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Historia 46666 — capítulo 8

Las cosas andaban mal, muy mal a decir verdad.

En mi habitación, recostada sobre mi cama pude pensar mejor y con más claridad.

Había sido muy cruel al decirle aquello, yo no era quién para meterme en su vida ni menos sacarle a relucir los problemas con su madre.

No acostumbraba a ser así, siempre había sido muy paciente, demasiado según decía Rose. Trataba de no pasar a llevar a nadie, ni de fastidiar, ya que a mí no me gustaba que me lo hicieran. Ese era mi lema, no fastidies para que no te fastidien a ti.

Evoqué en mi mente sus ojos, su semblante, nunca lo había visto así. Recordé su expresión cuando lo había mirado desde la puerta, era una expresión triste y confusa.

Me terminé por convencer que Edward estaba sacando una parte de mí que estaba bien guardada… la crueldad no era habitual en mi día a día.

Me dí varias vueltas en la cama, estaba incomoda no podía conciliar el sueño. Allí en la oscuridad de mi habitación se me venía a la mente muchas cosas…

Dormí pésimo aquella noche, soñé un montón de estupideces sin sentido.

Desperté varias veces en la madrugada, abría los ojos de par en par, pero lo único que podía ver era oscuridad una oscuridad que me segaba.

-Último día! Bella.- me dijo Jessica a modo de saludo cuando me senté en el habitual puesto junto a ella.

Había llegado a buena hora al instituto, gracias a la alarma de un reloj que Renée me había pasado para que no me quedara dormida.

  • El fin de semana estará libre de lluvia.- continuó Ángela con una sonrisa.- podemos hacer algo.

  • Sería genial.

Mike venía llegando también y se unió de inmediato a la conversación.

  • No podemos, mañana estudiaremos.- dijo Jessica indicándome.

Tenía una sonrisa de suficiencia, se veía orgullosa por la sola idea de estudiar, Jessica no era muy aplicada.

  • Puedes ir tú también Ángela.- le dije.

Lo menos que podía hacer era invitarla, aún me sentía culpable por haberle usurpado su lugar.

  • Sería genial.-me contestó.

  • Podríamos ir nosotros también.- dijo Mike sentándose en mi mesa, Eric también se nos acercó.

  • No, claro que no irán, es algo así como "reunión de chicas".- le contestó tajante Jessica.

  • Vamos, será más divertido si vamos nosotros.- dijo Eric sonriendo de oreja a oreja.

-No, de hecho será divertido sin su presencia, de eso estoy segura.- les dijo Ángela.

De un sábado de estudio con Jessica, había pasado a una reunión de chicas… bueno tal vez lográramos estudiar algo, aunque lo dudaba.

Miré divertida los ruegos que hacían Mike y Eric, en verdad deseaban ir.

  • Dejemos que Bella decida.- dijo Eric al fin.

  • ¿Dirás que si cierto?- me urgió Mike.

Miré a Jessica por si en verdad le parecía mala la idea de que los chicos fueran, pero ella me miró riendo por lo bajo, al igual que Ángela, solo les discutían para fastidiarlos.

  • Por supuesto que pueden ir.- les dije sonriendo.

Mañana sábado a las 3:00, Mike, Eric, Ángela y Jessica irían a mi casa a "estudiar", llevarían libros y sus cuadernos de Trigonometría.

  • Será genial.- dijo por tercera vez Mike.

  • ¿Recuerdas que será un día de estudios Mike?- le dijo Jessica burlonamente.

No puse atención a lo que le contestaba Mike, pues mi mente fue desviada hacía la puerta del aula.

Edward venía entrando con uno de sus amigos. Hoy sí habían venido a clases.

El chico a su lado le conversaba algo, pero él no le ponía atención, sus ojos se desviaron hacía mi puesto de inmediato.

Me sorprendí por aquello, yo igual lo estaba mirando, lo que hizo que me pillara con los ojos puestos en él.

No desvié la mirada como lo hacía siempre, esta vez traté de adivinar su expresión, supuse que se habría recuperado pronto de lo de anoche y que tendría la misma expresión de arrogancia y suficiencia.

