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Historia 46673 — capítulo 24

Cuando Aragorn abrió los ojos parpadeó, confundido. Frente a él se encontraba una señora con el físico de la señora Galadriel pero el pelo rojo oscuro y los ojos color esmeralda de su esposa. Además aparentaba lo que en el mundo de los magos serían cincuenta y cinco años, por lo tanto era mayor a su tutora.

—Buenas tardes, joven. Mi nombre es Maia y ésta es mi casa, donde usted y sus siete acompañantes son bienvenidos —le dijo la señora con tono dulce y pausado—. ¿Puede usted decirme su nombre y el motivo para que hayan efectuado un viaje tan irregular en el tiempo?

—Mi nombre es Aragorn y… Perdone usted, señora, pero necesitaría saber en qué fecha y lugar me encuentro antes de responder la segunda parte de su pregunta, para evitar generar inconvenientes tanto a usted y quienes la acompañan como a los que vienen conmigo. —le respondió él con cautela mientras se intentaba incorporar un poco. Agradeció con un leve asentimiento que su acompañante acomodase las almohadas con magia sin varita para que pudiese permanecer sentado recostado en ellas. Lo desconcertaba que le hablase en una versión tan antigua y culta de su lengua materna.

—Conoce usted las precauciones —afirmó ella asintiendo con gesto de aprobación—. Me extrañaba que mi esposo, mi hermana y los otros diez miembros del Consejo Dunedain anterior le transfiriesen sus dones y energía a brujas y magos sin conocimientos mínimos.

—¿Su esposo? ¿Su hermana? —musitó Aragorn casi sin voz, asustado al máximo.

—Calma, debe permanecer tranquilo o sus pulmones lo resentirán —le aconsejó la señora con tono suave, mirándolo preocupada—. Mis sobrinos lo ayudarán con ese problema en cuanto esté totalmente estable del trastorno que le ha ocasionado el viaje irregular que ha hecho. —le aseguró, suspirando al ver su expresión, mezcla de sorpresa y preocupación.

»Hace seis meses fue nombrado un nuevo Consejo Dunedain, luego que una joven llamada Angelica solicitase hablar en privado con mi esposo y los otros. Amrod me dijo a solas la decisión que habían tomado y sus motivos, solicitando mi consejo y ayuda para realizar el procedimiento. Luego se despidió de mí, de nuestros hijos y de nuestro nieto. Comprenderá usted mi sorpresa al percibir su energía en usted y la de mi hermana en todo su grupo.

Aragorn tragó saliva al comprender en qué lugar, fecha y con quiénes estaban… los ocho.

Cerró los ojos un momento, esforzándose en recordar con claridad lo ocurrido y percibir a su sobrina rebelde. Sintió la medalla en su pecho y la aferró con su mano izquierda, usándola como le explicasen sus tutores para contactar a su hija adoptiva. Sonrió al ver a los doce chicos reunidos combinándose para contactarlos y averiguar cómo estaban, tranquilizándose él y ellos al saberse bien. Se preocuparon todos al percibir el cambio en el bloqueo temporal, pero decidieron cada uno por su cuenta que esperarían a que todos estuviesen en mejores condiciones y averiguar de forma segura cómo quitarlo.

Al abrir de nuevo sus ojos vio a la señora indicarle por señas a la pareja atrás y a la derecha de ella que aguardase. Si su memoria no le fallaba eran los que habían estado con él cuando recuperó la conciencia antes por un breve lapso de tiempo.

—Disculpe mi comportamiento hasta ahora, señora Maia. No he querido ser irrespetuoso de ninguna manera, pero además de no estar informado sobre las costumbres de su época estaba y estoy un poco aturdido. —se disculpó con tono respetuoso, pues había notado que la pareja de extraños ropajes lo miraban con el ceño fruncido.

»La llegada de nosotros ocho con ustedes no es voluntaria, sino un accidente producido por la perturbación de un bloqueo temporal por dos niños que viajaban con nosotros para buscar a diez jóvenes familiares y amigos nuestros. —le explicó, suspirando al ver que la señora fruncía el ceño al oír esto.

»La joven que usted ha mencionado, Angelica, era mi hermana menor y el proceso de transferencia de dones y energía del que me ha hablado lo experimentamos nosotros hace aproximadamente tres meses. Cuando cerré los ojos fue para ubicar con mayor claridad lo sucedido que nos trasladó con ustedes. También intentar por medio de un lazo que tengo con mi sobrina Angela, debido al procedimiento hecho por Angelica con ayuda de su esposo, su hermana y los otros señores del que era el Consejo Dunedain, saber si ella, mi otra sobrina, los niños y los otros chicos estaban bien.

—¿Lo logró usted? —le preguntó preocupada, recordando la breve visión que había tenido de unos gemelitos cuando vio la luz blanca y los ocho extraños que luego habían caído inconscientes frente a ella.

—Sí, en cierta forma, gracias también al lazo mágico que por seguridad establecieron mis tutores entre los diez que viajamos a buscar a los diez jóvenes y los diecisiete que se quedaron esperando por nosotros, por medio de estas medallas. Sé que están bien en general, aunque afectados por la turbulencia producida por los niños sin intención.

—¿Sabían ustedes del bloqueo temporal antes de viajar?

—Sí señora.

—¿Por qué cometieron entonces la imprudencia de viajar con dos niños y no evitar que irrumpiesen contra algo tan delicado como un bloqueo temporal? —le preguntó con el ceño fruncido.

—Para responderle eso tendría que explicarle muchas cosas, señora. Le pido que por favor me permita antes ver a mi esposa, mi hermana, mi cuñado y mis cuatro amigos. Es necesario que les explique lo ocurrido y les informe lo que he podido percibir de los niños y los jóvenes para que se tranquilicen. Luego debo evaluar con ellos qué información puedo darles a usted y quienes la acompañan. —le dijo Aragorn con tono firme y respetuoso.

—Ustedes deben responderle a la señora Maia lo que les pregunte, jovencito, pues es actualmente la depositaria de la sabiduría Dunedain y miembro Regente del Consejo. —lo regañó el hombre.

—Calma, Arthur. El joven está intentando provocar el menor daño posible y su formación difiere de la nuestra en algunas cosas, pero se esfuerza por ser respetuoso y sincero —le indicó la señora—. Arthur lo acompañará y ayudará en lo que necesite para su aseo personal y que tome tres pociones que sigue requiriendo para su recuperación del viaje irregular, así como la que usa para ayudarse con su problema pulmonar. Luego él lo acompañará para que vea a sus otros siete compañeros de viaje, que están siendo acompañados por amigos de mis dos hijos Arathorn y Elrond y de mi nieto Mithrandir.

—Gracias señora Maia. —le agradeció de corazón Aragorn, luego de tragar saliva al oír los nombres de los hijos y el nieto de la señora.

El Dunedain fue atento con él, aunque su expresión era de regaño contenido. Cuando Aragorn vio que las tres pociones que debía tomar eran la cristalina, la dorada y la plateada no pudo contener un leve estremecimiento ante la primera, suspirando seguidamente con expresión resignada.

—¿Aún no se acostumbra a tomarla? —le preguntó intrigado Arthur, rompiendo el silencio que había mantenido hasta ese momento.

Se le hacía extraño. "Su reacción ante la poción cristalina la dejan de tener prácticamente todos poco después de cumplir la mayoría de edad, luego de años de estarla usando mientras aprendemos a controlar el don del Manejo de la Energía". No era que no les desagradasen las sensaciones que producía, pero se adaptaban a pasar por el desagradable trance. "Tengo entendido que sólo cuando se llega a la ancianidad se hace de nuevo difícil el tomarla voluntariamente. Aunque con la guerra que recién ha atravesado nuestra raza son pocos los que han llegado a una edad avanzada".

—Ninguno de nosotros ocho tenía el don del Manejo de la Energía de nacimiento —se decidió a responderle Aragorn luego de dudar un par de minutos, preocupado ahora por los seis que nunca la habían tomado—. Sólo tenemos tres meses con él, desde que recibimos la transferencia de dones y energía como le dije a la señora Maia. Pero sólo mi esposa y yo lo hemos usado hasta ahora y, por lo tanto, tomado la poción cristalina.

