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Historia 46666 — capítulo 10

El pasillo se me hizo enorme mientras corría, parecía un sueño cuando por fin llegamos a la esquina para doblar hacia nuestra aula. Edward corría a toda velocidad junto a mí, y yo no lo hacia nada de mal, era como si me hubiesen inyectado algo o simplemente era la adrenalina la que me hacía correr de esa forma, jamás había sido una buena corredora, todo lo contrario.

Al doblar la esquina puede ver a lo lejos la preciada sala de clases que en estos momentos era lo que mas anhelaba.

Ambos llegamos al mismo tiempo, sin aliento y con la respiración entrecortada. Me apoyé en la pared y respiré rápidamente, para poder volver el ritmo de mi corazón a la normalidad.

Edward también respiraba muy rápido, pero se hallaba indiscutiblemente mucho mejor que yo, su estado físico lo ayudaba mucho. Nos miramos aún preocupados, teníamos que entrar, el rector podía venir en cualquier momento.

Edward miró hacía atrás, no se veía nada aún, pero eso no tardaría en cambiar.

Traté de controlar mi respiración, no podía entrar en ese estado, ¿Qué les iba a decir a Mike, a Jessica o incluso a Ángela? "Sí, lo que pasa es que me puse a hacer carreritas con mi amigo Edward" sonaría totalmente absurdo, una locura.

-Tenemos que entrar.- me dijo Edward en un tono que no admitía réplica, mientras abría la puerta.

No lo dudé mas, al diablo con las explicaciones, luego se me ocurriría algo.

Entré precipitadamente.

La sala estaba tal cual como cuando había salido, el mismo bochinche, todos hacían las mismas cosas y conversaban al igual que minutos atrás, los únicos que desentonábamos éramos nosotros.

Las cabezas de varios chicos se volvieron al vernos, noté que era muy pero muy raro, que yo, la alumna nueva y el chico más popular de la escuela, estuvieran juntos, entrando precipitadamente, con la respiración acelerada y por mi parte un poco alterada…

-Disimula ¿quieres?

Me giré para mirarlo mientras se ponía en marcha hacia su pupitre en donde lo esperaban sus amigos, me miraba un poco cabreado, él si que disimulaba bien su cansancio debido a la estrepitosa carrera, ahora era solo yo quién seguía con expresión de pánico.

Le devolví la mirada fugazmente y también me volví hacía mi puesto, en donde me esperaba Mike con cara de pocos amigos, Jessica muy desconcertada al igual que Erik, y Ángela sin entender nada.

Les sonreía estúpidamente cuando me senté junto a Jessica.

-¿Se puede saber que hacías tú con Cullen?

La pregunta de Mike me pareció del todo posesiva, eso era de muy mal gusto, yo no le debía ningún tipo de explicaciones a nadie, eso me infundió un extraño valor para mentir.

-Yo no estaba con Cullen.-le contesté en un tono de voz neutral.

-Bella, venías entrando con él.- me dijo Jessica, indicando hacía la puerta.

-Sí, bueno él entró y yo también.-les dije aún en un tono de voz que pretendía ser normal.

-¿El entró y tu también?- me preguntó Erik, con cara de no entender nada.

¿Por qué diablo tantas preguntas?, iba a tener que mentir mejor si quería que me creyeran.

-Sí, él venia de otra parte, y yo del baño como le había dicho a Ángela, y bueno al entrar el entró también, eso fue todo.

-Ahh…-asintió Mike aún poco receloso, echando una fugaz mirada hacia Edward.

-¿Te vez cansada, pasó algo?- me preguntó Ángela.

La pregunta de Ángela no había sido formulada por pura curiosidad, estaba de verdad preocupada por mí.

-No, solo me apuré un poco, el rector me podía pillar, ya sabes.

En cierta forma aquello era verdad, el rector si me podría haber pillado, pero claro que no me había apurado un poco, había corrido como una loca, y además había omitido que mi fuga había sido acompañada de Edward.

Sonó el timbre, aquel sonido había sido mi salvación. Me puse de pie rápidamente y agarré mi bolso, poniéndomelo en un costado.

