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Historia 46673 — capítulo 32

Sirius, Remus, Angelica, Jennifer, Alice y Frank habían estado tan inquietos por los chicos luego del ataque a Gringotts, al igual que los otros miembros de la Orden del Fénix que habían estado junto a ellos, que Lily había usado su ascendiente como madre sobre su hijo adolescente para lograr que ese mismo jueves se presentasen ante todos en Deercourage. Sólo serían unos minutos, pues a pesar de haber dormido toda la noche y estado en cama toda la mañana Harry seguía muy débil cuando fueron a hablar con él a la hora del almuerzo. Angela seguía sin recordar nada y sus pulmones estaban resintiendo fuertemente la alteración que los tenía a todos respirando mal, pero al menos estaba relativamente tranquila e intentando adaptarse a su situación.

—Buenas noches señores. —saludó Harry respetuoso, intentando inútilmente que no se notase lo irregular de su respiración además de no haber logrado transmitirle suficiente fuerza a su voz. Estando en cama había lograr disimular ante sus padres lo mal que se sentía, pero cada minuto que pasaba de pie estaba pesando cada vez más en su salud.

—Buenas noches chicos. Por favor siéntense. —los saludó y les pidió el director en nombre de los miembros de la Orden del Fénix que estaban presentes (Emmeline, Edgar, Aberforth y los protegidos de los Guerreros del Fénix), muy preocupado.

—Lo siento profesor… pero sólo hemos venido… a agradecerles la… colaboración que nos… prestaron hace dos días —se negó Harry lo más sutilmente posible, sin poder evitar las pausas al hablar—. Debemos retirarnos… por el bien de… ustedes y nosotros. —terminó en voz cada vez más baja y cerrando los párpados por el fuerte mareo que se le presentó.

Ginny y Ron se apresuraron a sujetarlo y desaparecer con él, justo cuando perdía el conocimiento.

—¡Marte! —exclamaron asustados los miembros de la O.D.F.—. Chicos, esper… —intentaron detener a los otros, suspirando al verlos desaparecer a casi todos.

—No apareceremos… en ningún ataque… como grupo completo… hasta que nos hayamos… recuperado, pero… mantendremos contacto… con el profesor… Dumbledore cada… dos o tres días para… que no se inquieten por… nuestra desaparición. —les dijo Luna con voz tranquila, a pesar de su respiración irregular, antes de desaparecer.

—¿Jennifer? —le preguntaron a coro sus acompañantes de inmediato.

—No puedo estar segura sin haberlos evaluado, pero por lo poco que pude ver su problema respiratorio es severo. En Marte el choque de la Maldición Asesina con el rayo transportador le ha generado además algún trastorno grave, porque estoy segura que se estaba desmayando cuando Venus y Urano lo sostuvieron para llevárselo. —les respondió muy preocupada.

—Intentaré convencerlos para que te permitan atenderlos personalmente o a través de las esferas que han usado antes. —afirmó Albus mirando a su hija medimaga, antes de convocar a Fawkes y dirigirse a la biblioteca para escribirles con tranquilidad.

—Diana tenía la mirada extraviada. Y el abultamiento en su pasamontañas indica que tiene la cabeza vendada. —opinó Sirius preocupado. Abrazó a su esposa por los hombros en señal de apoyo, al verla denegar cabizbaja con la mano derecha en su pecho adolorido.

—¿Por qué a Angelica y a los chicos los ha afectado en su sistema respiratorio lo hecho por Voldemort y a los demás no? —le preguntó intrigado Aberforth a su sobrina medimaga, mientras le tendía a la rebelde un frasquito con un brebaje que le había enviado especialmente un medimago hindú amigo suyo.

—No lo sé. —le respondió Jennifer con sinceridad.

—El ataque en… las cercanías de Bristol… hace un año. —les planteó Angelica.

—¿En el que casi matan a los diez chicos mayores y por el que murieron los padres de los niños? —preguntó intrigado Edgar.

—Yo estaba… investigando… si una amiga… —intentó explicarse Angelica luego de asentir.

—Del colegio vivía en la zona con el maldito que le desgració la vida —continuó Sirius por ella, su voz muy similar a gruñidos, pensando en Dorothy Spears y Severus Snape para imprimirle credibilidad a su tono y expresión—. En lugar de esperar a que pudiese acompañarla se fue sola y se vio envuelta en el ataque. No la hirieron seriamente porque desapareció hacia San Mungo con dos niños heridos, poco antes que se desatase la masacre. No había dicho nada antes porque jamás vio a los chicos y sabía que me enojaría con ella por irse sola. Logré que me lo contase anoche.

—Durante un par… de días me costó… bastante coordinar… bien mis ideas. —dijo Angelica fingiendo rememorar lo supuestamente ocurrido.

Ella le había dicho a Sirius algo muy cercano a la verdad: su capacidad para percibir los cambios en la energía del espacio tiempo la había afectado de alguna forma por el intento de Voldemort para trasladarlos en el espacio y el tiempo, lo cual había sido evitado por el bloqueo temporal que les impedía a los chicos el regresar a su propio época generándoles a los trece el problema respiratorio. Después habían armado de mutuo acuerdo la mentira que dirían para encubrir la situación.

Los tenía muy preocupados que la respiración de Angelica parecía ponerse cada vez peor y, por lo que acababan de ver, con los chicos estaba ocurriendo lo mismo.

Albus regresó a la sala con su expresión llena de frustración y les indicó que se dirigiesen al Salón de Reuniones, para comenzar con el encuentro formal de la O.D.F. en cuanto llegasen los que faltaban que no tardarían en llegar.

Dos horas después se sobresaltaron al escuchar a alguien tocando a la puerta de la habitación en que siempre se reunían.

—Disculpen señores. ¿Podríamos hablar… con la señora Angelica? —escucharon la voz del niño que se hacía llamar Saturno.

James se dirigió con rapidez a la puerta, con Sirius tras él empuñando su varita. Al abrirla vieron a los niños mirarlos con nerviosismo un par de minutos, inmóviles, antes de tenderles unas pociones y un pergamino con instrucciones.

—Nos alivia bastante… el problema respiratorio. —les dijo Christine al ver que James tomaba los viales mirándolos interrogante.

—Es todo lo que hemos… conseguido hasta ahora. Pero… seguimos investigando. —completó Christopher.

—¿Cómo siguen Diana y Marte? —preguntó de inmediato Sirius.

—En cuanto mejoren… les avisaremos. —le respondieron los niños a coro, después de hacer un gesto de frustración.

—Si permiten que Jennifer… —empezó a plantearles Remus, que se había acercado al oír sus voces infantiles.

—No podemos. —lo interrumpieron los gemelitos a coro.

—Comprendan que queremos ayudarlos por la misma razón que ustedes trajeron esto para mi novia. —les dijo Sirius exasperado, agitando el pergamino con las instrucciones, conteniéndose a duras penas para no gritarles.

—Lo que pasó con Benjy… y la familia Major… no se repetirá. —denegó Christine.

—Chicos, tienen que dejar de culparse por eso. —les dijo Frank con su tono grave y sereno. A él también le había permitido el director acercarse a la puerta, mientras que a los demás se los había prohibido por gestos silenciosos.

—Enviaremos más a la… señora Angelica con Fawkes… mientras no consigamos un… tratamiento más efectivo. —les dijo Christopher señalando los viales.

—Debemos irnos. —finalizaron los gemelitos a coro antes de ubicar las varitas frente a sus rostros cubiertos por pasamontañas, para luego apuntar con ellas sus esclavas y desaparecer.

—No sabía que los chicos aún tenían acceso al cuartel de la Orden del Fénix. —planteó Edgar mirando a James interrogante, mientras Sirius le daba a beber la primera dosis de poción a Angelica según las instrucciones en el pergamino que le habían dado los gemelitos.

—Marte, Venus, Diana, Júpiter, Electra, Mercurio, Neptuno, Leto, Gea, Urano, Isis y Saturno tienen acceso al #12 Deercourage Place, mi casa —respondió James con tono firme y molesto—. A lo que no tienen, han tenido, ni tendrán acceso mientras yo esté vivo, es a los secretos de la Orden del Fénix, este salón donde nos reunimos y lo que en el mismo se guarda, ni a nuestras reuniones.

—No te enojes conmigo, James. Si lo he comentado es porque es un poco… extraño tu comportamiento con ellos cuando en algún momento los consideraste magos oscuros por haber usado las Maldiciones Imperdonables —le explicó el rubio. Levantó las manos en un gesto apaciguador al verlo entrecerrar los ojos avellanas y oír a Las Protectoras gruñir amenazantes, aún la que estaba sentada respirando mal—. Lo que quiero hacer notar es que confiamos en esos doce chicos porque nos han demostrado una y otra vez con hechos que son de buen corazón y jamás ayudarían a Voldemort ni a nadie que piense como ese asesino.

»Esa es la mejor prueba de lo que les estaba diciendo antes que llamasen los niños a la puerta. No importa quienes son nuestros familiares —afirmó mirando primero a Alice y luego a Sirius—, tampoco nuestras capacidades mágicas —continuó posando su vista en Arabella—, o los trastornos de salud por maldiciones que nos aquejen —siguió con sus ojos verdes claros primero dirigidos a Remus y luego a Angelica—, lo importante es lo que hacemos y todos aquí estamos luchando por construir un futuro.

»Quien nos está traicionando está en esta habitación y no es el familiar de alguno de nosotros sonsacando información, estoy convencido de ello. Pero también estoy de acuerdo con James en que no podemos dejar que la desconfianza destruya la Orden del Fénix. Si un Potter está dispuesto a arriesgarse por sus amigos de esa forma, dándole incluso al traidor la oportunidad de recapacitar y alejarse del enemigo, entonces yo también lo estoy.

—Y yo. —afirmó de inmediato Frank, que sabía lo difícil que había sido tanto para James hacer aquel planteamiento como para Edgar el apoyarlo. Entendía que le estaban dando una última oportunidad de rectificar a quien quiera que fuese, por considerarlos a todos y cada uno de ellos sus amigos, antes de emprender una ofensiva feroz para descubrir al traidor y detenerlo definitivamente.

James miró seguidamente a su mejor amigo, suspirando al ver que le pedía con su mirada que lo perdonase y bajaba la cabeza. Era la primera vez desde que se conocían que Sirius no lo apoyaba ciegamente y a los dos les dolía. Pero la posición del joven hombre de ojos grises, pelo negro azulado y porte aristocrático respecto al traidor era fieramente determinada: si el perfecto niño de los Black había sido perseguido y asesinado por intentar desertar de la oscuridad, entonces el traidor a la luz no merecía un mejor final.

Desde que la palabra "traidor" había surgido por primera vez en la Orden del Fénix la sombra de Régulus Arcturus Black Black había ensombrecido la mirada y entristecido el corazón de su hermano mayor, quien se culpaba de haber permitido que sus padres los distanciasen a tal punto que cuando el menor necesitó ayuda no se la pidió.

James se giró entonces a mirar a Remus, que tenía el ceño fruncido por el intercambio de miradas y gestos entre él y Sirius. Pero al sentir sobre si mismo la mirada interrogante de los avellanas se tensó, el hombre luchando contra sus instintos de licántropo. Al cabo de unos minutos las pupilas se dilataron y alargaron un poco, mostrando que habían ganado los instintos, justo antes que el hombre bajase la cabeza derrotado.

James suspiró comprensivo. Para un lobo la supervivencia de la manada se superponía a todo lo demás y la existencia de un traidor en la Orden del Fénix era algo que atentaba contra la vida de "los miembros de la manada de Remus": Jennifer, Lily, Angélica, James, Sirius, Peter, Alice, Frank y Albus.

James miró entonces al cuarto Merodeador, sonriéndole con apoyo al ver que asentía. Pero comprendió de su leve cabezadita en dirección al rostro severo de Minerva McGonagall que no se atrevía a opinar.

Peter hubiese querido aprovechar lo planteado en esa reunión para confesar que él era el traidor, explicarles el porqué se había visto obligado a eso y pedirles ayuda con su pareja y su madre. El planteamiento de James y el ofrecimiento de ayuda de Minerva casi lo habían convencido, pero justo cuando iba a hablar sintió arder la marca en su brazo.

