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Historia 46673 — capítulo 29
—Como usted puede ver en los diferentes informes médicos y policiales que hemos recabado, la información que le suministró el señor Sam Evans es exacta. Adicionalmente encontrará allí la que averiguamos de los otros médicos y charlatanes que contactó durante sus tres primeros años de matrimonio con la señora Rose Evans, intentando conseguir algún medio para recuperar su memoria —le exponía con frialdad profesional el abogado de más edad—. En las páginas cuatro y cinco conseguirá usted que el señor Evans vio seriamente comprometida su salud en dos oportunidades por esas poco serias tentativas que hizo, unos meses antes de renunciar definitivamente a ello y enfocarse por completo a su trabajo y su vida familiar.
Petunia tragó saliva al leer lo que el profesional legal le había indicado. Cerró los ojos al recordar una fría mañana de invierno cuando ella tenía ocho años y él había ido a llevarla a la escuela a pesar de estar muy enfermo. Según recordaba tenía tres días con fuertes dolores de cabeza y su mamá lo regañaba mientras ella desayunaba porque no había ido aún a examinarse al hospital, como le había ordenado el médico que hiciese "desde que cinco años atrás se hubiese visto grave por estar tomando cosas a escondidas suyas para resolver algo que ya le habían dicho no tenía remedio".
Ese día Lily había permanecido en cama por la fuerte gripe que estaba afectando a casi todos en la zona. Sam le había preguntado en susurros si quería quedarse en la casa a jugar, con el tono cómplice y cariñoso que siempre usaba cuando la consentía en algo a escondidas de Rose, mientras su esposa de espaldas a ellos dos lo regañaba y buscaba en el estante alto con llave las medicinas.
Ella le había contado en voz baja que "tenía que ir a la escuela porque ese día le celebraban el cumpleaños a su mejor amiga", a lo que él asintió y le acarició la cabeza. "No sólo me llevó sino que me buscó y escuchó con su acostumbrada paciencia todo lo que le contaba, aunque estoy segura que estaba peor que en la mañana porque sus ojeras eran más acentuadas y hacía gestos de dolor cuando creía que no lo veía. El día después yo caí en cama con gripe también y él hacía lo imposible por estar con las tres el mayor tiempo posible, además de insistir hasta que nos llevó al hospital".
—Señora Dursley, voy a ser absolutamente sincero con usted —le dijo el abogado cuando notó que salía de su abstracción luego de leer aquello y volvía a mirarlo—. He investigado también al señor Hans Evans y los familiares de él. Lo que le contó su señora madre fue sólo una parte de la verdad, probablemente lo que su padre biológico le dijo a ella. La familia de Hans Evans sí lo dio por muerto cuando se fue de Darlington, pero no fue porque no quisiese estudiar abogacía sino porque había dejado la fortuna familiar seriamente comprometida y su primera esposa Retha Baines con una niña de seis años. Luego de descubrirse que su matrimonio fue ilegal y negarse a casarse de manera legal con ella, además de no querer hacer frente a las deudas con trabajo como ellos le solicitaron y comprobarse que desde que había fingido su boda bebía mucho, la familia lo repudió. Ellos no se explicaban su cambio desde unos meses antes de abandonar la casa para su supuesto matrimonio.
—¡¿Qué?! —preguntó en un grito ahogado Petunia.
—La ahora señora Retha Skeeter se casó un año después con un hombre de apariencia muy similar a Hans Evans de nombre Tegan Skeeter. Tiene usted una hermana de nombre Rita que nació el 15 de marzo de 1951. Lo más cerca que he estado de ella ha sido hablar con la madre y obtener estas dos fotos. La señora Retha Skeeter dice que su hija no quiere saber nada de Hans Evans, la familia de éste y asegura tampoco querrá saber de usted. —completó entregándole las fotografías.
En la más reciente una joven rubia de fuertes mandíbulas, el pelo con rizos muy rígidos, bastante maquillada para la edad, luciendo una túnica verde limón, sonreía con malicia. "Se viste como los amigos raros de Lily", pensó horrorizada. En la foto más antigua, una mujer rubia de rasgos fuertes sentada tenía a una niña de meses en su regazo, el hombre rubio de pie a su lado izquierdo le tenía pasado el brazo derecho sobre los hombros y en el izquierdo alzado un niño de alrededor de tres años. De pie al otro lado de la mujer estaba una niña rubia, mirando distraída hacia el lado derecho y luciendo totalmente ajena a los otros.
—Ella… ¿Pudo averiguar algo sobre Rita Skeeter? —le preguntó nerviosa al abogado.
—La señora Skeeter vive en Hernhill, donde se mudó con su hija mayor unos meses antes de casarse con su actual esposo. La señorita Rita Skeeter estudió en un colegio privado desde la edad de once años y actualmente trabaja para un periódico, sólo que no pude precisar en cuál. Tiene dos hermanos menores, Troy y Renee, a los cuales casi no visita y tanto los familiares del señor Tegan Skeeter como los habitantes del pueblo creen que es su hija. Allí… —empezó a leer sus apuntes el abogado.
Pero Petunia no escuchó más nada. En su mente se repetía una y otra vez: "La señorita Rita Skeeter estudió en un colegio privado desde la edad de once años y actualmente trabaja para un periódico, sólo que no pude precisar en cuál". Ella sabía que a esa edad se entraba a estudiar en Hogwarts. "El abogado no podrá investigarla si ella es… Pero… ¿Será posible que mis dos hermanas por sangre sean brujas? ¿Por qué no lo soy yo entonces? Tengo la misma sangre de Lily por parte de mamá y la de esta mujer por parte de padre. ¿Por qué no soy yo una bruja?"
El abogado más joven le acercó la carpeta con la información que habían recabado sobre los Evans y otra con la de los Skeeter.
—Podrá usted ver allí tanto esto que le he dicho como el cambio radical de Hans Evans desde que abandonó a Retha Skeeter y su familia. Jamás volvió a beber, era un periodista honesto, responsable, trabajador, un poco obsesivo del orden y la limpieza, también se negaba a comer nada que no le preparase Rose Evans o viniese sellado. Además de ser nuevamente como le conocieron en su juventud, estudioso y apasionado investigador, él… —le explicó con detalle el abogado.
Petunia escuchó lo primero que le dijo porque se había sentido muy deprimida al imaginarse a su padre como un hombre bebedor y que hacía mal uso del dinero. Pero una vez que supo que eso sólo había durado mientras estuvo cerca de la mujer llamada Retha sintió alivio, pero también rechazo por ella y la hermana que no conocía.
—Señora Dursley, me voy a permitir darle tanto mi opinión profesional como mi punto de vista personal sobre el planteamiento que me hizo hace unos días —le dijo con tono sereno el hombre mayor—. Como abogado debo decirle que el alejar legalmente a Sam Evans de la señora Rose Evans es improcedente. Aunque es imposible el investigar su vida antes del 2 de junio de 1958, su comportamiento como Aaron White, Sam Bennett y Sam Evans siempre ha sido uniforme e intachable: el de un hombre respetuoso, amable, enamorado de su esposa y atento siempre a las necesidades de sus hijas, trabajador incansable, honesto, responsable, defensor de otras personas en situaciones de desventaja, ni un solo indicio de una aventura extramatrimonial y debo añadir que un poco obsesionado con la salud de su esposa.
—¿Obsesionado con la salud de mamá? —preguntó Petunia sin poder contenerse.
—Según lo que pude averiguar con sus compañeros de trabajo en el Jardín Botánico llamaba siempre a la señora Rose tanto a mitad de mañana como a mitad de tarde, preguntándole por su salud aunque en esas fechas ella no tenía ningún trastorno. Confirmé eso en el hospital al averiguar que además la convencía de someterse cada tres meses a exámenes médicos durante sus primeros ocho años de matrimonio. —le explicó señalándole una parte del informe que le había entregado y ella aún no leía completo.
—¿Por qué se comportaría así? —preguntó Petunia extrañada.
—Según los informes del doctor que le hacía seguimiento en el hospital en esa época, por el problema con su memoria, ese comportamiento podría ser debido a la pérdida de algún familiar en la vida que no recuerda. Cuando en dos oportunidades la señora Rose no aceptó el hacerse las pruebas él no insistió pero presentó fiebres nocturnas muy altas, murmurando en el estado febril algo sobre una enfermedad viral y alguien que moría muy joven. Esa situación cesó luego que tanto usted como su hermana estuvieron hospitalizadas durante una semana por una fuerte gripe viral, en la cual él casi no durmió velando por ustedes dos en el hospital en las noches hasta que se recuperaron. La señora las cuidaba de día mientras él estaba en el trabajo.
—Lo recuerdo. Tenía un aspecto terrible cuando desperté el domingo. Me asustó el verlo tan demacrado, aunque él decía que no me preocupase y tomase mis medicinas. Se veía tan contento por vernos a las dos recuperarnos. Recuerdo que la enfermera lo regañaba por ser tan exagerado cuando nosotras no habíamos estado en peligro en ningún momento y nos habían internado sólo por su insistencia. —afirmó Petunia con tono melancólico.
—Ya le he dado mi opinión profesional, señora Dursley, por lo que ahora me voy a atrever a darle mi opinión personal. Comprendo que para usted ha sido algo muy brusco el enterarse sobre su padre biológico y el problema con la identidad de su padre de crianza, pero no he conseguido en mis investigaciones ninguna conducta extraña o anormal en él y su señora madre está gravemente afectada de una enfermedad cardíaca.
»Si insiste usted en separarlos no sólo le hará un daño terrible al hombre que le ha dado afecto paterno y calor de hogar, lo que muy pocos hacen con un hijo que no es suyo como ya le he explicado al hablarle de los Skeeter, sino que es muy posible que le ocasione una crisis grave a su madre que la lleve a fallecer.
»Si usted no sólo cesa en sus intentos, sino que se acerca de nuevo a sus padres, le puedo asegurar que le concedería a su mamá al menos el suficiente tiempo de vida para que vea crecer a Dudley Dursley. El médico y las enfermeras que la atendieron la semana pasada, luego de la grave crisis por su discusión con usted, afirman que está muy deprimida y yo pude corroborarlo en la reunión que mi colega y yo sostuvimos con los señores Evans. Esto la agrava en su condición y lo hará aún más una disputa legal. Señora Dursley, el médico no se explica cómo sobrevivió a un estado de tensión nerviosa de esa magnitud.
»También le puedo confirmar que Sam Evans ha hecho siempre lo mejor para Rose Evans, por lo que se alejaría si eso la ayudase pero peleará fieramente para quedarse a su lado porque sabe con certeza que su sola presencia la ayuda en su salud. Sin embargo está muy angustiado por el problema que se ha suscitado, la salud de ella y deprimido por su reacción con él. He consultado con el hijo del doctor Bennett, quien lleva ahora su caso luego de fallecer el padre, y es muy posible que él presente serios problemas de salud también.
»Señora Dursley, si está usted totalmente segura que la cercanía de Sam Evans perjudica a Rose Evans de alguna manera dígame el porqué y yo pondré todo mi empeño en alejarlo de ella. Pero si usted sólo estaba impresionada y asustada por lo que averiguó accidentalmente, entonces piense usted detenidamente si va a continuar con esto cuando la salud de sus dos padres se verá gravemente afectada por ello. Si usted no tiene nada en contra de él, si sólo estaba asustada por lo que se enteró, piense en lo que han vivido su mamá y usted con él desde que se unió a ustedes y no prosiga con una disputa legal que no prosperará pero les hará mucho daño.
Petunia cerró sus ojos. Por su memoria desfilaron multitud de recuerdos con su papá, porque Sam Evans aunque no llevase su sangre era su padre. Lo recordaba jugando con ella, llegando cansado del trabajo pero sentándose a su lado para ayudarla con la tarea, evitando que su mamá se enterase de algunas travesuras, regañando a Lily cuando traía cosas de Hogwarts y la asustaba a ella, mediando con paciencia entre las dos cuando discutían, riendo feliz cuando las dos se habían unido a hacerle una jugarreta, preparando la comida para que su esposa "les explicase cosas de mujeres que él no sabía". Nunca lo vio hacer nada extraño, ni siquiera cuando su hermana había ingresado al colegio en el que le enseñaban sobre la magia.
En el momento en que lo rodeó esa luz esmeralda, mientras sujetaba a su mamá, su expresión asustada había sido de no comprender lo ocurrido. Ella había consultado a un médico de otro hospital con los datos que tenía de su mamá y él le aseguró que ningún paciente en su condición sobreviviría a una discusión como la descrita por ella. No sabía qué había hecho él, pero definitivamente la había ayudado.
—Les agradezco mucho la exhaustiva investigación que han hecho y la asesoría legal, así como también el consejo personal que usted me ha dado. No voy a proseguir con la demanda —les comunicó su decisión, asintiendo al verlos sonreír y destensarse—. Por favor, no le digan ni a mi esposo, ni a mis padres, ni a nadie lo que me han dicho hoy. —les pidió seguidamente.
—No tiene que preocuparse por eso. Nadie sabrá nunca por nosotros nada de esto. —le aseguró el mayor tendiéndole la mano.
—Les agradezco mucho que atendiesen con tanta prontitud y eficiencia mi caso, señor Philippson, señor Shatner. Por favor pasen ustedes por la empresa y mi esposo les cancelará sus honorarios debidamente. —les aseguró ella.
—Así lo haremos. Me alegra mucho la decisión que ha tomado y deseo sinceramente que la salud de la señora Evans mejore significativamente gracias a ello. Hasta luego señora Dursley. —se despidió el abogado mayor, tan contento como su acompañante.
Petunia después de despedirlos le dio de comer a su hijo, lo cambió, lo acostó en el corralito, limpió la mesa y lavó los platos, todo el tiempo recordando su infancia y juventud. Se sentó a leer con calma las carpetas con los informes que le habían dejado los abogados y detallar las fotos que se había traído de casa de sus padres tanto la noche de navidad como el día de la discusión.
Ella se había distanciado progresivamente de su hermana menor desde que Lily entrase a estudiar en el colegio, especialmente en los últimos tres años. Desde que conoció a Vernon Dursley y se enamoró de él, haciendo planes los dos para un futuro en que tendrían una casa, un auto y le podrían comprar a los dos hijos que planeaban tener todo lo que quisiesen, le pareció que las cosas extrañas que la pelirroja hacía y los que eran como ella eran una especie de enfermedad.
Además Lily le contaba que existía un hombre que se llamaba Lord Voldemort y tenía sumido al mundo mágico en una guerra. Eso era muy peligroso. Por eso había empezado a fingir que era hija única y el que su hermana permaneciese tanto tiempo alejada mientras estuvo en el colegio le facilitó las cosas.
Se había horrorizado el día de la graduación de ella pensando que regresaría a la casa y los sumergiría en su mundo raro y la guerra en éste. Su alivio fue enorme cuando supo que estaría prácticamente interna en una "Academia para Aurores", para la cual había conseguido una beca de estudios. Sus padres se habían entristecido en contraste con su felicidad por ello.
"Mis padres… A pesar de mi alejamiento de Lily nunca Sam Evans me trató mal por mis reacciones con su hija. Hacía lo posible por acercarnos, pero siempre con tretas llenas de cariño y preocupación. Nunca le ha agradado Vernon, pero lo sé porque soy muy observadora. Mi esposo ni siquiera lo ha llegado a sospechar porque papá se ha esforzado por disimularlo, además de ayudarme a convencer a mamá de mi relación con él cuando les dije que lo amaba. No sé quién fuiste antes de conocer a mamá, Sam Evans, pero sé quién has sido desde entonces: el mejor esposo para Rose Evans, mi padre amoroso y consentidor. También sé que serás el mejor ejemplo para Dudley".
Puso las fotos de sus dos hermanas a los lados de una suya y empezó a leer con detenimiento el informe en la carpeta sobre los Skeeter. La mujer llamada Rita Skeeter había tenido una infancia "extraña" al lado de una madre de "comportamiento exótico" y un padre adoptivo que no la quería. Tegan Skeeter le había pagado escasamente la escuela y había accedido a dar el dinero para los estudios en "un colegio lejos de la casa" sólo para que "no influyese con sus extravagancias a sus otros dos hijos". Por lo que entendía de lo investigado por el señor Shatner ni Troy Skeeter era mago, ni Renee Skeeter era bruja. Los dos habían estudiado en el instituto de Maidstone y tenían un contacto casi nulo con su hermana mayor.
"Rita Skeeter puede ser mi hermana mayor por parte de padre, pero es una desconocida para mí. Según esto sólo mantiene contacto esporádico con la mamá y no quiere saber nada ni de Hans Evans ni de mí. Muy bien. Entonces para mí tampoco existes", decidió tomando su foto y guardándola en la carpeta sobre los Skeeter. La hizo a un lado, miró la foto de Lily y acercó las de los dos matrimonios de su mamá.