—¿Y el don de Viajar en el Tiempo? —preguntó preocupado Arthur. "No entiendo cómo ha resistido este joven que tres señores de tanto poder mágico y energético, como lo fueron el señor Amrod, el señor Elwing y la señora Tinuviel, le hayan transmitido todo a él como percibo. Mucho menos cuando además ha recibido parte de lo liberado por tío Haldir y quien fue mi suegra, la señora Melian".

—Aunque los ocho lo tenemos de nacimiento sólo cuatro de nosotros crecimos en estas tierras y fuimos formados desde niños como Dunedains. Los otros cuatro se han enterado que son descendientes casi directos de nuestra raza y que tienen varios dones de nacimiento cuando se desató el final del procedimiento al que nos sometieron mi hermana y los señores. Se han entrenado en lo primordial de ellos desde ese momento.

—Entonces la situación de ustedes ocho es más grave de lo que pensábamos —comentó pensativo Arthur, viéndolo tomarse las pociones plateada y dorada mientras lo observaba atentamente—. ¿Qué formación han tenido los niños que viajaban con ustedes y los jóvenes que iban a buscar?

—Sólo mis dos sobrinas recibieron formación Dunedain desde sus diez años. Los niños y los otros chicos la han iniciado hace algunos meses de forma acelerada y… —le respondió, deteniéndose pensativo. Suspiró—. Sólo han usado el don del Manejo de la Energía cinco de ellos, al menos hasta que fueron separados de nosotros.

—No comprendo el motivo para que papá, tío y los otros miembros del anterior Consejo Dunedain hiciesen la cesión de dones y energía a un grupo tan heterogéneo y de otra época, tampoco cómo lo hicieron. —comentó Arthur pensativo mientras veía al hombre joven beber la poción cristalina con un evidente esfuerzo de voluntad.

—Supongo que una de sus razones fue una por las que también lo hizo mi hermana menor: porque viajando en el tiempo verificaron que lo harían para ayudar a detener el terrible asesino que fue anunciado en la Profecía Dunedain. —se decidió a responderle concisamente Aragorn, luego que se aliviase de los efectos del brebaje, cuando empezaba a salir del cuarto con su acompañante.

—¿La Profecía Dunedain? —le preguntó asombrado Arthur.

—Comprenderá que no debo aclararle más sobre ese asunto hasta que no evalúe con mayor profundidad la situación irregular en que nos encontramos.

El hombre castaño y alto asintió, guiándolo a través del gran pasillo que comunicaba los cuartos para huéspedes de la casa de la tía de su esposa, frente al minijardín interior en el que a su esposa le gustaba desde niña disfrutar de la naturaleza y los cálidos rayos de los dos soles que iluminaban las Tierras Perdidas.

—¡Aragorn! —exclamó Arwen apenas verlo, apresurándose para ir a su encuentro.

—Arwen, mi amor —la abrazó y besó con dulzura, hablándole en inglés—. Me alegra verte tan bien, estrella esmeralda. ¿Cómo te sientes? ¿Ya te tomaste tus pociones?

—Me siento un poco débil, pero en general estoy bien. Tomé las pociones plateada, dorada y cristalina. Supongo que tú también —le planteó inquieta, continuando al verlo asentir—. ¿Cómo estás de tus pulmones?

—También tomé esa poción y estoy tan bien como es normal en mí desde el ataque al tren —la tranquilizó con una suave sonrisa—. Vamos con los otros, cariño, para ayudarles con la poción cristalina y ratificarles que los niños están bien, así como informarles que los otros diez chicos también lo están.

Arwen asintió con una gran sonrisa. Se giró a mirar a sus acompañantes sintiéndose un poco nerviosa. A duras penas había logrado comunicarse con la Dunedain que estaba con ella desde antes de recuperar el conocimiento. Esperaba que ahora que su esposo le había transmitido lo básico sobre el idioma de sus acompañantes se facilitase aquello al menos.

—Joven Aragorn, le presento a mi hermana Earendil, quien ha estado acompañando a su esposa. Mi nombre es Arthur, joven Arwen. —presentó a su gemela y luego a si mismo a la joven pareja de esposos.

—Mucho gusto. —les respondieron Arwen y Aragorn a coro, con tono suave y respetuoso.

—Por favor ve con la señora Maia mientras yo los guío. —le pidió Arthur a su hermana, sonriendo al verla asentir.

—Joven Aragorn. Sus otros seis acompañantes no entienden nuestro idioma, pero le nombran insistentemente y por señas nos han pedido hablar con usted antes de tomar la poción cristalina. —se acercó a decirle Alyssa con evidente contrariedad.

—Ninguno de ellos la ha tomado antes. —le explicó su esposo, señalando con su mirada al castaño de ojos aguamarina ante la pregunta muda de su querida rubia.

—Mi esposa y yo les explicaremos y ayudaremos a tomarla. Por favor transmítales eso a quienes los acompañen. —le dijo con suavidad Aragorn, suspirando al ver que lo miraba asombrada pero asentía.

La siguiente habitación a la que entró Aragorn era tan amplia, fresca y bien iluminada como las que habían estado ocupando su esposa y él hasta minutos atrás.

Si sus cuentas eran correctas estaban en el año 439 antes del comienzo del calendario juliano, el cual tenía una diferencia de diez días con el que usaban en su "tiempo natural" la mayoría de los muggles y los magos, llamado gregoriano. Demasiada diferencia de años con la época de la que provenían él, su esposa y sus amigos para manejar una situación tan delicada, como en la que ahora se encontraban, sin generar una alteración perjudicial.

—Aragorn, Arwen, ¿cómo están ustedes? ¿Han podido percibir a Ginny y Angela? —les preguntó preocupada Eowyn desde la cama, donde estaba sentada sin fuerzas para levantarse.

—Nosotros estamos bien, Eowyn. Tranquila —le respondió el hermano en inglés con una suave sonrisa—. Los doce chicos están bien. Arwen y yo te ayudaremos a tomarte la poción cristalina y te hablaremos de ellos.

—¿Por qué tengo que tomarla? Se suponía que buscaríamos a los chicos en un momento en que no estaría ya el bloqueo temporal. —planteó la rubia preocupada.

—Porque hicimos involuntariamente un esfuerzo para ayudar a los chicos a tumbar el bloqueo temporal al percibir que ellos lo estaban haciendo, por el cariño que les tenemos. Tanto ese procedimiento como el viaje temporal se vieron perturbados por los niños cuando atravesaron el bloqueo. —le respondió Aragorn.

—Mantente enfocada pensando en los chicos y en que las sensaciones no son reales y pasarán en unos minutos, para que toleres lo mejor posible los efectos de tomarla. —le aconsejó Arwen con expresión cariñosa a su cuñada. Seguidamente miró a su esposo y agarró el envase con el brebaje de la mesita de noche.

Aragorn comprendió y con suavidad pero firmeza la sujetó.

Arthur se había alejado hacia la ventana con su prima para contarle lo que el hombre joven le había dicho. A petición de la señora Maia no le habían informado al resto de su raza de la llegada de tan extraños viajeros todavía, estando al tanto sólo los miembros del Consejo Dunedain que habían sido amigos desde niños y un equipo de combate fuerte y sólido en la reciente guerra contra los Mudredais, además de la señora Maia. Los otros tres no estaban ahí cuando llegaron los extraños visitantes, pues se suponía se les unirían unas horas después y debido a la aparición de los viajeros la casa había sido sellada.

—Jóvenes Arwen y Aragorn, les presento a mi prima Elbereth. —los presentó Arthur al acercarse, cuando fue evidente que la rubia en cama estaba mejor.

—Mucho gusto, señora. Gracias por cuidar de mi hermana —le dijo Aragorn en tono respetuoso. Al igual que el primo le pareció que debía tener el equivalente a treinta y cinco años en el mundo de los magos, por lo que le extrañaba el tratamiento de "jóvenes" que les daban. Sin embargo prefirió tratarles desde el inicio de "señores" mientras comprendía lo que ocurría—. Eowyn, te presento al señor Arthur.

—Mucho gusto, señor. —lo saludó ella nerviosa. Su hermano le había transmitido mentalmente lo básico de la antigua lengua que usaban sus interlocutores.