Había aprendido a tenerle mucho respeto a las capacidades mágicas de Lord Voldemort y mucho miedo al terrible mago. No tenía fuerza de voluntad para oponérsele, pues se la había quebrado entre la poción que le hizo tomar durante sus primeros encuentros y los castigos a los que lo sometía en la mayoría de sus entrevistas.

No creía poder huir de él por la marca en su brazo. Sigfrida y él habían estado investigando y no habían conseguido una forma de quitarla; tampoco de bloquearla para que no pudiese ubicarlos con ella. Ante esto él le había dicho a su novia que si estaba embarazada, como sospechaban, sería mejor que le pidiese a Snape una poción para abortar. No quería ver a su hijo morir antes de nacer a consecuencia de una Maldición Cruciatus, como las que acostumbraba aplicarles su amo por la menor falla, como le había pasado a una pobre muggle tan sólo unos días atrás durante un ataque. La joven de tez blanca y pelo negro, que tenía un embarazo bastante avanzado, había abortado por culpa de la maldición torturadora poco antes de fallecer.

Tanto Sigfrida como él estaban marcados, aunque lo odiasen con toda su alma. Hasta donde sabían todos los que habían intentado desertar, ocultándose, cortándose el brazo e inclusive fingiéndose muertos, habían terminado asesinados. "El Señor Oscuro ha demostrado ser muy poderoso y enterarse siempre de lo que quiere saber. Por mucho que quiera a mis amigos no hay forma de que yo deje las filas de Lord Voldemort sin condenar a muerte a mi madre, a mi mujer y a mí mismo", pensó Peter triste.

—Yo también apoyo a James —afirmó Lily, entrecerrando sus esmeraldas al ver que la mayoría de los que no habían dicho su decisión la miraban con una expresión que decía claramente: "Obvio, eres su esposa"—. Les aclaro que es Lily Evans quien está de acuerdo totalmente con James Potter, porque Lily Potter quiere estrangular con sus propias manos a quien está poniendo en peligro a Harry James Potter Evans. —aclaró y levantó levemente su mentón desafiante. Sonrió maléficamente al ver que casi todos tragaban saliva y la miraban con miedo, a excepción de James que sonreía orgulloso.

—Alice Yaxley apoya a Frank Longbottom, Edgar Bones y James Potter por las mismas razones que Lily Evans. Sólo aclaro que si el traidor no habla pronto, si es cierto lo que dice Minerva y lo están chantajeando, no dudaré en usar sobre él o ella incluso las Maldiciones Imperdonables si pone aunque sea en un mínimo riesgo la seguridad de Neville.

Sus oyentes abrieron mucho los ojos y se estremecieron, tragando saliva a continuación. La joven mujer rubia de ojos plateados era normalmente dulce y amable, pero cuando se enojaba era de temer tanto o más que sus tres amigas desde el colegio. Era muy hábil con la varita y por su trabajo como auror había aprendido a ejecutar las tres peores maldiciones, así que su amenaza tenía mucho peso.

—Quien esté traicionando al profesor Dumbledore no merece perdón. —opinó Hagrid.

A sus palabras siguieron casi veinte minutos de tenso silencio, en que todos intercambiaron miradas de tensa expectación.

—Ya que nadie dice ni hace nada de provecho acompaño a Angelica y Jennifer a su casa, para que mi novia pueda descansar y empezar a recuperarse con su tratamiento. —gruñó Sirius luego de sentir vibrar el pergamino en su mano y ver que respiraba cada vez peor.

—Vamos. —lo apoyó Remus también en algo muy similar a un gruñido.

—Un momento —pidió Albus, frunciendo levemente el ceño al oír gruñidos de desacuerdo de sus yernos—. James ha hecho un planteamiento muy serio. Alastor y Minerva han expuesto sus puntos de vista y preocupaciones al respecto —"En contra de mi voluntad, pues quería que esto se manejase individualmente y en privado", pensó pero no lo dijo en voz alta—. Quiero dejar en claro que, aunque no sabía que James haría esta noche ese planteamiento, lo apoyo en que no podemos permitir que la desconfianza nos destruya como grupo.

»Sin embargo, mientras quien nos está traicionando no pida ayuda si es que la necesita, o se le detenga definitivamente, las misiones seguirán siendo asignadas de forma privada y les insisto en que se mantengan alerta. No les voy a prohibir el comunicarse entre ustedes lo que consideren que afecte a su propia seguridad o las de sus familias, porque como ha dicho James esas son decisiones que cada uno de ustedes debe tomar. Pero la información que les sea proporcionada de forma individual, que concierna a nuestra misión como grupo para detener a Lord Voldemort, si les prohíbo terminantemente el intercambiarla entre ustedes hasta tanto no resolvamos el serio problema de seguridad que tenemos.

»Por último, quiero hacer énfasis en que si el traidor necesita ayuda pero no se ha atrevido a pedirla en esta reunión por temor a no ser el único infiltrado, las reacciones de los demás o cualquier otro motivo, puede acercarse a mí de forma privada.

Todos fruncieron el ceño al oírlo, mostrando preocupación en sus miradas. A excepción de Minerva y Alastor ninguno había pensado en la posibilidad que hubiese más de un traidor. Peter incluso se estremeció con terror, pues no había suministrado a Voldemort información de interés desde el día que Los Merodeadores se inventaron la canción con que hicieron dormir a Harry y Neville.

—No estoy asegurando que exista más de un traidor. Sólo estoy diciendo que es una posibilidad que el enemigo le esté haciendo creer eso a quien nos está traicionando si lo está manipulando a través del temor —aclaró Albus al ver sus expresiones—. Ahora retírense todos a descansar y hacer lo necesario para recuperarse de los últimos ataques.

—Sí señor. —aceptaron todos serios.

Albus suspiró al verlos despedirse y retirarse con expresiones llenas de tensión y ansiedad.

—Quiero hablar contigo —se dijeron al mismo tiempo él y James serios y en voz baja, sonriendo ante la coincidencia. Sin embargo en ese momento apareció Fawkes entre ellos con una lechuza muerta entre sus garras portando un pergamino aún amarrado entre sus patas—. La han asesinado cuando estaba por atravesar las barreras del colegio —le confió Albus a James lo que le acababa de transmitir su fiel fénix mirándolo directo a los ojos—. Es de un egresado reciente del colegio que vive en Escocia. Hablaremos luego.

James asintió y lo acompañó a la sala para despedirlo, pues sabía que viajaría por la red flú al igual que estaban haciendo los demás con la finalidad de no generar inquietudes sobre las formas de acceder a la mansión Potter.

Una vez que todos se habían marchado y verificaron las barreras de seguridad, Lily y James se miraron y asintieron. Ella tomó al niño de brazos de Idun y le arregló la manta en que lo tenía envuelto antes de asentir de nuevo, desapareciendo de inmediato por medio de la esclava de James que los había abrazado. Idun los acompañó mientras Tyr se quedaba en la mansión para avisarles si algo se presentaba.

Apenas aparecieron en Greenprairie subieron a la habitación en que dormían su hijo adolescente y el pelirrojo alto. Vieron que Ron estaba sentado luchando con su propio malestar para cuidar de su mejor amigo, cambiándole el paño húmedo sobre la frente para ayudar a bajarle un poco la fiebre que tenía. Lily le indicó por señas que ella se ocuparía, entregándole el bebé a su esposo.

Frunció el ceño al ver que denegaba con una suave sonrisa y le ordenó con gesto imperioso que fuese a su cama de inmediato, sonriendo con suficiencia al ver que tragaba saliva y la obedecía. James sonrió y salió del cuarto con su pequeño de meses. Se dirigió a los otros cuartos para ver cómo se encontraban los otros chicos, luego de recostar al bebé en la cuna en el cuarto en que se quedaban allí. La mayoría estaban ya dormidos, a excepción de Ginny que estaba haciendo rondas por los cuartos y fue llevada por él a su propia habitación a que durmiese luego que se encontrasen en el pasillo del segundo piso.

Lily y James se turnaron para cuidar a Harry toda la noche, durmiendo unas horas cada uno, luego de darle órdenes a Idun y Sif de turnarse también para estar al pendiente de despertar al que estuviese descansando si se presentaba algún cambio con alguno de los otros chicos durante las rondas que hacían en la casa para verificar su estado.

El domingo en la tarde, un par de horas después de almorzar, Angela miraba a través de la ventana a los niños jugando en el pequeño jardín posterior de la casa con el perrito. Se mordió el labio inferior mientras intentaba forzar su mente a recordar, una vez más. Les había hecho creer a todos casi media hora antes que se había quedado dormida, pues ya no soportaba sus expresiones preocupadas mal disimuladas.

Enarcó las cejas cuando las risas de los niños le dispararon un recuerdo de los gemelitos, Jessica y ella jugando a las escondidas entre unos árboles, desde donde se podía ver una casa blanca grande de tres pisos con muchas ventanas de formas curiosas pero todas de suaves curvas. Empezó a respirar aceleradamente por la emoción, pues era el primer recuerdo que tenía y no era un simple destello que se escapaba de su mente como agua entre sus dedos.

—Tiene que ser algo importante para mí. —murmuró cuando en el recuerdo se detuvo a mirar unos rosales y luego se repitió toda la imagen en su mente.

Dudó si debía ir con los otros chicos para contarles y pedirles que la acompañaran al lugar, pero recordó las ojeras y el aspecto demacrado de la mayoría. Incluso Hermione, Luna, Jessica, Chris & Chris tenían aspecto enfermizo por los problemas respiratorios que todavía presentaban los doce.

—Iré solamente unos minutos para verificar que puedo llegar con sólo ese recuerdo, que no hay peligro y no molestaremos a ninguna familia que pueda vivir ahí en esta época. Luego regresaré a buscarlos para que me acompañen. —se dijo a si misma en tono bajo y convincente, con el pitido que tenía su respiración de fondo, intentando con esto acallar la voz de regaño en su cabeza que le decía no hiciese locuras.

Sonrió con picardía al pensar que era igualita a la de la castaña de pelo enmarañado, sintiendo unas ganas casi irresistibles de decirle lo que planeaba sólo para oírla regañarla de viva voz. Frunció el ceño recordando las explicaciones que la rubia y la castaña le habían dado. "¿Por qué necesito que Hermione me regañe y Luna me dé sus extraños consejos para sentirme en familia? ¿Por que no me siento así con tía Lily? ¿Por qué tío James me miró tan extraño cuando pregunté por el significado del fénix en la capa que tenía cuando me aparecí en la casa de los señores Brown?", se planteó inquieta.

Se masajeó la sien derecha para ayudarse a calmar un poco el fuerte dolor de cabeza, mientras usaba uno de sus dones como le explicó la menuda pelirroja. Ginny le había dicho que sólo podía repetirle lo que ella misma le había explicado al respecto, pues quien lo había usado siempre de esa forma era ella. Le extrañaba mucho la negativa de los chicos a hablar con su mamá cuando se los planteó, ya que según le habían dicho era Angelica quien le había enseñado aquello y otras cosas. Si no presionó con eso fue porque vio que su novio y sus amigos se estresaban mucho, especialmente Harry que estaba bastante débil por lo que le había ocurrido y haber ido a buscarla a la casa de los medimagos recién lo habían encontrado.

Miró nerviosa hacia la puerta del cuarto. No quería preocupar a su novio, sus hermanitos, los niños y sus amigos, pero tampoco decirles lo poco que había recordado y que se empeñasen en acompañarla. Ya le habían tenido que decir que estaban en medio de una guerra, por lo que había leído en El Profeta el viernes en la mañana antes que se diesen cuenta que se lo había recibido a la lechuza, y no quería ponerlos en peligro. Frunció el ceño al darse cuenta que no había vuelto a ver desde ese día la capa blanca con la imagen del fénix, los guantes y las botas que había tenido en el momento en que apareció en casa de los señores Brown.