Tomó la carpeta con lo que había averiguado el señor Philippson en Darlington sobre la familia de su padre, detallando especialmente lo referente a Hans Evans. Según la información recabada por el detective su comportamiento había cambiado de forma radical al conocer a Retha Baines y había empezado a beber al nacer la hija. Según aquello la mujer tenía un aspecto muy masculino y casi no salía, como tampoco lo hacía casi Hans a menos que fuese a comprar la comida y luego que nació la niña también bebida.
Frunció el ceño al leer la declaración de quien fue su padre ante el juez local debido a la demanda de cumplimiento interpuesta por los Evans sobre el matrimonio falso con Retha, no querer reconocer a Rita y las deudas contraídas:
No fui yo quien buscó a un falso magistrado y unos testigos que apenas conozco de nombre para un matrimonio que jamás quise. ¿Por qué piensan que Retha Baines no ha hecho nada desde que huí de nuestra casa para reclamar supuestos derechos conyugales? Durante seis años y medio esa bruja me ha tenido casi secuestrado dándome a tomar un horrible brebaje.
Si he podido escapar de esa situación es porque me quedé borracho en un bar y el licor que bebí durante tres días obligó a que me internaran en el hospital, gracias a lo cual me he librado de su manipulación. No recuerdo casi nada del tiempo que me tuvo a su lado obligado. ¿Cómo sé que Rita es de verdad mi hija? No, señores, yo ni me caso con esa mujer ni voy a reconocer a esa niña si no me comprueban que lleva mi sangre.
En cuanto a las deudas que contraje en ese tiempo, tampoco recuerdo nada pero no voy a obligar a mis padres a pagar por mi estupidez al aceptar una noche ir a cenar con una mujer que casi no conocía. Yo las pagaré pero trabajando en lo que me gusta y no en lo que me quieren obligar a ser. Sólo díganme dónde firmo unos pagarés o letras y yo las cancelaré.
El padre de Hans Evans declaró entonces:
Si mi hijo es capaz de inventar una mentira tan poco creíble y falta de honor para no reconocer a su mujer y su hija, entonces no es digno de considerarse parte de mi familia. Si Hans Evans retoma el buen juicio, empieza a estudiar para abogado, se casa con Retha Baines y reconoce legalmente a Rita Evans, yo me haré cargo tanto de sus estudios y su familia como de sus deudas. Si por el contrario continúa diciendo barbaridades y empeñado en irse a Londres para la estupidez esa de ser periodista yo pagaré las deudas que ha contraído y me haré cargo de mi nieta, pero dejará de ser mi hijo y ninguno de la familia volverá a tener ningún contacto con él.
Al día siguiente su padre había tomado el tren a Londres y meses más tarde conocía a Rose Laud, trabajaba en el periódico y jamás hablaba de otra persona que no fuese su esposa. Retha Baines desapareció también de Darlington con su hija rumbo a Londres, mudándose a Hernhill justo dos días antes de casarse Hans con Rose. "Estoy segura que papá no mentía y que ésa lo vino buscando, pero él no la admitió cerca y tuvo que irse a buscar una nueva víctima de sus brebajes y manipulaciones. Ahora menos que nunca quiero entrar en contacto con Rita Skeeter. Tal como pensaba la gente rara como ella es peligrosa".
Volvió a mirar la foto del matrimonio de Rose y Sam, colocando al lado una en que estaban ellos dos con Lily y ella. "Tal vez tú seas un mago, papá, pero no lo recuerdas y jamás has hecho nada para lastimar a nadie. Cuando le llegó la carta de Hogwarts a mi hermana estabas preocupado y confuso. Los señores que vinieron a la casa dijeron que existían brujas y magos que eran hijos de personas que no lo eran. ¿Será ése tu caso? También dijeron que no todos iban a estudiar a ese colegio, que la decisión siempre era de los padres. Tal vez eso es lo que pasó contigo, puede ser que nunca te enseñaron a ser como esos. Pero sea ése el caso o no, tú nunca obligaste a mamá ni a nosotras a nada. Siempre nos consultaste todo y cuidaste de las tres. Además Lily aunque es… Ella nunca ha lastimado a nadie. De hecho tiene la misma tendencia tuya a defender a otros".
Miró de reojo la carpeta sobre los Evans y sacó de allí las fotos de Hans para cerrarla y apartarla con disgusto junto a la de los Skeeter. Reunió las fotos de su padre por sangre con las del que lo era por afecto, su mamá y su hermana pelirroja. "Ustedes, Dudley y Vernon son mi única familia. Tengo entendido que Lily es algo así como una policía, así que hablaré con ella para que me ayude a mantener a mi esposo y mis hijos a salvo de los de su mundo. Estoy segura que está haciendo algo para mantener a salvo a nuestros padres y que me ayudará, pues a pesar de la forma en que la he tratado ya mamá me contó que fue a conocer a Dudley cuando nació. Además James Potter me aseguró molesto que jamás hará nada que pueda perjudicar a mi pequeño porque eso lastimaría a mis padres y mi hermana".
Vio el documento legal con el que había intentado apartar a sus padres y denegó con disgusto. "He sido una insensata al hacer esto. Es una suerte que los abogados que consiguió Vernon fuesen tan honestos y profesionales. Otro en su lugar se hubiese aprovechado de mi estupidez y me hubiese sumergido en un pleito legal sin ningún fundamento, para sacarnos el dinero, generando la muerte de mi mamá y tal vez incluso la de papá. Ahora mismo debo empezar a rectificar el grave error de juicio que cometí el jueves", decidió.
Metió todas las fotos y documentos en la carpeta en que estaba el informe sobre Sam Evans. Subió con las tres carpetas a su recámara. Escondió las de los Evans y los Skeeter en el fondo de su neceser, cerrándolo con disgusto usando la diminuta llave en la pequeña cartera que usaba como llavero. La de su familia la guardó en la gaveta de su mesa de noche, junto al álbum que estaba arreglando para Dudley. Bajó y decidida tomó el teléfono.
—Duerme la siesta tranquila, cariño. Yo me ocupo de todo y cuando despiertes te tendré listo un apetitoso almuerzo. —le aseguró con cariño.
—No sé que haría sin ti, Sam. Te amo. —lo abrazó su esposa.
—Y yo a ti, Rose. Ahora descansa tranquilita. —la recostó con cuidado.
—Sam, por favor prométeme que irás a verte con el joven Bennett. —le pidió preocupada por él.
El hombre de ojos esmeraldas y pelo castaño rojizo suspiró, acariciándole la cabeza con afecto. Comprendió de su mirada que no tendría escapatoria si quería tranquilizarla.
—Te prometo que el lunes a primera hora me acompañas al hospital. Así mientras yo veo a mi fastidioso amigo te distraes tú con tus antiguas compañeras de trabajo.
—Gracias mi amor. —le sonrió Rose, quedándose dormida tranquila.
Sam miró las pastillas para dormir en la mesita de noche y denegó. No había podido convencerla de tomar una. No la había presionado con eso porque el médico había dicho que cuando fuese posible debía dormir sin ellas. Le dio un beso en la mejilla y se incorporó de la cama donde había estado sentado observándola hasta que se quedó dormida. Fue hasta la ventana, miró hacia fuera recordando lo que le dijo James en secreto sobre unas protecciones colocadas por Lily y él, acomodó las cortinas y salió del cuarto silenciosamente.
"No puedo darle datos directos a James sobre los Dunedains, porque según lo poco que recuerdo eso está prohibido, pero estoy casi seguro que el director de Hogwarts es el papá de Aragorn y Eowyn. Si Albus Dumbledore es el señor Albus entonces no quebrantaré ninguna ley y podré de nuevo ver a Arwen, Aragorn, Faramir y Eowyn. Le pediré a James que hable con él para que venga a verme mañana, con la excusa que mi yerno quiera dar. Si estoy equivocado me enfocaré en hablarle al señor de Lily, pero si estoy en lo cierto… Por favor Dios, permite que esté en lo correcto. Necesito de la ayuda de los chicos con mi nieto y sus amigos", pensaba preocupado mientras organizaba lo necesario para preparar la comida, con el dolor de cabeza molestándole como siempre ocurría cuando recordaba algo de su pasado.
Generalmente hacía caso de lo que le recomendara años atrás el doctor Bennett, haciendo a un lado sus escasos recuerdos mientras se definían mejor. Pero desde el domingo en la noche, cuando habló con Harry James Potter Evans, la novia y tres de los amigos del chico en presencia de Lily y James, hizo exactamente lo contrario.
Se esforzaba en recordar detalles, colores, olores, sonidos, nombres, lugares, conversaciones, haciendo uso de los ejercicios de relajación y concentración que en su juventud le enseñara el señor Mithrandir cuando lo entrenó en su don mezclado. Había recordado aquello cuando tranquilizó a su nieto y ahora lo estaba usando como una herramienta muy efectiva para recuperar sus recuerdos. Era muy difícil y la migraña que le había ocasionado la situación con Petunia iba en aumento, pero quería conseguir una forma de ayudar a los chicos.
El ruido del teléfono lo sobresaltó, sacándolo de sus pensamientos, apresurándose a tomarlo para evitar que su esposa se despertase.
—¿Sí?
—Buenos días papá.
—¿Petunia? —preguntó asustado.
—Sí papá, soy yo. ¿Cómo está mamá?
—Estable. Justo ahora está durmiendo la siesta por órdenes del médico. —le respondió aturdido. "¿Me está tratando de papá o estoy empezando a tener alucinaciones por el dolor de cabeza?", se preguntaba inquieto.
—Papá, yo… Lamento mucho lo ocurrido el jueves. Me tomó totalmente por sorpresa lo que descubrí y… Lo siento, no debí tratarte como lo hice. Hans Evans es mi padre por sangre, pero tú eres mi papá.
—Petunia… hija… Yo… —sollozó Sam sin poder contenerse, derrumbándose en la silla junto al teléfono.
—Papá, perdóname. No, no te pongas así. Yo no quiero lastimarte, perdona que…
—Por favor hija, olvidemos lo ocurrido el jueves —la interrumpió con cariño, haciendo un esfuerzo para recuperar la calma—. Ven a la casa. Quiero verte, abrazarte, cargar a mi nieto mayor —le pidió—. Rose y yo hemos estado tan deprimidos. —confesó ante su silencio.
—Hoy no puedo ir, papá, porque Vernon tiene una cena de negocios muy importante y yo debo prepararlo todo para que sea un éxito. ¿Podríamos vernos mañana para cenar?
—Claro que sí, hija. Pero… Petunia, por favor, te suplico que si vas a enviar es a los abogados no lo hagas y nos cites a ellos y a mí en otro sitio. Yo iré donde tú digas pero no sometas de nuevo a tu mamá a una situación como la del domingo.
—Te juro que quienes vamos a ir somos Dudley, Vernon y yo. Sé que hice algo horrible al engañarlos antes de esa manera, pero… Perdona papá, perdóname.
—No llores hija —le pidió al oírla sollozar, empezando él a llorar de nuevo sin poder evitarlo—. Tanto Rose como yo te hemos perdonado porque te queremos mucho.
—Vamos a vernos en el restaurante nuevo cerca de Charing's Cross. Le pediré a Madison y Jerrod que estén presentes. Quiero pedirles perdón a mamá y a ti frente a ellos, así como lo haré después con Lily frente a ustedes y James Potter. Quiero que seamos de nuevo una familia unida.
—No sabes la gran alegría que me estás dando, hija. —le aseguró Sam sonriendo entre las lágrimas.
—Te quiero mucho papá. Llámame cuando mamá despierte para hablar con ella.
—Así lo haré. Te quiero hija.
—Te quiero papá.
Colgó el teléfono con su mano temblando todavía, su rostro bañado en lágrimas y una sonrisa en los labios. Se sobresaltó al sentir que Rose lo abrazaba desde atrás.
—Shhh, tranquilo. Déjame mimarte y cuidarte como lo hacías antes de yo enfermar —le pidió con dulzura, atrayendo su cabeza con cariño hacia su cintura—. Desde hace cinco años has estado siempre para mí y finges estar bien para no preocuparme. Te lo he permitido porque eres un consentidor muy dulce, pero tienes días muy mal y necesitas desahogarte un poco. Quiero que lo hagas conmigo.
—Rose… mi rosa hermosa. —sollozó abrazándose a ella por la cintura.
—Te amo Sam, mi admirador máximo, la luz de mi vida. Llora, deja que tus lágrimas limpien tu mente y tu alma de preocupaciones y penas. —le dijo con tono arrullador mientras vertía unas ella también.
Estuvieron así varios minutos, hasta que los dos se tranquilizaron. Él la sentó en sus piernas, contándole la conversación con Petunia. La llamaron después que Sam habló con Madison y Jerrod, confirmando la cena al día siguiente y que los abogados de los Dursley habían suspendido la demanda legal, felices todos por la decisión de Petunia Dursley.
Sam terminó de preparar la comida con ayuda de su esposa, hablando sobre los tiempos felices que compartieron con sus hijas pequeñas, riendo él ante los pequeños regaños de ella por las travesuras que se estaba enterando hicieron a sus espaldas y él encubrió. Luego de almorzar se acostó a dormir Rose, esta vez tomando la pastilla sin intentar siquiera protestar. Quería recuperarse más para la reunión del día siguiente.
Sam le escribió a Lily para invitarla a cenar el domingo, sin decirle que Petunia iría ni mucho menos hablarle de la llamada porque había acordado con Rose que le darían la sorpresa. Sin embargo le escribió con la tinta especial a James que Petunia había decidido retirar la demanda, que al día siguiente cenarían con ella y Vernon en presencia de Madison y Jerrod, explicándole que no le decían a Lily para darle la sorpresa el domingo. Le pidió de la misma forma que hablase con el director del colegio para que se viesen lo antes posible, dándole total libertad de contarle lo poco que sabían de él, diciéndole sólo que le pidiese que fuese discreto con esa información.
Después de enviar la carta con Tami se sumergió en la biblioteca en los papeles que le había dado su contador y el señor Andrew Bode, estudiando la propuesta de sociedad que le hiciera James con Alice Longbottom. Le gustaba mucho la idea porque así tendría holgura económica para permanecer en casa cuidando a su esposa, además de poder estudiar con la joven rubia las plantas del mundo mágico y afianzar con eso su avance en recuperar sus recuerdos. Pero por otro lado quería evitar forzar las cosas pues su esposa ya se había dado cuenta que él no estaba bien de salud, además de querer ser cuidadoso en cuanto a involucrarse en el mundo mágico estando éste en guerra.
Lily, Nataly, Benjy, Mintaka y Leonel se miraron de reojo, preocupados, al ver un cambio en la barrera con apariencia de cortina de agua que rodeaba el entorno en que se desenvolvía la señora Maia. Habían estado conversando en voz baja sobre lo último que les explicó el día antes, en espera de que se levantase para darle la comida.
La pelirroja extendió con cuidado su mano derecha hacia la barrera y tragó saliva al percibir que ahora era muy débil y delgada. Decidida la atravesó y avanzó rápido hasta la cama. Los ojos se le llenaron de lágrimas al ver las esmeraldas antes idénticas a las suyas mirarla luciendo totalmente opacas, así como ver los mechones que eran rojo oscuro como el suyo cambiando rápidamente a canoso, mientras una suave sonrisa se abría paso en el rostro de la anciana.
—No te entristezcas, hija, yo estoy lista para partir —le aseguró Maia con dulzura—. Algún día, cuando seas madre, comprenderás que el haber conocido la dicha de tener a un pequeño en tus brazos y darle tanto como puedes para que pueda vivir feliz te llena tan plenamente que no importa lo que pueda ocurrir, tu vida habrá conocido la felicidad. Yo viví la bendición de mis hijos y nietos, a la que se ha añadido el honor de conocerlos y compartir con ustedes en mis últimos días.
—Tiene razón en que no existe mayor dicha que tener a un hijo entre nuestros brazos. Mi pequeño Harry es la luz de mi existencia —afirmó Lily con cariño. Sabía que estaba rompiendo con el reglamento de los inefables al hablarle de su familia, pero le tenía un gran afecto a la anciana y desde que el primer día leyó las palabras "hijo" y "Harry" en la lámina que le indicara había estado tentada de decirle. Se había contenido de hacerlo buscando un momento y forma propicios de hablarlo con su jefe, pero ahora sabía que no tenía tiempo para convencerlo—. ¿Le gustaría conocerlo? —le preguntó al ver que abría más sus ojos con una mezcla de ansiedad y alegría.
Maia asintió de inmediato, sintiendo su corazón palpitar con renovadas energías. Apenas podía creer que hubiese logrado lo que se propuso al aislarse ahí y que además le fuese concedido el verlo una vez más.
—Las reglas se hicieron para romperse cuando las circunstancias lo ameritan. —se adelantó Leonel al intento de disculparse de su pupila, en cuanto ésta atravesó de nuevo la ahora tenue barrera, en voz baja para que la anciana no lo oyese.