EL resto de la mañana había pasado sin ningún otro sobresalto, y cuando sonó el timbre de finalización de las clases en verdad me sentí muy feliz, quería llegar pronto a casa, y tenderme en el sillón a ver cualquier cosa, sería una tarde de ocio.

Me despedí de los chicos en la esquina habitual y caminé más rápido.

A unos cuantos pasos de mí, iba caminando Edward con su ya acostumbrada elegancia.

Era tremendamente descortés que no le diera las gracias, después de todo prácticamente me había salvado la vida….bueno, no tanto como eso, pero si me había alejado de un castigo o una suspensión en el peor de los casos.

Me apresuré un poco más para alcanzarlo, cuando estuve mas cerca lo llamé.

-Edward.

Se giró lentamente y me miró, mientras esperaba expectante.

-Antes no te dí las gracias, y bueno, en verdad te agradezco mucho lo que hiciste.

-Ohhh, creo que después de todo si tienes modales, señorita perfecta.-me contestó con una falsa sorpresa en su rostro.

-Mis modales no están en discusión, solo te quería agradecer, pero veo que contigo no se puede entablar una conversación.

En verdad era odioso, ya había cumplido con los agradecimientos pertinentes, ahora me largaba. Pasé por delante de él, sin decir ni una palabra mas, y caminé hacía la casa de Renée. Me había equivocado profundamente en haber tratado de ser amable con Edward, no se merecía ni las gracias.

-Hey! Hey.- me llamó desde atrás.

No le contesté, y seguí caminando.

-Bien, disculpas aceptadas.- me dijo cruzándose delante de mí, y obstaculizándome el paso.

-OK, ahora déjame pasar por favor.

Traté de pasarlo, franqueándolo por el costado izquierdo, pero me detuvo.

-Oye, escucha, ya acepte tus disculpas, ¿Qué más quieres?

-Quiero que me dejes pasar.-le contesté cruzándome de brazos.

Edward abrió la boca para contestarme, pero algo lo detuvo.

-Edward! Edward!.

Quien lo llamaba era una chica que había salido recién de la casa de éste. Era preciosa, poseía la misma piel de porcelana tanto de Edward, como de Esme, pero a diferencia de los dos anteriores, ella tenía el pelo negro. Sus facciones era…perfectas, la misma nariz perfilada de Esme y los mismos ojos de Edward, exactamente del mismo color.

Me fijé en su vestuario, estaba segura que era la misma tenida que había visto en una revista de moda la semana pasada, aunque podía estar errando, ya que yo no sabía mucho de esas cosas, la moda no era lo mío.

Supuse que tenía que ser algo de la familia de Edward, ya que además del parecido obvio, su elegancia era indiscutible.

Corrió dando pequeños saltitos hacia nosotros y se paró justo al lado mío, de modo que quedó frente a Edward.

-¿Es una nueva amiga Edward?- dijo observándome, con una cordial sonrisa en sus labios.

-Sí, algo así.- le contestó de malas ganas.

-Hola, soy Alice, Alice Cullen.-me dijo sonriendo aún mas.- ¿Tu eres…?

-Bella, Bella Swan.

-Ohh!, claro que sí, mamá ya nos habló de ti.

¿Esme les había hablado de mí?, ¿Cuándo? Y ¿porque? Empezó a subir un extraño calor por mis mejillas.

-Ya Alice, ¿Qué quieres?- le preguntó Edward, mirándola muy enfurruñadamente.

-No seas descortés Edward.- le reprocho Alice.- estoy conversando con tu amiga.

-No, no te preocupes de hecho yo ya me iba.-le dije.

-Ohh… pero por favor, no, yo solo venía a…- derrepente su mirada cambio desde mi, hasta Edward.- venía a decirte que voy a salir, ¿que cuides al bebe sería mucho pedir?

Edward pareció no comprender por unos instantes, observó a Alice solo un momento antes de comprenderlo del todo.

Alice tenía una extraña mezcla en su expresión, que pasaba entre la súplica, el acongojo, y algo más.

-No Alice!!, esta vez no.- le dijo Edward negando con su cabeza, totalmente decidido.

-Por favor hermano, sabes que no lo haría si fuera totalmente necesario, solo lo tienes que cuidar por unas horas, nada mas.

Antes de que Edward negara otra vez, Alice se le colgó del brazo, suplicándole. Su expresión me llenó de pena, en verdad si que era convincente o necesitaba salir muy urgente.