Por más que busqué, no me encontré con la arrogancia ni la suficiencia, si no que solo vi sus ojos.

No pude dejar de mirarlo, el tampoco pareció querer dejar de hacerlo.

Cuando pensé que ya no vería la típica ira en sus pupilas, me quede helada. Después de unos instantes, su expresión cambió y le dio paso al enojo, al resentimiento. No pude seguir mirándolo, me proponía a desviar mi vista hacia cualquier otro lado, cuando él lo hizo primero. Desvió la mirada hacia su amigo aún un poco ofuscado y se sentó de espaldas a mí.

Me sorprendió mucho aquella reacción, era siempre yo la que desviaba las miradas, era siempre yo la más débil, pero esta vez había sido diferente…

Deseaba encontrar sus ojos nuevamente, pero se había sentado de espaldas a mí y conversaba con su amigo. ¿Yo deseaba encontrar los ojos de Edward? Solo debía ser la curiosidad claro, curiosidad por saber si mis palabras lo habían molestado o algo, simple curiosidad, sí.

La clase pasó con normalidad al igual que las 2 siguientes. Me repetí mentalmente durante toda la mañana que no debía mirar a Edward, no iba a darle importancia, me contuve durante Lenguaje y Física.

Pero en el almuerzo me permití echar un vistazo hacia su mesa.

Se encontraba en su puesto habitual, junto a toda la muchedumbre, reía, reía muchísimo. Algo le decía una chica rubia sentada en frente de él, Edward a diferencia de aquella chica pelirroja a la cual había tratado pésimo, le hablaba al parecer cortésmente, y se reían animadamente.

Tal vez era su novia, o algo por el estilo, después de todo la chica era preciosa, debía ser porrista de seguro, tenía un pelo tan rubio que llegaba a ser blanco, su tez no era blanca sino mas bien bronceada y se vestía maravillosamente. Eran tal para cual, ambos eran guapísimos, después de todo ¿los chicos guapos andan con chicas guapos no?

Desvié la mirada… parecía una espía, una tonta mirona.

Me despedí de Jessica y los demás al término de las clases, y me fui caminando tan despacio hacia casa de Renée que una tortuga me hubiese sobrepasado.

Me sentía muy triste, echaba de menos a Rose a mi perro y sobre todo a mis abuelos. Mis ojos debían reflejar todo eso, pero ya no me importaba, me daba igual, no tenía ánimos para ocultar nada, al diablo con todo el mundo y las apariencias…

Sentí pasos atrás mío, por una extraña razón mi corazón comenzó a latir más fuerte. No me giré, y seguí caminando lo más normal que pude, apretando mi bolso contra mi hombro.

Era Edward el dueño de los pasos. Me pasó, caminaba mucho más rápido que yo.

Al pasar no me miró, ni siquiera de reojo, llevaba su chaqueta en la mano y la mochila en un hombro.

Fue solo un instante así que ni siquiera pude mirarle la expresión.

Lo seguí con la vista hasta que llegó a su casa, sacó las llaves y sin más, entró.

Llegué un poco después a casa de Renée, no quise mirar en dirección a la casa de Edward, pasé con la mirada en frente y luego saqué las llaves.

Quizás era mucho mejor así, ignorarnos era lo más sabio que Edward había echo, así evitaríamos discusiones sin sentido.

Ya no podía soportar más la espera, Edward y su madre llegarían en cualquier momento, Renée había quedado con ellos a las 4.

El sábado había pasado muy rápido, entre estudio y risas. Los chicos eran muy agradables, Renée se había mostrado extremadamente feliz por mis nuevos amigos, y había sido encantadora. Desde las 3 hasta las 8 estuvimos en casa, la mayor parte del tiempo la dedicamos a estudiar, y si habíamos aprendido mucho de veras.

Lo que nos sobraba de tiempo lo ocupamos en comer y reír. Había sido genial.

En mi mente me imaginaba la encantadora tarde de estudios de ayer con los chicos y la comparaba con la de hoy con Edward, aún no sucedía, pero estaba un 99,9% segura de que sería un desastre.