Lily asintió agradecida y salió rápidamente hacia su oficina, en donde Idun y Tyr cuidaban de su bebé y el de su amiga Alice, dejando allí a Neville con la pareja de elfos. Al regresar con Harry en brazos se le oprimió el corazón. La barrera casi se había desvanecido y apenas rodeaba un par de metros alrededor de la cama, desde donde la anciana les pedía a su jefe y compañeros que se acercasen a su lecho. Los vio asentir y avanzar nerviosos hacia ella, entristeciéndose mucho al atravesar lo que ahora sólo parecía una tenue neblina.
—Me ha hecho muy dichosa el compartir mis últimos días con personas tan maravillosas como ustedes —afirmó mientras los miraba de uno en uno, deteniéndose en el mayor—. No se entristezca, joven Leonel. La muerte es sólo una puerta que nos conduce a una nueva forma de vida —le aseguró con cariño tendiéndole la mano—. Al atravesarla nacemos de nuevo, con la curiosidad de un niño, la vitalidad de un joven, la madurez para avanzar con cuidado de no lastimar de un adulto y una forma corpórea adecuada para lo que se ha de aprender.
»En lo que aquí les dejo encontrarán usted y sus pupilos tanto eso como la información que le permitió florecer a mi pueblo, antes que los de otra raza nos declarasen la guerra por negarnos a usar el conocimiento para subyugar a los otros pueblos. Apenas os he podido transmitir las bases, pero sé que tendréis tanto la paciencia para seguir estudiando y aprendiendo para comprender lo que aquí os dejo, como la prudencia para transmitir a los de vuestra comunidad sólo lo que ellos estén listos para asimilar.
—Así lo haremos. Se lo prometo. —le aseguró Leonel sin poder contener las lágrimas.
—Apenas puedo creer que me haya sido concedido verle una vez más. —comentó la anciana al ver el bebé, pidiéndole por señas a la pelirroja que se acercase para verlo. Le sonrió agradecida a su amigo cuando la ayudó a incorporarse con cuidado y la mantuvo abrazada para que lo pudiese ver, aunque era evidente tanto en su expresión como en la de los otros que no entendían lo dicho por ella. Lily se sentó a su lado con su hijo en su regazo.
»Cuando este pequeño llegue a ser un adulto se verá empujado por circunstancias muy especiales a hacer un viaje en el tiempo, al igual que otras veintitrés personas, retrocediendo hasta llegar a la época en que recientemente había quedado viuda, a la tierra en que mi pueblo se refugió al terminar la terrible guerra que nos había casi exterminado. —les dijo mientras le acariciaba la cabecita al bebé, que la miraba con sus esmeraldas atentamente intercalando balbuceos y sonrisas.
»Cuando la estrella de siete puntas rebase las figuras del león, el delfín, el fénix y el unicornio alado viajaran diez a buscar a diez, quedando los dos más pequeños atrapados con los diez que fueron a buscar mientras los ocho mayores llegarán conmigo, mi familia y amigos —les dijo señalando la lámina de papel dorado que el primer día le indicase a Lily—. Luego los doce jóvenes y los otros cuatro adultos se les unirán y nosotros les transmitiremos tanto como nos sea posible para la gran responsabilidad que han aceptado, en beneficio de muchos pueblos. Deben avisarle en ese momento al profesor Mithrandir para que prepare a los cuatro últimos viajeros, así como a los profesores y estudiantes de Hogwarts de forma acelerada, pues se verán inmersos en terribles enfrentamientos que decidirán el destino de muchos.
»Te conocí como un joven fuerte, valeroso, determinado, inteligente, con un gran liderazgo y una gran melancolía —afirmó acariciando la mejilla del bebé, su tono lleno de respeto y admiración—. Ya habías descubierto cosas por ti mismo, en tu afán de ayudar a otros. Pero aún te faltaba tanto por aprender y te había dado tantos golpes la vida —se lamentó con tono triste—. Sin embargo te habían sido concedidos también momentos de dicha que atesorabas y usabas como base para seguir adelante, con el apoyo de tu pareja y tus amigos.
»Cuando retorne de ese viaje tendrá que enfrentar mucho, pero conducidle aquí y enseñadle tanto como podáis —les pidió a los inefables—. Es mi deseo ayudarle de esa forma con lo que él y sus acompañantes enfrentarán para que puedan conseguir una ventanita luminosa en el oscuro futuro que mi esposo, mi hermana y amigos visitaron. Hubiese querido hacer más, Harry James Potter Evans, pero mis conocimientos son limitados y no debo alterar la línea del espacio tiempo más de lo que acabo de hacer. —se disculpó con el pequeño.
»Amigos míos, lo que he dicho guardadlo en vuestros corazones hasta que llegue el tiempo que os he indicado. No temáis a la muerte pero tampoco la busquéis. Vivid cada momento con alegría e intensidad. Un fragmento de mi corazón queda con vosotros. Gracias por todo lo que generosamente me habéis dado desde que me conocieron.
Lily, Benjy, Nataly, Mintaka y Leonel bajaron levemente la cabeza ante sus palabras y le sonrieron con cariño, con un nudo en la garganta, empezando a sollozar sin poder contenerse cuando vieron cerrarse sus ojos esmeraldas y su mano deslizarse del rostro del pequeño hacia la sábana, mientras la neblina que los rodeaba desaparecía. Un suave aroma a prado lleno de flores en primavera llenó el lugar y asombrados vieron el cuerpo de la anciana convertirse en polvo bruscamente para luego desaparecer.
—El tiempo hizo en un segundo con su cuerpo lo que llevaba décadas frenando para poder llegar a Harry James Potter Evans. —afirmó con voz quebrada Leonel mirando al bebé.
—Maia. —dijo claramente el pequeño Harry estirando sus manitas hacia el sitio en el que estaba antes la anciana. Luego se giró hacia su mamá y la abrazó, empezando a llorar.
—Mi niño. —lo abrazó Lily con una mezcla de miedo, dolor, angustia y alegría.
Benjy, Nataly, Mintaka y Leonel los miraban con una mezcla de respeto, tristeza y ansiedad. Especialmente el moreno que, al igual que su amiga, estaba pensando en la versión juvenil del pequeño que en ese momento estaba durmiendo en Deercourage bajo pociones.
—Tranquila hija. Nosotros ayudaremos a tu hijo tanto con lo que la señora Maia ha revelado como con todo lo que esté a nuestro alcance, porque es tu hijo. —le aseguró Leonel desplazándose a su lado para abrazarla con cariño.
—Voy a traer té con poción tranquilizante para todos. —propuso Benjy con tono suave, asintiendo su jefe y su pareja de amigos.
Nataly y Mintaka se sentaron al lado de la pelirroja, jugando ella con el pequeño para ayudarlo a calmarse mientras él ayudaba al mayor a hacerlo con la madre.
Una hora más tarde, ya estando los cinco serenos y el bebé dormido, Leonel decidió que le guardarían luto por tres días a la señora Maia y descansaría cada uno con sus familiares y amigos, retornando allí el jueves para entre todos armar un plan de trabajo con lo que les había enseñado la anciana y todo lo que había quedado en el lugar para que ellos estudiasen.
—He confirmado en Azkaban que Tom Riddle visitó a Grindelwald el día que falleció —les dijo Albus con tono preocupado—. El guardia que esa noche lo acompañó a la celda ha muerto en San Mungo, donde había estado desde entonces. Apenas si llegué con él a tiempo para obtener esta memoria. —les explicó, mostrándoles a continuación en su pensadero lo que obtuvo del moribundo.
—No logró sacarle nada. —comentó Angelica confundida, luego de ver lo que el hombre espiase antes que Voldemort se diese cuenta y lo hiriese gravemente mientras huía.
—Nada concreto, en eso tienes razón —confirmó su padre, sin embargo su expresión era muy preocupada—. Grindelwald era un mago muy hábil y astuto, que no confiaba ni siquiera en si mismo cuando se trataba de algo que él considerase importante. El problema es que él había estado investigando sobre las cinco piedras de magia negra y me temo que a eso se refiere la advertencia que nos dejó el señor Saruman.
—¿Por qué piensas eso? —le preguntó intranquilo el señor Mithrandir.
—Hemos confirmado que Grindelwald se aisló de sus hombres en cinco oportunidades durante el primer trimestre del año 1945, justo antes que papá Albus lo derrotase y encerrase —respondió Aragorn ante una señal de éste—. En cada viaje llevó sólo a uno de sus seguidores y justo antes de volver al campamento con ellos les aplicó un fuerte encantamiento para bloquear recuerdos.
—Sólo hemos podido obtener fragmentos, pero se ven en los cinco casos una esfera negra, Grindelwald tomando notas en un pergamino e imágenes confusas sobre unas espantosas criaturas. —completó Eowyn que lucía muy demacrada.
Angelica y el señor Mithrandir se miraron alarmados al percibir una fuerte perturbación en la energía del continuo espacio tiempo.
—Investiguemos en los documentos más antiguos sobre ellas. —les ordenó el anciano a todos señalando las estanterías a su derecha, tanto para que lo ayudasen a ubicar algo tan difícil y sospechaba grave como para poder comunicarse con Angelica.
—¿Los chicos?—le preguntó a su pupila mentalmente.
—No puede ser. Están durmiendo bajo las pociones que les indicó Eowyn por el severo problema de salud que les ocasionó su enfrentamiento con Voldemort. —le respondió ella de la misma manera.
—La alteración no es grave, pero debemos averiguar lo que la ha ocasionado. Yo lo haré aquí y tú deberás hacerlo del otro lado.
—Cuenta con ello.
—Es urgente también que hables con la joven Diana y le expliques claramente la gravedad del problema que pueden generar ella y sus amigos. Ya han ocasionado varias perturbaciones leves y en cualquier momento pueden provocar algo grave.
—Ellos no vinieron voluntariamente, Mithrandir. Además que tienen problemas con sus memorias y hacen lo posible por no generar problemas.—protestó Angelica con frustración.
—Lo sé. Pero aún así están fuera de su tiempo y tú bien sabes que el querer hacer un bien no es garantía de no provocar un gran mal.—le dijo con tono severo*.*
—¿Debo presionarlos con la ley Dunedain con el problema tan serio que están enfrentando?—insistió ella preocupada.
—Ya Albus me ha dicho que sospechas que ella es familiar tuyo. Con mayor razón debes evitar que por afecto a sus amigos, o desconocimiento por su juventud y el problema de memoria, cometa un grave error que lamentará el resto de su vida. Cuéntale con detalle lo ocurrido con Saruman para que comprenda y pueda evitar un destino similar al de quien una vez consideré mi amigo.—agregó con tono más suave.
—¿Algún día me permitirás contarte lo que hablé con él?—le planteó con tristeza.
—Cuando vengas a retomar tu entrenamiento como te he pedido.—aceptó luego de pensarlo unos minutos.
—Con Sirius a mi lado. —objetó ella de inmediato.
—Si me demuestras que tiene ascendencia Dunedain y no se quebranta la ley.—aceptó él con una suave sonrisa.
—Estoy averiguando. Pero no es fácil y Voldemort no me deja precisamente tiempo libre para todo lo que tengo que hacer.—protestó enfurruñada.
—Lo sé, pequeña. Pero ya te he dicho que tanto tu amiga Lily como tú tienen un gran potencial y estoy seguro que pueden hacer mucho más de lo que creen.—le aseguró con cariñoso tono paternal.
—¿Nuestros hijos heredarían ese potencial del que hablas?—le preguntó inquieta.
—Estoy casi seguro que sí. ¿Por qué lo preg…?—intentó interrogarla, viéndose interrumpido por la exclamación de Aragorn.
—¡Aquí está la información y es peor de lo que sospechábamos!
Mithrandir, Albus, Arwen, Angelica, Jennifer, Eowyn y Faramir se apresuraron hacia donde él se encontraba, pues sabían que continuamente se esforzaba en controlar su impetuosidad natural y la forma en que se expresó los alarmó.
—No le será fácil a quien se ha hecho llamar Lord Voldemort llegar a ellas. Pero si lo hace, si Grindelwald logró averiguar cómo manipularlas y dejó eso plasmado en el pergamino que logró ver Eowyn en la mente de sus seguidores, puede incluso llegar aquí. —afirmó Albus preocupado, después que todos leyesen lo conseguido por su hijo mayor y permaneciesen en silencio durante casi veinte minutos.
—El Consejo Dunedain acaba de decidir, por lo ocurrido con Saruman, que si uno de los Dunedains puros atraviesa el mismo se verá restringido a los terrenos de Hogwarts. Ninguno de nosotros podría ubicar las piedras y destruirlas. Aragorn, Eowyn, Arwen y Faramir deberán retomar el Entrenamiento Dunedain de inmediato —ordenó el señor Mithrandir con el tono firme y frío que usaba como jefe del Consejo Dunedain—. Ustedes siete son mis mejores pupilos actualmente, teniendo libertad de desplazarse a través del Sello Dunedain, pero sólo ellos cuatro podrían hacerlo en las condiciones actuales.
Albus, Angelica, Aragorn, Arwen y Faramir fruncieron el ceño al oír lo decidido por los miembros del Consejo, mientras Jennifer y Eowyn bajaban levemente la cabeza.
—Albus es responsable no solamente de la educación de las nuevas generaciones de brujas y magos que algún día entrarán en contacto directo con nuestra raza, sino de la protección del sitio de acceso a las Tierras de los Mundos Perdidos y de liderar la resistencia contra quien se hace llamar Lord Voldemort. Por Ley del Equilibrio él debe quedarse en Hogwarts y seguirle haciendo frente como decidió hacer.
El aludido asintió aún con el ceño fruncido. No le gustaba nada el tono que estaba usando el anciano.
—Angelica y Jennifer deben retomar también el Entrenamiento Dunedain lo antes posible. Pero justo ahora deben continuar en el mundo de los magos, porque si de una de ellas habla la Profecía Dunedain y es Voldemort de quien ésta advierte, debe unirse aquella en quien aparezca el fénix al marcado por la centella y la llama de fuego para detenerlo. Sin embargo, si cuando yo retorne a finales de este año en el mundo de los magos con ellos cuatro para visitarles no se ha producido ninguna de esas cosas, o Voldemort se ha acercado al pergamino de Grindelwald, entonces deberán venir conmigo de inmediato a entrenarse.
—No sin mi esposo. —se opusieron las dos a coro con rotundidad.
—Si ustedes tienen que venir y ellos no pueden hacerlo sin quebrantar nuestras leyes deberán dejarlos y venir a entrenar —replicó él con firmeza, girándose hacia sus otros cuatro pupilos—. Ustedes se quedarán para que retomemos de inmediato el Entrenamiento Dunedain.
—No puedes pedirnos que dejemos a mis dos hermanas menores y papá inmersos en una guerra para venir a entrenar. —se rebeló Aragorn.
—Como jefe del Consejo Dunedain y de acuerdo a nuestras leyes puedo y debo hacerlo, considerando el grave peligro en el que nos veremos inmersos todos si Voldemort consigue esas piedras de magia negra y la forma de manejarlas —le refutó él con firmeza, suspirando al verlos levantarse a los siete enojados—. Sin embargo, comprendo muy bien que les estoy pidiendo algo muy duro y que al haberles permitido el formarse en vuestros años decisivos en el mundo de los magos no lo ve ninguno de ustedes de esa manera.
»Por otro lado, lo permití porque confiaba en Albus de la misma manera en que confío ahora en Aragorn, Angelica, Arwen, Jennifer, Faramir y Eowyn. Es por ello que no os voy a dar a ninguno de vosotros una orden directa como jefe del Consejo Dunedain, obligándoles a abandonar nuestras tierras definitivamente al no querer obedecerme voluntariamente, sino que dejaré que tomen su propia decisión.
»Lo que les estoy planteando no es dividir vuestra familia en los tiempos tan difíciles que estamos viviendo, sino que cada uno de ustedes cumpla con una función de gran importancia para que puedan reunirse fortalecidos a enfrentar el destino de cada uno. Ustedes saben mejor que nadie manejarse igualmente bien en el mundo de los magos y el nuestro. Lo que estoy planteando es aprovechar la diferencia en la forma de desplazarse el tiempo en los dos para entrenarlos tan rápido como sea posible a ustedes cuatro.
»Si estoy dando el plazo hasta diciembre es para darles a Jennifer y Angelica la oportunidad de investigar las familias de sus esposos si deben venir. También a ustedes el tiempo para avanzar lo suficiente para que, en caso de ellos no tener ascendencia Dunedain o presentarse los otros nombrados en la Profecía, puedan ayudarlas con mejor preparación si deciden quedarse en ese momento con ellas.
—¿Cuándo debemos decirle nuestra decisión? —le preguntó Faramir con tono ronco.