Abrió la puerta del guardarropa buscando lo que llevaba en ese entonces y sólo consiguió el pasamontañas. Gruñó porque no le habían querido responder muchas preguntas que hizo al respecto pero sí le habían ordenado no salir de casa sin uno de ellos y con aquello puesto. La enojaba mucho que no le aclarasen cosas pero quisiesen controlar cada paso que daba, por mínimo que fuera. Comprendía que estaban preocupados por ella, pero sentía que se ahogaba.

Cerró la puerta del guardarropa dejando el pasamontañas allí y empezó a recorrer visualmente el cuarto una vez más, intentando de nuevo que algo de lo que estaba allí le despertase algún otro recuerdo. Su mirada se detuvo en la pluma y los pergaminos sobre el pequeño escritorio. Sonrió ampliamente y sus ojos grises chispearon con decisión.

Apenas terminar de escribirles la nota y ubicarla sobre la cama vacía se echó sobre sus hombros la capa negra de viaje y desapareció. No consideraba necesario cubrirse el rostro con el molesto pasamontañas, pues razonó que con la capucha de la capa era suficiente y si veía cualquier cosa sospechosa volvería de inmediato. Al dejar de sentir que pasaba por un tubo que la apretaba fuertemente se tomó la cabeza vendada con las manos, mientras su rostro mostraba un gesto inconfundible de dolor. Aún así su varita estaba en su mano derecha y sus ojos grises miraban rápidamente a su alrededor.

No vio a nadie, aunque tenía la sensación que era observada. Se movió con cuidado hacia los rosales que había visto en el recuerdo y miró los árboles cercanos. Se veían más jóvenes, algunos incluso eran sólo arbolitos más bajitos que ella, lo cual tenía sentido si pensaba en lo que le explicaron sobre un viaje involuntario en el tiempo hacia el pasado.

Caminó lentamente alrededor de la casa hasta que llegó a la puerta delantera, de un color dorado oscuro, donde se quedó mirando fijamente el Escudo Dunedain que estaba dibujado en un color plateado. No estaba segura cómo lo sabía, pero el unicornio alado, el fénix, el delfín y el león deberían haber sido blancos con reflejos dorados y rojos. Leyó atentamente el mensaje escrito en el marco con caracteres alargados y de curvas suaves:

Bienvenidos los que piensan, hablan y actúan según los dictados de su corazón y su mente

Luego subió su mirada sobre el arco en que finalizaba la puerta en la parte superior y detalló el altorrelieve de las varitas enlazadas por flores y estrellas sobre ésta. Una era idéntica a la suya y la otra a la de Jessica, estaba segura. Golpeó suavemente con los nudillos y al no oír respuesta se atrevió a abrir la puerta, pues tenía la impresión que la casa estaba desierta. Retiró la capucha de su capa hacia atrás para poder ver mejor. Al entrar vio un escrito en la pared de enfrente, en las mismos caracteres de curvas suaves, arqueando las cejas con curiosidad y acercándose a leerlo en voz baja:

La magia y la energía en la naturaleza abundan. Mas sólo si vives el amor en todas las formas que existe podrás aprender, usar y dar las energías que vibran de diversas maneras en todo aquello que por ti y todos persiste

—Por mí y por todos, una misma esencia expresándose en distintos seres, razas, culturas, creencias y vivencias —comentó en voz un poco más alta, acariciando con su mano izquierda donde decía "diversas maneras" en la lengua Dunedain—. Es una lástima que aún existan muchos muggles, magos, duendes y elfos que no comprendan algo tan básico.

—¿Quién eres? —le preguntó Luthien, con mucha curiosidad tanto en su tono de voz como en su mirada, apuntándole con su varita.

—Buenas tardes señora —la saludó Angela respetuosamente, en cuanto se recuperó lo suficiente del sobresalto para que su respiración le permitiese hablar. También quitó el escudo que había puesto instintivamente al percibir que alguien se le acercaba justo un momento antes que la señora le hablase, a pesar de estar distraída con la inscripción—. Disculpe usted que irrumpiese en su casa. He venido buscando algún recuerdo que me ayude a recuperar mi memoria —le explicó lentamente, pues no sólo comprendía su expresión de desconfianza y el análisis que le estaba haciendo sino que sus instintos le decían que podía confiar en ella—. No sé mi nombre pero mis amigos me dicen Diana. ¿Me podría decir cómo se llama usted?

—Mi nombre es Luthien. Creí que lo sabías —le planteó lentamente mientras terminaba el rápido análisis visual que le estaba haciendo. Frunció el ceño por un momento al verla encogerse de hombros, suavizando de nuevo su expresión al ver que se ponía nerviosa—. Soy Guía de la Salud y si me permites evaluarte con mi varita es muy posible que pueda ayudarte a sanar tanto del problema respiratorio que presentas como del que tienes con tu memoria y los otros trastornos de salud que te aquejan. —le planteó con tono suave.

—No quiero generarle molestias ni distraerla de sus labores. Yo sólo vine aquí porque tuve un recuerdo del jardín de su casa. —se disculpó Angela nerviosa.

—Tranquila. No me molesta de ninguna manera su presencia en mi casa. Si el venir aquí los ayuda a usted y sus amigos con sus problemas de memoria son bienvenidos. —le aseguró Luthien con una sonrisa y tono amable.

—¿Usted conoce a mis amigos? —le preguntó Angela esperanzada.

—Sólo a los jóvenes Electra y Marte —le aclaró la señora—. Pero me gustaría mucho conocerlos a todos. —añadió rápidamente al ver que se entristecía.

—¿Entonces no le molestaría que viniesen? —le preguntó la chica nerviosa—. Yo quisie… —intentó plantearle su idea, pero se mareó fuertemente y cerró sus ojos. Apenas si alcanzó a apoyarse en la pared cercana, deslizándose por ella hacia el piso.

—¡Joven! —exclamó Luthien asustada, apresurándose a ayudarla para que no se golpease contra el piso—. Shhh, tranquila, no hables —le indicó con tono suave cuando vio que se esforzaba en hablar, suponía que para intentar disculparse—.Si estás de acuerdo en que te ayude aprieta dos veces mi mano. —le indicó, pues por ley debía pedirle permiso para asistirla con sus conocimientos y por lo irregular de la respiración de la chica no consideraba prudente que hablase.

Angela de inmediato le dio su consentimiento como le indicaba, pues se estaba sintiendo bastante mal. La escuchó decir una serie de hechizos en la lengua Dunedain, pero no se atrevió a abrir sus párpados para mirarla porque se sentía aún muy mareada.

—Voy a recostarla en una camilla que he hecho aparecer y llevarla al cuarto cercano —le indicó la señora Dunedain con tono suave para que no se asustase. No le gustaba ni un poco el mal estado de salud de la chica, a pesar de los hechizos que le había aplicado para estabilizarla—. Allí tengo unas pociones que la ayudarán.

—Gracias. —musitó Angela.

Quince minutos más tarde Luthien detallaba el rostro de la chica, adormilada por las pociones que le había dado, cuando escuchó unos golpecitos en la puerta delantera de la casa. "Angelica, Jennifer y Albus entran directamente. Aragorn, Eowyn, Arwen y Faramir también y están aislados con el señor Mithrandir para su entrenamiento. Deben ser los otros chicos que han venido a buscarla, pues más nadie sabe de esta casa del mundo de los magos y los pocos de mi raza que saben de ella me avisarían con una esfera antes de venir", pensó mientras se dirigía hacia allí.

—Buenas tardes señora —la saludó nervioso Harry apenas ella abrir la puerta—. Disculpe que la moleste en su casa, pero Diana nos dejó una nota diciendo que venía y no la he visto en el jardín.

—Buenas tardes. Su amiga está aquí conmigo —le respondió con expresión seria—. Sin embargo, si quieren verla tendrán que venir todos sin esos atuendos y sin cubrir sus rostros. —añadió al ver una sonrisa aflorar en lo que lograba ver del rostro del joven por el pasamontañas. Le molestaba verlo con el atuendo que usaban para pelear, según sabía por su esposo.

—¿Qué? —le preguntó asustado el chico de ojos esmeraldas.

—Lo que ha escuchado. Quiero ver los rostros de quienes han viajado en el tiempo con mi nieta. —sentenció Luthien.

—¿Su nieta? —preguntó Harry con voz estrangulada.

—La hija de Angelica Dumbledore con el joven Sirius Black, que debido a sus problemas de memoria no sabe su nombre y se hace llamar Diana. —especificó la señora mirándolo con firmeza.

Harry se quedó paralizado por un par de minutos, con la mente en blanco, hasta que el sentir su esclava calentarse lo hizo reaccionar.

—Yo… debo ir con los otros y… plantearles su solicitud. —titubeó como responderle sin hacerla disgustar.

—Tienen unos diez minutos antes que mi nieta despierte y se empiece a inquietar porque ustedes no hayan venido y yo no la deje marcharse. —lo presionó Luthien.

Harry frunció el ceño, asintió y desapareció.

La señora cerró la puerta sonriendo victoriosa y regresó junto a la chica. Se sentó junto a la cama y tomó en sus manos nuevamente las siete fotos mágicas que Jennifer le había regalado del día de "los matrimonios" de sus gemelas, a pesar de la negativa de Angelica que estaba enojada con ella por no permitir que fuesen a esa casa sus parejas.

Detalló los ojos de Remus Lupin en la foto en que abrazaba a su hija más tranquila y suspiró. Después de la reacción del chico ya no le quedaban dudas que la joven dormida era hija de Angelica con Sirius Black, así que sospechaba que quien se hacía llamar Electra era hija de Jennifer con aquél castaño de ojos miel de esa foto. Miró nuevamente la primera foto que había convocado, analizando la mirada y gestos del hombre joven de ojos grises y pelo negro azulado con su hija rebelde.

—¿Es suficiente el amor que le tienes a mi hija Angelica para sobrellevar el carácter tan fuerte que tiene y hacerla feliz? —le preguntó a la imagen, frunciendo el ceño al verlos a los dos asentir de inmediato abrazados—. ¿Por qué permiten que su hija participe en batallas contra un mago tan irrespetuoso de las leyes naturales? —preguntó disgustada. Suspiró al ver a los dos de la foto fruncir el ceño y girarse a mirar a la chica en cama con expresiones preocupadas—. Eso no me lo puede responder una foto. —denegó.

Analizó con detalle la tercera foto, que según sabía había tomado su esposo, en que aparecían sus cuatro hijos con sus parejas y los amigos de sus hijas menores. Sabía también que los Potter fueron testigos de las ceremonias informales que hicieron un año antes, en contra de su voluntad, como "matrimonios informales". Aquello aún la disgustaba mucho. Las esmeraldas de Lily Potter la distrajeron de su tren de pensamientos.

—Son idénticas a las de ese joven que se hace llamar Marte, pero también a las de Arwen, Arathorn y Tinuviel. Además su pelo rojo oscuro y sus facciones se parecen mucho a las de la hija de mi fallecida amiga —comentó en voz alta mientras su pulso se aceleraba, comparándolas a las dos en la foto—. ¿Será posible que…? —Unos golpecitos en la puerta frontal la interrumpieron.

Guardó las fotos en el bolsillo derecho de su vestido blanco y se dirigió a abrir varita en mano. Frunció el ceño al ver a los once chicos mirándola nerviosos, sin las capas, ni los guantes, ni las botas de combate pero aún con pasamontañas.

—Por favor, señora Luthien, comprenda que habiendo viajado en el tiempo de forma irregular, lo que nos ha generado un problema con nuestras memorias, no consideramos prudente mostrar nuestros rostros para no generar problemas. —le planteó Hermione con tono respetuoso pero firme.

—Diana se presentó aquí sin pasamontañas. —le refutó la Dunedain.

—No debió hacerlo —denegó la castaña—. Pero Diana sufrió un fuerte golpe en la cabeza hace un par de días que le ha generado un problema incluso con las memorias recientes, además del que nos generó a los doce el viaje en el tiempo, por lo que es muy probable que no recuerde las advertencias que le hicimos al respecto.

—Si el que yo viese su rostro y sepa ahora que es mi nieta hubiese creado una perturbación en el espacio tiempo dos señores del Consejo Dunedain me habrían convocado para corregir la situación. —les dijo Luthien con tono firme.