-Alice!!, eres un engendro manipulador!!.- le dije Edward cuando Alice amenazaba con ponerse a llorar.- está bien!!

-¡Eres el mejor!, te adoro, te adoro!

Alice le propinó un enorme abrazo a Edward, dando saltitos de alegría.

-Te dejé todo listo, la mamadera está en el calentador, el talco y los pañales en su habitación, y la comida encima de la mesa.- le dijo Alice enumerando las cosas con sus delicados dedos.- ¿viste como también soy una buena hermana?

-Sí…claro… ¿ya vete quieres?

-Sí, si, como tu digas.- le contestó propinándole otro abrazo.- un gusto haberte conocido, espero que nos veamos pronto Bella.

Le sonreí a modo de respuesta, casi por inercia.

Alice se giró rápidamente y se lanzó a correr a lo largo de la calle. Parecía una modelo haciendo algún comercial, corriendo por la calle mientras lucía un hermoso atuendo.

Miré a Edward sorprendida, mil imágenes se me pasaron por la cabeza, ¿era Alice la dueña de aquel bebe? Había sido madre muy joven si así era…o ¿era Edward el padre de aquella criatura?, ¿Alice le estaba pidiendo que cuidara a su propio hijo entonces?

No aguanté más con la curiosidad que me picaba por todos lados, y aunque traté con todas mis fuerzas, darme la vuelta como si nada hubiese pasado nada e ignorarlo como pretendía hacer hace pocos minutos, no pude, sucumbí ante la quemante curiosidad.

  • ¿Es el bebe de Alice?.- le pregunté como que no quería la cosa.

Edward me miró sorprendido y luego sonrió para si mismo.

-¿Alice siendo madre?, no, no le creo.- me respondió sacudiendo la cabeza mientras seguía riendo.

Entonces solo me quedaba una opción, traté de imaginarme a Edward en su rol de padre, pero mi mente se bloqueó. Mi expresión debió ser muy terrible, porque Edward contestó:

-Es mi hermano.

¿Su hermano?, osea que aquel bebe era hijo de Esme, de Esme y del padre de Edward, ahora todo cuadraba…

-Ahhh…-dije tontamente mientras comenzaba a andar, Edward me siguió también.

-Como vez, nos turnamos para cuidarlo, mientras nuestros padres trabajan, pero Alice muy raramente cumple con ello.

-Entonces son tres hermanos?, Alice, el bebe y tu?

Una vez que formulé la pregunta, me parecí yo misma una entrometida, ¿Qué diablos me importaba a mi si eran tres hermanos o seis o diez? Pero ya era tarde, mi torpe boca ya había hecho la pregunta.

-No, en realidad somos cuatros.- me contestó muy ajeno a mi debate interior.- Alice, el bebe, yo y Rosalie, mi hermana mayor.

Ese nombre lo había escuchado, sí que lo había escuchado, Esme lo había pronunciado una vez cuando llamaba desesperadamente a su hijo, ella le había dicho "Rosalie y Emmet esperan"

-Ella ya no vive acá, se casó hace muy poco, pero viene muy seguido de visita, aún no logra cortar el cordón umbilical.

Sonreí ante aquello, me imaginé a Rosalie, ¿sería igual de bella que el resto de su familia? ¿Tendría la misma elegancia?

-Bueno creo que debo entrar, el bebe…-me dijo indicando hacía su casa.

-Ohhh! Claro!.- le conteste, dándome cuenta de la situación.- pobre bebe, apúrate debe necesitar algo.

Pobre criatura, me lo imaginé solo en la enorme casa de los Cullen, llorando por falta de compañía y atención. Me sentí culpable.

-Y… es como una tregua no?

¿Tregua?, ¿había escuchada bien?, Edward me proponía una… ¿tregua?

-Sí, creo que si.- asentí lentamente, un poco sorprendida.

Edward me miró como queriendo decir algo mas, pero luego se giró y comenzó a caminar a grandes zancadas hacia la puerta de su casa.

Yo también me puse en marcha, aún sin poder creer todo lo que había

pasado, mas tarde tendría que hacer un balance de la situación.