—Sólo puedo darles un día de los nuestros antes de revelar esta información al Consejo Dunedain —respondió el anciano señalando lo que habían estado leyendo sobre las piedras, girándose a mirar al de ojos aguamarinas—. Tienes que tomar una decisión en ese tiempo, Aragorn. Sea cual sea la respetaré porque confío en tu buen juicio.
El aludido apretó los ojos y los puños, asintió levemente y salió caminando rápido del lugar, apresurándose los otros jóvenes tras él.
—No puedes poner ese peso sobre los hombros de mi hijo. —le reclamó Albus a quien fuese su mentor.
—Lo siento amigo, pero no tengo elección. Tú y yo sabemos bien que Arwen, Eowyn y Faramir harán lo que él decida. ¿Qué otra opción tengo con lo que ahora sabemos? —le planteó el anciano con tono triste.
Albus se dejó caer en la silla. Era la primera vez que veía a Mithrandir dejar aflorar sus emociones en los muchos años que tenía de conocerlo. Sabía que apreciaba mucho a los seis chicos, especialmente a Aragorn y a Angelica. Cuando hablaron por primera vez de la Profecía Dunedain lo había visto angustiado pero dominarse para analizarla con él. Justo ahora no había logrado contenerse luego de tener que presionarlos de una forma tan dura. Y lo peor es que no podía reprocharle lo que había hecho porque él sabía que como líder de un grupo a veces se tenían que tomar decisiones muy duras.
—No otra vez esa poción. Sabe horrible y me marea. —se quejó la niña.
—Por favor, señor Potter, no nos obligue a tomarla. —le pidió el gemelito con expresión de súplica.
—Tienen que tomarla —les dijo James con la expresión seria que había tenido que mantener con ellos esos días cuando le tocaba su turno de acompañarlos a tomar el tratamiento—. Es la última vez que tienen que beberla. —agregó en tono suave al ver a los niños a punto de llorar y a los otros chicos mirarla con desagrado.
—¿Podremos jugar con Atlantis en el jardín si la tomamos sin protestar? —le planteó Hermione, buscando algún incentivo para que los niños la bebiesen.
—De acuerdo, pero sólo media hora. —aceptó James después de dudar varios minutos. En las indicaciones de Eowyn decía que debían levantarse sólo a comer y tomar las pociones, permaneciendo el resto del tiempo en cama, pero era la última toma y los chicos habían dejado de presentar ojeras, palidez y cansancio. Además que si esa poción tenía un sabor proporcional a su olor no la hubiese él bebido por voluntad propia le prometiesen lo que le prometiesen.
Los gemelitos le sonrieron agradecidos. Miraron los vasos con la poción con expresión de asco y la bebieron con la mayor velocidad posible, conteniendo la respiración y haciendo todo lo posible por no percibir su sabor como les aconsejó Angela la primera vez que la tomaron.
La poción que estaban tomando era una de las pocas a las que no se les podía quitar el mal sabor, siendo además una de las más peligrosas y usadas sólo en casos graves de problemas mentales por accidentes mágicos. Cuando Angela, Jessica, Ginny y Hermione la vieron en el listado que hizo Eowyn tragaron saliva, pues comprendieron a cabalidad lo grave del problema en el que estaban.
James suspiró al ver a los chicos estremecerse luego de tomarla y hacer esfuerzos evidentes por controlar las náuseas. Había sido así cada vez que tenían que tomar esa poción. Con las otras no tenían problemas, pero con ésa… Lily le había contado la noche antes que tuvo que amenazarlos con su varita para que la bebiesen la segunda vez. Esperó a que se les pasase el malestar y los acompañó al jardín, caminando despacio para que ellos también lo hiciesen.
Allí estaba la mascota muggle de los chicos que Benjy les había dado para que los acompañara, con el mismo aspecto triste que había tenido esos tres días. Sin embargo esto cambió apenas los vio salir por la puerta posterior, corriendo hacia ellos ladrando y batiendo la cola. Vio a los gemelitos correr hacia el animalito y no tuvo el valor para regañarlos después de haberlos visto tomar aquella cosa asquerosa para poder salir a jugar con el perrito.
Lily y Benjy se quedaron parados en la puerta posterior de la casa viendo a James jugando con los doce chicos y el animalito, lanzándose entre ellos una pelota roja y el perrito persiguiéndola ladrando. El bebé despertó con el ruido y al verlos empezó a balbucear y tender sus manitas en dirección a su papá, en brazos de su mamá, girándose a mirarla e intentando moverle el rostro para llamar su atención. Pero la pelirroja tenía sus esmeraldas clavadas en la versión juvenil de su hijo que en ese momento reía con tanta alegría.
—No se puede cambiar el pasado pero sí el futuro, con cada pequeña decisión que se tome en el presente. —recitó Lily la enseñanza de la señora Elba Potter White a su hijo Charlus Potter, en la que les insistiese su suegro a los chicos antes de fallecer.
Benjy tragó saliva al oírla, pues ya le habían contado lo dicho por el papá de su amigo antes de fallecer. Su amiga estaba muy afectada por lo dicho por la señora Maia antes de morir y él la comprendía. Aunque Nataly, Mintaka y Leonel le habían mostrado su apoyo e intentado calmarla, ellos no podían entenderla como él porque no sabían que los chicos a quienes tenían dos meses y medio ayudando eran los diez jóvenes y los dos pequeños a los que se refirió la anciana. Mucho menos que Marte era en realidad Harry James Potter Evans, el heredero de la señora Maia a quien describió tan bien tanto con admiración como con tristeza.
James y Harry se lanzaron en un determinado momento en pos de la pelota que acababa de lanzarles el gemelito, girándose simultáneamente hacia la casa y paralizándose en poses idénticas al tropezar sus miradas con las de los dos observadores silenciosos. Los otros chicos siguieron la dirección hacia la que ellos veían al verlos congelarse, tragando saliva en espera del regaño de la pelirroja de ojos esmeraldas.
—Jueguen con el bebé un rato mientras les preparo una torta para celebrar que han terminado con el tratamiento. —les dijo Lily con una sonrisa forzada, entregándole el pequeño a su amigo moreno y huyendo hacia el interior de la casa para que no la viesen llorar.
—¿Qué? —preguntaron a coro los trece que habían estado jugando con el animalito, desconcertados.
Benjy caminó en silencio hasta ellos, le entregó el bebé a su amigo y se arrodilló a abrazar a los gemelitos con desesperación, lágrimas escapándose de sus ojos sin que pudiese evitarlo. Quería a esos pequeños como los hijos que no tenía y lo angustiaba mucho el que la anciana hubiese hablado de un "oscuro futuro".
Los niños le correspondieron al abrazo con fuerza, empezando a sollozar tan silenciosamente como les era posible.
—Ve con mamá —le dijo Harry con tono ronco a su papá tomando en sus brazos al bebé—. Yo me hago cargo aquí, ve con ella. —le insistió al verlo dudar mirando al inefable y los niños, totalmente desconcertado.
James notó que los otros chicos estaban haciendo esfuerzos por no llorar y frunció el ceño. Le dio un beso en la cabeza al bebé, apretó los hombros de su hijo joven en un gesto de apoyo y se apresuró hacia la casa. No entendía lo que pasaba pero sabía que los chicos no le dirían nada mientras que a su esposa le sacaría lo que ocurría.
Ginny tomó al bebé en sus brazos para darle libertad de acción a su novio, alejándolo levemente del grupo en dirección a donde el animalito los miraba expectante. Tenía que distraerlo para que no empezase a llorar y alterar a su versión adulta más de lo que estaba.
—No sé porqué mamá y tú vienen así del trabajo y supongo que no pueden hablarnos de ello, pero lo que sí puedo asegurarte es que el afecto que nos une es tan grande que no importa lo que haya pasado o el obstáculo que tengamos que superar, estamos unidos por la eternidad. Ni la distancia, ni el tiempo, ni la muerte, ni los enemigos o las circunstancias difíciles que tengamos que enfrentar en nuestras vidas pueden apartarnos a los unos de los otros. Cuando nosotros volvamos a nuestro tiempo ustedes estarán siempre con nosotros en nuestros corazones. —le dijo Harry a Benjy con tono suave pero lleno de seguridad.
—Niños, ustedes son nuestro centro de alegría —les recordó con suavidad Angela, agachada junto a ellos—. Vamos a seguir jugando con Atlantis, disfrutando del aire, el sol y el compartir con Benjy. Vamos. —los animó con cariño, separando primero a la niña y luego al niño, secándoles el rostro con su pañuelo y sonriéndoles suavemente.
Los gemelitos asintieron e hicieron un esfuerzo para calmarse. El niño corrió a tomar la pelota y la niña hacia el sitio en que el perrito estaba jugando con el bebé y la menuda pelirroja. Benjy se levantó apoyado en Harry. Lo abrazó y le revolvió el rebelde cabello negro con cariño. Se secó el rostro y corrió hacia donde le indicó el niño, empezando a jugar con ellos, haciendo aparecer con su varita más pelotas del mismo tamaño de diferentes colores.
Cuando James salió casi media hora más tarde hacia la parte posterior y los vio jugando con tanta alegría sintió que el nudo en su garganta se apretaba hasta casi impedirle respirar. Su esposa había quebrantado todas las leyes de su trabajo y le había contado con detalle todo lo referente a la señora Maia y su hijo.
Al entrar a la casa intentaba imaginar cómo lograr que ella le contase lo que los había perturbado tanto en el trabajo, pero su esposa no le había dado tiempo de abrir la boca. Lo arrastró a la biblioteca, selló e insonorizó el lugar y le contó todo con lujo de detalles, pues según le confesó al final no se sentía ni con fuerzas ni con derecho a cargar ella sola con aquello cuando él era el padre de Harry James Potter Evans.
Ese día se había despertado con un terrible presentimiento apretándole el pecho, lo cual lo había tenido en una angustiosa espera todo el día pues cada vez que le había sucedido alguna desgracia había golpeado su familia. Cuando llegó la lechuza de Sam tuvo que leer dos veces lo que le escribió con la tinta especial para que su cerebro lo asimilase, pues había creído que ése sería el golpe cuando vio acercarse la mancha pardo rojiza a la ventana.
Después había estado excesivamente atento a los chicos, preparado a cualquier reacción negativa a las pociones. Al no ocurrir nada y empezar a jugar con ellos se había distendido por primera vez en lo que iba del día, sólo para que llegasen Lily y Benjy tan… Pero después de lo dicho por esa anciana antes de morir… "No. Me niego rotundamente. Abuela le enseñó a papá que se podía cambiar el futuro y eso pienso hacer".
—ATRÁPALA. —le gritó Angela arrojándole la pelota que tenía en sus manos, riéndose al ver que lo hacía por reflejo y luego se quedaba mirando desconcertado la esfera amarilla en sus manos.
—Ahí voy. —le gritó Christopher corriendo hacia él para quitársela, riéndose al ver que parpadeaba, sonreía y se la arrojaba a la niña.
Jessica, Fred y George se miraron y asintieron. Entraron en la casa y sacaron a una sorprendida Lily a jugar, riéndose mucho cuando el perrito la tumbó y empezó a lamerle la cara que tenía embadurnada con merengue del pastel que había estado preparando.
Una hora más tarde entraban todos riéndose a la casa, subiendo a darse un baño para bajar a ayudar tanto con el pastel como con la cena. Lily y James invitaron a Sirius y Remus, dejándoles éstos una nota a las gemelas para que se les uniesen con sus hermanos y cuñados si llegaban antes de ellos regresar a Maidstone.
Estaban acabando de servir la comida con el pastel al centro cuando llegaron las gemelas con el "cuarteto protector" y el director, los siete con expresiones mezcla de tristeza y preocupación. Los diez chicos mayores se miraron disimuladamente y suspiraron, mientras los gemelitos fruncían el ceño y miraban al chico de ojos esmeralda con una muda petición.
—Buenas noches señores —los saludó Harry respetuosamente—. Esperamos que no les moleste que hayamos decidido festejar el final de nuestro tratamiento sin el dictamen final de la señora Eowyn. —planteó con tono de disculpa, esquivando las miradas de los niños.
—No hay ningún problema, porque ella les hará el examen antes de ustedes celebrar nada. —los regañó el director.
Los doce chicos tragaron saliva y asintieron, saliendo del comedor en fila silenciosa y ordenada para subir al cuarto del primer piso donde dormían las chicas y los había estado examinando diariamente Jennifer según las indicaciones de Eowyn y Arwen.
Benjy, Lily, James, Sirius y Remus miraron interrogantes a las gemelas, frunciendo el ceño al ver que denegaban levemente con expresiones tristes antes de seguir a sus hermanos, cuñados y padre que avanzaban tras los chicos. "¿Y ahora qué?", pensó preocupado el moreno.
—Primero examinen a Diana y Marte, para que yo pueda hablar con ellos si ya están recuperados. —les pidió Aragorn a Arwen y Eowyn con expresión seria.
Las dos asintieron y entraron la pelirroja con la chica al cuarto en que ellas dormían y la rubia con el chico al que usaban ellos en la mansión Potter.
Los gemelitos se miraron a los ojos, comunicándose como siempre lo hacían, para luego avanzar hacia sus padres adoptivos. Los otros chicos se alarmaron, pero al no percibir ninguna perturbación en la energía se quedaron quietos aunque atentos a la situación para intervenir si era necesario.
—Señor Aragorn… —empezó la gemelita parándose muy seria frente a él.
—… señor Faramir… —continuó el gemelito ubicándose frente a su padre adoptivo.
—… les queremos agradecer…
—… todo lo que han hecho…
—… para ayudarnos a los doce…
—… Y también pedirles…
—… que cuando hablen con…
—… Diana y Marte…
—… así como en el momento…
—… en que tengan que tomar…
—… una decisión difícil…
—… tengan muy presente…
—… que no importa lo que…
—… el destino o como se llame…
—… nos obliga a hacer sino…
—… el que nuestras acciones…
—… estén guiadas por el afecto…
—… por las personas que queremos.
La niña se desprendió las dos cintas que sujetaban sus dos colitas de cabello y le entregó una a su gemelo. Luego los dos hicieron con habilidad unas trenzas con ellas y se las amarraron en las muñecas de sus brazos derechos. Al ser marrones y por el trenzado especial que usaron parecían unas pulseras de aspecto masculino.
Los dos Dunedains se habían dejado hacer mirándolos con curiosidad, intrigados por lo que les habían dicho y el gesto que estaban teniendo con ellos. Sus esposas que salían en el momento en que se las amarraban, con los dos chicos que habían estado examinando, los miraron interrogantes. Se desconcertaron al verlos encogerse de hombros. Los cuatro les preguntaron con sus miradas a los otros presentes, frunciendo el ceño al ver que los otros chicos les evadían las miradas mientras los demás lucían desconcertados.
—Marte ya está recuperado del problema reciente, pero sigue presentando los problemas que me informó Jennifer tienen los chicos desde que llegaron aquí. —resumió Eowyn el resultado de su examen.
—Diana también se ha recuperado de lo sucedido el jueves. Pero debe seguir tomando tanto la poción para sus pulmones cuando esté sometida a situaciones de tensión nerviosa, como una cucharadita de la violeta a la hora del desayuno por los próximos siete días. —dictaminó Arwen.
—Así lo hará. —aseguró Harry.
—Vamos a hablar nosotros tres en la biblioteca mientras examinan a sus amigos. —les indicó Aragorn serio.
Albus asintió y con un gesto les ordenó a los Potter no seguirlos. Ya su hijo mayor le había explicado que quería hablar con ellos a solas, porque estaba seguro que la chica estaba entrenando al modo Dunedain a sus compañeros y quería hacerle comprender que no debía seguir con eso mientras no regresasen a su tiempo.
Lily, James y Benjy se miraron inquietos. Les preocupaba mucho la gran angustia que habían visto en los ojos aguamarinas del hermano mayor de las gemelas desde que llegaron los siete Dunedains. Sabían desde el jueves que quería hablar con Diana y Marte sobre lo ocurrido y los entrenamientos que los chicos hacían, pero… Después de lo dicho por la señora Maia y ver las expresiones tanto de Aragorn como de sus acompañantes se sentían angustiados.
—Siéntense chicos —les ordenó Aragorn serio en cuanto entraron a la biblioteca de los Potter, aislándolos con sus conocimientos. Frunció el ceño al ver que los chicos no mostraban sorpresa y le obedecían—. ¿Saben lo que acabo de hacer?
—Sellar e insonorizar este espacio con Magia Antigua. —le respondió Harry con seguridad.