Harry suspiró y se quitó el pasamontañas, siendo seguido por sus compañeros con resignación. No comprendían el motivo, pero era cierto que no se estaba generando ninguna alteración con que ella lo supiese.

—Bienvenidos a mi casa —los invitó Luthien a entrar con una sonrisa—. Síganme, los llevaré a la habitación en que he recostado a Diana para atenderla.

—¿Atenderla? —preguntó George preocupado.

—Presentó una recaída al poco de llegar, mientras conversábamos, y me ha permitido atenderla como Guía de la Salud —le respondió la señora luego de analizarlo por un par de minutos con sus ojos aguamarina—. Me gustaría que ustedes también me lo permitiesen, para ayudarlos tanto con el problema respiratorio como con los otros que presentan.

—Le agradecemos mucho que nos quiera ayudar como Guía de la salud y aceptamos. —aceptó Harry en nombre de los once, después que intercambió miradas nerviosas con sus amigos y vio que aceptaron. No percibían ninguna perturbación en el espacio tiempo.

Luthien sonrió y empezó con el chico que había hablado. Mientras le estaba aplicando un hechizo para ayudarlo con el problema respiratorio despertó Angela, explicándole Ginny lo que sucedía al ver que los miraba con curiosidad.

—Me gustaría llevarlos ante el Consejo Dunedain para que los ayudasen con el bloqueo temporal —les planteó Luthien con tono suave pero firme, en cuanto terminó de examinar a la joven rubia. Los doce se estaban tomando la poción que había investigado y preparado. Lo había hecho luego que Jennifer le hablase del problema respiratorio que presentaban Angelica y los chicos, así como del tratamiento que los jóvenes investigaron y los había estabilizado.

—Nosotros no sabemos si sería prudente… —empezó a oponerse Harry de inmediato de la forma más sutil posible, alarmado al percibir una moderada perturbación en la energía del espacio tiempo. Se detuvo al aparecer una esfera anaranjada fosforescente entre ellos, la cual dijo con una voz grave y severa:

—Luthien, Tinwelint y yo debemos hablar contigo de inmediato.

—Tranquilos chicos, no pasa nada. —se aproximó rápido la aludida a Angela al ver que empezaba a respirar de nuevo terriblemente mal por su fuerte estado de angustia.

—No debemos… alterar el… espacio tiempo. —denegó Harry asustado.

Los once chicos que comprendían el peligro de lo que sucedía se estaban transmitiendo su estado de angustia entre ellos y a la chica de pelo negro, que no entendía pero los miraba muy asustada.

—No lo haremos, no se preocupen por eso —afirmó rápidamente Luthien para calmar a los doce, preocupada por su palidez—. Quédense aquí y hagan un esfuerzo por tranquilizarse mientras yo hablo con los señores Isildur y Tinwelint —les indicó con tono firme—. Yo les explicaré lo sucedido con las precauciones necesarias. Además ellos no permitirán que cometa otro error que perturbe esa energía. —agregó con tono más suave y convincente.

Sonrió al verlos asentir nerviosos pero decididos a confiar en ella, respirando un poco mejor. Salió al encuentro con sus compañeros del Consejo Dunedain, pero colocó un hechizo silencioso en la habitación que le avisase si aprovechaban su ausencia para huir.

—Deberíamos irnos. —planteó Christopher nervioso.

—No hasta que hablemos más con ella. —denegó Jessica.

—¿Por qué no altera la energía el que ella vea nuestros rostros y sospeche nuestras identidades? —preguntó Neville.

—No lo sé. Precisamente por eso no debemos irnos hasta hablar más con abuela. —le respondió Jessica.

—¿Abuela? —preguntó alarmada Angela.

Sus once acompañantes la miraron y suspiraron. George la abrazó con cariño contra su costado mientras Jessica le daba una explicación rápida y muy resumida sobre sus familias. Neville y Ron vigilaban desde la ventana la entrevista entre Luthien y los dos señores Dunedains.

—No debí venir. —denegó Angela en cuanto su prima terminó, mordiéndose el labio inferior al oír la réplica inmediata de Hermione.

—No, no debiste.

—Mucho menos a escondidas de nosotros, estando en guerra y en tu estado de salud. —la regañó Christopher.

—Todo lo contrario. Gracias a que Angela vino nos ha atendido la señora Luthien con sus conocimientos de Guía de la Salud experimentada —los contradijo Luna con tranquilidad—. No sólo ha logrado que los doce nos recuperemos bastante de nuestro problema respiratorio y casi totalmente de los otros, sino que Angela tiene mejor aspecto.

—Además si no se está produciendo una alteración es posible que sólo estemos completando el pasado. —agregó Christine con expresión pensativa.

—¿Por qué lo dic…? —empezó a preguntarle su gemelo intrigado.

—Ya viene la señora Luthien —avisó Neville, interrumpiéndolo—. Los señores vienen con ella. —completó alarmado.

—Nos vamos. —decidió Harry incorporándose de la silla de inmediato, asustado al igual que sus compañeros al percibir que la perturbación en la energía que había disminuido hasta casi desaparecer se incrementaba de nuevo.

—¡Espera! —exclamó Ron que aún los observaba por la ventana, evitando las desapariciones de sus once compañeros—. La señora Tinwelint los ha detenido y están hablando nuevamente.

—Debe haberlo percibido. —comentó Fred.

—¡Diana! —exclamó George preocupado al sentir que se aferraba a él.

—Mareada. —musitó Angela.

—Tranquila. Vamos a recostarte de nuevo. —le dijo su novio con tono dulce, intentando ocultarle su preocupación con poco éxito.

—Tenemos que tranquilizarnos los doce —afirmó Ginny muy seria mientras se apresuraba con su prometido a ayudarlo—. A ella no le hace bien que estemos tan nerviosos y los tres señores están demostrando que no harán nada que perturbe la energía del espacio tiempo.

Los otros chicos asintieron. De inmediato usaron la técnica de la burbuja de agua para calmarse, usándola los gemelitos entre ellos, Ginny, Harry y George con Angela, Jessica con Fred, Hermione con Ron y Luna con Neville. Arwen se las había enseñado a los chicos durante los entrenamientos en los dones, así como otras técnicas de relajación.

Cuando entraron Luthien, Tinwelint e Isildur a la habitación consiguieron a los chicos sentados en sillas y a la expectativa, a excepción de Angela que estaba en la cama recostada en almohadones a la cabecera. La señora aparentaba una edad muy similar a la de la abuela de las chicas, mientras el señor parecía casi tan anciano como Mithrandir.

—Buenas tardes jóvenes. —saludaron los dos recién llegados.

—Buenas tardes señores. —les respondieron los chicos respetuosamente, incorporándose los que estaban en las sillas e inclinando levemente su cabeza Angela.

—Luthien nos ha explicado que son doce jóvenes magos con ascendencia Dunedain que saben de nosotros, llegados aquí por un viaje irregular en el tiempo y que les ha generado un bloqueo temporal. También que tienen varios problemas de salud —les expuso Tinwelint seria pero con tono suave—. Queríamos llevarlos ante el Consejo Dunedain para que los ayudásemos los doce, pero eso generaría una perturbación en la energía del espacio tiempo que no se debe producir.

—Les agradecemos su intención de ayudarnos, pero de lo poco que recordamos tenemos muy presente que no debemos generar ese tipo de problemas. —le respondió Harry respetuoso y con el tono más sereno que sus nervios le permitían.

—¿Alguno de ustedes tiene la capacidad de detectar la alteración en la energía del espacio tiempo? —preguntó la señora de ojos castaños, piel trigueña y pelo negro enmarañado.

—Diana y yo —respondió Harry, apretando levemente la mano de Hermione al oír que contenía la respiración—. Sólo que por alguna razón que no recordamos ella sí tiene entrenamiento para entender lo que percibimos mientras que yo no lo tenía. Diana había empezado a enseñarme poco antes de resultar lastimada en la última batalla contra el mago que se hace llamar Lord Voldemort en que estuvimos. Pero hasta que no se recupere del problema de salud que le ha ocasionado el golpe que recibió en la cabeza no podremos continuar con eso.

Isildur, Tinwelint y Luthien fruncieron el ceño pero asintieron.

—Siendo Tinwelint, Luthien y yo miembros del Consejo Dunedain con los conocimientos necesarios para ayudarlos, tomando en cuenta que ustedes no han viajado voluntariamente en el tiempo y que respetan la ley que prohíbe alterar el espacio tiempo, así como la imposibilidad de llevarlos ante el Consejo Dunedain en pleno sin alterar esa energía, hemos decidido que sólo nosotros tres estaremos en contacto con ustedes y que la información que intercambiemos los quince para ayudarlos a resolver su situación no trascenderá a nadie fuera de los presentes bajo ninguna circunstancia —les planteó el anciano de ojos verdes claros, pelo blanco platinado y barba corta—. Si aceptan este Pacto de Silencio y Asistencia podremos proceder a ayudarlos.

Once chicos tragaron saliva y se interrogaron entre ellos con sus miradas, mientras Angela los miraba con ansiedad. No percibían ninguna alteración en la energía del espacio tiempo, pero les preocupaba que la esposa de Albus Dumbledore fuese uno de los involucrados. La mirada de Harry se detuvo en Christine por un minuto, recordando su planteamiento antes que entrasen los tres señores. Tomó una decisión. Al ver sus esmeraldas brillar sus once acompañantes asintieron en apoyo.

—Aceptamos el Pacto de Silencio y Asistencia que nos proponen. —afirmó Harry mirando respetuosa y serenamente a los tres señores.

Los doce chicos suspiraron cuando un lazo de luz de doble hélice, una verde claro y otra marrón oscuro, los rodeaba a los quince para luego generar una malla radial que los unía antes de desaparecer.

—Puesto que el problema que los doce presentan ha sido generado por un viaje involuntario en el tiempo, lo primero que haremos será convocar un escudo temporal y observar su comportamiento —continuó el señor Isildur, procediendo al verlos asentir—. ¡Asombroso! —exclamó al observar la extraña alteración en el escudo.

Tinwelint analizó con todos sus dones el choque energético alrededor de los chicos, que se veía en el escudo como filamentos esmeraldas e iridiscentes enfrentándose. Frunció el ceño ante lo que percibía y procedió a usarlos en los doce chicos mientras Isildur y Luthien les preguntaban sobre sus problemas de salud desde que llegaron a esa época. La sorprendió el alto nivel de poder mágico y energético que tenían, especialmente los de Harry.

Percibió también que la única que realmente tenía problemas con su memoria era la chica de pelo negro azulado y ojos grises, pero que el trastorno era reciente y estaba empezando a ceder. Comprendió que los chicos habían estado fingiendo el problema de memoria para no generar alteraciones en el espacio tiempo y no le extrañó que mantuviesen su Occlumancia arriba.

Notó que el líder de los chicos estaba instintivamente bloqueándole el acceso a parte de la energía, pensamientos y sentimientos de ellos. Decidió no presionar para averiguar porque, aunque no era cierto que tuviesen problemas de memoria, el viaje temporal irregular sí los estaba afectando en su salud y energía de forma seria. No quería perjudicar ni al joven de ojos esmeraldas que protegía a los doce ni a los otros.

—¿Qué opinas, Tinwelint? —le preguntó Isildur, intrigado por su silencio.

—Luthien y usted son Guías de la Salud ampliamente experimentados, mientras que yo sólo tengo conocimientos básicos sobre esa área. En cuanto al viaje en el tiempo estoy completamente de acuerdo con sus deducciones y planteamientos, señor Isildur —le respondió la señora con respeto—. Estoy segura que están en lo correcto sobre el tratamiento con pociones equilibrantes y descargas energéticas alternados con evaluaciones minuciosas. —afirmó, pues aunque no los había estado oyendo sabía que esa habría sido la recomendación de los dos. Isildur y Luthien eran demasiado apegados a los procedimientos "formales y seguros".

