o cuando sabía que no me estaba mirando, tampoco le prestaba atención cuando por casualidad me encontraba con él de frente en algún pasillo, solo seguía caminando como si nada estuviera delante de mí.
Por fin el día sábado había llegado, hacía un día radiante, con un sol brillando intensamente en lo más alto del cielo.
Cuando observé desde mi cama los rayos de sol calándose a través de las cortinas me incorporé alocadamente y las abrí de un solo tirón.
Era una mañana preciosa, había un montón de pájaros en las copas de los árboles, cantando como unos dementes, y solo unas pocas nubes se alcanzaban a visualizar en el horizonte.
Suspiré de puro gusto, y me puse a tararear mientras me ponía las pantuflas para bajar a desayunar.
-Buenos días Bella.
Al parecer Renée también se había levantado de un humor mejorado.
-Buenos días.-le contesté sonriendo.
-Es un hermoso día, ¿no crees?
-Realmente hermoso.- asentí aún sonriendo.
Nos dirigimos a la cocina en busca de alimento, aquel día tan maravilloso me había abierto el apetito.
-¿Y qué le compraste a Billy?- le pregunté bebiendo un sorbo de leche.
-¡Diablos!, eso era lo que se me olvidaba, sabia que algo se me olvidaba.
-¿Aún no les has comprado nada entonces?
-No, estuve toda la semana pendiente de comprarle algo, pero ayer que iba a ir al centro, se me olvido por completo.- me contestó golpeándose la cabeza.
-Tendrás que ir hoy entonces.
-Sí, pero aún así no se que comprarle.
-Bueno… no sé…-cavilé para mi misma.- ¿Qué le gusta a Billy?
-Bueno ya sabes, pescar, pero el año pasado le regalé todo un set de pesca, no puedo repetir el regalo, ¡que falta de originalidad!
-Sí, creo que sí.- asentí mordiendo mi tostada.- ¿Y que tal un recuerdo o algo así?
-Sí, puede ser, aunque Billy no es muy sentimental que digamos.
-Algo se te va a ocurrir, lo importante es que llegues con un regalo.
René salió una hora después en busca del regalo perfecto para Billy, en su cumpleaños.
Jacob me había llamado el día jueves recordándome el evento, y reiterando que no podía faltar. Aunque le repetí muchas veces que no faltaría Jacob insistía incasablemente.
Sería divertido, algo tranquilo, nada muy alocado o muy bochinchero, eso me agradaba mucho.
La mayor parte de la mañana me la pasé realizando deberes de matemáticas, biología y artes.
Me faltaron algunos materiales para artes visuales, la profesora nos había mandado realizar un paisaje con tonalidades matizadas logradas con lápices pasteles, lo que odiaba con todo mí ser.
Era excelente en artes, en dibujos sobretodo, pero no podía lograr algo decente con los malditos lápices pasteles, realmente me superaban. Ya llevaba dos trabajos arruinados y no lograba dar con el color exacto del cielo, por lo que me había gastado todo el lápiz azul y el blanco.
Me vi obligada a salir a comprar otra cajita de aquellos lápices, y todo por culpa de solo dos de ellos, ¿pero que podía hacer sin blanco y sin azul?, me quedaría sin cielo, claro.
Era increíble poder aventurarme a la calle sin chaqueta, solo cogí las llaves y salí.
Estaba segura de que había visto una librería unas cuantas cuadras mas aya, no supondría mayor esfuerzo.
En el jardín de los Cullen, se encontraba una mujer agachada entre medio de las flores. Era Esme, quién llevaba un vestido de pequeñas flores fucsias y blancas, mimetizándose con las rosas, margaritas, gladiolos, orquídeas y un sinfín de flores mas de su jardín.
A su lado pude ver una regadera y un par de herramientas para jardín.
-Hola Isabella, ¿Cómo estás?- me saludó incorporándose, y dedicándome una dulce sonrisa.
-Hola señora Cullen…
-Ohh no querida, eso si que no te lo permito.- me reprendió aún sonriéndome.- Esme para ti.