Entré a la casa sin apuros, me tomo un tiempo el desprenderme de mi chaqueta, no podía desabrochar los botones demasiado grandes para los ojales muy pequeños. Cuando lo conseguí, me recosté en el sillón sin encender la televisión, y me quedé tendida ahí, sin ninguna preocupación, solo recostada en un sillón, mirando a la nada.

Los días habían pasado muy rápidos, ya llevaba una semana y un día aquí en Forks y las cosas se sucedían con una extremada velocidad. Ya había pasado de todo en mi vida, peleas, nuevos amigos, un nuevo instituto, nuevos profesores, discusiones sin sentidos, una nueva mascota, e incluso una nueva familia, aunque fuera bastante reducida, constando de solo dos miembros, mi madre y yo…Renée si que se estaba esforzando, ¿tanto era el remordimiento por haberme abandonado? En verdad a mí no me importaba aquello, antes si me había causado algún recelo, cuando cumplí los 12 años me di cuenta de que mi madre no me quería, que me había abandonado por un hombre y que mi única familia verdadera eran mis abuelos.

Ahora lo pensaba y no me causaba gran cosa, tal ves me había acostumbrado a la idea de ver a Renée como eso, solo como a Renée.

Siempre me había preguntado cuan fuerte era el sentimiento del amor, ¿era tan profundo para abandonar a una hija que era parte de tus entrañas? Tal vez algún día lejano llegaría a sucumbir ante los enrredos del amor,me pondría boba y atolondrada, pero de algo si que estaba segura, yo no abandonaría a mis hijos, ni por mucho amor o locura, ellos serían lo primero, la prioridad en mi vida.

Aun así, y ante todo lo que se podía pensar, yo no le guardaba rencor a Renée, esa había sido su decisión, ella había decido seguir los pasos de su amado y así había sido. Yo era aún muy pequeña para haber sentido el dolor de una separación, la inocencia y mi abuela se habían encargado de sanar heridas y de suplir necesidades.

Aún me preguntaba cuando miraba a Renée a los ojos que se sentía, ¿Qué siente una madre que abandona a su hijo? Estaba segura de que le resultaba duro mirarme a la cara, pero solo era superficial, ¿Qué sentía en lo más profundo de su corazón?

Día martes, mi día predilecto, el único día en donde escogía la ropa con paciencia y dedicación.

Había sido una buena noche, no recordaba sueño alguno y no me había despertado a mitad de la madrugada.

El día había amanecido para variar…nublado y con amenazas de lluvia, así que escogería la ropa de acuerdo a aquello.

Me esmere mucho en combinar mis botas cafés con algo, escogí un pantalón crema, y no lograba decidirme si la chaqueta negra era lo mas apropiado o la café.

Al fin me decidió la hora, un rápido vistazo hacia mi reloj me corroboró que era muy tarde para estar todavía en pijama, así que sin más rodeos escogí la chaqueta negra.

Me vestí sin apuros y al fin cuando terminé, me sentí satisfecha de mi trabajo, todo combinaba a la perfección.

Bajé a saltitos la escalera y me precipité hacía el baño.

Cumplí con todos mis ritos mañaneros y me eché un vistazo en el espejo. No me veía para nada mal, mi pelo caía por sobres mis hombros en unas juguetonas ondas y mi piel blanca contrarrestaba con el negro de mi chaqueta, aquello me gusto.

Salí mas contenta de lo habitual del baño y miré distraídamente mi reloj pulsera, mas que nada por costumbre.

Pegué un salto cuando me di cuenta de que eran las 7.45, si no me apresuraba llegaría tarde, al diablo con el desayuno, ya habría tiempo después de comer algo.

Tomé mi bolso y cerré con fuerza la puerta de salida, me sorprendió el frío que hacía, dude entre entrar nuevamente en busca de alguna bufanda o algo mas abrigado, pero los pocos minutos que me quedaban me obligaron a desistir y a soportar estoicamente la fría mañana.

Casi corrí durante todo el tramo y cuando doble la esquina me lancé a correr a toda marcha hasta la entrada. No paré hasta llegar a mi respectiva clase, que me costó un poco encontrar, la sala de Química quedaba bastante alejada.