»Mientras ustedes buscan lo que necesitan para atenderlos yo puedo evaluarlos en otros aspectos y preguntarles con más profundidad sobre las situaciones que han estado viviendo desde que llegaron a esta época, con la finalidad de ayudarlos de una forma más completa tanto con su salud como con su desenvolvimiento mientras pueden volver a su tiempo natural. —les planteó con tono sereno y respetuoso, su expresión tranquila y firme.

Isildur asintió en aceptación, pues aunque era mayor que las dos respetaba mucho sus opiniones. Las había visto crecer, luego había ayudado a Mithrandir a entrenarlas y actualmente compartía con ellas responsabilidades en el Consejo Dunedain. Confiaba en el criterio y prudencia de las dos para tratar con una situación tan delicada como la de los doce chicos que habían decidido ayudar.

Luthien también accedió al planteamiento, agradecida por la ayuda que le habían ofrecido y empezado a dar a sus nietas y los amigos de éstas con la poca información que les podían dar. Desapareció con el anciano hacia la Casa Principal de Salud con la finalidad de buscar las pociones que requerirían.

—Sé que están fingiendo su problema de memoria y comprendo sus motivos para hacerlo —les dijo Tinwelint a los chicos con premura, su rostro ahora suave y de expresión abierta, apenas ellos desaparecer—. Pero también sé que ese viaje temporal irregular les ha generado otros problemas muy serios. Necesito que se tranquilicen y eliminen los bloqueos que tiene por unos minutos para evaluarlos correcta y rápidamente antes que ellos regresen.

—De acuerdo. —aceptó Harry en nombre de los doce, en cuanto se recuperó de su sorpresa por el cambio de actitud de la señora, al no percibir ninguna perturbación en el espacio tiempo. Decidió que sólo mantendrían el bloqueo que impedía que Dunedains entrenados percibiesen la energía de Angelica en ellos, comunicándoles esto mentalmente a todos menos a Angela. Le pidió a George de la misma manera que lo ayudase con ella.

Hermione y Jessica hicieron con sus gargantas ruidos de desacuerdo apenas contenido, pero quitaron la Occlumancia y los escudos a su alrededor respetando la decisión del líder de su grupo.

A Angela tuvieron que ayudarla Harry y George, pues por el problema de memoria no sabía de qué hablaban ni qué hacer. Desde que recibió el golpe en la cabeza se venía desenvolviendo tanto con su varita como con Magia Antigua instintivamente y por lo que ellos le decían que hiciese.

Tinwelint frunció el ceño con preocupación ante la multitud de profundas y complejas percepciones que la inundaron al evaluar a los doce chicos simultáneamente con el don del Manejo de la Energía.

—El tratamiento que Luthien y el señor Isildur les van a aplicar los ayudará en la medida que se acelere y cierre completamente el proceso de estabilización energética, el cual fue generado intuitivamente por el joven Potter para contrarrestar el letal ataque que los trajo a esta época y la joven Black contuvo en gran medida —les dijo seria una vez que terminó—. Yo les enseñaré tanto al joven Potter cómo hacerlo como a ustedes once como ayudarlo, en cuanto el tratamiento que se les va a dar los estabilice en los otros problemas de salud que presentan. Levanten de nuevo las barreras porque ellos no tardan en regresar.

Los doce chicos la obedecieron aún aturdidos por lo que les había dicho, especialmente Harry. Sin embargo lograron recomponer expresiones de tranquilidad justo un minuto antes que retornasen los otros dos miembros del Consejo Dunedain. Se tomaron las pociones que les dieron y se comprometieron en descansar en su casa, luego de tener que explicarles que no podían quedarse porque cuidaban de una mascota muggle (Atlantis) y seis pichones de fénix.

Regresaron a Greenprairie por medio de trasladadores Dunedains y establecieron turnos para cuidar de Angela, a pesar de las protestas de la chica. No querían que se les volviese a escapar a investigar por los recuerdos que empezaban a aflorar y su innata rebeldía.

Cuando Lily y James fueron a visitarlos, al amanecer del día siguiente, se consiguieron despiertos sólo a Hermione, Chris & Chris. Esto los sorprendió hasta que la castaña les dijo que Jessica y Ginny habían investigado sobre los problemas de salud de los doce, con disfraces apropiados, estableciendo un nuevo tratamiento. A los esposos Potter les alegró mucho el conseguirlos a los doce respirando bien y con mejor aspecto.

De inmediato los gemelitos se despidieron y viajaron hacia Maidstone con un trasladador que les hizo la castaña, para evaluar la evolución de Angelica con el nuevo tratamiento.

El lunes a las once de la noche Jugson y Travers se aparecieron con cinco mortífagos novatos en el Callejón Diagon. Se desplazaron silenciosamente hacia la tienda del señor Ollivander, entraron, lo desmayaron y se lo llevaron al sótano de los Crabbe. Voldemort quería interrogar personalmente al fabricante de varitas sobre la que le había quitado al señor Saruman, además de las propiedades de las que tenían los miembros de la Orden del Fénix. Esa primera noche no logró sacarle nada, pero estaba seguro que con un par más de "sesiones de convencimiento" las noches siguientes le sacaría lo que quería saber.

El día siguiente a primera hora de la mañana salía la noticia de su desaparición en primera plana en El Profeta.

—¿Para qué puede querer ese maldito al señor Ollivander? —preguntó Christine con el ceño fruncido.

—Para interrogarlo sobre las propiedades de las varitas de sus enemigos. —respondió Christopher con tono de decir algo obvio.

—Pero él ha hecho y vendido muchas en su tienda. No pretenderá que recuerde cada una de las que ha hecho y quién se la compró. Eso es absurdo. —replicó Jessica mirando al periódico y al gemelito alternativamente.

—No lo es. El señor Ollivander tiene una estupenda memoria —la contradijo Harry, suspirando al verla enarcar las cejas—. Angela, los gemelitos y tú no lo conocen porque usan las varitas de sus padres, pero créeme que recuerda cada varita que ha hecho y vendido. Te recita las propiedades de la varita que te ha dado como saludo y forma de decirte que te conoce y te recuerda.

—¿Qué tan peligroso puede ser que sepa las propiedades de las varitas de sus adversarios? —le preguntó Ron a Christopher, pues sabía que había puesto mucho empeño en aprender con Faramir sobre cómo fabricarlas y todo lo relacionado con ellas. También lo reconocía como un gran estratega en potencia.

—Muy peligroso, porque con eso puede darse una buena idea de fortalezas y debilidades de sus enemigos. Además que reteniendo al señor Ollivander tiene a su disposición quien le haga varitas para sus servidores con rapidez, mientras los del Ministerio en cambio tendrán problemas para obtener nuevas luego que pierden en batallas las suyas. —le respondió el gemelito con seriedad los dos fuertes inconvenientes que le veía a la situación.

—Entonces tenemos que rescatarlo de sus garras a la brevedad —afirmó Harry decidido, comprendiendo la seriedad del problema—. Tú te quedas aquí con los gemelitos durante la investigación y la operación, sin dar el más mínimo problema —le ordenó a Angela con tono serio al verla abrir la boca—. Los tres nos van a servir de centro de operaciones y comunicaciones tanto entre nosotros como con papá para su búsqueda y rescate.

Angela hizo un puchero y denegó, pues quería ir con ellos y ayudar en lo que pudiese. Sin embargo la determinación en las esmeraldas de su amigo la hizo suspirar y desistir, asintiendo resignada al verlo arquear una ceja interrogante.

Apenas terminar de comer empezaron a planear la estrategia para investigar dónde retenía Voldemort al señor Ollivander. Decidieron que comenzarían con la investigación en el propio Callejón Diagon, después de recibir su tratamiento y entrenamiento con los tres señores Dunedains. A la hora de la cena les dijeron a los Potter lo que habían decidido e investigado, explicándoles Christopher los motivos de la operación "Varita Descubierta" a los papás de su amigo al menos tres veces hasta lograr convencerlos de la necesidad de rescatar al fabricante lo antes posible.

Esa noche a las diez y media de la noche Harry transmitió por su esclava la ubicación del sitio en que estaban la mayoría de los mortífagos que atacaron la tienda. Hermione y Ginny les sacaron la información sobre el secuestro, después que entre los nueve los desarmaron y encerraron en una jaula de barrotes calientes que hicieron aparecer rodeándolos con todo y mobiliario. Al que interrogaban lo sacaban y lo amarraban con cadenas a una silla. Luna, Jessica y Harry se habían quedado con ellas dos, mientras Ron, Neville, Fred y George revisaban el resto de la casa y los alrededores para evitar sorpresas.

Luego de obtener lo que querían saber los enviaron inconscientes y atados con cuerdas antiaparición a la oficina de Moody en el Ministerio de Magia, por medio de un trasladador Dunedain hecho con el pergamino de la nota que le escribió Harry al jefe de su padre y su padrino.

—No sé tú, amigo, pero en serio compadezco al rubio —comentó Ron cuando consideró que estaban a suficiente distancia de las dos, luego de ver desaparecer a los cinco hombres jóvenes que habían estado interrogando, en la inspección de la zona que estaban haciendo por grupos—. ¿Con qué las hizo enojar tanto para que le hiciesen eso? —preguntó mientras lo estremecía un escalofrío.

—Les dijo que las brujas respetables eran las que seguían las órdenes de sus padres y sus hombres que eran sus superiores naturales, que si sus madres no les habían enseñado eso era porque eran incompetentes, mentalmente deficientes o peores a trolls —le contó Harry antes de denegar, examinando con su varita sus alrededores, suspirando al oír al alto pelirrojo silbar—. Sí, ni que lo digas. Yo también enfurecí cuando lo oí y me abalancé a darle un puñetazo, pero las dos me retuvieron con una mirada tan peligrosa que decidí dejarlas actuar a ellas. Claro que no sabían que iban a… —Tragó saliva—. Pobre tipo.

—¿Crees que algún medimago pueda reversar lo que le hicieron? —preguntó Ron.

—No sé, tal vez el cambio tan radical que le hizo tu novia sí. Yo no sé mucho de medimagia y no conozco el último hechizo que le aplicó Hermione. Aunque dijo que sólo quería que averiguase con su nueva apariencia lo que se sentía ser el blanco de estúpidos conceptos por ser mujer. Pero Ginny afirmó que el hechizo de esterilidad que le aplicó era irreversible, que un misógino como él no debía tener hijos. No te sé decir nada sobre los otros que le aplicaron. —le respondió Harry.

—Cuando lo oí chillar de una forma tan aterradora… —se estremeció—. Por eso nos devolvimos Neville, Fred, George y yo de la ronda de inspección de los alrededores que estábamos haciendo —le contó Ron—. Claro que sus compañeros después de eso hablaron todo lo que queríamos saber y aún más, sin que tuviésemos casi necesidad de preguntar nada.

—La forma en que intentaban ocultar sus entrepiernas de las varitas de ellas dos fue divertida. —opinó Jessica, que se acercaba a los dos con Fred.

—Al igual que la forma en que ustedes cinco se mantuvieron tras Hermione y Ginny mirándolas con nerviosismo y ocultando esa parte de su anatomía también. —añadió Luna con expresión tranquila, aunque una chispa de diversión brillaba en su mirada plateada, llegando con Neville y George junto a ellos.

—Que hombre no lo haría después de lo que le hicieron al pobre idiota. —murmuraron los cinco chicos al unísono.

Jessica y Luna sonrieron con malicia, conteniendo con dificultad la risa al verlos estremecerse cuando la castaña y la pelirroja se acercaban a ellos.

—Todo sigue tan solitario y despejado como cuando llegamos. —informó Hermione con expresión y tono severos.

—Habían escogido un excelente escondite para traer al señor Ollivander en cuanto Voldemort terminase con los primeros interrogatorios. Está tan lejos de la casa más cercana que nadie oiría nada y, según nos dijeron en el pueblo, sólo los dueños vienen aquí eventualmente. —opinó Ginny mirando a sus compañeros.