—Igualmente, joven. Elbereth la ayudará en lo que necesite mientras su hermano y su cuñada ayudan a los otros con la comunicación y la poción cristalina. Nos reuniremos todos junto a la cascada en cuanto estén listos. —le dijo con suavidad.

Eowyn asintió en seguida, deduciendo de los soles rojo y azul que había visto por la ventana antes que entrasen su cuñada y su hermano que estaban en la Tierra de los Mundos Perdidos. "Aunque los extraños ropajes que usan los Dunedains que nos acompañan y el idioma que mi hermano ha tenido que transmitirme mentalmente para que nos podamos comunicar… ¿En qué época estaremos?"

Por otro lado la tranquilizaba que su hermano y su cuñada le habían hablado de las percepciones que tuvieron de los diez chicos mayores del E.D.H., pues ella sabía por su medalla que su hijo adoptivo y la gemelita estaban bien.

Arthur guió luego a Arwen y Aragorn a la habitación en que estaba la metamórfaga bajo el cuidado de su sobrina Arien. Sus otros dos hermanos y su cuñada habían muerto en la guerra contra los Mudredais. "La joven de pelo multicolor, aunque un poco torpe y de espíritu demasiado alegre para la edad que aparenta, es decidida y hace un esfuerzo por no generarles problemas a la pareja que la ayudan a tomar la poción evidentemente desconocida para ella".

Al acompañarlos a la habitación, en que su prima menor Galadriel cuidaba a la joven rubia, vio asombrado que conversaban amigablemente entre suaves risas. Por la expresión que notó de reojo en sus acompañantes tampoco se esperaban algo así. Pero claro que ellos no tenían cómo saber que su prima, aunque muy buena en ataque y defensa, no había dominado nunca totalmente su carácter excesivamente alegre. Era extraño además que se entendiesen tan bien sólo con señas y gestos.

Arwen sonrió y le apretó levemente la mano a su esposo, guiñándole el ojo derecho cuando él giró su rostro hacia ella con expresión interrogante. "Al menos tendremos una aliada mientras logramos ir por los chicos y de regreso a nuestro tiempo natural".

Aragorn asintió levemente en señal de haber comprendido, pero a él le preocupaba su ahijado de matrimonio. Estaba seguro que de los ocho sería el que peor llevaría la situación con los sucesores de quienes habían ayudado a su hermanita rebelde a hacer el extraño procedimiento de ceder dones y energía, dejándolos atados en el tiempo a la hija de ambos.

Meg sonrió muy contenta cuando le dijeron que los doce chicos estaban bien y le pidió a la joven de pelo rojo fuego y ojos azules que la acompañase a ver el esposo tan pronto le pasase el efecto de tomar la poción, a lo que Galadriel accedió gustosa. Las dos estaban muy contentas porque ahora la rubia hablaba el idioma de su acompañante gracias a Aragorn.

Arthur llevó a Arwen y Aragorn al cuarto en que su cuñado Lancelot cuidaba al que entendía era el cuñado del segundo, consiguiendo a su prima Elbereth y a la joven Eowyn acompañándolos. El joven castaño se presentó como Faramir.

Los observó pensativo mientras lo ayudaban con la poción. "Por lo que he visto del comportamiento de los seis que ya conozco, las dos parejas de jóvenes en este cuarto son los que han sido formados como Dunedains. Aunque tienen algunos comportamientos similares a los de mi prima Galadriel. ¿De qué época provendrán? ¿Cómo serán los magos y muggles de ese tiempo? Los otros cuatro no tienen un comportamiento tan primitivo como el que nos ha obligado a aislarnos a los de nuestra raza para no intervenir en su evolución. Tal vez ya en el tiempo del que provienen los ocho viajeros han retornado los Dunedains al mundo del otro lado del portal".

Elbereth puso al tanto a su amigo y compañero en el Consejo Dunedain, Lancelot, de lo que su primo Arthur le había transmitido de lo hablado con Aragorn, mientras éste analizaba pensativo a las dos parejas de recién llegados. Luego ella se dirigió a buscar a Elladan y Aredhel para hablar con ellas como miembros del Consejo Dunedain que sabían de los extraños visitantes. Mientras tanto Lancelot guiaría a dos de ellos cerca de la cascada y Arthur a los otros dos junto a los dos hombres que aún no habían tomado la poción, para ayudarlos con el idioma y beber el brebaje cristalino.

Remus le preguntó a Arwen y Aragorn apenas los vio tanto por los doce chicos como por la forma en que se veían afectadas su esposa y sus tres amigas por lo vivido, las cuatro con criaturas en gestación. Luego que lo tranquilizaron en los dos aspectos hizo su mejor esfuerzo por beber la poción voluntariamente, pero tuvieron que "ayudarlo" cuando llevaba la mitad del vaso. Nymph le limpió luego el sudor del rostro con dulzura mientras se le pasaba el efecto de la poción.

Arthur procedió entonces a hacer las presentaciones con su primo Gildor y su sobrina Arien. Le había ocasionado una buena impresión el joven hombre de pelo y ojos color miel que aparentaba una edad mayor a la suya. Según le había dicho la señora Maia eso parecía deberse a haber padecido la maldición de la luna llena durante muchos años hasta hace poco tiempo. Esto le extrañaba pues existía una poción para curar la licantropía, que había sido creada por el señor Elwing antes de terminar la guerra contra los Mudredais.

—Disculpe, señor Arthur, pero si usted lo permite mi esposa irá al lugar indicado por usted mientras yo acompaño a Arwen y a Aragorn para ayudarlos con Sirius. —le pidió Remus con tono respetuoso y expresión seria, tranquilo ahora en cuanto a la comunicación con sus acompañantes gracias a Aragorn pero muy preocupado por la situación en que estaban. Al igual que Aragorn decidió tratarlo de "señor" como veía a sus amigos hacer mientras entendía bien lo que sucedía.

El Dunedain lo miró con curiosidad pero asintió en aceptación. Cuando llegó a la habitación en que el joven Orodreth acompañaba al mago de pelo negro y ojos grises enarcó las cejas. "¿Qué está pasando aquí?"

—¿Y dices que no sabes hacer esos hechizos tan sencillos sin tu varita? —le preguntaba el joven de pelo negro y ojos verdes claros con sincero asombro, luciendo extraños mechones de colores extravagantes en su pelo.

—Así es. Pero te puedo asegurar que soy muy bueno con la varita. —afirmó el de ojos grises mirándolo con curiosidad y una sonrisa. El chico aprendía rápido y le había transmitido lo básico de su idioma para que pudiesen hablar.

—¿Me enseñas a hacer este hechizo y el de quitarlo? —le preguntó el joven señalando su pelo, pues no estaba seguro si le entendía bien, aunque había hecho su mejor esfuerzo para transmitirle correctamente el idioma.

—Claro —aceptó el mayor sonriendo ampliamente—. El hechizo es… —procedió a explicarle el movimiento, riéndose cuando el chico se lo aplicó y le cambió de color varios mechones de su pelo.

—¡Orodreth! —exclamó en tono de regaño Arthur.

Remus tragó saliva y le indicó por señas a Sirius que no continuase con lo que estaba haciendo. Suspiró al darse cuenta que aunque le había visto fingía no hacerlo. En los ojos grises de su amigo brillaba la rebeldía que tantas veces había metido en problemas serios a Los Merodeadores.

—Excelente hechizo —felicitó Sirius al chico, haciendo caso omiso de la exclamación del recién llegado y las indicaciones de su amigo, queriendo tranquilizar al joven que lo había acompañado de forma amena—. El contrahechizo es… —se lo explicó con detalle y le devolvió el pelo al chico al color negro, sonriendo ampliamente cuando el joven le devolvió el suyo a su negro azulado.

—Orodreth, estás castigado por tu comportamiento tan irrespetuoso. —sentenció Arthur con tono firme.

—Disculpe usted, señor, pero no veo lo irrespetuoso en que el joven aprendiese algo que no sabía y yo le he querido enseñar, practicándolo él conmigo luego que yo se lo aplicase a él —replicó Sirius con el ceño fruncido y tono serio, mirándolo frontalmente. Meg y Remus miraron con alarma a Arwen y Aragorn, cuyo semblante preocupado no los tranquilizó ni un poco—. Desde que recobré el conocimiento el joven ha sido atento, amable y respetuoso conmigo, de lo que han sido testigos mi esposa y la joven Galadriel desde que llegaron con nosotros. —agregó apretándole levemente el brazo al joven para transmitirle confianza, en un gesto paternal, al notar que se había puesto muy nervioso.