—Dicen que no recuerdan casi nada de sus vidas antes de llegar aquí y Jennifer me ha dicho que tienen otros problemas de salud bastante serios. Sin embargo saben de la casa de las gemelas, que son hijas del director, nos dieron a Arwen, Eowyn, Faramir y a mí regalos en navidad acordes con nuestros gustos, han usado técnicas avanzadas de Magia Antigua cuando Voldemort lo ha hecho pero sólo si él lo hace primero y el jueves Diana, Isis y Saturno me han dado a entender que no sólo tienen conocimientos sobre mi raza sino que Diana les está dando a los otros de su grupo el Entrenamiento Dunedain. Quiero que me digan la verdad sobre lo que recuerdan, el porqué están en esta época durante esta guerra y qué saben sobre las leyes de mi pueblo en cuanto a viajes en el tiempo y lo que debe ser enseñado. —les dijo muy serio.
—No se puede viajar en el tiempo con la intención de modificar los acontecimientos, porque se generan perturbaciones en el continuo espacio tiempo con consecuencias negativas aunque la intención sea ayudar. —recitó Angela la ley que tanto los estaba haciendo sufrir.
—El Entrenamiento Dunedain y en los conocimientos que salvaguarda la raza Dunedain ha de ser gradual, organizado y dirigido siempre por alguien que haya alcanzado el sexto nivel de la etapa que se va enseñar a un pupilo, mientras avanza para culminar con el séptimo antes que su pupilo alcance el cuarto nivel. Además ha de ser autorizado por el jefe del Consejo Dunedain. —recitó Harry la ley que su amiga había forzado para ayudarlo a él.
La había cumplido a cabalidad. Para conseguir la autorización había presionado con su condición especial al señor Mithrandir, antes que él renunciase a ser jefe del Consejo para trasladarse al mundo de los magos ante la muerte de Albus Dumbledore. Para cubrir el requisito del nivel exigido se había entrenado de forma acelerada, de modo de ser ella quien los entrenase.
—Yo soy sexto nivel de la tercera etapa, además de tener conocimientos prácticos y un entrenamiento teórico en el séptimo nivel. También sé de sellos y algunos hechizos avanzados que sólo son enseñados a quienes están a punto de culminar con este nivel. —afirmó Angela, con seguridad en su voz pero mirando nerviosa a su tío.
—Provenimos de una época en guerra. Habíamos conformado un grupo de entrenamiento y combate antes de vernos trasladados a este tiempo en contra de nuestra voluntad, mientras intentábamos destruir algo protegido por magia oscura muy poderosa —continuó Harry, suspirando al ver a quien tanto quería y respetaba fruncir el ceño—. No podemos explicar porqué estamos tan entrenados, pero suponemos que nuestros tutores se vieron forzados a ello por lo que está ocurriendo en nuestro tiempo. Cuando se está en guerra se deben tomar decisiones difíciles, especialmente si de ellas dependen la vida no sólo de las personas que queremos sino también las de otros.
Aragorn cerró los ojos al oírlo y apretó los puños.
—Es muy difícil hacerlo cuando existe la posibilidad de no volver a ver a quienes queremos cuando regresemos. Pero en esta época estamos luchando contra Voldemort y los mortífagos para evitar en la medida de nuestras posibilidades que hagan un daño grave. También para contener a ese asesino de usar lo que nunca debió aprender, como ocurrió el jueves. Adicionalmente nos estamos preparando lo mejor posible para que podamos ser más efectivos al volver a nuestro tiempo. —continuó con tono suave Angela, que sabía el terrible momento por el que estaba pasando Aragorn y el dolor inmenso que le ocasionaría la decisión que se veía obligado a tomar.
—Aunque Diana está más entrenada que yo, tanto ella como mi novia y mis amigos me consideran su líder y me siguen en las decisiones que tomo —continuó Harry al ver que abría los ojos de nuevo y se preparaba a regañarlos. Quería ayudarlo en el trance tan amargo que estaba pasando y al mismo tiempo hacerle comprender la situación de su grupo sin alterar la línea del espacio tiempo—. Tengo la impresión, por la forma en que hablan las gemelas de usted y los confusos recuerdos que tengo sobre los señores Arwen, Eowyn, Faramir y usted, que comprende mejor que nadie lo difícil que es eso en algunos momentos críticos.
»Señor Aragorn, los Guerreros del Fénix estamos aquí en contra de nuestra voluntad, atrapados por un bloqueo temporal, haciendo todo lo posible por no hacer daño y ayudar. Sin embargo, estoy muy consciente que cada decisión que me veo obligado a tomar no sólo me afecta a mí, sino también a mis amigos y a dos niños a quienes queremos como hermanitos nuestros. No sabemos si al volver conseguiremos a nuestros familiares vivos o no, por la guerra en que están inmersos, pero estamos peleando y entrenándonos con el convencimiento que, estén vivos o no, debemos hacer lo que ellos harían si estuvieran en nuestro lugar: Dar lo mejor de nosotros para evitarle dolor y sufrimiento a la mayor cantidad de personas posible.
Aragorn se levantó y caminó hacia el ventanal, mirando hacia fuera mientras meditaba en lo que le habían dicho.
—Necesito que me prometan tres cosas. La primera es que Isis y Saturno no participarán en ninguna batalla ni nada peligroso, como lo que hicieron de ir a Azkaban por el señor Fenwick. —les dijo preocupado después de varios minutos de silencio.
—Ya Diana y yo hemos conseguido la forma de evitar que una situación como esa vuelva a presentarse y, hasta que no volvamos a nuestro tiempo, no se verán involucrados en nada peligroso. No puedo prometerle que lo evitaremos cuando volvamos con los nuestros por razones que usted comprenderá en ese momento. Pero le prometo que hasta entonces daré mi vida de ser necesario para evitar que ellos estén involucrados en algo que comprometa su seguridad. —le respondió Harry con firmeza.
Aragorn frunció el ceño al oír el limitante pero suspiró y asintió. Le había dado a entender que él estaría con ellos en esa época y eso lo tranquilizaba.
—Lo segundo necesito que me lo prometa Diana —afirmó girándose a mirarla—. Si tienes el nivel que me has dicho comprenderás el porqué de mi petición. Necesito saber que no usarás con ellos el método tradicional de Entrenamiento Dunedain. Ustedes no están bien de salud y me angustia mucho el saber que estás empezando la tercera etapa con Marte, Venus, Gea y Urano.
—Le prometo que los entrenaré de tal modo que adquieran los conocimientos y habilidades, pero que no tengan que pasar por el Entrenamiento Dunedain de esa etapa como es enseñado tradicionalmente por los señores. Ellos no están en condiciones de hacerlo como ellos lo enseñan. —le aseguró Angela, mirándolo con una mezcla de afecto y agradecimiento pues le acababa de dar una herramienta para evadir lo que los chicos querían y ella se negaba a hacer.
Harry frunció el ceño y denegó.
—Diana, no quiero que uses el Entrenamiento Dunedain de la forma tradicional, pero mucho menos que comprometas tu salud para entrenarlos a ellos. —la regañó Aragorn de inmediato luego de ver el gesto del chico.
—Me lo está complicando —se quejó la chica, suspirando al ver que los dos entrecerraban los ojos y se preparaban a reñirla—. Está bien, calma. Prometo que los entrenaré completamente sin que ni ellos ni yo veamos comprometidas nuestra salud —se comprometió por el gran afecto que les tenía a los dos—. Exprimiré mi cerebro y conseguiré la forma de hacerlo. —refunfuñó preocupada.
Harry sonrió ampliamente mientras Aragorn denegaba levemente pero se tranquilizaba.
—Lo tercero que necesito que me prometan es que cuidarán de Angelica y Jennifer mientras estén en esta época. Me siento mal por pedírselos, pero ustedes están mejor preparados que ellas y yo me veo obligado a ausentarme con Arwen, Eowyn y Faramir para que al volver las podamos proteger y ayudar de manera más efectiva. —les contó abatido, sentándose de nuevo frente a ellos.
—Le prometo que mientras estemos en esta época protegeremos a Angelica y Jennifer —le aseguró Harry con cariño—. No tiene que sentirse mal por habérnoslo pedido porque de igual manera pensábamos hacerlo. Pero ahora, además de hacerlo por convicción propia, lo haremos también por el gran afecto que usted siente por ellas y la confianza que en nosotros ha depositado.
Aragorn les sonrió y asintió. Se iba a levantar cuando vio sorprendido lo que la chica estaba haciendo y se quedó estático.
Harry se congeló al ver de reojo a Angela quitándose el pasamontañas.
—Por favor, tío Aragorn, necesito que me permitas hacer contigo un contacto mental avanzado, para que no se vea afectada la línea temporal y al mismo tiempo transmitirte algo que necesitarás saber dentro de algunos años. —le pidió con todo el cariño que sentía por él y sus ojos verdes llenos de lágrimas.
—¿Eres…? —empezó a preguntarle, deteniéndose al verla asentir—. Y Electra es hija de Jennifer y Remus. —afirmó, pues lo venía sospechando desde el jueves.
—Por favor, tío Aragorn, permíteme hacer lo que te pido. —le insistió ella luego de asentir.
—¿Tú eres hijo de Lily y James? —le preguntó al chico, sonriendo al verlo quitarse el pasamontañas antes de asentir.
—Tienes mi permiso. —aceptó Aragorn tendiendo sus manos hacia la chica y cerrando los ojos. Sus instintos le decían que podía confiar en ella.
Harry tragó saliva al comprender lo que Angela haría, para que pudiese darse el procedimiento de Angelica con ellos dos y además evitar la alteración que empezaban a percibir. Suspiró y dejó fluir su energía esmeralda para ayudarla, haciendo algo especial con ella y su don de Percibir e Influenciar los Pensamientos dejándose guiar por sus instintos.
Cuando Aragorn volvió a abrir los ojos los dos chicos tenían puestos sus pasamontañas y él, aunque recordaba todo lo hablado y visto, tenía la seguridad que una vez saliesen de allí olvidaría lo ocurrido desde que su sobrina había decidido quitarse el pasamontañas.
—Gracias por confiar en mí como lo han hecho. Estoy seguro que el día en que me permitan recordar esto comprenderé el porqué me obligan a guardar su secreto. —afirmó antes de darle un abrazo a cada uno.
Avanzó hasta la puerta, suspiró y quitó el bloqueo que había puesto cuando entraron. Salió con los chicos con la tranquilidad de haberlos aconsejado como quería y además haber podido tomar la decisión tan difícil que le había exigido su tutor. Escuchó con paciencia y alegría el veredicto de su hermana y su esposa sobre la salud de los otros chicos.
—Me alegra mucho el saber que se han recuperado y les voy a pedir que tengan mucho cuidado con su salud —les dijo a los otros diez chicos con tono sereno, sonriendo al verlos asentir de inmediato—. Ahora, si me disculpan, necesito hablar a solas con Jennifer y Angelica.
Arwen, Eowyn y Faramir tragaron saliva pero asintieron en señal de aceptar su decisión y acompañarlo. Albus suspiró y le palmeó la espalda con cariño antes de indicarles a los demás que lo acompañasen al comedor mientras Aragorn, Angelica y Jennifer se dirigían al jardín.
—Ya puedes devolverles a los chicos sus varitas. —le indicó el director al auror de lentes, sonriendo al ver a los gemelitos batir palmas.
James asintió y las buscó en el gabinete que las había guardado en la Sala de Reuniones, regresando con ellas y dándoselas a su hijo para que le entregase a cada uno de los chicos la suya.
Todos en el comedor se congelaron cuando vieron entrar a Aragorn, Angelica y Jennifer con señales en el rostro de haber llorado apenas disimuladas.
—Debido a la muerte de la persona que buscábamos, lo que conseguimos en el lugar en que Voldemort la asesinó y las investigaciones que hemos hecho al respecto, me veo obligado a ausentarme hasta diciembre —les dijo Aragorn con la mayor firmeza y serenidad que lograba reunir—. Les quiero pedir que hasta entonces se cuiden y ayuden mucho entre ustedes, pero especialmente a mis hermanitas menores.
—Arwen, Eowyn y yo iremos con él —completó Faramir, sonriéndole con apoyo a su cuñado—. Suponemos que a los chicos no los veremos cuando volvamos porque ya habrán regresado a su época, pero queremos ver a todos los demás sanos y unidos cuando regresemos. Sólo sabiendo que harán todo lo posible para que así sea podremos partir tranquilos.
—Prometido. —dijeron a coro Lily, James, Sirius, Remus, Benjy y Albus con un nudo en la garganta.
—¿Pueden quedarse un rato a compartir la pequeña celebración por nuestra recuperación? —les preguntó el gemelito.
—Quisiéramos que fuese también fiesta de despedida entre ustedes cuatro y nosotros doce, para que con la misma alegría que nos separemos hoy nos reencontremos cuando sea el momento indicado. —explicó la gemelita.
Ocho chicos se miraron entre ellos alarmados por la leve perturbación en la línea del espacio tiempo que por segunda vez en ese día estaban percibiendo. La primera vez fue mientras jugaban y no lo entendieron, pues no estaba haciendo ninguno de los doce nada que la provocase, pero justo ahora los niños estaban haciendo algo que podía ser el causante.
—Sería un honor para nosotros el que ustedes accediesen a compartir de esa manera con nosotros. —los apoyó Harry decidido.
—Gracias por sus palabras, chicos. Nos quedamos para la comida, la torta y lo que se les ocurra hacer para despedirnos con alegría. —aceptó Aragorn con una sonrisa llena de agradecimiento.
Angela sonrió ampliamente y con un movimiento de su mano izquierda adornó el comedor con globos, serpentina y roció sobre todos los presentes confeti. Hermione la regañó con su mirada por haberlo hecho con Magia Antigua y no con su varita, suspirando ante la mirada traviesa con que su amiga le respondía sin palabras "No me importa que no debiera, quería hacerlo así".
Los doce chicos se esforzaron en convertir la despedida de los cuatro Dunedains en un momento alegre, mientras Sirius y Remus se concentraban en ayudar a sus esposas a superar el momento amargo con ayuda de Lily, James y Benjy.
Albus les agradecía en el alma a los doce jóvenes lo que estaban haciendo, pero especialmente a los dos que habían hablado con Aragorn en la biblioteca. Lo había visto salir de allí no sólo decidido sino tranquilo, después de haber estado tan angustiado desde que el señor Mithrandir hubiese descargado en sus hombros la responsabilidad de la decisión tan difícil que había tomado. Su hijo mayor era un gran líder que se crecía ante las dificultades y, aunque siempre lo intuyó, lo había demostrado con creces no sólo por la decisión tomada sino por hablarlo él con las gemelas y la forma positiva en que había reaccionado a la propuesta de los gemelitos.
Dos horas más tarde se despidieron Albus, Aragorn, Eowyn, Arwen y Faramir, pues el primero los iba a acompañar hasta la casa del señor Mithrandir para despedirse allí tanto de ellos como su tutor, además de ayudarlos con la conversación y despedida de Luthien.
—Chicos, Benjy, Angelica, Jennifer, Remus, Sirius, quisiera pedirles que se queden esta noche aquí y compartan con Lily, Harry y conmigo al menos hasta el desayuno. —les pidió James apenas desaparecer ellos cinco.
—Nosotros lo haremos con gusto. —aceptó Harry en nombre de los doce, haciendo caso omiso del leve carraspeo de su mejor amiga y la leve perturbación en la energía.
—Igual yo. —lo apoyó Benjy mirando con afecto a su compañera de trabajo.
—Nosotros cuatro también nos quedamos —decidió Jennifer luego de consultar con la mirada a su gemela—. Gracias a todos por la forma en que nos están apoyando.
Sus oyentes asintieron con suaves sonrisas. Luego todos se desplazaron a la sala y allí se sentaron a hablar alrededor de la chimenea encendida, contando anécdotas escolares tanto los mayores como los doce chicos que tenían desde la navidad fingiendo haber empezado a recordar algunas. Obviamente eran las más inocuas, que no tuviesen que ver directa o indirectamente con Voldemort.
Al día siguiente, luego de desayunar, James viajó al colegio para hablar con el director sobre lo que le pidiese su suegro. Once de los chicos viajaron a Greenprairie mientras Angela lo hacía con Angelica a la pradera a los pies del Ben Macdui, en que generalmente acampaban para practicar, a petición de la mayor que estaba preocupada por las perturbaciones percibidas el día anterior. La más joven había aceptado intrigada acompañarla cuando se lo pidió.
Hermione hubiese querido regañar a los gemelitos, Harry y Angela por lo hecho la noche antes, pero ni la última estaba ni su prometido le permitió acercarse a los otros tres. Apenas aparecieron en Edimburgo se la llevó aparte y habló con ella. Fred se enfocó en animar a Jessica, mientras Luna, Neville y George lo hacían con los gemelitos y Ginny con Harry, pues sabían que para ellos había sido muy dura la despedida de la noche anterior.