Al entrar el profesor me miró de soslayo, pero hizo como si no me hubiese visto y siguió con su trabajo. Me sorprendió que no me dijera nada ¿Qué no me iba a llevar ni siquiera un reto?

Pasé de largo, sin hacer el menor ruido, a lo mejor el profesor se había levantado de buen humor hoy, y no pensaba arruinar eso.

Jessica me sonrió muy alegre cuando llegué, le devolví la sonrisa saludándola con una mano y me senté.

-Tienes suerte Bella, al parecer hoy el profesor anda de un humor excelente.- me susurró muy despacito, guiñándome un ojo.

-Creo que si.- le contesté mientras sacaba mi cuaderno y lo ponía sobre mi mesa.

Al girarme para buscar en mi bolso, eché una ojeada hacia el pupitre de Edward, sin querer claro estaba.

Me di cuenta que solo habían dos cabezas en lugar de cuatro. Estaban sentados juntos dos de los amigos de Edward, el chico de pelo castaño de hermosos ojos azules y el chico llamado Johnson, de grandes ojos cafés.

Faltaban Edward y el tercer amigo, el de ojos verdes y pelo negro.

Era muy raro verlos separados, siempre andaban juntos, eran como el "cuarteto inseparable". Bueno tal ves llegaban mas tarde, con ellos nunca se sabía.

No se porque razón o motivo, me encontraba tan preocupada por Edward y sus amigos, pero me lo pase el resto de la mañana husmeando para comprobar si habían llegado. Fue en vano, porque no llegaron.

De vuelta a casa, caminé conciente de que había tenido un día normal, un día sin sobresaltos, un martes bueno.

Renée estaría ya en casa, esforzándose por preparar una cena deliciosa, que me lograra gustar.

Me cayeron una pequeñas gotitas en la punta de la nariz, inmediatamente alcé la vista hacia el cielo. Las nubes que habían amenazado toda la mañana con largar lluvia, ahora muy sutilmente cumplían con su acometido.

Otras gotitas cayeron sobre mi frente, siguiendo los pasos de la primera. Por suerte ya me encontraba cerca de casa, no me mojaría mucho.

Cuando estuve a pocos pasos de la casa de Reneé fue como vislumbrar la salvación, mi guarida que me salvaría de las molestas gotas de lluvia. Así las burlaría.

Edward estaba justo en frente de su casa, con una tenida muy abrigada, llevaba gorroy guantes adicionales a su térmica casaca y de su hombro colgaba un bolso.

No me había fijado antes en su presencia, quizás había salido recién.

No se veía para nada enfermo, ni convaleciente, todo lo contrario, se notaba en perfectas condiciones. Claro pensé, para ir a clases si que tenía problemas, pero para estar parado afuera de su casa a toda lluvia y frío ahí si que no le costaba ni un poco, era un pillo.

-¿Has tenido un buen día de clases?-me preguntó cínicamente.

-Creo que uno mejor que el tuyo ¿no es cierto?-le contesté cínicamente también.-Al menos yo si fui a clases.

-¿Es algo de que estar orgulloso verdad?, siempre es bueno cumplir con los deberes académicos.

Era un patán, no iba a clases y se burlaba de mí porque yo si iba. Me estaba dando vueltas las cosas, yo estaba bien y él estaba mal, ¡no lo contrario!

-Creo que no está bien que faltes a clases.-le dije cruzándome de brazos, él sonrió burlonamente.- ¿tus padres lo saben?

Su expresión de burla desapareció, y en sus ojos apareció un pequeño brillo suspicaz, había dado en el clavo…

-Eso no es de tu incumbencia.- me contestó secamente.- Además creo que está empezando a llover mas fuerte, deberías entrar.

-Y tu también, tu resfrío inventado puede empeorar, no querrás perderte la entretenida clase de mañana no?

-Ohh…no!, por nada en el mundo, de hecho creo que ya me sané, ¡es un milagro!.- me dijo teatralmente estirando los brazos hacia el cielo, mientras las finas gotas de lluvias de hace unos instantes atrás, cambiaban por goterones gruesos y abundantes.

Aquello era totalmente ridículo, a aquel chico no se le podía ganar, era algo así como un licenciado en excusas, mentiras y demás.

Me lancé a reír por lo absurdo de la situación, moví la cabeza para ambos lados y me di la vuelta para irme, no sacaba nada con rebatirle, no podía superar al maestro.