—Es obvio que usted no conoce las mínimas normas de comportamiento que se le exigen a un Dunedain, pero lo que ha hecho el joven Orodreth ha sido totalmente inadecuado. —le dijo Arthur con el ceño fruncido y tono de regaño.

—Disculpe usted, señor —le respondió con cinismo Sirius, haciendo contener el aire a los otros en la habitación—. No sé nada del comportamiento que se le exige en este tiempo a un Dunedain, como usted bien ha dicho. Pero al menos los jóvenes Orodreth y Galadriel se presentaron y me permitieron presentarme antes de hablar conmigo sobre mi comportamiento y el de mi esposa, de forma mucho más amable y respetuosa de lo que usted lo ha hecho con alguien que es extranjero. Mi nombre es Sirius Orión Black Black. Aunque tengo entendido que los Dunedains se identifican sólo con un nombre, así que supongo que me llamaréis Sirius a menos que otra persona aquí tenga ese nombre.

Remus hubiese querido silenciarlo con su varita. Pero Aragorn le había transmitido mentalmente que mejor no la usase para evitar empeorar las cosas, que él lo silenciaría con Magia Antigua si no lograba calmar los ánimos.

Arthur se había puesto rojo como un tomate, conteniéndose de responderle al sentir sobre su hombro la conocida mano de la tía de su esposa y tutora de ambos.

Aragorn fue contenido de intervenir por su esposa, que le señaló con sus esmeraldas a la señora para que entendiese porqué lo había retenido levemente por el brazo.

—Buenas tardes, joven Sirius. Mi nombre es Maia y están usted, su esposa y sus seis acompañantes en mi casa. —le dijo con tono suave mientras se acercaba a la cama en que el hombre de pelo negro y ojos grises se encontraba sentado, recostado en almohadones.

—Buenas tardes, señora Maia. Le agradezco mucho su hospitalidad y atenciones con ocho desconocidos y le pido disculpe usted si mi comportamiento con el joven Orodreth ha sido contrario a sus costumbres. Me ha recordado mucho a mi ahijado y quise que disfrutase un poco su estadía conmigo mientras mis amigos podían venir. ¿Podría usted ayudarme a evitar que lo castiguen por ser amable conmigo? —le pidió Sirius, hablándole desde el principio con tono suave y respetuoso.

—Tendrá usted que contarme primero lo sucedido. No debo desautorizar al señor Arthur, jefe del Consejo Dunedain. —le respondió la señora Maia.

Contuvo una sonrisa con dificultad, pues le agradaba la rebeldía y franqueza que percibía en él. Era por esta forma de ser suya que no había formado parte antes del grupo que conducía a su raza, además de ser la menor de ese grupo, integrándose ahora sólo por ser la mayor y de más conocimientos de los Dunedains que había sobrevivido la guerra. Sus esmeraldas chispearon con alegría al ver que el joven hombre de ojos grises inclinaba levemente la cabeza en dirección a su pupilo pero en su expresión se mantenía su desafío.

—En cuanto desperté el joven Orodreth intentó comunicarse conmigo y calmarme. Me pidió por señas que le permitiese transmitir a mi mente lo necesario de su idioma para poder hablar, haciéndolo sólo cuando comprendí sus intenciones y accedí a ello. Me respondió amablemente mis preguntas sobre mis compañeros de viaje, tranquilizándome. Me indicó que debía tomar tres pociones y fue muy comprensivo cuando le dije que lo haría después de hablar con mis amigos, pues hace poco estuve convaleciente y no quería generar problemas.

»Eso conllevó a una amena conversación a la que se unieron mi esposa Meg y la joven Galadriel cuando llegaron. El joven Orodreth aceptó de buen gusto que yo le aplicase un hechizo con mi varita para cambiarle el color de algunos mechones de pelo. Éste era muy común como broma en mis tiempos de estudiante en Hogwarts, donde le estaba contando estudié cuando tenía la edad que él aparenta.

»El señor Arthur presenció cuando el joven Orodreth me lo aplicaba a mí, demostrándome que había entendido mi explicación; también cuando le enseñé el contrahechizo y él demostró una vez más que es un excelente aprendiz. El señor tiene razón en que no conozco "las mínimas normas de comportamiento que se le exigen a un Dunedain" —remarcó las comillas con sus manos—, porque de ser así no habría generado el que ahora mi joven amigo le vaya a ser aplicado un castigo.

»Obviamente tampoco sé de qué se trata el castigo. Pero yo tuve muy malas experiencias con mi familia y también mi hija, que se formó como si fuese huérfana, por lo que quisiera saber si hay una forma de yo evitar que el joven Orodreth sea castigado por algo que yo ocasioné.

—La verdad es que sí puede hacer algo —decidió Maia después de pensarlo durante varios minutos—. Mi esposo, mi hermana y los demás miembros del Consejo Dunedain anterior les cedieron sus dones y energías a ustedes ocho y otras dieciséis personas, consultándome un posible procedimiento para hacerlo. Quiero que hable conmigo en privado de eso.

—¿Usted ayudó a que mi primera esposa hiciese esa locura con mi hija? —le preguntó Sirius con el ceño fruncido y tono molesto.

Remus y Aragorn interrogaron con sus miradas a Arwen, que denegó levemente. Confiaban en las percepciones de ella con su don mezclado sobre la situación, pero no podían evitar estar inquietos.

—Si su esposa se llamaba Angelica y su hija es una dulce pequeña llamada Angela sí, lo hice. Sólo que ella se fue sin hablar de nuevo conmigo como le indiqué —le respondió ella con tono suave—. Quería que Alyssa y Arthur ayudasen a la pequeña bebé con un problema de salud que le detecté. Pero antes que hiciesen el procedimiento para la cesión de los dones me fue imposible reunirlos y ella se fue luego de lo hecho por mi esposo y nueve de sus compañeros, asustada según me dijo mi hermana.

—¡Claro que se fue asustada! —exclamó Sirius—. ¿Cómo quería que estuviese al despertar y descubrir que siete de las personas, que le dijeron la ayudarían, habían cedido todo a su pequeña bebé de meses? ¿Cómo se debería haber tomado que otros tres lo hubiese hecho con su hermano que no tenía su don más peligroso?

—¿Ella no sabía que lo harían antes que la durmiesen? —preguntó Maia extrañada.

—No, no lo sabía. —le respondió Aragorn al mismo tiempo que su ahijado de bodas, incapaz de contenerse.

Remus y Arwen se miraron de reojo, preocupados por la expresión de Aragorn. Sin embargo ella denegó levemente de nuevo en dirección a su amigo castaño.

—Pero usted si lo sabía, ¿verdad? —le preguntó Maia a Aragorn inquieta.

—No, yo tampoco lo sabía. A mí me preguntaron si voluntariamente me sometería a un procedimiento con mi hermana para ayudar a su pequeña hija y yo dije que sí sin dudarlo, pero a ninguno de los dos nos explicaron lo que harían —le respondió Aragorn serio, conteniendo con dificultad su impulsividad con el fuerte disgusto que sentía al recordar aquello—. Luego de terminado el procedimiento me bloquearon los recuerdos de mi viaje aquí y me regresaron a mi "tiempo natural". Sólo recordé lo sucedido cuando se desató el cierre del proceso de transferencia de dones y energía.

La expresión de casi todos en el lugar ahora era de tristeza y preocupación mezclados, mientras Galadriel y Orodreth se miraban nerviosos.

—Papá y los otros miembros del Consejo Dunedain decidieron lo que hicieron por la misma razón que su hermana —rompió el prolongado silencio Arthur queriendo justificar lo hecho por aquellos a quienes aún quería y respetaba mucho—. Ellos viajaron al futuro y comprobaron que lo harían para ayudar a quienes vivirían el cumplimiento de la Profecía Dunedain.

—¿Qué? —preguntaron a coro Galadriel y Orodreth, asombrados.