—Lo que me has contado sobre el padre de Lily es asombroso. Con mucho gusto te acompañaré a hablar con él. Es posible que haya sido alumno mío y si puedo ayudarlo de alguna manera con su problema de salud con gusto lo haré. —le dijo Albus a James, después de escuchar atentamente en su oficina durante más de dos horas el relato pormenorizado que el auror de lentes le hizo sobre lo que sabían Sam Evans y él de la vida del padre de Lily.
Viajaron por la red flú a Deercourage y desde allí James le avisó con Falconer a Sam, que les respondió de inmediato agradecido que con mucho gusto los recibiría en la casa. El auror se había levantado con una angustia en su interior aún mayor que el día antes y había decidido que esa reunión debía darse lo antes posible. Tenía la fuerte sensación que estaba luchando contra el tiempo.
Remus había logrado acostar a Jennifer de nuevo a dormir, lo cual lamentó en ese momento pues sabía cuanto quería conocer a los papás de Lily. Sin embargo la dejó en compañía de Benjy en cuanto éste le susurró que no dejase sola a la pelirroja en la medida de lo posible. Los dos sabían que ella se refugiaba en el castaño cuando no podía hacerlo por alguna razón en James y desde el día anterior estaban los esposos Potter evidentemente mal anímicamente.
Rose y Sam Evans recibieron con una gran sonrisa frente a la chimenea a Lily con el pequeño Harry, James, Remus, Sirius y Albus, que se paralizó por un momento al ver al padre de su pupila pelirroja.
—Rose, Sam, quiero presentarles al profesor Albus Dumbledore, el director de Hogwarts y un excelente amigo. —dijo formal James mientras le lanzaba una mirada de advertencia al último señalándole con sus ojos avellanas a la primera.
—Es un honor para nosotros conocerlo, profesor Dumbledore. —le aseguró Sam tendiéndole la mano, inquieto por la reacción de él, abriendo mucho los ojos al estrechar su mano pues una multitud de recuerdos lo sacudieron.
—El honor es mío al conocer a los padres de la mejor estudiante que ha tenido mi colegio en mucho tiempo —le respondió Albus mientras le transmitía un poco de energía por su mano—. Con el perdón de la señora quisiera hablar a solas con el señor algunas cosas urgentes.
—Claro, profesor, no hay problema. —le aseguró ella, suponiendo que querría hablarle de la guerra en el mundo mágico de la que sabía tan poco por la protección a la que su esposo, su hija y su yerno la tenían sometida.
Apenas entrar a la biblioteca Sam se derrumbó en una silla sujetándose la cabeza mientras Albus sellaba el lugar para que nadie los escuchase.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó preocupado.
—Aturdido. Acabo de recordar muchas cosas de forma demasiado rápida, señor Albus. No sé si James le explicó mi problema, pero hasta hace unos segundos no recordaba que mamá me puso por nombre Arathorn. —le respondió con sinceridad, masajeándose las sienes.
—James me contó todo lo que te sucedió y lo que habían podido averiguar sobre ti hasta ahora, como lo autorizaste. —le respondió el mayor, sacando de su capa la poción que su esposa le recomendase luego de él explicarle brevemente los síntomas presentados por la persona que vería. "Si me hubiese imaginado que era Arathorn se lo hubiese dicho a Luthien y ella me habría dado no sólo la poción, sino que me habría pedido que lo llevase con ella de inmediato para atenderlo personalmente", pensó triste.
—Gracias señor Albus —le agradeció sinceramente el más joven, al sentirse un poco mejor luego de beberla—. Por favor, necesito saber de mis cuatro hermanos menores.
Albus suspiró y cerró los ojos. "Si esta reunión se hubiese dado ayer… Pero ahora me es prácticamente imposible el contactar a Arwen hasta diciembre. Ayudaré a Arathorn para que en este tiempo se recupere y el reencuentro sea dichoso". Al abrir los párpados y ver la expresión de angustia en las esmeraldas frente a él comprendió que había malinterpretado su gesto.
—Arwen, Aragorn, Faramir y Eowyn están en perfectas condiciones de salud —le aclaró rápidamente para tranquilizarlo—. Es sólo que justo anoche han viajado a las altas montañas del oeste con el señor Mithrandir para iniciar la tercera etapa del Entrenamiento Dunedain, por lo que me será imposible ponerlos en contacto hasta diciembre, en que ellos vendrán a ver a mis hijas Angelica y Jennifer y podré reunirlos contigo.
—La tercera etapa del Entrenamiento Dunedain… —murmuró Arathorn preocupado, masajeando su sien derecha para aliviar un poco el violento acceso de dolor de cabeza.
—Tranquilo, Arathorn. Te aseguro que ellos estarán bien y esto nos dará tiempo para que te recuperes totalmente. Luthien te ayudará con el problema de salud que tienes. —le aseguró poniéndole las manos sobre los hombros y transmitiéndole un poco de energía.
—Se lo agradezco, señor Albus, pero… Necesito ayuda con mi nieto y creí que mi hermana podría dármela. —le confesó luego de dudar un par de minutos.
—¿Ayuda con tu nieto? —le preguntó Albus intrigado, sentándose frente a él.
Cuando casi dos horas más tarde salieron los dos de la biblioteca estaban Rose, Lily, James y Remus riendo de las payasadas de Sirius jugando al caballito con Harry. Los cinco adultos se congelaron al ver salir al de ojos esmeraldas tan pálido y cansado, mientras el de ojos azules estaba pensativo y evidentemente preocupado.
—¿Pasa algo? —preguntó inquieta Rose.
—Nada, mi amor. Simplemente he abusado de la buena voluntad del director al pedirle ayuda con cierto viejo problemita mío. —le respondió Sam con cariño, apresurándose a abrazarla.
—Irás a verte con el doctor Bennett pasado mañana sin excusas. —lo regañó ella de inmediato, suspirando y sonriendo al verlo asentir con expresión de niñito regañado.
—¿Papá? —preguntó asustada Lily.
—Lily, señora Rose, no tienen que preocuparse. El señor Sam Evans se encuentra bien. Es sólo que me ha hablado de su problema de salud porque yo le pedí que lo hiciera, luego que James me hiciese unas preguntas interesantes antes de venir aquí. Puedo decir con seguridad que la respuesta a su inquietud es un rotundo sí. Yo quiero y puedo ayudarlo. —las tranquilizó Albus mientras al mismo tiempo le respondía camufladamente al auror de lentes la inquietud que leía en su mirada avellana.
—SÍII —gritó feliz Lily como una niña pequeña, sonrojándose al ver la expresión de regaño de su mamá y las risas apenas contenidas de su papá, su esposo, sus amigos y quien le acababa de dar tan buena noticia—. Gracias Albus, y perdona mi reacción.
—No te preocupes por eso —la tranquilizó guiñándole el ojo derecho—. Ahora si me disculpan quiero viajar al colegio para contactar a la persona adecuada para ayudarlo, además de hacer algunas averiguaciones que son urgentes. —agregó mirando a Arathorn, asegurándole una vez más en forma camuflada que conseguiría la manera de traer a los cuatro de regreso lo antes posible. "Me importa muy poco si Mithrandir se enoja y me expulsa para siempre de las tierras Dunedains. Arathorn y Arwen necesitan verse y ayudar a Harry ahora mismo", pensó mientras viajaba a través de la red flú al colegio, luego de despedirse de todos.
Remus y Sirius se miraron interrogantes, sonriendo el primero y asintiendo al ver al segundo encogerse de hombros y señalarle con una cabezadita a sus amigos. Los dos conocían lo suficiente al director para saber que tras sus aparentemente inocentes palabras había mucho más, sin entender ninguno de los dos lo que podría ser. Sin embargo el ver a Lily y a James más distendidos luego de oírlo, cuando habían estado tan angustiados y deprimidos desde el día antes, llevó al de ojos grises a decidir que eso era lo importante y al de ojos miel a apoyarlo.
Angela se quitó el pasamontañas apenas su mamá le explicó lo que quería hablar con ella, confirmándole que era su hija y prometiéndole que hablarían sobre decírselo a Sirius luego que hablasen lo que Angelica había planteado.
—Lo que me has contado del señor Saruman… Eso es… Tal vez haya traicionado la confianza de Mithrandir, pero nunca han debido considerarlo un Dunedain traidor —protestó llena de dolor una vez que terminó de escuchar a su mamá—. Mis amigos y yo sabemos mejor que nadie lo difícil que es estar en una situación como la suya.
—Es por eso que te he contado lo que hasta hace unos minutos sólo yo sabía, pues Mithrandir aún está muy dolido con su amigo y no me ha permitido todavía contarle lo que hablé con él —le dijo Angelica abatida—. Hija, me tiene muy preocupada que desde que ustedes están aquí he percibido algunas perturbaciones en la energía.
—Lo sé, mamá. Hemos hecho todo lo posible por evitarlo, especialmente yo, pero es muy difícil para nosotros estando cerca de ustedes contenernos en lo que hacemos o decimos —le respondió, suspirando al verla fruncir el ceño—. Por eso nos hemos alejado después que Electra generó un cambio tan fuerte al acercarse a hablar con Remus y James —le explicó—. A raíz de eso me vi obligada a explicarles a los otros chicos con detalle lo que sabía de esta fuerte limitante que tenemos. Con los únicos que no lo he hablado es con los gemelitos, pero después de lo ocurrido anoche me temo que tendré que hacerlo. —afirmó abatida.
—¿Fueron los niños los que generaron también la ocurrida temprano? —le preguntó Angelica inquieta.
—No, no fue ninguno de nosotros doce y eso me tiene bastante preocupada. ¿Quién puede haber generado esa perturbación tan extraña? —le preguntó a su mamá.
—No lo sé. Yo también estoy inquieta porque ya sospechaba que no habían sido ustedes —le confesó, suspirando y abrazándola con cariño al ver sus ojos grises—. Me imagino que no quieres que Sirius sepa la verdad porque empezaría a hacer preguntas sobre tu salud y nuestras reuniones que serán muy difíciles de responder.
—No puedo, mamá. Perdóname pero no puedo hablarlo con él. —sollozó Angela abrazándose con fuerza a ella.
—Shhh, tranquila pequeña. Te entiendo perfectamente. No le diremos nada mientras no consigamos una forma de decirle entre las dos tanto tu identidad como lo relacionado con el don del Manejo de la Energía. —le aseguró mientras le acariciaba espalda y cabeza con cariño para calmarla.
—Gracias mamá. —le sonrió la chica desde su rostro lleno de lágrimas.
Angelica le empezó a cantar la nana y se recostaron las dos en la grama, quedándose las dos adormiladas por el cansancio y la tristeza. Las despertó el cántico de Fawkes que las sobrevolaba, quejándose las dos al sentir sus esclavas calientes (pues luego del incidente matutino de las gemelas habían modificado también las de los miembros de la O.D.F. protegidos por los chicos, para que pudiesen comunicarse entre ellos) , con el sol del atardecer sobre sus rostros.
—Debo irme —se disculparon las dos a coro al leer el mensaje—. Están preocupados —explicaron las dos de nuevo simultáneamente, soltándose a reír ante esto—. No quiero que te preocupes por la perturbación de ayer temprano, yo me ocupo de eso —le dijo Angelica firme, sonriendo al verla asentir—. En cuanto a los gemelitos, déjame buscar una forma para hablar yo con ellos sin presionarlos.
—Gracias mamá. —le agradeció Angela de corazón, abrazándola.
Se levantaron y desaparecieron simultáneamente al modo Dunedain, la mayor hacia Deercourage con Fawkes, la menor hacia Greenprairie. Al llegar tuvieron que oír los regaños de sus respectivas parejas y amigos antes de poder intentar explicarse, pues todos estaban demasiado preocupados por su desaparición. Cuando les iban a empezar a contar que habían estado hablando las dos las interrumpió el aviso del fénix de una batalla en las cercanías del Ministerio de Magia. Fawkes primero les dio la información a los que estaban en la mansión Potter y luego a los chicos en Edimburgo.
Apenas un minuto después de aparecer frente a la estación de Charing's Cross vieron horrorizados Lily, James, Alice, Frank, Remus, Sirius, Benjy, Angelica, Jennifer, Albus y los diez Guerreros del Fénix mayores caer asesinados por Maldiciones Asesinas a Rose y Sam Evans, así como también a Madison y Jerrod Acker, frente al restaurante en que esperaban reunirse con los Dursley que estaban detenidos a dos cuadras por el grupo de aurores de Scrimgeour.
—¡NO! —gritaron al unísono llenos de dolor.
Veinte minutos más tarde Voldemort daba la orden a los mortífagos de desaparecer. Había creído preparar un ataque exitoso contra la sede del poder gubernamental mágico y se consiguió con un enfrentamiento como jamás se hubiese imaginado. Era la primera vez que varios de los miembros de la Orden del Fénix y los Guerreros del Fénix no se habían limitado a desmayar, desarmar y atar a sus hombres, sino que los habían atacado con ferocidad mientras el director intentaba contenerlos con órdenes poco disimuladas. "¿Qué rayos ha pasado?", se preguntó inquieto luego de ordenarles a sus hombres que lo dejasen solo.
—¿Se puede saber qué les pasa? —gruñó Moody a los Potter, Black, Lupin, Longbottom y Benjy después de desarmar a Lily y Alice.
—Mis padres. —le respondió lacónicamente la pelirroja señalándole con un leve movimiento de cabeza y sus esmeraldas llenas de lágrimas a los cuerpos sin vida de quienes tanto quería.
—¡Por Merlín! —exclamó Scrimgeour al oírla y mirar en la dirección indicada, pues se les había acercado preocupado. Nunca había visto al grupo de Moody actuar como lo acababan de hacer, ni quedarse a los amigos de los esposos Potter que no eran aurores al finalizar un combate, y ahora comprendía la razón.
—Llévatelos hija. —la autorizó Alastor con la voz quebrada mientras les devolvía sus varitas a las dos. Se estaba saltando todos los procedimientos en ese caso pero le importaba muy poco.
—Gracias. —le dijo con sinceridad James mientras la abrazaba por los hombros. En seguida la llevó hasta ellos, escoltados por sus amigos y el director.
—Yo me ocupo con mis hombres y los tuyos de la limpieza del lugar. Llévate a Gawain Robards contigo para que hagan todo el papeleo que ella no está en condiciones ahora de hacer. —le dijo Rufus al auror gruñón, asintiendo en su dirección al ver por primera vez en su rostro una expresión agradecida. Se giró y empezó a organizar a todos los aurores como había dicho.
Jennifer y Angelica lloraban, tanto por el dolor de Lily como el que sabían sentiría Arwen cuando supiese que había estado tan cerca y tan lejos de Arathorn. Sam Evans era el hermano que su cuñada tenía años añorando y ahora no vería nunca más con vida. También lloraban por el dolor que ellas estaban sintiendo al ver muerto a quien tanto habían querido y añoraron durante años. No podían asimilar que no hubiesen podido conocer a los papás de Lily a pesar de su larga amistad y haber descubierto antes que Sam Evans era en realidad Arathorn.
Albus sonrió entre sus lágrimas. Había visto cuando intentó defender a su esposa y amigos con lo poco que recordaba de Magia Antigua, antes de caer muerto en el mismo momento que la mujer que había amado y le permitió conocer la felicidad luego del dolor de la muerte de su primera esposa. En la mañana le había dicho que deseaba recordar más para poder ayudar y justo antes de morir lo había hecho.
—¿Qué pasó? —preguntaron los gemelitos a coro, asustados por el estado en que llegaban los diez mayores.
—Apenas aparecimos vimos a los Lestrange asesinar a mis abuelos. —les respondió Harry derrumbándose en el mueble grande de la sala, quitándose el pasamontañas y arrojándolo con rabia al otro extremo de la sala.
Luna y Neville arrastraron a los niños y Jessica hacia el comedor para que los curasen y hablar, si es que podían con el nudo que tenían en sus gargantas, acompañados de Angela, Fred y George. Ginny, Hermione y Ron se quedaron con Harry solos en la sala, escuchándolo desahogarse mientras la menuda pelirroja los curaba, en silencio.
Los que estaban en el comedor se sobresaltaron al ver a Angela golpear la mesa con el puño de su mano derecha cerrado y desaparecer.
—No puedo ir tras ella. —musitó asustado George.
—Volverá. Ha ido a buscar algo —le dijo Luna con seguridad—. Sólo logró transmitirme eso cuando intentaba hacerlo contigo. Está muy alterada.
La vieron aparecer quince minutos más tarde con tres carpetas en sus manos, cuando la angustia en sus pechos estaba llegando a niveles intolerables.
—Tenía que sacarles copia antes que Petunia Dursley los destruya, para que Harry los pueda leer cuando pueda y quiera hacerlo. —explicó entregándoselas a Neville, que asintió y sin mirar de qué se trataba los guardó.
Los niños la empujaron suavemente a una silla para que se sentara y les permitiera curarla.
