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Historia 46666 — capítulo 9
Sin darnos cuenta, nos habíamos acercado peligrosamente el uno con el otro, acortando la distancia que nos separaba a solo unos centímetros.
Sin darnos cuenta también, habíamos subido demasiado la voz debido a la euforia de la situación, despreocupándonos totalmente de Renée y Esme. La primera era la que había hablado, preocupada por el tono de nuestras voces.
De inmediato relajé la postura y solté mis puños apretados por la ira. Pude ver que Edward hacía lo mismo, y se pasaba una mano nerviosa por el cabello.
Nos miramos furiosamente, sin saber que hacer ni que decir. Abrí la boca para decir una mentira que salvara la situación, pero no se me ocurría absolutamente nada, así que la volví a cerrarla…
-No pasa nada, solo teníamos diferencia de opiniones.
El primero en contestar fue Edward, con una sonrisa que quién sabe dios de donde la había sacado, estaba ocupando las mismas palabras de la pelea de Mike cuando el rector los había sorprendido, era muy poco probable que Renée se lo tragara…
-Ya sabes mamá, Ed…Edward me explicaba una teoría de Trigonometría y yo le explicaba otra y bueno, no estábamos de acuerdo en varias cosas…
-Claro, y Bella es muy testaruda sabe?- siguió Edward haciéndose el gracioso, provocando que mi madre riera. ¿Yo era la testaruda? Era más de lo que podía soportar…
-Claro, claro.- contestó Renée riendo.- sigan con la materia, no los molesto mas.
Solo me limité a sonreír vagamente, y a dedicarle una mirada asesina a Edward.
-¿Así que yo soy la testaruda?- le increpé en un susurro.
-Por supuesto, ¿o me lo vas a negar?- me contestó también susurrando.
- Por lo menos soy un poco mas original, porque, ¿solo teníamos diferencia de opiniones?, ¡por favor!
-Al menos salve la situación, y no me quede mirando al vacío sin decir nada, ¿no te parece?
-No, no me parece.-le conteste furiosa, sabiendo que debía de tener el aspecto de una niña encaprichada, pero no le iba a dar la razón, ¡que mas quisiera!
Nos sostuvimos la mirada un largo rato, poco dispuestos a ceder… que cediera él por una vez en la vida.
Pasado un tiempo me di cuenta que era inútil seguir con aquello, además de que era inútil pensar que Edward iba a ceder, era obvio que eso no sucedería.
- Ya vale Edward, no voy a seguir con esto, haz lo que quieras.
Me gire lentamente y me senté en el sillón mas próximo que tenía, cruzándome de brazos.
-¿Qué, vas a dejarme sin estudiar?, ¿no era ese tu deber?- me increpó burlonamente, cruzándose de brazos también.
Jamásen mi vida había pensado en llegar a aquello, mas bien un tiempo atrás me parecía patético, pero las circunstancias lo pedían…
Hice caso omiso a su pregunta, ni siquiera lo mire, aquel chico no se merecía que malgastara mis palabras, aunque me parecía absurdo, además de ser una niñería, la famosa ley del hielo era aplicable en estos casos.
-¿Qué no me vas a contestar?
Me concentré en una pequeña mancha que desentonaba notablemente, en la pared blanca e impecable de Renée…
-Ahhh, vamos a ver, ¿a que no eres tan madura como aparentas ser, señorita perfecta?
Aquella mancha realmente se veía horrible ahí, y Edward era un fastidio enorme, a ambos me hubiese gustado enjabonarlos con mucho jabón y fregarlos tan pero tan fuerte que desaparecieran totalmente de mi vista... o no, mejor aún, de la faz de la tierra.
-Te das cuenta de que si me saco abajo de un 4.0, ¿va a ser tu culpa?
Mancha torpe…
-Además de que por supuesto, mi madre me traería aquí con mucha mas frecuencia.
-Eres realmente una pesadilla ¿sabias?
Mi ley de hielo había resultado todo un fracaso, Edward la había derretido lentamente. Con aquel chico no se podía, o es que quizás yo era muy débil.