—Eso no es totalmente cierto, señor —replicó Sirius, explicándose mejor al ver que a excepción de su padrino de bodas todos lo miraban interrogantes—. Mi primera esposa decidió hacer ese procedimiento porque fue la única vía que consiguió para ayudar a nuestra hija, nuestro ahijado, nuestra sobrina y el pequeño hijo de nuestros amigos. Ella sabía que moriría como consecuencia del ataque de unos magos oscuros que sufrió, por el que murió su gemela.

»Los padres de nuestro ahijado habían sido asesinados, nuestros otros amigos torturados hasta la locura, yo encerrado aún siendo inocente, su cuñado no podía cuidar a los pequeños por su condición de licántropo. Su mamá no sólo no la ayudó porque "no se comportaba como se esperaba de un Dunedain", sino que les dijo a sus hermanos y sus otros cuñados que estaba muerta, alejándolos de ella. Su papá se negó a escucharla y ayudarme, creyéndome culpable de traición.

»Angelica se decidió a viajar al futuro fue porque quería ver a los cuatro pequeños ya adolescentes, antes de cederles toda su magia, energía y dones. Al hacerlo se consiguió con que lo haría a otras personas también, incluso unas que no conocía. Eso y otros factores la llevaron a pedir ayuda a sus ancestros. Pero le puedo asegurar que si hubiese conseguido otra forma de ayudarnos lo habría hecho. Profecía Dunedain o no, ella hubiese actuado igual por los cuatro niños.

—Mi esposo, mi hermana y los otros miembros del Consejo Dunedain decidieron hacer la cesión porque vieron en el futuro que visitaron incluso a niños pequeños combatiendo en una batalla fiera, con Mudredais actuando junto a magos de comportamiento agresivo y que disfrutaban haciendo daño. —dijo Maia con tono grave.

—¿Qué? —preguntó asustado Remus, mientras Arwen intentaba interrogar a su esposo con su mirada y fruncía el ceño al ver que Aragorn le esquivaba la mirada.

—Amrod me lo contó cuando me pidió que lo ayudase a investigar cómo podían él y los otros miembros ceder sus dones y energía dejándolos atados por más de catorce años a una niña —les contó Maia con tono triste—. Ellos querían ayudar de alguna manera a quienes enfrentarían de nuevo a nuestros enemigos, luego que los encerramos porque no conseguimos otra forma de detenerlos.

»Amrod, Melian, Haldir, Gandalf, Undomiel, Tinuviel, Elwing, Celeborn, Veanne, Ausir, Tinwelint y Gwendeling no podían vivir la paz por la que tanto luchamos, por la que murieron mi hija Anya, mi yerno Metan, mi cuñado Albus, mi amiga Luthien, y los jóvenes Aurora, Yavanna y Legolas, sabiendo que los Mudredais serían liberados en un futuro para atacar a niños y jóvenes magos además de adultos. Eso fue algo que no sucedió en la prolongada guerra de la que acabamos de salir y que no podemos permitir.

—Lamento sus pérdidas, señora Maia —le dijo con sinceridad Sirius, que había palidecido mucho y se sentía bastante mareado—. Disculpe si la he ofendido de alguna manera, pero aún me cuesta asimilar que mi pequeña haya sido sometida a algo tan difícil y complejo. Su salud está ahora más deteriorada que cuando usted la conoció siendo una bebé, por una maldición asesina fallida de los mismos magos oscuros que atacaron a mi primera esposa y mis amigos, que siguen a quien intentó asesinar a mi ahijado cuando sólo tenía un año de edad y al parecer liberará a los que ustedes han retenido.

—No me ha ofendido usted, joven Sirius. Al parecer tenemos mucho que hablar con las precauciones debidas. Pero antes debe usted tomarse las tres pociones que le dejé con el joven Orodreth para que se recupere. —le respondió Maia con tono dulce y una suave sonrisa, muy similar a la que usaba Lily Rose Potter Evans.

—¿Puedo tomarlas, Arwen? —le preguntó Sirius nervioso.

—Sí. Puedes y debes tomarlas. No son ninguna de las que te prohibió Eowyn. Pero debo advertirte que la cristalina produce una sensación de inestabilidad muy fuerte mientras se toma y durante quince minutos después. Sin embargo se debe beber sin pausas. —le respondió ella con seguridad y tono cariñoso.

—Entonces comienzo con esa poción. —afirmó Sirius con tono decidido.

—No, joven, mejor tome primero estas dos para que su organismo resista mejor los efectos de ésa. —le aconsejó Maia. Sonrió al verlo asentir y tomarse primero las pociones plateada y dorada, según sus indicaciones.

Arwen y Aragorn se prepararon a ayudarlo con la poción cristalina, sentándose a ambos lados de él. Vieron con asombro que se estremecía con los ojos cerrados mientras la tomaba, pero no se detenía ni tomaba pausas mayores a segundos.

—¿Siempre que se toman esta cosa es así? —preguntó Sirius con sus párpados aún apretados, en cuanto se sintió un poco mejor. Al no oír respuesta abrió sus ojos grises temiendo haber cometido un error con la pregunta, cambiando su expresión de preocupación por una de curiosidad al ver que todos lo miraban con asombro—. ¿Qué pasa?

—¿Nunca antes la había tomado? —preguntó Maia incrédula.

—No, ¿por qué? —preguntó Sirius desconcertado.

—Hasta ahora no sabía de alguien que la tomase la primera vez sin requerir que alguien lo obligase a no detenerse. —le respondió ella mirándolo con curiosidad.

—Mithrandir me aseguró que todos requerían ayuda las primeras veces. —afirmó Aragorn cuando su ahijado de bodas se giró a interrogarlo con sus ojos grises, mirándolo con una mezcla de asombro, respeto y alegría.

—¿Mi nieto? —preguntó Maia desubicada. Hasta donde sabía aún no habían hablado los ocho viajeros con sus dos hijos, mucho menos con su nieto.

—No, señora Maia. Así se llama mi tutor. —le explicó Aragorn, tragando saliva al verla fruncir el ceño pues comprendió que no le había dado el tratamiento de "señor" que un pupilo le debía a su tutor.

—No sé cómo has podido lograrlo con la sensación tan horrorosa que produce —le dijo Arwen a Sirius con cariño mientras Meg le secaba el sudor del rostro con su pañuelo—. Generalmente nos guiamos por las sensaciones de nuestro organismo. Especialmente en cuanto a estabilidad de magia y energía, pues las físicas son más sencillas de comprender y controlar.

—Tuve que aprender a diferenciar lo que era real de lo que sentía, percibía o pensaba cuando estuve rodeado de dementores viejos en Azkaban, para que no me enloquecieran totalmente. —le respondió Sirius con sencillez, encogiéndose de hombros.

—Una vez más confirmas que Angelica tenía razón en que eres un mago asombroso. —le dijo con una sonrisa Arwen, que se amplió al ver que se sonrojaba levemente y empezaba a moverse con intenciones de incorporarse.

—¿Rodeado de dementores? ¿Azkaban? ¿De qué hablan? —preguntó Maia con evidente curiosidad.

—Dementores, criaturas mágicas que se alimentan de… —empezó Sirius a responderle como si le estuviese diciendo algo obvio.

—Espera, amigo —lo interrumpió Aragorn—. Disculpe, señora Maia, pero necesito que los ocho hablemos entre nosotros antes de responder más preguntas de ustedes, para evitar que generemos una alteración mayor en el continuo espacio tiempo. Supongo que ya han percibido algunas perturbaciones que hemos generado involuntariamente.

—Tiene razón, joven —asintió ella con una suave sonrisa y mirándolo con expresión llena de respeto—. Los llevaremos junto a la cascada, donde deben estarlos esperando sus amigos para que hablen. Yo también debo hablar con mis hijos y pupilos para tomar algunas decisiones.

Aragorn asintió en señal de estar de acuerdo. Le agradeció con una suave sonrisa la receptividad con la cual los estaba atendiendo y ayudando con los otros Dunedains, siendo la situación tan compleja.

—¿Ha generado Sirius algún problema? —le preguntó Remus a Aragorn en voz baja y en inglés, preocupado, mientras caminaban guiados por los jóvenes Galadriel y Orodreth, además de una pensativa Alyssa.

—Y yo también, pero ninguno es grave. —le respondió el de ojos aguamarina en el mismo tono e idioma, sonriendo al ver que su ahijado de bodas soltaba la tensión que había tenido hasta el momento y abrazaba a Meg, a quien hasta ahora había llevado de la mano.