—Harry, Ginny y yo vamos a ir a Deercourage a acompañar a Lily, con nuestras apariencias y voces alteradas. Me acabo de comunicar con Benjy por la esclava y él nos cubrirá con la excusa que somos inefables —les anunció Hermione ya con la apariencia de Mintaka Henley—. El señor Leonel y los esposos Mintaka han aceptado que vayamos con sus apariencias nosotros tres durante dos horas, para luego tomar nuestros lugares —les explicó al ver sus expresiones interrogantes—. Ron está con ellos para coordinarnos.
Los ocho chicos en la cocina asintieron en aceptación.
Albus se llevó aparte a sus hijas gemelas tan pronto le fue posible, después que los tres chicos que se habían presentado bajo la apariencia del jefe y dos de los compañeros de Lily les confiasen en susurros a quienes sabían de ellos que eran "Marte, Venus y Gea". No le fue muy difícil separarlas de Remus y Sirius porque los dos estaban escoltando férreamente a Lily y James, mientras que sus hijas lo habían interrogado con sus miradas apenas reaccionar.
Les explicó en voz muy baja lo que James le había contado esa mañana y su conversación con Arathorn. Tuvo que darles una fuerte dosis de poción tranquilizante al finalizar, para que estuviesen en condiciones de acompañar a Lily como querían.
Fue una noche terrible para todos los que estaban en Deercourage. Empeoró cuando acompañaron a la pelirroja de ojos esmeralda a llevar los cuerpos de sus padres a Saint Albans y se encontraron allí a una enfurecida Petunia Dursley, que acusó a su hermana menor de ser la culpable de la muerte de sus padres. Albus, Alastor, Alice, Frank, Benjy y Leonel tuvieron que intervenir para evitar que James, Sirius, Remus, Angelica y Jennifer usasen magia contra ella. El director agradeció interiormente que fuese realmente el jefe de los inefables y no Harry quien estuviese en ese momento con ellos.
Vernon había esperado a su esposa con su bebé en el auto, como ella le pidió, saliendo de allí de inmediato con ella hacia Surrey apenas se subió al vehículo. No sabía exactamente lo ocurrido, pero sabía que sus suegros habían fallecido y Petunia no quería volver a saber nada de Lily Potter y los que eran como ella. Él haría cuanto estuviese a su alcance para que así fuese.
En horas de la madrugada del domingo 11 de enero de 1981 Voldemort le ordenaba desdeñoso a Peter Pettigrew que desapareciese, luego que su generalmente inútil espía le revelase que horas antes sus hombres habían asesinado a los padres muggles de Lily Potter en el enfrentamiento en Londres.
—Ahora sí entiendo lo que ha pasado —comentó mientras se servía vino en una copa—. No estoy seguro, pero tengo la impresión que uno de esos que estaban frente al restaurante estaba peleando con mis hombres con la misma habilidad que usan los encapuchados. Eso no tiene ningún sentido si era un muggle, a menos que no lo fuese realmente pero llevase años aparentando serlo —meditaba preocupado—. Hoy mismo tengo que tener aquí a Benjy Fenwick y arrancarle la verdad sobre esos entrometidos. Tengo que saber con certeza a quiénes me estoy enfrentando. —decidió antes de convocar a los Lestrange a su presencia.
Los doce chicos observaron de lejos el funeral a los señores Evans, fingiendo visitar a unos familiares como ya habían hecho cuando fue el del señor Charlus Potter. Pero habían dos diferencias fundamentales, mientras aquél había sido hecho al modo mágico éste lo era al modo muggle y en esta oportunidad no estaban Arwen, Aragorn, Eowyn y Faramir allí. Después de irse todos los muggles que conocieron a los papás de Lily presidió Albus una emotiva despedida al modo mágico, presentando el saludo de Merlín todos los miembros de la Orden del Fénix y los Guerreros del Fénix a Rose y Sam Evans, pues los chicos se les habían acercado con sus pasamontañas, guantes y capas negras.
Lily les agradeció a todos entre lágrimas el gesto, antes de marearse fuertemente y que James desapareciese con ella hacia Deercourage. Angelica y Sirius cuidaban del bebé desde la noche antes, luego del incidente en Saint Albans.
—Por favor, si Lily necesita algo… —empezó Harry mirándolos.
—Les avisaré de inmediato. —completó Benjy con firmeza, asintiendo al verlos hacerlo antes de desaparecer.
—¿Tienes cómo contactarlos? —le preguntó Edgar extrañado.
—Sí. —respondió lacónicamente el moreno antes de desaparecer.
Los miembros de la O.D.F. que no lo sabían se miraron interrogantes, mientras los otros fruncían el ceño y desaparecían, a excepción del más bajito de los Merodeadores que se removió nervioso antes de desaparecer. Él sabía que los días de Benjy Fenwick estaban contados luego de lo que su amo le sacase sobre él, lo que le daba pánico luego de la amenaza que hiciera el que se hacía llamar Marte.
—Gracias por venir. Madeleine estuvo a punto de suspender la celebración cuando le conté lo de los padres de Lily, después que me insistiese mucho en querer saber la razón de mi tristeza. Pero Maureen y yo la convencimos de no hacerlo porque Emma y Esmond han estado muy ilusionados, luego que nos convencieron de quedarse hasta hoy con nosotros para el cumpleaños de Robin prometiéndonos que traerán las mejores notas de su clase. —les contó Leonel a Benjy, Nataly y Mintaka mientras los acompañaba por el jardín de su casa, donde habían aparecido, llevándolos hacia el lugar en que harían la celebración.
—No tienes nada que agradecer. Sabes que queremos mucho a tus nietos. —lo tranquilizó Nataly con una sonrisa amable.
Estaban cantándole el cumpleaños al menor de los hijos del jefe de los inefables cuando los sobresaltó el ruido de las apariciones de casi treinta mortífagos.
—¡Benjy! —exclamaron asustados los doce chicos al recibir la señal de emergencia en sus esclavas, mirándose rápidamente Angela y Harry antes de dirigir simultáneamente sus manos derechas hacia los gemelitos.
—¿Qué han hecho? —gritaron los niños a coro al ver que no podían desaparecerse.
—Cumplir con las promesas que les hicimos a Benjy y a Aragorn —les respondió Harry con firmeza antes de aplicar sobre su esclava el hechizo localizador—. Vamos. —les ordenó a los otros al ver que estaba en casa de los Major.
Al aparecer vieron a los tres Lestrange desaparecer con Benjy, que había entregado su varita para poner a todos a salvo como le exigían los tres mortífagos.
—No lo voy a permitir. —gruñó Leonel desapareciendo con uno de los mortífagos al que agarró fuertemente mientras lo hacía.
—Ayuden a los señores Brown a atenderlos y sellen la casa para todos los demás. Venus, Diana, Júpiter y yo vamos tras ellos. —les ordenó Harry a los otros antes de desaparecer con los que había nombrado.
—Per… —intentó detenerlo Hermione al sentir la fuerte perturbación en la energía, desapareciendo para seguirlos al igual que Ron.
Los otros en el lugar se asustaron al ver reaparecer una importante cantidad de mortífagos antes de poder poner el sello, mayor a la que habían conseguido al llegar. Empezaron a combatir Luna, Neville, Jessica y Fred con los familiares y amigos de Leonel Major presentes en la que hasta poco antes había sido una fiesta. Minutos después reaparecían Hermione, Ron, Ginny y George por la señal que les enviaron los cuatro que se habían quedado. Vieron caer muertos a Madeleine y Eric Brown protegiendo a sus hijos, los cuales ya estaban malheridos al igual que los otros presentes. Laurence y Robin Major cayeron muertos poco antes que desapareciesen los mortífagos luego de dejar la marca tenebrosa sobre la casa.
—Eric, Madeleine, Emma, Esmond… —murmuró Christopher apenas consciente mirando a su hermano y su cuñada muertos, sus sobrinos seriamente heridos.
—Tranquilo. —le dijo con cariño Jessica mientras empezaba a atenderlo rápidamente.
—Debemos sacarlos de aquí. Pueden volver. —les dijo Ron a sus compañeros.
—Mi casa. —sugirió Christine, que era examinada por la castaña.
Los que estaban conscientes apuntaron con sus varitas en dirección a la aparición que los sobresaltó, bajándolas al ver que se trataba de la chica de respiración difícil.
—No he… podido… detenerlo —les dijo con frustración a sus amigos—. Debemos… irnos de… aquí… Vendrán más… Apenas si… he podido… ponerles… trampas… para ganar… tiempo para… él y nosotros.
—Vamos a casa de los señores Brown. Lleva a los gemelitos, necesitaremos toda la ayuda posible. —le ordenó Jessica.
—Nuestras capas… trasladadores… especiales. —afirmó Angela mientras asentía y movía su mano izquierda, desapareciendo en seguida.
Los otros chicos comprendieron y cubrieron rápido con sus capas a los heridos, sosteniéndolos mientras desaparecían hacia Bristol. En cuanto reaparecieron Luna, Neville y Ron empezaron a reforzar las barreras de la casa mientras Jessica y Ginny atendían con ayuda de Hermione, Fred y George a Emma, Esmond, Maureen, Christine, Christopher, Nataly y Mintaka, los tres últimos estaban inconscientes y los otros perdieron el conocimiento al poco de aparecer.
Harry apareció casi media hora después gravemente herido, llevando con él los cuerpos sin vida tanto de los que habían dejado atrás en la casa de los Major como de Benjy Fenwick y Leonel Major. Ni siquiera Hermione tuvo fuerzas para reclamarle lo sucedido al ver la expresión con la que llegaba y la condición en que estaba, ayudando ella y Ron a Ginny a atenderlo mientras Chris & Chris se precipitaban a llorar sobre el cuerpo sin vida del inefable moreno que tanto querían.
—Si yo no… —empezó Harry con voz ahogada.
—Ahora lo importante es ayudar a los que han sobrevivido. —lo cortó la castaña con firmeza.
—Benjy me había pedido que no permitiese que el señor Leonel Major le intentase salvar la vida. —confesó Harry, haciendo un gran esfuerzo para hablar, antes de perder el conocimiento.
—Por favor Dios, permite que nos vayamos ya de esta época. —suplicó Hermione apretando en su puño derecho la pequeña medalla con la imagen de la trinidad que su mamá le regaló cuando era una niña, el día antes de ir a Hogwarts, llorando sin poder contenerse.
Dos horas más tarde diez de los chicos se quitaban sus esclavas, cansados de anular las señales de mensajes que les estaban enviando. Sólo la conservó en su brazo la castaña, que los leía sin hacer ningún ruido ni comentario de espaldas a los otros, y Harry que estaba inconsciente. Ron había decidido que permanecerían aislados hasta que lograsen poner fuera de peligro a todos los sobrevivientes, incluyendo a Harry que estaba grave. Todos tenían heridas serias y estaban muy deprimidos, mientras que los gemelitos estaban aún en shock.
—¿Por qué no cesa la perturbación? ¿Qué más podemos hacer? —preguntó frustrado el pelirrojo alto a nadie en particular.
—Por los que se han estado intentando comunicar con nosotros. Sospechan quiénes somos y se deben imaginar que estamos involucrados en lo ocurrido en casa de los Major al no aparecer Benjy. —explicó Luna con seguridad.
—Si hubiese alguna forma de hacerles creer que no estuvimos ahí tal vez… —empezó a plantear Jessica, deteniéndose al percibir que no cesaba la perturbación.
—No funciona porque Benjy está muerto —dijo con tono inexpresivo Neville, mirando a los gemelitos mientras recordaba el ataque a su familia, su pecho lleno de dolor mientras su mente intentaba procesar lo ocurrido, las implicaciones y las consecuencias—. El problema es que nuestros familiares sospechan quienes somos.
—¿Y cómo rayos se supone que resolvamos eso? —gruñó Ginny con frustración al percibir que la perturbación disminuía.
—Tal vez si intentamos borrarles los recuerdos mientras duermen los afectaríamos menos, porque cuando se duerme incluso la Occlumancia es difícil. —sugirió George, suspirando al ver denegar a Luna y Hermione.
—No podemos borrarles los recuerdos porque después que lo hicimos están muy atentos a evitarlo —explicó Angela lentamente, sentada mirando el fuego de la chimenea fijamente. Los otros se sobresaltaron al oírla pues era la primera vez que hablaba desde que apareció allí con Chris & Chris—. Pero podemos trasladarlos de la conciencia a la inconsciencia. Pasarían a ser sueños muy vívidos, sensaciones no definidas que confundirían con presentimientos, pero no tendrían la seguridad que ahora tienen.
—Es un procedimiento complicado y extenuante —comentó Hermione preocupada, meditando lo dicho por ella—. Pero según lo que percibimos el problema es que ellos sepan o sospechen quiénes somos y no se me ocurre otra forma de resolverlo.
—Devolveremos los cuerpos de los que fallecieron a la casa de los Major. En la madrugada iré bajo la capa invisible de Harry a averiguar quiénes duermen ya y les avisaré. Hermione, Luna, Angela y Neville se ocuparán del procedimiento que han dicho mientras Fred, George y yo buscamos y eliminamos las notas que hayan tomado, así como el hechizo sobre las esclavas. Debemos romper definitiva y rotundamente todo contacto con ellos. —decidió Ron.
—¿Y con mamá y papá? —preguntó Christine, sobresaltándolos.
—En cuanto estén recuperados. —le respondió Angela con tono sereno, luego que los otros intercambiasen miradas interrogantes, sin haber apartado ni un momento su mirada de las llamas danzantes.
—¿No existe otra solución? —preguntó Christopher con un nudo en la garganta.
Un pesado silencio los rodeó por varios minutos. Harry, que había recuperado el conocimiento mientras ellos hablaban y no se habían dado cuenta, hizo acopio de fuerzas para intentar hablar. Se contuvo al oír a Angela empezar a contarles con tono distante la historia sobre el señor Saruman que le revelase el día antes su mamá.
—… Sé que les duele muchísimo la muerte de Benjy. Comprendo perfectamente el porqué Harry no hizo caso de la percepción de la alteración en la energía, por el amor que les tiene a los dos y que se siente responsable de su bienestar físico, mental y emotivo. Pero no puedo permitir ni una sola alteración más a la línea espacio temporal. —finalizó con tono seguro y expresión serena. Se levantó y giró a mirar a los niños por primera vez desde que llegó con ellos, tendió sus manos y los abrazó con cariño cuando corrieron a abrazarla.
—Estoy de acuerdo con el plan de Ron, pero esperen a que desaparezcan las señales en las esclavas luego de enviar los cuerpos antes de ir a ver si los encuentran dormidos. —les sugirió Harry, con voz débil y las pocas fuerzas que había logrado reunir.
—Eso haremos. Tú descansa y recupérate. —le indicó el aludido, suspirando al verlo mirar a los niños con sus esmeraldas llenas de tristeza luego de asentir. Les sonrió suavemente a los gemelitos al ver que se aproximaban al sofá, que habían transformado en una cama pequeña para atenderlo, girándose a dar cumplimiento a la primera parte del plan.
Luna, Hermione, Neville, Fred y George lo ayudaron a acomodar lo mejor posible los cuerpos y colocarles los trasladadores normales que los harían aparecer en casa de los Major. Usaron para ello trozos de pergamino y la varita de Benjy, para que no hubiese ninguna forma de identificar la procedencia.
Todos se pusieron las esclavas luego que los enviasen. Minutos más tarde los doce apretaban los párpados al empezar a ser las señales en las esclavas más frecuentes. Si no se las quitaron de nuevo era porque sabían que Harry tenía razón, era el único medio del que disponían por el momento para darse una idea cuándo se quedarían dormidos. Hermione una vez más leyó los mensajes de espaldas a ellos.
A medianoche salieron de peligro Emma, Esmond, Christine y Christopher Brown, mientras que Nataly Henley y la señora Maureen Major lo hicieron a las tres de la madrugada y Mintaka Henley cerca del amanecer. De los chicos sólo Harry había dormido, bajo poción para dormir sin soñar, por lo grave de su estado. Los otros habían permanecido despiertos, atentos tanto a la atención de los heridos como a las esclavas.
—No han bajado la guardia y debemos permitir que sean trasladados a San Mungo los que han sobrevivido. —les planteó Ginny preocupada a los otros luego de salir de la habitación en que tenían a los niños.
—Podríamos cuidarlos hasta… —intentó plantear Jessica.
—No. Formaríamos lazos…
—… con ellos y no debemos. —la interrumpieron los gemelitos.
—Tienen razón. —los apoyó Neville.
—Trasladémonos con Harry a Greenprairie y que los bloqueos de esta casa vuelvan a ser los normales justo cuando Fawkes le avise al profesor Dumbledore que aquí están los heridos sobrevivientes. —sugirió Angela.
—Primero tenemos que hacer el procedimiento especial con los Brown. —les recordó Luna.