Tenía los nervios de punta y miraba constantemente por la ventana, estaba volviéndome una histérica.

Renée se encontraba en la cocina preparando algo, con los nervios no me había dado cuenta de que era, algo dulce tal vez.

A las 4 con 3 minutos vi moverse la cortina de la casa de Edward, y al poco rato salió Esme.

Estaba radiante, llevaba un vestido blanco hasta la rodilla de una tela que aún a la distancia a la que estábamos se veía increíblemente suave, la más suave que había visto, y su pelo… dorado y ondulado al viento. Me sentí pequeña al lado de ella, me miré de arriba a bajo, yo solo llevaba un jeans y un chaleco además de zapatillas. Tal vez tendría que haberme vestido mejor…

Esme se quedó parada pacientemente en el marco de la puerta, de seguro estaba esperando a Edward, y el desconsiderado la hacía esperar como si nada. Al rato salió este…si mi moral estaba baja, ahora había quedado en el suelo.

Edward, llevaba unos pantalones negros y una polera manga larga ceñida a su impecable figura, de un color blanco muy parecido al del vestido de su madre…me pregunte si se habrían puesto de acuerdo… llevaba su chaqueta en una mano y su pelo estaba desordenado y brillante brillante como solo su pelo sabía brillar. En la otra mano traía unos libros y supuse que también su cuaderno.

Comenzaron a caminar hacia mi casa, su imagen me recordó a algún comercial o película, en donde madre e hijo son de una belleza increíble y todo es perfecto. Me sentí tan inmensamente pequeña…

Me fijé en que cara traía Edward, no era que lo espiara claro que no, era solo que si aquel chico iba a entrar a mi casa, se iba a sentar en mi sala de estar y por necesidad iba a cruzar algunas palabras conmigo, mínimo tenía que fijarme en que estado de enojo se hallaba.

No me equivoque en pensar en lo peor, Edward venía echando humos, no rezongaba por respeto a su madre supuse, pero una persona inteligente y en su sano juicio se hubiese echo a un lado al verlo.

Yo por lo menos hubiese deseado correr, correr a todo lo que mis piernas daban o por lo menos esconderme sin aparecerme en horas, sonaba cobarde pero así era.

Sin poder hacer nada más, me aleje de la ventana y me gané junto a un sillón.

Me alisé el pelo nerviosamente, me acomodé el chaleco ya que era tarde para subir a cambiarme y esperé.

Pasó demasiado tiempo antes de que sonarael timbre, mis manos estaban sudorosas, y casi temblaba.

Renée al sentir el estridente sonido se apresuró a sacarse el delantal de cocina y casi corrió hasta la puerta.

Cuando estuvo abierta, fui conciente de que jamás había visto a personas tan bellas y perfectas en el amplio sentido de la palabra.

Lo primero que estuvo a la vista fueron las cabelleras de ambos, cabelleras cobrizas de idéntico color, siendo la única desigualdad que Esme llevaba el pelo largo y ondulado y obviamente Edward lo tenía corto y liso.

Sus facciones también eran muy parecidas, me atrevía a decir que casi calcadas.

Al tenerlos enfrente a escasos centímetros de distancia, me fue imposible no admirar su hermosura, parecían dos seres extraordinarios traídos de otro planeta, ¡por dios!, eran muy perfectos para ser reales.

Me fue difícil decidir si sus hermosas melenas eran lo mas extraordinario o su piel, ya que pocas veces había visto una tez así. Me dieron ganas de estirar mi mano y tocarlos, comprobar que aquella blanca piel de porcelana sin imperfecciones era real, que no se quebraría con el tacto de mi torpe mano… Por supuesto no lo hice, hubiese sido una locura, totalmente fuera de lugar.

Esme al lado de su hijo se veía más bien pequeña, menuda y frágil, cosa que no la hacía para nada menos atractiva, muy por el contrario, eso le daba un toque a su inmensa belleza.

Al fijarme mas, me di cuenta que la gran diferencia entre Esme y Edward se encontraba en sus ojos. Mientras Edward los tenía de color caramelo, brillantes y vivos, tal ves herencia de su padre, Esme los tenía celestes, celestes obscuro.