Nymph, Eowyn y Faramir sonrieron con alivio al verlos llegar. La metamórfaga se contuvo de abrazar a su primo mientras estuvieron con ellos los Dunedains del tiempo al que habían llegado, por las advertencias que en susurros le habían hecho sus padrinos de boda.

En cuanto estuvieron solos, luego que se retirasen Arien, Galadriel, Alyssa, Orodreth y Gildor, se abrazaron y se sentaron a hablar abiertamente tanto de la situación de los chicos como de la de ellos, aunque en inglés para prevenir que si alguien los escuchaba no los entendiese. Mientras tanto Eowyn les examinaba con su varita y con sus dones como Mithrandir les había venido enseñando a ella, a Ginny y a Jessica.

—Entonces ahora no sólo estamos atrapados aquí, al igual que lo están los chicos en la época en que están, sino que nosotros no tenemos lazo con los que están en nuestro "tiempo natural". —resumió Remus con tono de frustración.

—Eso es correcto —asintió Aragorn—. Nuestro único contacto es por medio de las medallas y sólo nos permite saber a unos de otros en cuanto a la salud en general y ver lo que nos rodea durante unos breves minutos.

—Pero los chicos sí tienen enlace con Daphne e Isolda por medio de Chris & Chris, o Fred & George. Y estaban intentando tumbar el bloqueo cuando fuimos por ellos. —les dijo Faramir para tranquilizarlos un poco.

—Además Ginny tiene un lazo conmigo y Angela otro con Aragorn, que aún no siendo tan fuertes estando en distintas épocas están presentes. —agregó Arwen.

—Entonces tendremos que entrenarnos en los doce dones y la Magia Antigua más exhaustivamente mientras conseguimos tumbar el bloqueo que nos retiene aquí e ir por los chicos, buscándolos ahora el 4 de febrero de 1981. —dijo con tono decidido Sirius.

—Estoy de acuerdo con eso. Pero tenemos que resolver mientras tanto nuestra estadía en esta época, para no generar problemas —opinó Meg—. ¿Hasta dónde podrían entrenarnos y qué saben de la época en que nos encontramos?

—Yo puedo entrenarlos hasta mi nivel. Pero eso dependerá del tiempo que estemos aquí mientras logramos tumbar nuestro bloqueo temporal —le empezó a responder Aragorn con calma, pensativo—. En cuanto a la época en que estamos, he deducido de lo hablado con la señora Maia y el señor Arthur que estamos cerca de cuatrocientos cuarenta años antes del inicio del calendario por el que se guían la mayoría de los muggles y magos de nuestro "tiempo natural". Sólo sé que ha terminado la guerra con los Mudredais y se han aislado los Dunedains aquí, en la Tierra de los Mundos Perdidos, para evitar alterar la evolución de los muggles y magos. Faramir es el experto en historia. ¿Qué puedes decirnos?

—Tienes razón en la fecha y la situación es complicada. Los magos hasta ahora están empezando a experimentar con la magia, siendo los más avanzados los egipcios. Los muggles tienen un comportamiento muy rudimentario en general, aunque se están desarrollando la cultura Maya en América, la griega, la romana y la íbera en Europa, un gran desarrollo filosófico en china, los persas, judíos, israelitas y chinos tienen un gran intercambio cultural por medio de la ruta de la seda y en Roma se está viviendo la República Romana. Pero es un período de pequeñas guerras e intentos de conquista de unos pueblos sobre otros.

»Los Dunedains son muy avanzados en comparación a los otros grupos humanos, como han podido ver. Por eso han decidido aislarse al conseguir el acceso a este lugar. Además que acaban de salir de la guerra y, por lo que investigué luego que supe lo hecho por Angelica, fue durante el enfrentamiento con los Mudredais que nuestros antepasados se restringieron en sus emociones. Lo hicieron como una forma de protegerse en las batallas y, primordialmente, que los jóvenes y niños que se quedaban solos en la casa se sobrepusiesen a que sus padres no volviesen vivos. Es lo poco que pude investigar sobre este período de tiempo en lo referente a nuestros antepasados.

—En esta época existe el Sello Dunedain sólo para evitar el ingreso aquí de muggles y magos, pero puede ser atravesado en los dos sentidos libremente por los nuestros. Sin embargo, no me parece prudente que vayamos hacia el mundo de los magos y los muggles según lo que ha dicho Faramir. —opinó Eowyn.

—Entonces nos tendremos que desenvolver entre los Dunedains —dijo Nymph—. Supongo que no debemos decirles nada de nuestra época, quiénes somos o los chicos.

—En realidad a Sirius y a mí ya se nos han escapado algunas cosas y me temo que tendremos que aclararles otras. —confesó Aragorn con expresión preocupada.

—No sólo a ellos tienen que aclararles ustedes dos algunas cosas. —intervino Remus mirando significativamente a su amigo de juventud y luego al tío de su hija de ojos aguamarina, notando de reojo que el de ojos castaños tragaba saliva.

—¿De qué hablas? —preguntó Eowyn desconcertada.

—De lo que vieron Angelica y los miembros del Consejo Dunedain anterior, que los condujo a decidir a quiénes nos dejarían sus dones —respondió Sirius con tono decidido al ver a su padrino de boda dudar—. A mi hija se le escapó decirme que nos vieron a los veinticuatro en una batalla terrible.

—¡¿A los niños también?! —exclamó asustada Nymph.

—¿Aragorn? —preguntó de inmediato Arwen con tono disgustado.

—En las cartas que nos dejó Angelica a Angela y a mí, además de lo que ya les contamos, nos describía lo que vieron en el punto del futuro que visitó con bastante más detalle de lo que te dije —respondió Aragorn resignado—. Angela, Faramir y yo hemos viajado hacia ese futuro el día antes de las doce bodas, por sugerencia de mi cuñado y mejor amigo. Conseguimos el mismo bloqueo que ellos tuvieron para ir más adelante y ver lo que ocurrirá, pero lo que mi hermana describía ya había cambiado un poco.

—¿Qué no había cambiado? —preguntó Meg seria.

—Seguimos los veinticuatro peleando una batalla feroz, pero no en los terrenos de Hogwarts sino en Hogsmeade. —respondió Aragorn mirando al piso.

—¿Qué más no había cambiado? —preguntó Arwen, que comprendió que les estaba esquivando las miradas para intentar ocultarles algo.

Aragorn cerró los ojos y denegó.

—¿Qué? —preguntaron a coro Arwen, Eowyn, Sirius, Meg, Remus y Nymph.

—Angela y Aragorn se veían en ese futuro probable que visitamos obligados a desatar todo su poder para detener definitivamente a los Mudredais, que no podían ser encerrados por algo que hizo Voldemort. Y ese asesino en ese momento se enfrentaba a Harry acompañado de la líder de los Mudredais, viéndose los tres envueltos en una esfera de energía y poder que Harry desató. —respondió Faramir por él mientras le apretaba el hombro en señal de apoyo.

—No, no puede ser. —negaron a coro Arwen y Sirius con desesperación, mientras Eowyn, Meg, Nymph y Remus miraban a los dos Dunedains petrificados.

—Pero alcancé a ver, justo antes que nos viésemos devueltos a nuestro "tiempo natural", los cuerpos inconscientes de los tres —agregó rápidamente Faramir para transmitirles el rayito de esperanza que alimentaba su espíritu—. Supuse que Angela y tú no se habían dado cuenta porque estaban pendientes de George y Arwen. —agregó palmeándole la espalda a Aragorn al girarse éste a mirarlo interrogante.

—¿Y eso que tiene de positivo? —preguntó Sirius con una mezcla de angustia y desconcierto, pues no entendía el que Arwen se hubiese abrazado al esposo sollozante pero aparentemente un poco aliviada por lo dicho por Faramir.

—Cuando un Dunedain muere al liberar toda su magia, energía y dones voluntariamente, por medio del don del Manejo de la Energía, su cuerpo deja de existir al desplazarse totalmente la energía que lo crea y sustenta —le empezó a responder Aragorn luego de besar con cariño a la esposa en la frente, mientras la mantenía fuertemente abrazada con su brazo izquierdo y con el derecho le acariciaba la espalda en un gesto lleno de amor, intentando tranquilizarla—. Mithrandir no sabía que Angelica había hecho la cesión porque los Brown le llevaron a mamá su cuerpo. Pero eso fue por el procedimiento especial que usó para dejarnos los dones, atándolos a Angela para que se liberasen quince años después.