-¡Hey!.-me dijo alcanzándome y colocándose a mi lado.- no iras a decirle a Esme verdad?

-Podría hacerlo.- le dije colocándome un dedo en la barbilla como sopesando la situación.- creo que eso sería lo correcto.

Edward me miró con el entrecejo fruncido, y con los ojos que tan poco me gustaban, llenos de resentimiento. Me di cuenta de que hace ya unos días que no veía esa expresión en él.

Su pelo mojado, y el agua cayendo por su rostro, le daban un pequeño toque de villano hermoso, de esos de películas.

-En verdad no pensaba hacerlo.- le contesté encogiéndome de hombros.- no es de mi incumbencia informarle nada a Esme.

-Sí, así es. Por que las entrometidas no van con migo, mejor métete en tus asuntos.-me increpó duramente.

Lo miré un poco triste, no sabía por que, pero me entristecía aquello. Toda situación graciosa había cesado. Me di cuenta de que esa pequeña brecha entre Edward y yo, por muy pequeña quefuera, se había cerrado nuevamente, todo asomo de una Tregua se había esfumado.

Era una situación absurda, me abofeteé mentalmente por mi pensamiento de tristeza, no había absolutamente ningún motivo para ponerme así, no se de que me sorprendía, Edward desde que lo conocía se había comportado así.

Asentí con la cabeza aún un poco dolida, y me di vuelta nuevamente. Ya no quería mas treguas, no quería otra alianza entre dos personas que jamás serían aliados. El aceite y el agua eran tan pocos compatibles como nosotros, jamás serían mezclados.

-Bella…

Quise girarme sorprendida, era la primera vez que me llamaba por mi nombre, y más aún, me llamaba por Bella…mi corazón comenzó a latir mas fuerte de lo normal, casi me dolía por la fuerza de los palpitos. Lo asocié a la sorpresa.

  • Edward, lo siento por llegar tarde es que…

Si había dudado en girarme, esas palabras me decidieron en hacerlo del todo.

-Ohhh…tú eres Isabella, Isabella Swan.

Frente a mí, con cara entremezclada entre el asombro y la cordialidad, se encontraba uno de los amigos de Edward, el segundo más guapo después de él. Era el chico llamado Johnson, el cual sí había ido hoy a clases.

Al igual que a Edward, a aquel chico también le asentaba la lluvia, su pelo negro estaba totalmente mojado, y las gotas de lluvia hacían contraste con su hermosa piel morena, sentí un poco de envidia, él también parecía un actor de cine, mientras yo debía tener el aspecto de un gato mojado.

-Sí.

No se me ocurrió nada mas que decir, él me miró con sus enormes ojos cafés y me sonrió.

-Soy Shaun, Shaun Johnson.-me dijo estirando la mano hacia mí.

-Mucho gusto.

Le estreché la mano torpemente, aunque no le sonreí, la sorpresa no me dejaba cavilar bien.

-El gusto es mío.-me dijo sonriendo aún.- ¿vives por aquí cerca?

-Vivo ahí.

Le indiqué con el dedo la casa de Renée, abrió los ojos desmesuradamente, me miró y luego miró a Edward, el cual se había mantenido totalmente al margen de la conversación.

-No lo sabía…ósea que ¿Edward y tú son vecinos?

Asentí con la cabeza débilmente.

-Nunca lo mencionaste Edward.-dijo acusadoramente ahora dirigiéndose a su amigo.

-Bueno Shaun, ¿viniste a buscarme o hacer vida social?-contesto de malas ganas.

-Las dos cosas.-le respondió haciendo caso omiso del mal humor de Edward, y agigantando aún mas su sonrisa.

-Shaun…

-Ya, ya está bien. Nos vemos mañana Isabella.

-Claro, mañana.-le respondí alzando los ojos, debía tener una expresión muy estúpida.

Edward me miró por unos instantes, pero no dijo nada mas, luego miró a Shaun y le hizo un gesto con la cabeza para que se pusiera en marcha.

Shaun me lanzó una pequeña sonrisita antes de girar sobre sus talones y ponerse a caminar, siguiendo a Edward.

Las treguas eran buenas… a veces…solo a veces.