Sus compañeros suspiraron y asintieron en aceptación, procediendo a hacer lo decidido. Al aparecer en Greenprairie vieron la lechuza que les llevaba El Profeta emprendiendo vuelo con su pago y tragaron saliva. Los niños se dieron media vuelta y subieron flotando con la camilla en que llevaban a Harry, siguiéndolos de inmediato Ginny.
—Voy a preparar algo de comer, para que después de desayunar empecemos a hacer los turnos de descanso mientras podemos hacer lo que debemos. —anunció Jessica dirigiéndose a la cocina con Fred.
Luna, Hermione, Angela, Neville, George y Ron avanzaron con paso inseguro hasta la mesa sobre la cual estaba depositado el periódico, suspirando al leer el titular en primera plana y ver la fotografía de la casa de los Major con la marca tenebrosa sobre ella.
NI SIQUIERA LOS INEFABLES ESTÁN A SALVO
Asesinado el Jefe del Departamento de Misterios y tres de sus hombres en casa del primero, desaparecidos familiares de Leonel Major y posiblemente otros dos miembros de su equipo…
—Voy a ayudar a Jessica. —afirmó Angela girándose. Ya no podía más. Le sonrió a su prometido suavemente cuando la abrazó por los hombros y se dejó llevar por él.
—Tenemos que saber para poder afrontar también esta situación. —dijo Hermione en voz baja, tanto para convencer a sus acompañantes como a si misma.
—Pero después de descansar y hacer el procedimiento que ustedes dijeron con nuestros familiares. —planteó Neville con tono cansado.
—De acuerdo totalmente con eso. —lo apoyó Ron con un tono similar.
La rubia y la castaña asintieron, tomando el periódico la primera con decisión y guardándolo en una gaveta del estante cercano, luego empezaron a organizar la mesa para el desayuno. Al sentir las esclavas en sus brazos calentarse suspiraron, viendo sorprendida la castaña que sus tres acompañantes en esta ocasión leían el mensaje.
—¿Cómo es que el profesor Dumbledore sabe la identidad de Harry? —preguntó asustada la rubia.
—Según pude escuchar en Deercourage mediante el hechizo especial, el rato que acompañamos a Lily luego de la muerte de sus padres, les decía a las gemelas que esa mañana había hablado con el señor Arathorn. Sólo que no pude oír lo que les contó porque Scrimgeour nos empezó a hacer preguntas delicadas y tuve que prestarle atención —les contó Hermione pensativa—. Posiblemente el abuelo de Harry se lo dijo con intención de pedirle ayuda.
—Esto va a complicar las cosas con él, ¿verdad? —les preguntó Ron, bufando al verlos a los tres asentir—. ¿Alguna maldita cosa nos va a salir bien en esta época a la que no pedimos ni quisimos venir? —gruñó con frustración.
Hermione, Luna y Neville suspiraron y se desplazaron a seguir buscando lo necesario para servir el desayuno. Preferían no pensar en las posibles respuestas para el planteamiento de Ron, que se les unió luego de bufar y denegar con rabia.
—¡MALDITA SEA! —gritó Lily con desesperación al ver denegar al director.
Albus percibió que el sello que le había puesto a la sala de visitas para aislarla e insonorizarla vibraba pero lograba contener la explosión de su alumna, suspirando levemente aliviado.
Angelica ni siquiera pestañeó, su mirada perdida en el vacío como había estado desde que percibiese la fuerte perturbación en la energía a final de tarde el día antes. Sirius a su lado la miraba desesperado mientras la sacudía levemente.
—Hermanita, por favor, tienes que tomarte esta poción. —le suplicaba Jennifer al borde de las lágrimas.
—Hija, no sé porqué estás así pero necesitamos que reacciones y nos ayudes. —le dijo Albus con tono firme.
—E…El…Ellos n…no d…deb…debie…debieron… —tartamudeó mirando los ojos azules de su padre, tan parecidos a los de su tutor—. Y…yo l…le adv…advertí. Yo le advertí. Yo le advertí. Yo le advertí. Yo le advertí. Yo le advertí… —empezó a repetir histérica.
Casi todos la miraban asustados, petrificándose al ver a Lily avanzar rápido hasta ella y abofetearla con todas sus fuerzas.
—¡CONCÉNTRATE! —le gritó cuando la vio reaccionar y sus ojos aguamarinas pasar bruscamente a azul eléctrico, asintiendo con cariño al ver que retornaban al aguamarina y empezaba a sollozar.
—Gracias amiga. —le agradeció Angelica en medio de su llanto, pues había evitado justo a tiempo que hiciese algo terrible con su don más difícil al perder de esa manera el control de sus emociones. Tendió su temblorosa mano derecha hacia la poción en manos de su gemela.
Jennifer de inmediato empezó a dársela, luego de parpadear con incredulidad ante lo que acababa de ocurrir. Albus frunció el ceño y denegó, mirando a su hija rebelde y su pupila pelirroja alternativamente intentando entender. James, Sirius, Remus y Frank intercambiaron miradas interrogantes antes de posarlas sobre Alice, que se encogió de hombros en señal de ella tampoco entender.
Unos golpecitos en la puerta los sobresaltaron a todos, sacándolos de sus pensamientos.
—Los que no están medianamente calmados al menos finjan estarlo. —les ordenó con severidad el líder de la O.D.F., quitando el sello luego de verlos asentir.
—Los medimagos han confirmado que los siete sobrevivientes están totalmente fuera de peligro desde un par de horas antes de traerlos Albus —entró a decirles Alastor Moody haciéndole señas a su amigo para que sellase de nuevo—. Christine ha confirmado que los Guerreros del Fénix aparecieron poco después que los mortífagos y lucharon con ellos para salvarles la vida, luego que Benjy se entregase voluntariamente porque los que dirigían el ataque dijeron que dejarían a los demás con vida.
»Pero Leonel se aferró a uno de esos malditos para ir con ellos e intentar salvarlo, siguiéndolos seis de los chicos. Sólo que cuatro tuvieron que volver a solicitud de sus compañeros porque aparecieron casi el doble de los mortífagos que aparecieron inicialmente. Diana regresó cuando esos desaparecieron diciendo que venían más en camino, que apenas si había logrado distraerlos y darle tiempo a Marte, transformando luego las capas de los otros en trasladadores que los llevaron a la casa de los Brown a Bristol. Es todo lo que sabe porque perdió el conocimiento al poco de aparecer en su casa.
—Benjy… amigo. —sollozó con renovadas fuerzas Angelica, que se empezaba a imaginar lo que habría ocurrido.
Albus suspiró y con un movimiento de su mano derecha la durmió con el hechizo.
—Jennifer, Remus, vayan con ella a Maidstone y avísenme en dos horas cuando despierte cuál es su estado. Sirius, necesito que te quedes para que nos ayudes a resolver la situación aquí en el hospital. Alice, por favor cuida de Harry. Lily, te necesitamos centrada y enfocada para evitar que la situación en el Departamento de Misterios se vuelva más crítica de lo que ya es. James, Frank, Alastor, a ustedes tres los necesito atentos a todo lo que ocurra tanto entre los aurores como en el resto del Ministerio. Yo voy a intentar controlar la situación en la Orden del Fénix. Es prioridad sin embargo para todos que si los chicos se comunican con cualquiera de nosotros lo hagan saber a los demás. —los organizó, quitando el sello y saliendo luego de verlos asentir.
En horas de la tarde un asombrado Mintaka Henley recibía el nombramiento de jefe de los inefables, así como la información que Lily Potter era la nueva subdirectora y cumpliría sus funciones mientras él se recuperaba. También de "su nueva estructura familiar". Maureen Major, Emma y Esmond Brown pasaron oficialmente a ser Maureen, Emma y Esmond Henley, madre e hijos de Mintaka Henley respectivamente.
Clarisse Spears, Edna Prewett, Wally Harris, Kingsley Shacklebolt, Joseph y Will Hart fueron asignados directamente por la Ministra Bagnold a la protección de los siete sobrevivientes al ataque, mientras se filtraba a la prensa por órdenes de la misma que toda la familia de Leonel Major había fallecido al igual que los presentes en la pequeña celebración familiar.
Christine y Christopher Brown recibieron una notificación oficial sellada, escrita directamente por la Ministra, según la cual debían desde ese momento corroborar siempre la versión oficial sobre su situación: "Habían sido heridos la noche antes durante el ataque a Londres mientras atendían a heridos". La Ministra además les solicitaba jamás volviesen a intentar contactar a los gemelitos hijos de Eric Brown, para protegerlos. Ellos eran demasiado conocidos en el hospital para hacerlos "desaparecer" con facilidad, mientras que a la señora y los niños los cubriría la protección especial que para los inefables y sus familiares directos acababa de decretar la Ministra.
Los esposos medimagos luego de sollozar respondieron afirmativamente, pues sabían que era lo mejor para los niños. Sus sobrinos gemelitos se verían obligados a estudiar bajo el régimen especial que había coordinado la Ministra con el director de Hogwarts. Estudiarían todos los hijos de inefables en un grupo especial y se les aplicarían pruebas trimestrales también especiales, no podrían tener contacto de nuevo con sus amigos ni alguien distinto a sus padres.
Millicent Bagnold suspiró al leer las notas de aceptación. "Viejo amigo, he hecho cuanto he podido por los que quedaron de tu familia. También he nombrado en tu cargo al que sobrevivió de los tres que me recomendaste y tiene más experiencia. Descansa en paz Leonel Major", pensó triste antes de quemar con su varita las evidencias.
Albus suspiró mientras leía una vez más el documento oficial con su firma y la de la Ministra Bagnold. No hubiese querido tener que aceptar el aislar a los hijos de los inefables de esa manera, mucho menos a Emma y Esmond Brown después de haber vivido algo tan terrible, pero no había tenido otra opción. "Emma y Esmond Henley", se corrigió mentalmente mientras cerraba la carpeta y la sellaba mágicamente con su firma.
—Fawkes, amigo, necesito saber de los chicos, por favor. —le pidió una vez más, esta vez con tono cansado y deprimido. Era la primera vez que su fiel compañero se negaba a ayudarlo y eso lo tenía muy preocupado, pero aún más la negativa de los chicos a responder.
El fénix revoloteó inquieto y desapareció. Minutos después el director se estaba levantando abatido cuando reapareció y se posó en el escritorio frente a él. Le transmitió mentalmente las imágenes de los chicos en Greenprairie que acababa de ver, especialmente la del líder inconsciente, mostrándole con detalle sus vendajes y rostros demacrados. También la petición de la menuda pelirroja en susurros: "Está bien, Fawkes, puedes mostrarle que los doce estamos vivos y nuestro estado de salud, pero que mi novio no se entere ".
—Gracias amigo. —le agradeció con sinceridad el director sonriendo ampliamente.
"Harry y su novia deben ser una pareja de fénix y por eso tanto Fawkes como los pequeños los ayudan incondicionalmente. He estado poniendo en un grave aprieto a mi alado amigo desde el domingo en la noche si tengo razón. También estoy seguro ahora que han decidido aislarse por lo ocurrido con Benjy y nos borrarán o bloquearán los recuerdos. Voy a tomar precauciones antes de acostarme a dormir. Si mañana me doy cuenta que han hecho algo así fingiré que lo han logrado y no los presionaré. Necesitan tiempo y yo voy a dárselos", decidió mientras se incorporaba.
—Ron, ¿qué ha pasado? —le preguntó Harry inquieto al despertarse y conseguirse a su amigo sentado a su lado mirándolo pensativo, con una expresión mezcla de abatimiento, preocupación y tensa expectativa .
—Por fin han logrado hacer el procedimiento con todos. Con Sirius, Remus, Alice, Frank, la profesora McGonagall y el señor Moody casi no hubo problemas, pero con Jennifer, Angelica, tus papás y el profesor Dumbledore fue muy complicado. Regresamos hace aproximadamente una hora. Tuvimos que darles medio vaso de poción cristalina y uno de plateada a Angela, Luna, Neville y Hermione. Jessica y George están haciendo el primer turno para cuidarlos. —le respondió el alto pelirrojo con la mayor sinceridad y serenidad posibles.
—No percibo ya ninguna perturbación en la energía. ¿Qué tan malo es lo que he provocado? —le preguntó su mejor amigo con expresión culpable.
—Madeleine y Eric Brown, Laurence y Robin Major han muerto. Maureen Major, Emma y Esmond Brown han pasado a ser familiares de Mintaka Henley. Christine y Christopher Brown jamás podrán volver a tener contacto con ellos, así que ninguno de los tres conocerá a los recién nacidos Chris & Chris, mucho menos a Angela y Jessica que recordaban haberlos visto un par de veces antes del accidente y que los encerraran en el orfanato. Adicionalmente todos los hijos de los inefables ahora estudiarán aislados bajo un régimen especial y sus familias serán aisladas. Algo que tú no vivirás por lo que ocurrirá en Halloween.
»Por otro lado, el cuerpo de Benjy no fue encontrado en trozos sino que se le pudo hacer un funeral decente, al igual que el de Leonel Major que antes nunca había aparecido de ninguna manera, según lo que han recordado Angela y Jessica forzando un poco sus memorias. Adicionalmente, creemos que Chris & Chris tienen unos hermanos mayores pero no estamos seguros aún. Angela dice que habrá que esperar para que esa situación se defina bien, pues depende de las decisiones que tomarán los Brown a raíz de lo ocurrido.
—Yo no sabía que Leonel Major también moriría. Sé que no es excusa para lo que hice, que Angela tiene razón en que lo hice primordialmente por los gemelitos, pero… Ron, amigo, ya no puedo más. Es demasiada presión estar aquí y no hacer nada para disminuir aunque sea un poco el horror de esta guerra, especialmente con los que queremos. El saber la forma en que encontrarían el cuerpo de Benjy… Aún recuerdo cuando Alastor Moody me lo contó y luego de compartir con él tanto… No podía permitirlo. —le confió Harry abatido.
—Lo sé amigo, lo sé. Es por eso que nos estamos aislando y hasta que tú te recuperes totalmente no haremos absolutamente nada que tenga que ver con esta guerra ni con la de nuestro tiempo. Necesitamos al menos un respiro antes de decidir lo que haremos mientras no nos podamos ir de esta época —le explicó la decisión que había tomado, sonriendo al verlo asentir con una mezcla de resignación y agradecimiento—. Ahora es mi turno de confesarme.
—¿De qué hablas? —le preguntó intrigado Harry.
—Fred, George y yo le hemos hecho una "visita a domicilio" a Peter Pettigrew después que regresamos de sepultarles los recuerdos a nuestros amigos hacia el subconsciente, cuando estuvimos seguros que Angela, Luna, Neville y Hermione estaban bien. Los dejamos con Jessica mientras Ginny te cuidaba a ti. Los tres estuvimos de acuerdo en hacer efectiva la amenaza que Marte le hizo al traidor de la Orden del Fénix si delataba a uno de nuestros protegidos. La perturbación no ha sido extrema, pero sí bastante fuerte en un momento durante la entrevista. La provocamos conscientemente y no sentimos el más mínimo remordimiento por haberlo hecho. —le expuso lo que lo tenía tan preocupado.
—Pues sé que no debería de decirlo, mucho menos después de lo que acabo de provocar, pero me alegro. —le respondió Harry.
—Sí, bueno, menos mal porque tendrás que ayudarnos a George y a mí con Angela y Hermione cuando se den cuenta de lo que hemos hecho, al igual que a Fred con una chica que ha estado a punto de transformarse en lobezna. —le explicó el porqué de su inquietud.
—¿Ginny ya lo sabe? —preguntó Harry luego de tragar saliva.
—Sí y nos apoya. —lo tranquilizó Ron.
—Menos mal, porque supongo que Chris & Chris apoyarán a Angela y Jessica. —comentó el herido con tono pesimista.
—Espero que no o estos días serán un infierno mientras se calman —comentó con un tono similar el pelirrojo—. Descansa, necesito que te recuperes pronto para que me ayudes con las fieras.
Fawkes cantaba alegremente alrededor de Albus Dumbledore mientras éste volcaba en su pensadero las memorias que traía consigo. Las había conseguido una hora antes en la casa que junto a su esposa hizo para sus hijas gemelas. "¿Por qué mi amigo me habrá guiado allá para que buscase esto? No lo entiendo", pensaba intranquilo mientras agitaba su varita. Abrió de par en par sus ojos al ver la memoria que se formaba.
—Así que no son sueños ni imaginaciones mías sino que los chicos hicieron algo muy similar a lo que me temía —comentó luego de ver la última—. Gracias Fawkes. Te prometo que no los presionaré como me has pedido. Ellos necesitan tiempo para recuperarse de lo que ha ocurrido y yo se los voy a dar, así como toda la ayuda que pueda a través tuyo. Arathorn, tienes un nieto muy listo, pero lo voy a ayudar como no pude hacerlo contigo. Descansa en paz y confía en mí, yo velaré por él hasta el último minuto de mi vida.