-Ehh, y yo que pensaba que te habían comido la lengua los ratones.- me dijo sarcásticamente.
-
Bien, no tengo ningún interés en seguir pasando tiempo junto a ti, así que por favor, abre el maldito cuaderno y sigue leyendo.
-
Es mutuo entonces.- me contestó con una media sonrisa, al mismo tiempo que con la elegancia que tanto lo caracterizaba, se giro, tomó el cuaderno, me miró y se sentó frente a mí.
Comenzó a leer lentamente, no le preste atención, me dediqué a mirar por la ventana, distraídamente.
Luego de un tiempo su voz cesó, no me gire siquiera a verle.
-¿No me vas a preguntar nada?
Su voz, mas bien su pregunta, me descolocó, me di la vuelta de malas ganas y le mire.
-¿Debería hacerlo?
-¿Es lo que hiciste denantes no? ¿No deberías comprobar que si entendí la materia?
-Cualquier duda me la puedes preguntar.-le dije encogiéndome dehombros.
Me miró como no entendiendo lo que decía, cuando vio que no iba a decir nada más, bajo la vista hacia el cuaderno con el ceño fruncido y continúo leyendo.
El resto de la tarde concluyó de la misma forma, Edward no hizo ninguna pregunta, solo se limitó a leer lentamente la materia. Cuando hubo concluido, hice que realizara unos cuantos ejercicios mas, también esto se realizó en silencio por parte de los dos.
- Los terminé.
Alcé mis ojos hacia su rostro, había dejado el cuaderno en la mesita de centro y me miraba.
-OK, los voy a comprobar.
Para mi sorpresa, solo tenía uno malo, el resto estaba perfecto, sin ningún detalle.
-Solo tienes el tres malo, todo lo demás está bien.- le dije devolviéndole el cuaderno.
-¿Y eso te sorprende no es así?
-¿Qué?- le pregunté confusa, sin entender para nada su actitud.
-Te sorprende que halla sido capas de resolverlos por mi mismo.-mecontestó con cara de enojo.
-No se a que te refieres.
-Debes pensar igual que tu nuevo amiguito Newton, por supuesto que ya te habrá llenado la cabeza de estupideces.
-Mike no…- por un momento se me vinieron a la mente lo que me habían dicho tanto Mike como Jessica acerca de Edward, y las antiguas rencillas que tenían, según me había contado el mismo Mike, por culpa de sus padres.- ¿pero que tiene que ver eso?
-¿Es así cierto?- me aseguró, traspasándome con la mirada, noté que sus ojos estaban cargados de ira.
-No veo que eso venga a lugar, y no me sorprende que hallas realizado bien los ejercicios.- le respondí, tratando de desviar un poco el tema.- cualquier persona normal lo podría haber hecho.
Sentí ruidos en la cocina, al parecer Renée y Esme habían terminado su adorable "tarde de amigas".
Eso aplacó la respuesta de Edward, quién ya había abierto la boca, para contestarme.
-¿Y que tal Edward?- dijo la dulce voz de Esme acercándose con la misma elegancia de su hijo.- ¿Has aprendido bastante, a que si?
-Sí, de hecho ya terminamos.
Toda mascara había desaparecido del rostro de Edward, ya no sonreía falsamente ni se esforzaba por disimular, se le veía enojado, aburrido, y había algo mas que no supe descifrar.
-¿Qué te pareció Edward?- Siguió Renée dirigiéndose a mi.- me imagino que es un excelente alumno.
- Mmm, sí, claro.-le dije con una casi sonrisa, yo tampoco tenía muchos ánimos.
Se hizo un silencio muy incómodo en la habitación, de esos en donde nadie sabe que decir ya que el ambiente está tan tenso como para cortarlo con tijeras.
-Bueno, creo que es hora de irnos.- dijo Esme luego de unos segundos.- En verdad te agradezco esto Isabella.