No había advertido ese detalle de Esme, aunque había estado a escasos centímetros de ella conversando. Era raro pues, cuando una persona tiene los ojos de colores, en lo primero que te fijas es en eso, por lo poco común que son.

Con Esme no me había ocurrido eso, todo lo contrario, haciendo memoria no recordaba para nada el color de ojos de ella, simplemente lo había dejado pasar.

Me fije aún mas y descubrí la razón… Esme no tenía los ojos celeste obscuro, lo que pasaba era que sus ojos no brillaban, eran opacos y tristes, como si alguien les hubiese apago la luz, cortándoles la vida.

Sus cuencas apagadas no tenían nada que ver con las palabras amables y cortes que salían de su boca, ni menos con sus sonrisas tan dulces.

Comparé los ojos de Esme con los de Edward, los del último destellaban, brillaban a más no poder, eran vivos y revoltosos, mientras que los de su madre eran, tristes, melancólicos y quietos.

Al fijarme en Edward para hacer la comparación, este también me miró. Caí en la cuenta de que al estar tan pendiente de aquel extraño detalle de Esme, no me había fijado en lo que realmente importaba.

Deje a un lado por ahora la inspección a Esme y mi atención se desvió por completo hacía Edward.

Lo miré atentamente, curiosa, queriendo saber en que estado de furia se hallaba aquel chico engreído.

Me miró con ira, lleno de rencor, estaba segura de que otra vez me echaba la culpa por lo que le sucedía, era tan injusto.

-Esme, que gusto.- les dijo Renée a modo de saludo haciéndolos pasar.

Mi madre sonreía tanto que me pregunté si no sería adecuado que sonriera yo también, intente hacerlo pero esta vez no me salió ni siquiera una mueca…

-El gusto es mío Renée.- le contestó Esme dándole un suave abrazo.

-Pasa tú también Edward.

Edward haciendo caso omiso de lo que Renée le decía, ni siquiera se movió un centímetro, se quedo en el mismo lugar, con cara de ogro.

Esme lo miró confundida, para nada enterada de porque su hijo estaba de tal humor, ella era demasiado buena para si quiera imaginar un ápice del odio que su hijo sentía por mi, y la tortura que aquello le estaba provocando.

-¿Pasa algo Edward?.- le preguntó Renée aún mas confundida que Esme.

Edward me miró con más furia que antes, le sostuve la mirada haciendo uso de la poca valentía que me quedaba.

Me dio más valor el saber que yo no tenía la culpa de aquello, el único culpable era él, por sus pésimas calificaciones y poca atención en clases, él era el del problema, no yo.

Edward respiró profundamente y trató de mejorar la expresión.

  • No, no pasa nada.- contestó con una sonrisa de lo más sínica.

Aunque para mi, aquel intento de sonrisa era lo mas falso del mundo, tanto Esme y Renée se relajaron y parecieron satisfechas.

Edward muy de malas ganas entró y se cruzó de brazos.

-Isabella no sabes cuanto te agradezco esto.- me dijo Esme sonriendo dulcemente.

  • No hay de que.- logré contestarle débilmente.

Renée les condujo hacia la sala de estar, yo los seguí con desgano un poco más atrás.

Tomamos asiento, y Esme se puso a conversar acerca de no se que cosa, mis sentidos no estaban en lo que ella conversaba, estaba mas preocupada de desviar a toda costa mis ojos de los de Edward, sabia a la perfección con que me encontraría si lo miraba…. Mi valentía ya se había extinguido por completo.

  • Bien, lo mejor será que empiecen ya con el repaso no?.- me dijo Renée, como dándolo por seguro.

La miré casi suplicante, pero claro, Renée no tenía porque saber que yo no quería por nada el mundo estudiar con aquel chico, no tenía porque saber que Edward me odiaba, que a mi me parecía el chico mas engreído del mundo, que jamás seríamos amigos como ellas querían…

  • Claro que sí, cuanto antes mejor.- dijo Esme poniéndose de pie.