Le sonreí, dándole a entender que si comprendía.
-¿Está Renée en casa?
-No, acaba de salir…
-Que lastima… quería entregarle unas cosas que me había prestado.- se lamentó mientras se sacaba el sombrero que le cubría la cabeza, protegiéndola del sol.- ¿Pero, podrías pasárselas tú?
Claro.-asentí inmediatamente sin pensar si quiera.
-Ven ven, pasa, que las tengo adentro.- me dijo, moviendo una mano en señal de que la siguiera.
Traté de protestar, pero Esme me cortó rápidamente, por lo que tuve que seguirla muy a mi pesar.
¿Qué tan grave podía ser? Entraría, Esme me pasaría las cosas y ya.
Cuando entré a aquella casa, me quede boquiabierta…Todo era hermoso, lleno de elegancia.
Cada uno de los muros estaban pintados de blanco, un blanco impecable. El piso brillaba tan intensamente que me podía reflejar en él y tanto las alfombras como los sillones hacían juego de colores.
Ni que hablar del decorado, jarrones y figuras de colección adornaban todos los rincones de la casa, pero sin caer en la exageración, todo en su justa medida.
-Las cosas las tengo en mi habitación, vuelvo en seguida.- me dijo Esme a la vez que subía las escaleras.- Ponte cómoda.
Cómoda era lo que menos podía estar en esa casa. Mis ojos revisaron cada detalle, cada cuadro, cada planta… era todo tan hermoso. Me dio pánico romper algo.
Comencé a caminar hacía unas fotos que llamaron mi atención. Encima de un mueble en un rincón junto a la ventana, había un montón de fotografías de todos los tamaños.
Lo que mas me gustó, fue un pequeño árbol genealógico en el centro de todo, que en cada hojita ponía una cara. Comprendí que las hojas de abajo eran tal ves los bisabuelos y abuelos de los Cullen, pues a medida que las hojas ascendían iban apareciendo las caras de Esme, junto a ella, en otra hoja, un hombre guapísimo con el pelo de color rubio, luego una hermosa chica rubia también, mas arriba estaba Alice, le seguía Edward y por último un bebé muy sonriente.
Cada rostro que aparecía en las hojas era igual de bello, cada uno tenía su propio encanto, aunque todos con un rasgo en común, los ojos.
La única que desentonaba, era Esme, con sus tristes y opacos ojos celestes.
Me giré y seguí observando, aún sorprendida por lo delicado que era todo.
A mi izquierda pude ver una pecera pequeñita.
Cuando me hube acercado, vi que no eran peces los que estaban ahí adentro, como pensaba encontrar, sino que en su lugar nadaba una solitaria tortuguita en miniatura.
Me acerque aún mas, casi pegando mi rostro al vidrio. La tortuga lentamente estiró su cuello y me miro con sus inexpresivos ojitos negros.
Me dieron unas enormes ganas de sacar de ahí a la pobre criatura. Nunca había sido una aficionada de los reptiles, para ser sincera, los encontraba un poco asquerosos, pero a esa pobre tortuguita miniatura no le debía agradar estar ahí encerrada en cuatro paredes.
Desee poder tomarla y lanzarla a su verdadero hábitat, para que pudiera nadar a sus anchas.
-Es la tortuga de Alice.
Pegué un salto de susto y me di la vuelta con la mano en el corazón.
Justo a quién no me quería pillar… Edward…
-¿Puedo preguntar que haces aquí?
No le contesté de inmediato, totalmente fiel a mis principios, pero luego analicé la situación. Yo me encontraba en su casa, en su sala de estar y mirando sus cosas ¿y no le iba a contestar? Después de todo él tenía el derecho a preguntar, o… ¿no?
Mi debate con migo misma era fastidioso, constaba de dos partes, contestar o no contestar. Parecía simple, pero definitivamente no lo era para mí.
-Espero a tú madre.- le contesté vagamente, simulando muy poco interés, luego me di la vuelta nuevamente y seguí mirando la tortuga.
Sentí como se acercaba, separando la distancia que nos separaba.
-¿Y porque razón?.- insistió en un tono neutro.