Se giró a mirar la casa, en que habían encontrado a los cinco mortífagos novatos y luego de desarmarlos los interrogaron. Una sonrisa maliciosa iluminó su rostro e hizo estremecer a los cinco chicos, asentir con gesto de aprobación a la castaña y sonreír tanto a la rubia como a la de pelo color miel. Los nueve chicos miraron una vez más la que fue la mansión de los Rosier antes de desaparecer. Yaxley la poseía desde que la abandonaron Isla y Sigfrida Rosier, habiéndosela comprado a la viuda por medio de un intermediario ya que nunca hacía negocios directamente si podía evitarlo.

—Hay demasiados mortífagos. Lo mejor es una penetración rápida para sacarlo a él y los otros prisioneros con distracción fuerte. —opinó Ron mirando el esquema que habían hecho, después de haber estado observando y analizando durante dos días el lugar en que retenían al señor Ollivander.

—Y debemos actuar hoy mismo. Estoy seguro que Voldemort ya debe haberse dado cuenta que el bloqueo que le impide entrar a la mente del señor Ollivander no lo está generando él, o se daría cuenta con el interrogatorio que viene si no lo sacamos antes. —agregó Neville masajeándose la sien derecha, deseando que la poción que acababa de tomar para el dolor de cabeza le hiciese efecto pronto.

—Necesitamos al menos tres frentes de distracción y un grupo de rescate. No podemos hacer esto nosotros once solos —opinó Lily, levantando sus manos al ver la intención de los chicos de protestar—. Tienen razón en que no podemos avisar al Ministerio porque se desataría una batalla campal y fallecerían tanto el señor Ollivander como los otros prisioneros de esos malditos. Lo que estoy planteando es que actuemos en conjunto con parte de la Orden del Fénix.

—Si se nos unen Jennifer, Angelica, Alice, Remus, Sirius, Frank y Alastor tendremos más probabilidades de éxito —la apoyó James de inmediato—. Albus está complicado con la reunión a la que lo convocó la Ministra Bagnold y Minerva lo está cubriendo en el colegio, pero el resto de sus protegidos pueden y quieren ayudarlos. No creo que realmente desconfíen de uno de ellos.

Ocho chicos tragaron saliva y se consultaron con sus miradas, agradeciendo internamente que Angela estuviese en ese momento dormida acompañada de los gemelitos. Los doce ya estaban casi totalmente recuperados de sus pulmones, al igual que Angelica, pero la chica de pelo negro aún tenía problemas con su memoria y ellos no querían que participase en nada hasta que no la recuperase totalmente. Sabían que si hubiese oído que estaban en fuerte desventaja numérica habría decidido ayudarlos a como diese lugar.

—De acuerdo. —aceptó Harry luego de ver a su mejor amigo asentir levemente.

—En media hora en la biblioteca de mi casa. —planteó James.

—Llevaremos toda la información que tenemos aquí y la que traiga Luna. —afirmó el chico de ojos esmeraldas—. Procedamos. El tiempo corre y queremos sacarlos antes que Voldemort regrese para el interrogatorio de la madrugada. —les recordó, asintiendo de inmediato sus acompañantes.

Lily y James desaparecieron, mientras los otros se organizaban rápidamente. Harry subió al cuarto en que Angela descansaba para dormirla con el hechizo.

—Perdóname hermanita, pero quiero estar seguro que estarás aquí a salvo —le dijo con cariño luego de aplicárselo, acariciándole la cabeza con dulzura. Tan sólo unas horas antes su novia le había quitado el vendaje asegurando que ya no lo necesitaba, aunque aún debía guardar reposo absoluto—. Te prometo que voy a cuidar de George como lo harías si fueses con nosotros.

—Podríamos ayudar como…

—… equipo medimago de campo. —le plantearon los gemelitos a Harry.

—De acuerdo. Pero en cuanto reciban la orden de desaparecer de uno de nosotros o de los miembros de la Orden que nos acompañarán lo harán. —les ordenó Harry, sonriendo al verlos asentir de inmediato con expresiones serias.

Remus y Alastor gruñeron cuando vieron a los niños aparecer en el #12 Deercourage Place con sus trajes de batalla, al igual que los nueve chicos mayores a quienes acompañaban.

—Señores, el tiempo corre en nuestra contra así que les agradeceré que nos saltemos la parte en que nosotros no deberíamos estar presentándonos en batallas, que estamos mal de salud y que volvamos a esta casa —les planteó Harry con tono serio—. Isis y Saturno nos van a acompañar desde un punto perimetral, para dar asistencia en medimagia de emergencia a quien la necesite antes de ser transportado a San Mungo o donde convenga. Es seguro que aquellos a quienes vamos a buscar requerirán su ayuda y es muy probable que nosotros también la necesitaremos.

—¿Un punto perimetral? —preguntó Remus desconfiado.

—Sí. Los niños no se acercarán a la casa pase lo que pase con ninguno de nosotros. —le respondió Harry mientras Lily, Ginny y Hermione empezaban a acomodar la mesa más cercana para extender el esquema del plan de ataque.

—Además de retirarnos de inmediato si la operación es cancelada, se complica, o uno de ustedes nos lo ordena por nuestra seguridad. —completó Christine seria.

—Le habían dicho a James que no torturaban a mortífagos para sacarles información —gruñó Alastor, que estaba preocupado por aquello desde el martes y quería hablarlo con los chicos antes que empezaran a analizar el plan de rescate—. Sin embargo la rubia con voz varonil dice que es un hombre y que ustedes no sólo le hicieron un cambio de género muy difícil de revertir, sino que aseguraron que no podrá tener hijos.

—Ese desgraciado misógino se merecía mucho más que lo que le hicimos. —gruñó Ginny, furiosa aún con el mortífago novato.

—Debería agradecer que no tenemos los instintos psicópatas de la mortífaga más cercana a Voldemort o le habría ido peor. —la apoyó Hermione con un tono similar.

—Era necesario que analizase sus ideas sobre las mujeres desde un punto de vista femenino. —opinó Jessica encogiéndose de hombros.

—La incomprensión del delicado equilibrio en la naturaleza de lo femenino y lo masculino es velo grueso que impide a la luz llegar al alma de quienes instalan el odio entre géneros, cuando sólo debe existir amor, apoyo, comprensión y unidad entre hombres y mujeres. Los hijos formados en hogares con tan graves desequilibrios son problema seguro para la sociedad en que se desenvolverán. —afirmó Luna con expresión tranquila.

—En resumen, Venus y Gea le hicieron un favor a la humanidad. —aseguró Christine con expresión seria.

—Con lo que me dijo ese idiota cuando entré a la Sala de Interrogatorios puedo asegurar que se merece lo que le hicieron. —gruñó Alice.

—Pues mientras más tiempo dure con esa actitud más difícil le será a los medimagos revertir lo que le hicimos. —afirmó Ginny sonriendo con malicia.

Lily, Angelica, Jennifer y Remus los miraban a todos con curiosidad, pues no sabían qué le habían hecho exactamente los chicos al mortífago novato, pero de las expresiones de James, Sirius, Frank y Alastor deducían que no querrían estar en su lugar por ningún motivo. Por las miradas que los seis chicos le lanzaban a las cinco chicas y lo que habían dicho deducían que ellos tampoco, así como se daban una idea aproximada de lo ocurrido. Lo que sí concluyeron los miembros de la O.D.F. al unísono fue que hacer enojar a las chicas de los G.D.F. era una pésima idea.

—Desde que les sacamos la información del lugar en que retienen al señor Ollivander hemos estado haciendo un seguimiento silencioso y preciso tanto de la zona como de la rutina que siguen quienes están ahí fijos, así como de los que entran y salen. —empezó Ron ante la señal de asentimiento de su mejor amigo, tanto para cerrar el tema de lo hecho por su hermana y su prometida como porque tenían poco tiempo para actuar según había afirmado Neville.

»Los puntos negros son mortífagos de experiencia, los marrones son novatos y el rojo es Voldemort. Abajo a la derecha pueden ver un reloj cambiante que mostrará las horas y minutos en que se produjeron los movimientos que mostrarán esos puntos. Así tendremos todos una idea precisa sobre los desplazamientos en esa casa y sus alrededores durante estos dos días de observaciones.

Alastor enarcó la ceja derecha con curiosidad ante lo dicho por el alto pelirrojo, observando atentamente y en silencio el esquema durante los próximos veinte minutos. Le asombró no sólo el alto nivel de conocimientos mágicos para haber hecho aquello, sino la habilidad estratégica de los chicos al recabar y plasmar la información de esa manera. Comprendió que les hubiesen pedido ayuda, pues no sólo tendrían que enfrentar muchos mortífagos sino que el lugar estaba bien defendido y sacar de allí a los rehenes iba a ser difícil.

—¿Cómo obtuvieron la información sobre el interior de la casa? —les preguntó intrigado.

Hermione sonrió antes de adoptar su forma animaga y moverse por la habitación con la gracia felina que la caracterizaba como kneazle de color canela y cola grande.

—Los niños no participaron en la investigación —aclaró rápidamente Harry al ver que los miembros de la O.D.F. de inmediato se giraban a mirarlos interrogantes y preocupados—. Estaban en casa cuidando de Diana mientras nosotros averiguábamos lo necesario para lo que haremos hoy.

—¿Qué tienen pensado para sacar de ahí a Ollivander y los otros? —preguntó serio Alastor después de asentir.

—Tres equipos de distracción y uno de rescate. —le respondió de inmediato Ginny, que le gustaba el planteamiento de Lily.

—Los de distracción actuarían uno después de otro en las tres zonas grises. Mientras tanto el de rescate se desplaza desde la zona amarilla, en que el equipo de medimagia y traslados espera, por la ruta de ese color. —completó Hermione.

Harry y Ron denegaron, pero no sabían todavía como hacerles ver que no era buena idea sin que se molestasen con ellos. Alastor se dio cuenta de lo que ocurría y frunció el ceño.

—No, así sólo lograremos que maten a los prisioneros y a varios de nosotros —afirmó con la seguridad que su experiencia de campo le daba—. Ni yo ni sus compañeros las tratamos como el descerebrado al que le dieron la lección, así que se quitan esa estupidez de mujeres contra hombres de la cabeza y se concentran en la operación. —les gruñó a Ginny, Hermione y Alice cuando las vio listas a protestar.

»Esos dos equipos de distracción y ataque están bien ubicados —afirmó señalando los recuadros grises que estaban al frente y en la parte posterior de la casa—. Pero el tercero no puede estar ubicado al extremo opuesto de la entrada interna al sótano, o se les estará alertando de nuestra intención de rescatar a quienes retienen ahí y salir de inmediato —dijo con seguridad, suavizando su gesto hosco al ver que todos asentían y lo escuchaban atentamente—. Este equipo debe ir frente la puerta lateral del lado derecho para que parezca un ataque para arrestarlos a ellos y rescatar a los prisioneros por ese lado.

—¿Por dónde sacamos entonces al señor Ollivander y los otros? —preguntó Ginny confundida.

—Por la puerta de acceso al sótano desde afuera. Debe haber una por la que meten los elfos los sacos de vegetales y lo demás que necesiten. Siempre es así en estas mansiones antiguas ubicadas en el campo. —le respondió Alastor analizando en el plano alternativamente el sótano y el primer piso.

—Cuando inspeccioné el contorno de la casa como zorrilla percibí una corriente de aire en el piso junto a la pared en este punto. Creo que era una puerta horizontal cubierta con nieve —intervino Jessica señalando un punto del lateral izquierdo de la primera planta—. También pude ver unas ventanas a ras de piso aquí y salía olor a sangre. —señaló un punto cercano a la derecha.

—Necesitamos confirmar esa información con precisión, aunque estoy casi seguro que son la puerta y ventanas de ventilación del sótano. —planteó Alastor.

—Electra y Mercurio verificarán la información —ordenó Harry, asintiendo al verlos desaparecer de inmediato—. ¿Forma de atacar? —le preguntó al jefe de su padre.

—Simultáneamente y con hechizos verbales inicialmente. —le respondió el aludido con firmeza.

—¿Con hechizos verbales no estaremos en desventaja? —preguntó Lily.

—Es necesario llegar haciendo ruido, crear tanto caos como nos sea posible y que crean que es un ataque preparado con información errónea, para que el equipo de rescate entre en silencio sin ser notado. —explicó Ron con seguridad, pues entendía perfectamente la estrategia del experimentado auror.