Renée condujo a Esme a la cocina, iban conversando acerca de unas recetas, ambas no podían irradiar más felicidad.

Mi cabeza comenzó a palpitar, ¿que iba a hacer? No podía quedarme ahí sentada, pretendiendo que estaba sola, Edward Cullen se hallaba sentado a 2 sillones de mi, echo un demonio y totalmente en contra su voluntad.

¿Y si subía a mi habitación y no volvía a salir mas? ¿Y si atravesaba corriendo la estancia y salía a toda velocidad hacía la calle?

No podía hacer nada de eso… tenía que afrontarlo, como el abuelo me había enseñado, afronta tus problemas, se fuerte y no escapes. Así lo iba a hacer, Edward no iba a hacer que olvidara mis principios.

Subí lentamente la mirada que la tenía clavada en la mesita de centro, y lo miré.

  • Bien… comenzaremos con Trigonometría.-le dije con la voz mas firme que logré sacar de mi garganta.

No me contestó, así que volví a intentar.

-¿Trajiste tu cuaderno?

Esta vez tampoco me contestó pero resopló sonoramente.

-¿Piensas que realmente voy a estudiar contigo?

Lo miré confundida, claro que eso pensaba, para eso él estaba sentado en mi sillón y en mi casa… o ¿no?

-¿Ese es el propósito no?

  • No, ese es el propósito de mi madre, no el mío.- me contestó de mala forma.

  • Bueno, da lo mismo de quien sea el propósito, lo que importa es que repasemos Trigonometría.

  • Habla por ti.

Lo miré casi perdiendo la paciencia, ¿Qué se creía? Yo le estaba haciendo un favor, y un muy gran favor¿y él me contestaba así?

Respiré profundamente, cerré los ojos y me repetí mentalmente que aquello pasaría, solo serían unas pocas horas…

-Mira Edward, a mi tampoco me hace gracia esto, pero mi madre me lo pidió así que…

  • ¿Así?, pensé que tu eras la mas feliz con esto, te apuesto que hasta lo ideaste tu.

  • ¿Qué yo lo idee?-le contesté subiendo un poco el tono por la rabia.- tu estabas presente cuando a tu madre se le ocurrió.

  • Podías haber dicho que no, nadie te obligó.

-Tú también podrías haber dicho que no, sin embargo no fuiste capas de negarte.

-¿Va todo bien?- preguntó Esme acercándose.

Ambos relajamos la posición, aclaré mi garganta y junte mis manos sobre mi regazo nerviosamente.

-Si solo le explicaba un par de cosas a Edward.- le contesté casi sonriendo.

  • Entonces no los molesto más.-dijo Esme sonriendo también.

Tomó su cartera que había dejado en el sillón en donde había estado sentada minutos atrás y se fue.

  • Bien, no estoy dispuesta a seguir discutiendo. Mientras más rápido terminemos con esto mejor.

Edward se cruzó de brazos y pareció pensar mi idea.

-Bien.

Lo miré en espera de algo mas, ¿era lo único que iba a decir?

Cuando me di cuenta que no iba a pronunciar una palabra mas, me puse de pie y coloqué mis libros sobre la mesa de centro.

-Bueno, comenzaremos con los ejercicios que nos dejó la profesora.

Edward me miró aún enojado.

  • No los anoté.

Claro, era obvio que no los había anotado, que mas se podía esperar.

-Emm…entonces, yo te voy dictando los ejercicios.

-¿Es necesario?, quiero decir, bastaría con repasar algo de la materia o leer algunos párrafos de algún libro.

-No… definitivamente no bastaría con eso. ¿Esa es siempre tu rutina de ejercicio?

Edward se encogió de hombros y sacó su cuaderno.

-OK, los vas a anotar todos y al final los resuelves si?

Edward resopló nuevamente a modo de respuesta, cogió un lápiz y se acomodó.

Comencé a dictarle lentamente los ejercicios, haciendo uso de toda mi paciencia.

Cuando íbamos terminando Edward me miró levantando una ceja, con cara de aburrimiento.

-¿Cuántos son?