-Tiene unas cosas de Renée.
No acostumbraba a contestar tan escuetamente ni con tantos rodeos, pero las circunstancias lo ameritaban.
-Umm.
Se hizo un silencio total en la habitación, que muy pocos segundos fue interrumpido por Esme quién bajaba las escaleras.
-Edward ya llegaste, ¿Cómo te fue en el entrenamiento?
-Como siempre.
¿Cómo siempre? ¿Y donde quedaban las palabras amorosas y cortes, típicas de un hijo hacia su madre?
"Bien mamá, el entrenamiento a estado un poco pesado, pero muy entretenido, gracias por preguntar. ¿Cómo estas tú?"
Eso hubiese sido lo correcto, lo apropiado. No un simple como siempre.
Esme solo le sonrió, y luego me miró a mí.
-Bella no pude pillarlas arriba, las debo tener en el sótano, no me demoro nada, enseguida vengo.
-Claro, no se preocupe.
En realidad no era eso lo que me hubiese gustado decir, pero era lo "correcto". Lo único que quería era que encontrara esas malditas cosas de una vez por todas, para salir lo más rápido posible de aquella casa.
Una vez que Esme desapareció hacia el sótano, se hizo el silencio de nuevo.
No atiné a ir hacia los sillones a sentarme, o a seguir recorriendo la casa, me quede parada junto a la pecera, sin nada más que hacer.
-Creo que Esme es un poco desordenada, va a demorar bastante.
Ni siquiera le preste atención, no le dirigí mirada, por lo que no sabía que era lo que estaba haciendo, tampoco era que me importara.
-¿Te empeñas en no prestarme atención o que?- me preguntó subiendo el tono de su voz, pero no de forma violenta, sino mas bien con una nota de impaciencia y ¿frustración?
Quise responderle, como no había querido hacerlo desde hace varios días, me tragué las palabras una a una, no podía echar a perder todo lo que había logrado.
-¿Qué quieres que haga?, ¿Qué te pida perdón?
Me costó asimilar que aquellas palabras habían salido de la boca de Edward, me descolocó totalmente, no pude sostener más la situación, vi muy a mi pesar, como aquello se me escapaba de las manos.
Relajé la postura y le miré a los ojos por primera vez en 5 días.
-No quiero que hagas nada.- le respondí duramente.-limítate a tus asuntos.
Me miró largamente, como recordando esas palabras y luego meneó la cabeza.
-Shaun a estado preguntando por ti.- me dijo con una sonrisa sarcástica de medio lado.
-¿Así?- le contesté con desgano, dándole la espalda nuevamente, para mirar la tortuga o mas bien para simular que la veía.
-Aja, creo que le caíste bien.
No le contesté, aunque me sorprendí bastante.
-Sabes, pensé que las cosas habían mejorado… ¿Newton te llenó nuevamente la cabeza de cosas repulsivas acerca de mí?
-¿Qué?- le pregunté girándome, sin entender ni una palabra.
-Eso es lo que paso ¿no? Newton te dijo algo de mí y por eso ya no me hablas.
Su vos expresaba rencor y mucho enojo.
¿Ya no entendía nada? ¿Había escuchado bien? ¿Edward pensaba queyo no le hablaba por culpa de Mike?
-¡Tu verdaderamente no entiendes nada!-le grité expresando toda la ira que llevaba contenida por días dentro de mi.
Me miró sorprendido y se acercó.
-¿Qué es lo que no entiendo? Si te limitaras a explicarme en vez de hacer como si no existiera ¿arreglaría las cosas no crees?
-¡Es que no puedes ser mas insoportable!- grité hacía el cielo, con las manos extendidas.- resulta que eres tú el que haces las cosas mal, y los demás tenemos la culpa.
-¿Y que es lo que estoy haciendo mal? ¡Dios!
Ambos estábamos fuera de nuestros cabales, no se porque aquello me afectaba tanto, pero había perdido por completo la noción del tiempo y ya no me importaba nada, no me importaba romper mi promesa interna de no hablar nunca mas con Edward, solo quería hacerle saber todo lo que yo tenía muy claro y él ignoraba.