—Además apenas tengamos su atención pasaremos a usar no verbales —completó Frank, que era el estratega del grupo de jóvenes padres.

—Confirmado. Son la puerta y las ventanas externas al sótano. —afirmó Fred, que acababa de aparecer con su novia.

—¿Quiénes conforman los equipos? —preguntó Neville, que estaba preocupado por el tiempo que les quedaba antes que fuese Voldemort a casa de los Crabbe para el interrogatorio de la madrugada.

—En el grupo de rescate irá Remus como líder, Urano como estratega, Angelica como ataque, Lily como defensa, Jennifer y Electra ubicación y extracción de los prisioneros. Su misión es entrar sin ser notados y sacar a los rehenes de ser posible también sin ser notados. —decidió Alastor luego de mirarlos a todos analíticamente durante un par de minutos. El recorrido visual lo inició con Harry, quien con un asentimiento y un gesto de su mano le dio a entender que él los organizase y los chicos lo obedecerían.

»En el grupo de la parte posterior irá James como líder, Alice como estratega, Mercurio como ataque y Leto como defensa. En el grupo de la parte delantera irá Marte como líder, Gea como estratega, Sirius como ataque y Júpiter como defensa. Frank será mi estratega, Venus en ataque y Neptuno en defensa. Obviamente los dieciocho tendremos que atacar y defender pero cada uno tiene un enfoque principal y debe atenerse a su misión dentro del grupo para que salgamos de allá con los prisioneros y en las mejores condiciones de salud.

»Isis y Saturno ayudarán a Electra y Jennifer a dar las primeras atenciones en medimagia y organizar las evacuaciones en cuanto ese grupo llegue con los prisioneros a su posición. Pero si mortífagos los han perseguido y su seguridad se ve en riesgo desaparecen hacia donde están viviendo de inmediato.

—Sí señor. —aceptaron los otros diecinueve a coro.

—Remus y su grupo aparecerán con los niños en el punto perimetral de atención y desapariciones —indicó el sitio a doscientos metros seleccionado previamente por los chicos—, para desde ahí acercarse a la casa cuando los otros tres hayan emitido chispas blancas anunciando que ya han llegado. Frank y su grupo aquí —señaló un lugar a cien metros por detrás de la casa—, James y su grupo aquí —apuntó un sitio a noventa metros al frente de la casa—, nosotros aquí —mostró el punto a ochenta metros del lado derecho que tenía mejor visibilidad—. Yo emitiré chispas rojas para indicar el inicio del ataque y Remus chispas amarillas cuando ya tengan a todos los prisioneros a salvo para señalar que debemos irnos.

—Si alguno se da cuenta que han descubierto al equipo de rescate emitirá chispas azules y todos nos abocaremos a cubrir su huida. —finalizó James, que siempre era quien sugería los planes alternativos de emergencia en su trabajo como auror.

—Estoy de acuerdo con el plan que han hecho, pero antes de irnos Gea y Leto les cambiarán sus vestimentas por unas idénticas a las nuestras. Además les aplicaran a sus capas un encantamiento parecido al desilusionador que da veinte minutos de ventaja y les explicarán como funciona —dijo Harry serio, sonriendo al ver que Alastor lo miraba interrogante pero correspondía a su confianza como líder con un asentimiento de aceptación—. Luego les explicaré el sistema que hemos planeado y preparado para que todos salgamos de allí con seguridad.

Justo terminaron cuando el viejo reloj de la habitación anunció la medianoche. Los veinte ajustaron sus varitas en sus manos derechas y asintieron, desapareciendo de inmediato hacia los lugares que a cada uno les correspondía.

Jessica y Jennifer ubicaron sus maletines de medimagia junto a los de Chris & Chris, mientras Ron establecía el escudo de protección en forma de esfera de tres metros alrededor de ellos. Luego aplicó a la capa hecha con pieles de unicornio, que Hagrid le había regalado a Harry, el último hechizo que la convertiría en un trasladador Dunedain especialmente preparado por Harry, Ginny, Hermione y él para sacar de allí tanto a los heridos como a ellos a tres distintos destinos según quien la tocase y uno de los gemelitos la activase: el hospital San Mungo, #12 Deercourage Place y Greenprairie.

Remus miró los preparativos con curiosidad, después de emitir las chispas blancas que anunciaban que él y su grupo habían llegado bien, estando también atento a la señal de Alastor para empezar a moverse. Al ver las chispas rojas dio la señal de avanzar, después de acariciarles las cabezas a los niños y ordenarles por última vez en un bajo susurro que permaneciesen allí, sus sentidos alerta al máximo.

Alastor, Frank, Ginny y Neville fruncieron el ceño al ver que Bellatrix y Rodolphus Lestrange, Alecto y Amycus Carrow dirigían el grupo de mortífagos que les dieron la "bienvenida". No podían verlos por las máscaras, pero reconocían fácilmente su forma de atacar y sabían que su presencia en esa casa sólo significaba que los prisioneros que estuviesen allí habían sido sometidos a terribles torturas. El experimentado auror deseó de corazón que el grupo de rescate se diese prisa en sacar de ahí a quienes habían ido a buscar para que pudiesen irse, pues una desventaja de cinco mortífagos por cada uno de ellos auguraba serias heridas y altas probabilidades de que al menos uno de su grupo terminase muerto.

James al ver a Garrick Travers, Lucius Malfoy, Herman Crabbe y Horace Goyle liderar a los casi veinte mortífagos que salieron por la parte posterior de la casa a hacerles frente gruñó con frustración. Esa era la parte de la casa más fácil de defender y el hecho que hubiesen tantos experimentados allí sólo podía significar que la situación de los otros grupos sería muy difícil, más aún de lo que era la del grupo que él dirigía."Remus, por favor, date prisa amigo", le pidió mentalmente mientras empezaba a lanzar hechizos no verbales y a desplazarse con mayor rapidez para eludir los ataques de sus enemigos.

Harry suspiró con frustración al ver que su "comité de bienvenida" era presidido por Rabastan Lestrange, Walden Macnair, Ryder Jugson y Tegan Nott. Esos cuatro dirigiendo veinticuatro mortífagos eran demasiados problemas para su grupo, además que indicaba que los otros dos grupos tampoco lo tenían fácil. "Apúrate tío Remus", le pidió mentalmente mientras empezaba de inmediato con hechizos no verbales para que Hermione, George y Sirius lo hiciesen también.

Lily desbloqueó con habilidad mediante hechizos la puerta externa de entrada al sótano sin generar ningún sonido ni movimiento de nieve que delatase su presencia o la de sus acompañantes. Remus y Ron entraron primero, siguiéndolos Lily y Jennifer, cerrando la comitiva Jessica y Angelica que cerraron con cuidado tras ellas. Llevaban sus capuchas puestas para ocultarse con facilidad. Avanzaron silenciosa y cuidadosamente con sus varitas listas para activar el hechizo de sus capas al menor movimiento sospechoso en el pasillo por el que transitaban.

Pasaron una puerta a la derecha que estaba entreabierta y daba acceso a una estancia con vinos. Luego una a la izquierda que estaba totalmente abierta y conducía al sitio en que almacenaban los elfos los granos y alimentos de larga duración. Avanzaron un par de metros más y se detuvieron súbitamente a una señal de Remus, aplicándoles a sus capas el hechizo de inmediato y conteniendo la respiración. Vieron avanzar hacia el punto en el que se encontraban a Astor Yaxley mirando preocupado hacia el techo.

—A los Lestrange se les ha pasado la mano hoy con el viejo y para completar la noche viene algún idiota a fastidiarles el entretenimiento —el mortífago denegó y miró de nuevo hacia la celda en que acababa de dejar al fabricante de varitas—. He hecho lo que he podido para que esté en condiciones de responderle al Señor Oscuro, pero no tengo la habilidad para curarlo bien. Es una lástima que no acceda a colaborar voluntariamente, me agrada. Si pudiera traería a los dos fabricantes de pociones que nos ayudan con los heridos, pero no puedo hacerlo hasta que allá arriba terminen. Le daré algo de licor para que se recupere un poco más.

Remus movió el brazo derecho para aplicarle un hechizo para desmayar, preocupado porque aunque estaban pegados a las paredes no había suficiente espacio para que pasase al lado de ellos sin notarlos. Se agachó rápidamente para evitar el cortante que lanzó rápidamente Yaxley en su dirección por instinto, al oír el ruido de la tela de la capa.

Jessica rápidamente silenció el sótano para que nadie fuera de éste oyese lo que ocurría allí, previendo la lógica reacción del mortífago.

—NECESITO REFUERZOS AQUÍ ABAJO —gritó Yaxley, esforzándose inútilmente en ver quien había sido su atacante. Ante sus ojos el pasillo estaba desierto—. No se quién está aquí ni cómo se está ocultando, pero muy pronto deseará no haber venido. —amenazó con la seguridad que le daba el saber la gran cantidad de mortífagos de alto rango que en ese momento había en la casa.

Voldemort los había reunido allí para que esa madrugada presenciasen el terrible interrogatorio que planeaba hacerle al señor Ollivander, después de atrapar al entrometido que le había estado fastidiado los últimos por medio de una rápida redada en los alrededores de la casa de los Crabbe. Además quería castigar a tres mortífagos de rangos bajos y girar instrucciones sobre el ataque que harían el día siguiente al Callejón Diagon.

Había dejado órdenes de "mantener despiertos y cómodos" a los prisioneros, mientras él se preparaba en la mansión Lestrange para romper el escudo que le impedía acceder a la mente del fabricante de varitas. Además estaba afinando el plan para descubrir quien lo mantenía y dar las instrucciones precisas para su captura en cuanto apareciese en el salón. Estaba seguro que tenía que estar cerca por el tipo de bloqueo.

Jennifer desarmó a Yaxley y Angelica lo desmayó, con hechizos simultáneos, mientras Remus se movía para distraerlo con el ruido. Lily lo ató con sogas mágicas antiaparición y lo silenció para que no les generase ningún inconveniente si recuperaba el conocimiento antes que se hubiesen ido. Ron avanzó rápidamente hacia la siguiente puerta entreabierta y enfrentó al mortífago novato que salía por ella, desarmándolo y desmayándolo con habilidad.

Vio a la adolescente que desde el piso de la mazmorra miraba aterrada en su dirección, abrazando a dos niños, sin comprender lo que acababa de ocurrir. Maldijo mentalmente a los malditos que la tenían en ese estado. Se prometió volver por ellos tan pronto se asegurase que no habían más mortífagos en el sótano y pudiesen abrir las puertas de las otras mazmorras.

Remus y sus acompañantes terminaron de verificar el pasillo, las escaleras que comunicaban el sótano con la cocina y las puertas de las otras mazmorras. Lily y Angelica se combinaron para sellar la puerta que comunicaba con la planta baja de la casa, mientras Ron y Remus lo hacían para quitar los hechizos que les impedían a los prisioneros escapar. Jessica y Jennifer iban entrando a cada mazmorra y verificando el estado de cada uno de los que habían ido a rescatar, empezando por la chica y los niños que vio Ron antes.

—Ellos tres están en condiciones de correr —salió avisándoles a sus compañeros, con la chica de trece años, el niño de nueve años y la niña de seis años tras ella—. He silenciado todo el sótano. —agregó rápidamente al ver que los otros cinco le hacían señas de guardar silencio.

—Este hombre podrá caminar solo, pero no correr. —informó Jennifer luego de asentir en su dirección, cabeceando en dirección a un hombre fornido de barba cerrada tan negra como su pelo y ojos.

—Tú acompáñalos hacia la salida que usaremos mientras ellas dos atienden a los demás —le ordenó Remus a Lily, señalándoles primero a los rescatados y luego a las dos con conocimientos en medimagia. Habían acordado no usar sus nombres, apellidos ni seudónimos (en el caso de los chicos) durante la operación, ni siquiera frente a los prisioneros que habían ido a rescatar, para evitar problemas luego—. Nosotros sacaremos a quienes no puedan desplazarse por si mismos. —finalizó señalándose a si mismo y a Ron.