-Solo quedan dos.- le contesté de malas ganas yo también.

Cuando terminamos, Edward tenía una expresión de aburrimiento increíble.

Me acomodé en mi asiento y comencé a repasar unos párrafos de mi cuaderno, nunca estaba de más seguir estudiando.

Cuando iba por la mitad de mi lectura, me sentí incómoda, alguien me estaba mirando insistentemente.

Levante mi mirada, y me encontré de frente con los ojos de Edward.

-¿Qué pasa?- le pregunte al ver que no hacia ademán de dejar de mirarme.

-¿Que hago ahora?

¿No estaba claro lo que tenía que hacer?... ¿acaso cuando tienes ejercicios no tienes que simplemente… resolverlos?

-¿Resolverlos?

Me miró significativamente, no entendí nada.

-No se como.

Abrí la boca y la volví a cerrar dos veces, ¿acaso no sabía resolver los ejercicios?

Bueno, después de todo Eric tampoco los había sabido resolver, y él no era de bajo coeficiente ni nada por el estilo, solo le costaba Trigonometría. ¿Así que porque Edward tenía que saber?

-Emm, no sabes nada… nada?

  • Eres tú la que sabe o ¿no?

Utilizando toda mi autocontrol lo miré y suspiré. Me puse de pie y me gané cerca de el.

-Bien lo primero que tienes que hacer es…

Para mi sorpresa no le costó tanto comprender lo que le explicaba, a decir verdad le costo muchísimo menos que a Eric.

Le explique pausadamente y paso a paso. Estaba casi segura que no me prestaría atención, pero por sobre lo que pensaba, se quedó callado y me escuchó.

Resolvió el primer ejercicio sin problemas y el segundo también, por lo que me relajé y seguí con mi repaso.

  • Tengo una duda.- dijo pasado un tiempo.

Deje a un lado mi cuaderno y lo miré. Tenía el lápiz en una mano y el cuaderno sobre la mesa.

-¿Qué pasa?

Al acercarme me di cuenta que iba en el ejercicio 4, lo tenía a medias. Era la misma duda que había tenido Jessica en la misma parte del mismo ejercicio.

Se la expliqué, y volvió a retomar el ejercicio inconcluso.

Lo miraba cada cierto tiempo, para chequear que realmente estuviera haciendo los ejercicios, sabía de sobra de su comportamiento en clases.

Sí estaba haciendo los ejercicios, lo vi haciendo varias muecas, al parecer de veras le estaba prestando interés a aquello.

En varias ocasiones se llevo el lápiz a la boca o se tomaba el pelo desordenándoselo aun mas, totalmente concentrado, me preguntaba porque tanto empeño…

-Los acabé.- me dijo después de unos minutos.

Cogí su cuaderno y comparé cada uno de los ejercicios con los míos.

Solo tenía unos cuantos detalles, se lo dije y pareció de acuerdo.

-Bien, ahora repasemos.

-¿Qué?, ¿Pensé que bastaba con hacer los ejercicios?

-Claro que no, de hecho eso solo era una tarea.

-Pero fue suficiente, aprendí bastante.

-No lo creo, esos solo eran ejercicios, te falta toda la materia aún.

-¿Toda la materia?-me dijo incrédulo.- ¿Es mucha?

Pensé por unos instantes aquello, pero rápidamente me pareció obvio… si no escribía los ejercicios ¿Por qué tenía que escribir la materia?

  • ¿No tienes nada de la materia?

Alzó una ceja con cara de suficiencia. La respuesta era clara, claro que no tenía la materia.

-¿Y que haces en clases entonces?

  • Al parecer lo que tu no haces.

-Claro que no, de hecho uno va a escribir la materia y a poner atención.- le contesté como si aquello fuera lo más obvio del mundo

  • No, te equivocas… tu vas a eso, yo no.

  • Es por eso que te va tan bien.- le repliqué sarcásticamente.

No quería iniciar una discusión, pero se me hacía inevitable provocarle, me había estado reprimiendo demasiado.Justo cuando Edward me iba a contestar, apareció Renée con una bandeja en sus manos. Traía dos jugos y galletas para hacer aún más agradable nuestro "día de estudios"

-Sigan, sigan, salgo de inmediato.