Algo hirvió en mi interior, me dieron ganas de gritarle en la cara a Esme que odiaba que me llamaran así, que odiaba a su hijo, que nada estaba bien ni solucionado como ella creía, que odiaba esta absurda y ridícula situación… pero al mirarla me di cuenta que estaba siendo una bruta, yo no podía gritarle a aquella mujer tan dulce y especial, ella no tenía la culpa de nada. Esme solo era una madre, y como tal se preocupaba de su hijo, además de que no tenía por que saber que me gustaba que me llamaran Bella, yo nunca había hecho la aclaración.
-No se preocupe, no hay de que.-Logré decirle cuando mi mente se despejó un poco. Mi voz sonó ronca, carente de expresión.
-Mil gracias a ti Renée, por todo, la tarta estaba deliciosa.
-Vuelvan cuando quieran.- les dijo Renée en la puerta.- Isabella encantada te ayuda en lo que quieras Edward.
Pero Edward no miraba a mi madre, ni le prestaba atención si quiera, su mirada estaba fija en mí. Yo también lo miré, curiosa y un poco sorprendida.
Sus ojos eran un remolino de expresiones, enojo, ira, resentimiento…pero había algo más allí, estaba sgura, algo que me dejó altamente intrigada.
Me desperté asustada en medio de la noche, había soñado algo…pero no conseguía recordarlo. Me esforcé aún más y después de unos segundos se me vinieron a la mente un par de imágenes, logré vislumbrar a Rose, vestida toda de blanco, cosa que en la vida real jamás llegaría a pasar, mi amiga odiaba el blanco.
No sé porque motivo Rose corría, al principio solo era un trote, luego comenzó a apurar el paso, corriendo mas aprisa, su expresión era ausente, ajena a todo. Aunque estaba consiente de que con todo lo que Rose había corrido tendría que haberse acercado a mí, yo siempre la visualizaba desde el mismo ángulo y a la misma distancia. Algo me llamó la atención en su rostro, sus ojos no eran verdes como solían ser, sino mas bien cafés. Al fijarme mejor me di cuenta de que no eran cafés sino de un extraño color caramelo. Me di cuenta de que aquella no era mi amiga, sus ojos noexpresaban su típica tranquilidad y confianza. Traté de gritarle, pero ella no me escuchaba, por lo que grité aún más fuerte sin obtener ningún resultado…Rose, rose?...Rose me escuchas?...
Me quedé pensando en aquello, me destapé un poco y me senté enla cama. Conocía aquellos ojos, aquella expresión, estaba completamente segura de eso. Aún zumbaban en mi cabeza mis propias palabras…Rose, Rose! Que no habían tenido ninguna respuesta por parte de mi amiga.
Mire el reloj de mi mesita de noche, eran las 3.30 de la madrugada y yo intentando descifrar aquel absurdo sueño, lo único que iba a lograr era que para variar llegara atrasada al instituto al quedarme dormida por falta de sueño, y además con el frío que hacía tratándose de mi, era seguro que iba a pescar un resfrío si seguía destapada como si hubieran 20 grados.
Lo mejor era dejar para mañana por la mañana todo tipo de cavilaciones, ahora iba a tratar de conciliar el sueño nuevamente.
-Bella? Verdad que tengo razón?....Bella?...¿Bella me estas escuchando?
Sobresaltada miré a Mike, me miraba entre preocupado y dolido por mi falta de atención. Él y Eric discutían algo, mientras Jessica los rebatía.
-¿Acerca de que?- logré contestarles cuando me di cuenta de que tanto Mike, como Eric y Jessica esperaban una respuesta, no podía quedarme callada, hubiese sido descortés.
-Bella! Ya diles de una vez que tengo razón!- me dijo Mike.
En verdad no tenía idea de que se trataba la conversación, había estado pensando en otras cosas, mi mente estaba un poco atochada de pensamientos raros y cosas sin sentido.
Pestañee varias veces mientras Mike me miraba esperando mi afirmación, sin darme cuenta que al parecer había participado en aquella "disputa" asintiendo de vez en cuando, o murmurando un no o un si muy a lo lejos.
-¿Bella verdad que yo si tengo razón?- me dijo Jessica muy segura de si misma.