—De todos modos Angela y Aragorn me han prometido que harán todo lo posible para no llegar a ese extremo —les dijo Faramir, agregando algo que ni siquiera Aragorn sabía—. También hablé con Harry a solas y logré que me prometiese lo mismo, después que conseguí que me confiase que había visitado el mismo punto del futuro y le prometí que cuidaría de Ginny si era inevitable que él liberase todo su poder.

—Ninguno de los tres se verá ni siquiera tentado de algo así porque nosotros nos vamos a preparar al máximo y aprovecharemos nuestra estadía en esta época y lugar para hacerlo, además de averiguar todo lo que podamos sobre los Mudredais. —afirmó Sirius con tono seguro y el ceño fruncido, mirando con expresión de regaño a Aragorn.

Meg, Nymph y Remus sonrieron al ver la expresión del de ojos grises, pues les demostraba una vez más el gran afecto que le tenía al hermano mayor de su primera esposa.

—Pero debemos tener cuidado en lo que hablamos con la señora Maia y los otros para evitar alterar el continuo espacio tiempo de manera grave. —agregó Arwen, después de tranquilizarse un poco y besar a su esposo en la boca.

—¿Cómo podemos saber cuáles son los límites para no generar inconvenientes? —preguntó Meg—. Aragorn le dijo a la señora Maia algo sobre percibir unas perturbaciones.

El aludido asintió y procedió a explicarles la teoría sobre la percepción del movimiento de la energía del espacio y la del tiempo, así como del lazo entre ellas, con el don del Manejo de la Energía.

—Tenemos entonces que hablar con cautela con la señora Maia para que nos ayude a resolver nuestra presencia aquí sin generar problemas. —dijo pensativo Remus.

—Disculpen —se les acercó Orodreth corriendo, con una gran sonrisa en su rostro juvenil—. La señora Maia nos ha nombrado a Arien, a Yavanna, a Galadriel, a Mithrandir, a Elrond, a Daeron, a Glorfindel y a mí sus guías oficiales. Además me ha ordenado que los lleve a la pradera de las grandes piedras, para presentarles otras personas y hablar con ustedes.

—¿Presentarnos otras personas? —preguntó preocupado Aragorn, retomando el idioma de los antiguos.

—Cuando ustedes aparecieron estábamos presentes la mayoría de los más allegados a la señora Maia, a petición de Mithrandir, para acompañarla en su primer cumpleaños sin el señor Amrod —se decidió a explicar el joven al ver las expresiones de "sus ocho responsabilidades"—. Ninguno de nosotros ha abandonado la casa ni tenido contacto con el exterior por petición de la señora Maia. Es mi deber el llevarlos con ella para que les explique con detalle porqué sólo tendrán contacto con nosotros y de qué forma con cada uno. —finalizó muy formal.

—Gracias por la información y la ayuda, Orodreth. —le dijo Sirius con una sonrisa paternal, que se amplió al ver que el chico se destensaba.

Mientras caminaban con el joven le preguntaron Nymph y Sirius los nombres de las plantas y animales que no conocían, uniéndose Meg y Remus a las preguntas cuando vieron que Arwen y Aragorn les respondían con tranquilidad lo que sabían y se unían a las interrogantes cuando no conocían las respuestas. Eowyn y Faramir se unieron a las respuestas del chico, pues conocían un poco más sobre esos dos temas que ellos.

—Me disculpo sinceramente por haberlos interrumpido, pero consideré prudente presentarlos con quienes saben de su llegada y poner en claro algunas cosas básicas. —les dijo Maia, en cuanto llegaron a la meseta.

La planicie era de suave y corta grama con color verde intenso. Se veía interrumpida aproximadamente cada tres metros por grandes rocas, que parecían tener un metro de diámetro y ser totalmente esféricas, las cuales conformaban ciertas figuras según descubrirían más adelante los ocho recién llegados que miraban todo con evidente curiosidad.

El valle había cambiado mucho desde esa época hasta la fecha en que nacerían los visitantes del futuro, por lo que Arwen, Eowyn, Faramir y Aragorn tampoco reconocían los sitios por los que pasaban. También comprendieron que algunos integrantes de la flora y la fauna se habían extinguido con el tiempo, mientras otros aún no aparecían.

—No se preocupe, señora Maia. Alcanzamos a hablar sobre los puntos más importantes. Justo habíamos decidido hablar con usted para aclarar algunas cosas y pedirle ayuda cuando el joven Orodreth llegó con nosotros. —le respondió Aragorn con tono respetuoso.

—Con la información que me han dado hasta ahora y mis conocimientos he armado un bosquejo de una posible solución a su situación. Pero primero voy a presentarlos con quienes saben de su presencia aquí —dijo Maia con tono suave pero firme, continuando al verlos asentir con evidente preocupación pero confiando en ella—. Mis hijos Arathorn y Elrond, mi nieto Mithrandir, mis sobrinos Lancelot y Alyssa, mis jóvenes amigos Arthur, Earendil, Yavanna, Arien, Elbereth, Gildor, Galadriel, Daeron, Glorfindel, Elladan, Aredhel y Orodreth. Nuestros huéspedes Aragorn, Arwen, Faramir, Eowyn, Sirius, Meg, Nymph y Remus.

»Los jóvenes Arwen, Eowyn, Faramir y Aragorn han recibido formación como Dunedains, mientras los jóvenes Nymph, Meg, Remus y Sirius no —les aclaró a sus pupilos—. Arthur, Arathorn, Lancelot, Earendil, Elbereth, Gildor, Elladan y Aredhel son miembros del actual Consejo Dunedain —les aclaró a los recién llegados—. Sólo quienes estamos aquí sabremos de la llegada de estos jóvenes a nuestro tiempo, para evitar generar alteraciones perjudiciales e innecesarias no sólo a los presentes sino a otras personas —aclaró a todos, que asintieron en seguida—. Los jóvenes Arien, Yavanna, Galadriel, Elrond, Daeron, Glorfindel, Orodreth y Mithrandir son responsables desde este momento de guiar y ayudar a nuestros ocho huéspedes en su desenvolvimiento en nuestras tierras.

»No sé si están ubicados en cuanto a la época en que se encuentran, pero les aconsejo que acepten mi ofrecimiento y permanezcan en mi casa mientras les es posible regresar a su "tiempo natural". Actualmente los muggles y los magos tienen un comportamiento muy primitivo que les generaría problemas. Los de nuestra raza acaban de salir de una guerra y su situación irregular podría despertar desconfianzas o malos entendidos. —les planteó con serenidad a los recién llegados.

—Lo comprendemos y le agradecemos mucho su ofrecimiento, el cual aceptamos. Le aseguramos que haremos todo lo posible por generar los menores inconvenientes. —le respondió Aragorn en nombre de los ocho con tono formal y semblante sereno.

—Por nuestra parte haremos lo posible por comprender que ustedes tienen una formación y costumbres distintas a los nuestros —aseguró Arthur—. Me disculpo formalmente por no haber tenido eso en cuenta cuando hablaba antes.

—Mithrandir y Arien han tenido una formación básica, bastante avanzada para su edad debido a la guerra y que deberá seguir siendo así porque han quedado huérfanos. La formación de Elrond, Yavanna, Galadriel, Daeron, Glorfindel y Orodreth tampoco es completa aún. Por lo tanto, ante el resto de nuestra comunidad, Alyssa, Earendil, Lancelot y Arathorn se dedicaran a su formación a tiempo completo desde este momento, mientras Arthur, Elbereth, Gildor, Elladan y Aredhel combinarán sus obligaciones en el Consejo Dunedain con colaborarnos.

»Si los ocho están de acuerdo queremos entrenarlos mientras estén con nosotros, aprovechando su estadía en estas tierras en que el tiempo es distinto al del mundo en que nos veníamos desenvolviendo, para poder transmitirles tantos conocimientos y técnicas como nos sea posible. Queremos ayudarles a comprender y manejar lo que les fue legado por el anterior Consejo Dunedain.