-Gracias mamá.

Renée me hizo un gesto con la mano quitándole importancia, dejó la bandeja en la mesa y salió deprisa.

Antes de que Edward retomara lo que iba a contestar me adelanté.

-Ya que no tienes la materia, vamos a estudiar de mi cuaderno por ahora.

Edward no me respondió, se acomodó en su asiento y cogió un vaso con jugo, le dio un sorbo y lo volvió a dejar en el mismo lugar.

-OK… ¿recuerdas algo de la materia?

-No.- me contestó secamente.

-¿Algo que se te haga mas fácil o que se te halla quedado?

-No.

Asentí con la cabeza para calmarme a mi misma. Esto no iba a resultar fácil.

-Bueno, entonces vamos a empezar repasando todo.

Le pasé mi cuaderno para que comenzaraa leer. Lo tomó y lo miró, luego me miró a mí.

-La idea es que lo leas.- le dije.

  • ¿Que yo lo lea?

-¿Esperas que lo haga yo?

  • Eres tú la que sabe y la que me tiene que enseñar.

-Exacto, y eres tú el que tiene que aprender, por lo tanto el que tiene que leer.

Carraspeo suavemente y volvió a resoplar, pero comenzó a leer lentamente.

Después que hubo leído un par de líneas me di cuenta de que no estaba entendiendo nada de lo que leía, solo lo estaba leyendo sin comprender, así que hice que parara la lectura.

-No estás entendiendo nada de lo que lees.

-¿Y tu como sabes eso?

-Háceme un resumen de tu lectura.

Me miró con furia por unos segundos, pero volvió a leer las mismas líneas que ya había pasado, esta vez concentrado y con paciencia.

Una ves que terminó toda la lectura, alzó la vista y me hizo un pequeño resumen de todo lo que había leído.

-¿Contenta?

-Si, ahora sí.

Me hizo una mueca y continuó leyendo la página siguiente.

Mientras leía me pareció graciosa la situación, jamás me había imaginado aquello la primera vez que había visto a Edward desde mi ventana. De hecho nunca imaginé siquiera que él y yo fuéramos compañeros de curso.

Volvía a mi mente el lunes pasado, la pelea entre Mike y Edward y lo furioso que estaba este último, con el Edward mas sosegado y sumiso de ahora, y a mí dándole explicaciones a pocos centímetros de distancia… todo visto desde ese punto de vista, me resultaba muy divertido.

-¿De que te ríes?

Salí de mis pensamientos y lo miré atentamente, Edward me observaba detenidamente. Había parado momentáneamente su lectura. No me había dado cuenta que me estaba riendo, solo había pensado de lo gracioso de la situación.

-No me estaba riendo.- le negué tajantemente.

-Yo te vi, te estabas riendo.

-No, no lo estaba.

-Sí lo estabas.

-No.

-Sí.

Suspiré sonoramente, yo no era una niña pequeña, tenía 17 años y era capaz de cortar con aquella tonta situación, no iba a discutir por una pequeñez así.

-Por favor Edward continúa con tu lectura.

-No hasta que me digas de que te reías.

No era una niña pequeña, podía controlar aquello…

-Continúa leyendo por favor.

-No.

Podía controlar la situación…

-Continúa leyendo ¿quieres?

-Ya te dije que no, hasta que me…

-¡Ya basta!- le grité poniéndome de pie bruscamente.

Mi autocontrol ya se había ido muy lejos de aquí y el chico en frente mío se había encargado de eso.

-¡A quién le importa si me reía o no!

-Pues a mi me importa.- me contestó Edward poniéndose de pie también.

-Lo único que debería importarte es esa maldita hoja de mi cuaderno.- le dije subiendo demasiado la voz.

-Te crees mucho porque me estás enseñando no?, ¡gran cosa!

-¿Que te sucede? Deberías agradecerme, te estoy haciendo un favor.

-¡Gracias por tu graaan favor señorita perfecta!

-¿Qué sucede aquí?