-Emm… creo que ambos tienen razón.-les dije al fin, tratando de sonreírles.
Jessica me miró por unos instantes al igual que Mike y luego parecieron de acuerdo, por lo que continuaron conversando.
Los observe durante un rato, pero aunque veía como abrían y cerraban sus bocas, no era capas de asimilar lo que decían. Me rendí al cabo de unos cuantos minutos y nuevamente deje que mi mente vagara muy lejos de allí.
El profesor de Biología no había asistido a clases, según había dicho el rector, por una gripe pasajera, así que teníamos toda esa hora libre.
La mayoría de la clase se hallaba conversando o ideando algún planpara este fin de semana. Yo no me encontraba de ánimos para seguir el ejemplo de mis compañeros, había tenido una pésima noche y era un mal día.
Deje que mis ojos vagaran por el aula, sin un rumbo, simplemente por ociosidad, mientras rememoraba aquel sueño extraño que había tenido, aún no podía recordar bien aquella expresión de Rose.
Me quede sin aliento al comprender porque aquellos ojos plasmados en el rostro de mi amiga me habían parecido tan conocidos.
Sin darme cuenta, inconcientemente había dirigido mi mirada a lo último que me hubiese gustado ver.
Ahora me resultaba obvio, no podía comprender como no había reconocido antes aquellos ojos… la mirada de Edward Cullen era inconfundible.
En efecto había sido a mi amiga a quien había visto en mi sueño, era Rose y no otra, pero sus ojos eran los de Edward.
Me puse furiosa, ¿Por qué cada vez que miraba a Edward, el me tenía que pillar?
Furiosa como estaba y también un poco avergonzada, desvié la mirada hacia Mike.
Claro ahora se tenía que estar sintiendo muy importante, su ego debería estar al máximo. Me prometí a mi mismo que no volvería a mirarle.
Ángela me hizo una pregunta, le conteste muy escuetamente, no tenía ganas de iniciar una conversación.
-Voy al baño.- le dije poniéndome de pie repentinamente.
-Si quieres te acompaño.- me contestó haciendo ademán de ponerse de pie también.
-No, no hay necesidad, vuelvo enseguida.-le dije sonriéndole amablemente, aquella chica era realmente simpática.
Salí apresuradamente de la sala, por muy simpática que fuera Ángela, seguía sin querer mantener una conversación sensata con alguien, a decir verdad era un pensamiento muy huraño.
Me preocupó que el rector me pillara al salir, había dejado bien claro que quien saliera sin su permiso sería castigado, no se veía por ninguna parte así que me relajé un poco.
Caminé lentamente por los pasillos vacíos, se podían escuchar las voces de los profesores explicando sus respectivas materias y el bochinche que mantenían los alumnos.
Por las ventanas pude ver los autos pasar, podía ver también a la gente caminar apresuradamente por la calle, atropellándose unos con otros, cada uno sumido en sus propios problemas.
Entré al baño y me quede mirando en el espejo, en verdad no había ido por nada en especial a aquel lugar, solo deseaba estar sola. Abrí la llave y bebí un poco de agua, me mojé el pelo y volví a mirarme en el espejo.
Sin nada más que hacer, resignada salí del baño, arrastrando los pies.
-No deberías andar en los pasillos, al rector no le agradaría.
Pegué un pequeño saltito de susto, antes de darme cuenta a quién tenía delante de mí.
-Y eso a ti que te importa.
Edward se hallaba reclinado a la salida del baño de chicas, con los brazos cruzados y con una postura relajada. Lo desvié por el costado derecho y seguí caminando.
-Nuevamente estás siendo grosera.- me dijo.
-Y tu nuevamente estas fastidiándome.-le contesté girándome.
-Parase que eso es una de mis habilidades no?
-Sí, y otra de ellas es ser insoportable.
-Fastidioso, insoportable y guapo.-me dijo sonriendo sarcásticamente.- ¿son bastantes no crees?
-¿Qué es lo que quieres?
-¿Debería querer algo?