Fue en ese momento que los ocho viajeros del tiempo se dieron cuenta que sus anfitriones tenían poco tiempo de haberse mudado a la Tierra de los Mundos Perdidos con los demás de la raza Dunedain, por lo que las edades que aparentaban eran las reales. Por lo tanto Galadriel, Yavanna y Elrond debían tener alrededor de veintidós años, Daeron, Glorfindel y Orodreth entre quince y dieciocho años, Arien y Mithrandir entre nueve y doce años.

Días después deducirían de sus conversaciones con sus jóvenes compañeros de entrenamiento que la mayoría de la comunidad Dunedain era menor a los veinticinco años, considerándose "señores" mayores los sobrevivientes de la guerra que tenían más de treinta y cinco años y la señora Maia era vista como una sabia anciana.

—Se los agradecemos mucho y si nos lo permiten nos gustaría colaborarles también en lo que podamos. —le respondió Aragorn respetuoso.

—Puesto que estamos de acuerdo en lo básico vamos a sentarnos a disfrutar lo que han preparado Arien, Yavanna, Galadriel y Alyssa mientras conversamos con las precauciones debidas sobre varias cosas importantes. —sugirió la "anciana" con una suave sonrisa.

La conversación durante la comida transcurrió sin sobresaltos importantes, sonrojándose las cuatro cocineras cuando Sirius alabó la extraña pero apetitosa comida, apoyado por Aragorn primero y luego por Meg, Arwen, Nymph, Eowyn, Remus y Faramir. Después los llevaron a descansar a los ocho en cuatro habitaciones. Les permitieron desde ese momento a cada pareja permanecer unida y los ubicaron a todos en un área fresca de la casa, rodeada de árboles antiguos y vegetación de colores vistosos.

Dos semanas más tarde la muy tímida niña de doce años Arien les contó cómo habían hecho tanto esa casa como las de de otras familias, distribuyéndose en los tres valles que eran bañados por el río Rivendel. La arquitectura era sencilla y abierta, basada principalmente en formas curvas y el respeto a la naturaleza, usando la magia para crear con piedras y maderas flexibles las paredes para desviar los vientos y separar ambientes, creando suaves corrientes de aire que mantenían las habitaciones aireadas y frescas de día, calentándolas de noche el agua que circulaba bajo los pisos por un sistema de tuberías que aprovechaban el calor que habían absorbido de día de los dos soles.

También descubrieron en ese tiempo tanto ellos como sus anfitriones el nivel de preparación que cada uno tenía así como la personalidad de cada uno de ellos. Fue evidente que Meg, Nymph, Remus y Sirius tenían una gran facilidad para aprender y le ponían un gran empeño a hacerlo. Su ejemplo impulsó a los jóvenes Dunedains que los acompañaban. Galadriel, Yavanna y Elrond estaban comenzando con el segundo nivel de la etapa avanzada del Entrenamiento Dunedain. Daeron, Glorfindel y Orodreth estaban comenzando el nivel sexto de la etapa media, similar a lo logrado por Jessica antes de salir del sello. Arien y Mithrandir habían completado la etapa básica.

Lancelot tenía un carácter muy similar al de James Potter, congeniando rápidamente con los ocho recién llegados. Alyssa tenía un carácter dulce similar al de Alice, mientras el de Arthur se parecía a una extraña mezcla de Hermione y Harry. Elrond y Galadriel parecían unas versiones muy jóvenes y distendidas de quienes ellos conocían, siendo novios, sintiéndose los ocho cerca de ellos cómodos y confusos a un mismo tiempo.

A petición de Arwen le permitieron a la esposa de Arathorn, de nombre Ancalimé, integrarse al grupo que estaba en contacto con ellos. El que los nombres y las personalidades se pareciesen tanto a su hermano mayor y la joven cuñada que falleció sólo meses después de la boda le provocaban una mezcla de melancolía, dulzura y alegría que la confundían mucho, agradeciendo de corazón a su esposo y su amigos el apoyo silencioso que le daban.

Ancalimé no había podido llegar a tiempo a la pequeña reunión familiar en honor al cumpleaños de la señora Maia por atender a su hermana menor Idril que estaba resfriada, encontrándose que no podía entrar a la casa cuando llegó allí. Había esperado extrañada noticias de su esposo. Cuando le permitieron el acceso y él le contó todo aceptó en seguida hacer el Pacto de Silencio que le fue solicitado, compartiendo inicialmente con curiosidad y luego con cariño con quien había pedido le permitiesen el saber la verdad.

También fueron integrados al secreto sobre los ocho viajeros del tiempo los tres señores del Consejo Dunedain de nombres Gwindor y Maedhros. Ellos no habían llegado aún a la fiesta cuando aparecieron los del G.A.H. en casa de Maia porque estaban con Ancalimé, verificando la salud de los hijos del fallecido Gawain, de nombres Gilthoniel y Telchar, y la esposa del último. Maia pidió que también se les permitiese a Isildur, Amros, Doriath y Nerdanel, tanto por ser ellos dos hermanos y ellas dos esposas de Gwindor y Maedhros como por ser los regentes de la Casa de los Guías de la Salud. Aragorn accedió en nombre del G.A.H., luego de consultarlo con su esposa, hermana y amigos.

Dos meses después de estar allí se combinaron Alyssa y Arthur para curar totalmente a Aragorn de sus pulmones, así como de las secuelas del largo padecimiento de licantropía a Remus y de las prolongadas estancias en Azkaban y tras El Velo de la Muerte a Sirius. Especialmente a éste último del problema en la arteria entre su corazón y sus pulmones, que le había quedado luego de estar muerto por unos minutos en la estancia en el segundo lugar en una de sus muchas tentativas para atravesar la fantasmal tela antes que fuesen a rescatarlo. Era este problema primordialmente el que lo había tenido tan grave luego que fuesen por él y le había estado limitando en cuanto a las pociones que podía tomar.

Los embarazos de Alyssa, Nymph, Meg, Arwen y Eowyn avanzaban bien, aunque parecía sólo haber transcurrido una semana debido a la forma particular de desplazarse el tiempo en la Tierra de los Mundos Perdidos. Fue para todos un poco curioso que fuesen los ocho venidos del futuro quienes les explicasen a sus anfitriones lo que sucedía, primordialmente Eowyn y Faramir.

Durante sus largas y fructíferas conversaciones a la hora de la cena dedujeron que "el accidente" que había llevado a los diez chicos a la época en que eran jóvenes Remus y Sirius era en realidad un "bucle temporal", al igual que el que los había llevado a los ocho allí y a los gemelitos con los chicos.

Maia les dijo que no podía explicárselos, pero que estaba segura que Charlie Weasley, Bill Weasley, Kingsley Shacklebolt y Minerva McGonagall serían llevados allí por un tercer bucle temporal, así como también serían los doce chicos quienes les irían a buscar a ellos y no a la inversa.

Arathorn los tranquilizó a los ocho en cuanto a la guerra que estaba transcurriendo en su "tiempo natural" recordándoles que para los chicos habían transcurrido seis meses cuando intentaron ir por ellos, mientras para ellos había sido sólo una semana. Pues la señora Maia había logrado quitar el bloqueo a los recuerdos de Remus y Sirius que les habían puesto combinados los chicos bajo sus personalidades alternas.

Maia no se lo dijo a nadie, excepto a su fénix Horus, pero ansiaba conocer al joven Harry James Potter Evans, su sucesor en sus… peculiares características según había deducido de las conversaciones con los ocho que lo querían, admiraban y deseaban tanto ayudarlo. Era para ella muy curioso que además fuese con la novia, Ginny, la pareja de los fénix de la época de la que provenían los viajeros. Además le asombraba que la chica fuese la Flama de Fuegos Multidimensional. Demasiado poder y responsabilidad concentrados en esos jovencitos y en los diez que eran tan unidos con ellos, pues que Hermione, Ron y Angela tuviesen las otras particularidades que escasamente se presentaban en generaciones tampoco era normal.

Luego de hablar con los ocho jóvenes recién llegados y verlos practicar lo que les enseñaban estaba convencida no sólo que Amrod, Melian y sus amigos habían hecho lo correcto, sino que esas veinticuatro personas decidirían según su actuación un momento crucial en el devenir de muggles, magos y Dunedains.