-¿Qué no sabias que no eras perfecto Edward?, tienes defectos como todos, ¡también te equivocas!
-Por supuesto que sí lo sé, eres tú la señorita perfección ¿recuerdas?- me increpó aún mas cerca de mí.
-¡Eres un ser repulsivo!- le acusé levantando mi mano hacía él, con intensiones de golpearlo en donde fuera y causarle algún daño.-No… ¡cuidado!...
Lo que pasó a continuación, no lo comprendí muy bien al instante, solo escuché un sonido sordo y luego un rompimiento de vidrios.
-¡¡¡Mierda!!!
Me demoré tres segundos en comprender lo que había pasado.
En medio de la discusión sin darnos cuenta, nos habíamos ido acercando el uno con el otro, pero al mismo tiempo y sin querer, nos habíamos aproximado peligrosamente hacia la… pecera, sí la bendita pecera de Alice.
En medio de mi afán de golpear a Edward, había levantado bruscamente mi mano derecha en dirección hacia él, totalmente fuera de control.
Edward fue más rápido que yo y antes de que lo alcanzara, agarró mi mano en el aire, impidiendo cualquier atentado.
En aquel forcejeo, ambos pasamos a llevar con nuestros cuerpos la pecera y a la pobre tortuga de su interior que descansaba impávida sobre una roca.
Con el brusco golpe, la pecera se tambaleó unos segundos de un lado a otro, y antes de que alcanzáramos a hacer algo, ya estaba en el suelo.
El lugar en donde antes había estado la caja de vidrio, ahora se hallaba vacío. No así el reluciente piso de los Cullen, que había pasado de estar limpio a mas no poder a todo regado de vidrios y agua.
Miré atónita a Edward, quién estaba en estado de shock, y aún no reaccionaba, solo miraba el piso con la boca entreabierta.
No podía ser tan grave, era solo una pecera rota, se compraría otra y ya…
Edward levantó lentamente la vista, y me miró con angustia contenida.
-Alice me va a matar.- susurró lentamente.
-No es para tanto, podemos comprar otra.- le contesté muy despacio también.
-No, no lo creo….aunque tal vez…
Se veía muy contrariado, ¿que podía hacer Alice? Ella entendería, le diríamos que su pecera estaba rota y que compraríamos otra, ella lo iba a comprender y todo solu…
-La tortuga.- dijo subiendo un poco el tono de su voz, aunque todavía sonaba ronca.- ¿Dónde está la tortuga?
Miré para todos lados, Edward siguió mi ejemplo.
No logré localizarla, era difícil pues la arena de la pecera se hallaba desparramada por todos lados, al igual que las rocas. El vidrio tampoco ayudaba mucho.
Edward se puso en cunclillas y buscó con sus manos a través de los "escombros".
También me agaché y me puse a buscar.
Derrepente vi algo verde tras unos montículos de arena. Sí, en efecto era la tortuga.
La cogí entre mis manos, muy feliz por el hallazgo, pero… la tortuga no se movía…
-¿La pillaste?-me preguntó Edward aproximándose.
Lo miré por unos segundos y luego miré a la pobre tortuga. Seguía sin moverse por lo que con mi dedo le toqué suavemente la cabecita. Nada pasó.
-No se mueve.-susurré.
-¿Cómo que no se mueve?
Volví a tocar a la criatura esta vez un poco más fuerte, y por segunda vez no se movió en lo absoluto.
-Intenta de nuevo.-me exigió Edward con un deje de histeria en su voz.
-Te digo que no se mueve.- le contesté con los nervios de punta.
-Tiene que moverse.
Se aproximó hacia la tortuga y con uno de sus finos dedos, la tocó delicadamente, una, dos, tres veces…
-¡Ya Edward!, para!!
Sentí movimientos desde donde Esme había desaparecido, Edward se puso de pie de inmediato y recorrió con la vista el desastre que habíamos dejado.
-Esme no puede ver esto.-susurro.
-Edward… escuche ruidos ¿sucede algo?...