Me di cuenta que Edward de verdad no buscaba nada y no quería nada, solo fastidiaba, su especialidad.
Me giré nuevamente y continué caminando, estavez no iba a detenerme, no le iba a dar en el gusto.
Pero antes de que pudiera llegar muy lejos, sentí una voz proveniente del fondo del pasillo, la reconocí de inmediato…
-Mierdaa…el rector.
Giré sobre mis talones rápidamente y noté que Edward también se había dado cuenta de aquello, acortó la distancia que nos separabavelozmente y me agarró del brazo.
Me sujetó con tal firmeza que no fui capas de negarme a nada, solo me deje guiar.
En cosas de segundos nos condujo hacia una pequeña puertecita que había al costado izquierdo de la pared en donde nos encontrábamos, la abrió y me empujó suavemente hacia dentro, él entró también.
El espacio era muy reducido, se notaba fuera de servicio, ya que estaba todo muy sucio y viejo. Habían algo así como frascos de vidrios, botellas, y vi lupas muy antiguas amontonadas en un rincón.
Pude sentir los pasos del rector acercándose, conversaba con otro hombre, un profesor supuse.
Se me aceleró el corazón, me imagine al rector abriendo repentinamente aquella puertecita, lo que vería le daría mil motivos para suspendernos tanto a Edward como a mi.
Contuve el aliento cuando a través de la ventanita de la puerta pude ver la cabeza de aquel desagradable hombre.
¿Por qué teniendo mil lugares en ese enorme instituto justo se tenía que poner a conversar frente al lugar en donde nos escondíamos? ¿Tanta era mi mala suerte?
Me acomodé bien en mi esquina, la abertura de la ventana nos podía delatar, sujete con fuerza el borde de la pared.
Aunque estaba todo obscuro, noté que Edward me miraba con pánico contenido. No tardé en saber la razón.
Por mi brazo corría una enorme araña, había descendido de la pared a la cual con tanto afán me aferraba y se hallaba justo posada en mi muñeca.
Edward se puso un dedo en los labios, y me miró a los ojos, como temiendo lo peor. Yo también lo miré en busca de ayuda, una araña en mi mano no era para nada agradable.
Edward negó suplicante con la cabeza y me susurró… por favor, apenas moviendo los labios.
No podía gritar y no podía moverme, el rector se encontraba justo delante de nosotros, solo nos separaba una endeble puerta.
Aspiré lentamente y apreté mis músculos, la araña parecía no querer moverse de mi mano, al igual que aquel estúpido hombre que conversaba tan afanadamente ahí afuera. Me imaginé mil formas de salir de allí y gritarle una de sarta ladas de cosas…Los minutos pasaban y los dos hombres no se movían, comencé a transpirar helado.
-Bien entonces mañana afinamos los detalles.- Escuché que decía el rector.
-Claro, claro, mañana entonces.- Fue la respuesta del hombre que lo acompañaba.
Vi la cabeza del acompañante del rector moverse hacia el fondo del pasillo, por donde habían llegado, pero no vi la del rector, supuse que había seguido caminando hacia el otro lado.
Busqué la mirada de Edward, este me miró y lentamente se asomó a la pequeña ventana.
-Se fueron.
-Ahhh…. Mierda, mierda, mierda!.-dije sacudiéndome la araña de la mano con cara de profundo asco.
Al caer al piso la araña, Edward la aplastó con su pie, maldiciendo también.
Abrí la puertecita rápidamente y salí de un salto a tomar aire…aquello había sido mucho. Edward me siguió al instante.
-Esto ha sido mucho.- dije para mi misma tomándome la cabeza.
-Tenemos que irnos, el rector va a volver en cualquier momento.
Y claro que era así, al fijarme bien, me di cuenta que aquel pasillo era sin salida, por lógica el rector había entrado a un aula y volvería a salir en nuestra dirección nuevamente en cualquier momento.
Una puerta se abrió lentamente, no nos íbamos a quedar a averiguar si era o no el rector, nos echamos a correr a mas no poder a lo largo del pasillo, sin siquiera mirar atrás.