Cinco minutos después sacaban por la puerta externa del sótano a la adolescente, los dos niños, el hombre fornido, otro hombre gordo y bajito, una mujer delgada y alta, una señora de pelo canoso, un joven de catorce años y otro de dieciséis años, otro hombre joven de pelo castaño que estaba muy malherido y al señor Ollivander. Por el parecido físico entre la señora, el hombre gordo y los dos jóvenes deducían que se trataba de una familia, también que la anciana era muggle por la forma en que lo miraba todo.

Remus llevaba a Ollivander, que estaba consciente pero muy malherido. Ron al hombre joven de pelo castaño. Jennifer trasladaba a la señora canosa, que temblaba mucho y no tenía fuerzas ni siquiera para mantenerse en pie. Jessica le servía de apoyo al joven de dieciséis años, que presentaba fracturas en su pierna derecha y no podía caminar sin ayuda. El hombre fornido caminaba tan rápido como podía y no aceptó que intentasen ayudarlo, a pesar de estar bastante malherido. La mujer avanzaba con sus dos hijos más jóvenes abrazados a su cuerpo tan rápido como podía en la dirección que le indicó Angelica, que junto a Lily avanzaban tras ellos listas para defender el grupo.

Ya estaban cerca del punto en que los esperaban los gemelitos cuando unos mortífagos de los que combatían con James, Alice, Luna y Fred los vieron, empezando a lanzar hechizos en su dirección.

—Maldición. —gruñó James, emitiendo de inmediato chispas azules y desapareciendo de su combate para aparecer junto a Angelica.

Junto a ellos aparecieron Harry, Sirius, Hermione, Alastor, Ginny, Neville, Frank, Luna y Alice, mientras que Fred y George aparecieron al lado de Jessica y se apresuraron a tomar a los lugares de ella y Jennifer. Las dos hicieron levitar a la anciana y al señor Ollivander para correr con ellos flotando frente a ellas, mientras Lily, Ron y Remus se detenían a ayudar a sus amigos a detener a los mortífagos. No podían trasladar a los heridos por desaparición normal sin lastimarlos de forma severa.

—Electra, modifica el hechizo trasladador sobre la capa de piel de unicornios para que todos aparezcan en la sala de nuestra casa. Yo seré el último en irme con James, Sirius y el señor Moody, así que me la llevaré. Electra y Jennifer permanezcan ocultas junto a la capa lanzando hechizos de estabilización a quien vaya llegando junto a ustedes, hasta que me vean acercarme con ellos tres. En ese momento tocan la capa para que se vayan. Isis y Saturno desaparezcan de inmediato hacia la casa y van atendiendo a quien vaya llegando.—ordenó Harry mentalmente tanto a sus compañeros de los G.D.F. como a sus protegidos de la O.D.F.

Los diecinueve asintieron, aunque los chicos estaban preocupados por su decisión y los adultos desconcertados, pero no tenían tiempo ni siquiera de pensar en protestar los primeros o de cuestionarse cómo había hecho aquello los segundos. Los mortífagos los superaban en número y los estaban atacando con fiereza, pues sabían que Lord Voldemort no tardaría en aparecer allí y si no lograban evitar la fuga los castigaría.

Diez minutos más tarde desaparecían Harry, su padre y su padrino muy malheridos con un Alastor Moody inconsciente hacia Greenprairie.

—¡Por Merlín! —exclamó la mujer al verlos.

—Tan pronto sea posible envíenlos a todos al hospital San Mungo, menos a él. —ordenó Harry señalando a los rescatados y por último al señor Ollivander.

—¿Por qué? —preguntó éste asustado.

—Porque usted será enviado a otro lugar luego que hablemos usted y yo —le respondió Harry serio—. No se preocupe. Los Guerreros del Fénix no lo hemos rescatado para lastimarlo. Usted ahora está a salvo. Precisamente, necesito estar claro en su condición actual para mantenerlo así. —le aclaró al ver su expresión.

Jessica hizo trasladadores Dunedains con pergaminos para los rescatados, luego de darles con su mamá y los gemelitos las atenciones necesarias para que sus vidas no corriesen peligro. También atendieron entre los cuatro al señor Ollivander y a los que estaban heridos de los que participaron en el rescate, transformando los dos sillones de la sala Angelica y Lily en camas individuales para recostar a Alastor y Frank que eran los que estaban en peores condiciones.

George subió a despertar a Angela. Le indicó que se pusiese su equipo de combate y mientras lo hacía le contó lo ocurrido. La tranquilizó para que no bajase a discutir con Harry por dormirla y le advirtió que hiciese lo posible por permanecer tranquila y atenta ante la situación de tener en la casa tanto a sus protegidos de la O.D.F. como al señor Ollivander. Sabía que no generaría problemas, tanto por el gran cariño que le tenía a Harry como porque ya tenía la mayoría de sus recuerdos consigo, pero aún así consideró prudente explicarle lo que se encontrarían al bajar.

—Está dormido. Tenemos que mantenerlo inmóvil por un par de horas para evitarle una recaída severa —le respondió Jennifer a Harry la pregunta muda que le había hecho con sus esmeraldas y una cabezadita en dirección a Alastor—. Él también requiere reposo, pero sugiero que primero hablemos con él porque está muy nervioso.— respondió a la cabezadita en dirección al fabricante de varitas.

—Señor Ollivander, necesitamos que nos diga qué quería Voldemort que usted le dijese y qué le respondió de lo que le preguntó —le expuso Harry con tono suave pero firme, mirándolo atentamente—. También si lo obligó a hacerle varitas y cualquier otra información que nos pueda dar.

—La primera noche me preguntó sobre una extraña varita, de treinta y tres centímetros de larga y núcleo de pelo de unicornio pero cuya madera no pude identificar —le respondió el viejo fabricante con sinceridad, esforzándose en recordar—. La segunda vez que lo vi quería que le hablase sobre las varitas de algunos miembros del cuerpo de aurores muy jóvenes, como James Potter, Sirius Black, Frank Longbottom y… no recuerdo los otros nombres. No pude decirle mucho porque me encontraba mal y mis ideas eran borrosas. Insistió con esas preguntas las siguientes veces, pero no pude decirle nada.

»Escuché que le decía a uno de los enmascarados que luego que me sacase la información me pondría a hacer algunas varitas, pero… No sé decirles mucho, todo lo que recuerdo es dolor y unos hechizos muy complicados que me enseñó que podía hacer con su varita. Madera de tejo, treinta y un centímetros, núcleo de cola de fénix, una varita poderosa con la que hacer magia maravillosa. Yo se la vendí hace muchos años a un pequeño de ojos oscuros, pelo negro y muy delgado. Es increíble lo que ha aprendido a hacer con ella.

—¿Esa es la forma en que usted ve a ese maldito asesino? —preguntó Alice furiosa mientras los demás gruñían.

—Sé que hace cosas terribles, pero su forma de manipular la magia es asombrosa. —le respondió el señor Ollivander mirándola con sus ojos azules llenos de temor.

—Vamos a darle una poción para dormir sin soñar, para que repose mientras hacemos los contactos pertinentes para trasladarlo a un sitio en que T.R. no pueda de nuevo secuestrarlo—planteó Harry serio—. De lo que vio hoy durante su rescate estoy seguro que comprenderá que no le conviene hablar con nadie sobre los Guerreros del Fénix.

—Pueden estar seguros que no lo haré. Yo no soy un luchador y no voy a crearme problemas si lo puedo evitar. —le aseguró de inmediato el señor Ollivander.

Jessica procedió a darle la poción, luego de ver asentir a Harry, sonriéndole agradecida a James y Remus cuando la ayudaron a recostarlo en el tercer mueble transformado en cama individual por Lily. En cuanto lo vio profundamente dormido el chico de ojos esmeraldas procedió a devolver las vestimentas de los miembros de la O.D.F. a su apariencia original.

—Gea, Leto y yo ubicaremos la varita del señor que buscaban mis hermanos y la destruiremos. —dijo Angelica con tono determinado, desapareciendo con las dos chicas en cuanto vio a Harry asentir luego de dudar un momento.

—Hablaré con Albus sobre el señor Ollivander. —planteó Sirius serio, desapareciendo con la menuda pelirroja luego de ver a sus acompañantes asentir y que ella le tomaba del brazo. Comprendió que iría con él para que luego pudiese regresar a la casa con ella.

—Diana, por favor organiza un desayuno para todos. —le pidió Harry con tono cansado, mirando su varita pensativo. Desde que llegaron a esa época se había esforzado en que no se conectase con la gemela cada vez que se enfrentaba a su enemigo, para evitar que éste se diese cuenta de esa forma de conexión entre ellos.

—El señor Ollivander no puede reconocer sus varitas si no las ha fabricado aún. —le planteó Remus con tono suave, creyendo que el chico estaba pensando en eso.

—No, no puede. —confirmó Harry mirándolo pensativo.

Los dos grupos permanecieron en silencio, mirándose los unos a los otros pensativos durante varios minutos. Angela estaba con ellos, pues Sif le había dicho que ella se encargaba del desayuno pero no la quería en la cocina corriendo el riesgo de quemarse o lastimarse. Tanto ella como Jessica, Fred, George, Neville y Ron miraban a Harry con preocupación por haber llevado allí a sus protegidos. Lily y James tenían la esperanza que hubiese decidido abrirse con sus amigos, pero su mirada ausente los preocupaba. Alice, Jennifer, Remus y Frank lo miraban mientras pensaban cómo plantearles el retomar el contacto directo sin generar un nuevo alejamiento.

Cuando Luna, Hermione, Angelica, Ginny y Sirius reaparecieron los consiguieron así, mirándose pensativos en silencio.

—Albus quiere que llevemos al señor Ollivander a la enfermería de Hogwarts para que Madam Pomfrey cuide de él mientras se recupera. Le está preparando una habitación especial donde alojarlo mientras decide si se queda allí o lo lleva a otro lugar. —informó el auror de ojos grises serio.

Harry asintió y le hizo un trasladador Dunedain al fabricante de varitas con un trozo de pergamino, enviándolo a la enfermería del colegio. Sabía que allí estaría seguro.

—¿Nos dirán lo que han averiguado sobre sus identidades y nos permitirán ayudarlos? —preguntó Jennifer con tono suplicante y sus ojos aguamarinas llenos de ansiedad, no soportando ya más el silencio en el lugar luego de desaparecer el señor Ollivander.

—Cuando me comuniqué con los diecinueve mentalmente para transmitirles mi decisión de venir todos aquí con los rescatados fue por tres motivos. El primero es que así sería más fácil que Isis, Saturno, Venus y Jennifer nos atendiesen a todos con la celeridad necesaria, dependiendo de nuestras heridas. El segundo es que me pareció importante que todos escuchásemos las respuestas que el señor Ollivander daría a las preguntas que le hice. El tercero fue demostrarles que confío plenamente en ustedes, al permitirles venir a nuestra casa e invitarlos a compartir una comida con nosotros. —respondió Harry lentamente luego de suspirar.

»Quiero que comprendan que la razón por la cual no les decimos nuestras identidades y nos hemos distanciado de ustedes no es que desconfiemos, sino porque los apreciamos mucho y queremos evitar que Lord Voldemort intente llegar de nuevo a nosotros por medio de uno de ustedes —continuó con tono firme y mirada triste—. El que Voldemort atrapase a los señores Caradoc para averiguar sobre nosotros y los eliminase nos preocupó y entristeció, pero el que Benjy muriese a consecuencia de su cercanía con nosotros y el hechizo Silentium Mortis modificado que se había aplicado nos ha generado un dolor muy hondo en nuestros corazones.

»Estamos haciendo un esfuerzo por seguir adelante y regresar a nuestra época lo antes posible, pero no es sencillo. Es muy posible que durante el próximo eclipse solar podamos marcharnos y espero que sea así. Por eso consideré importante decirles personalmente nuestro principal motivo para mantenernos alejados de ustedes. Por favor, no insistan en que volvamos a Deercourage o que retomemos contacto con la O.D.F. Comprendan que les tenemos mucho aprecio a todos y cada uno de ustedes, por lo que nos destruiría anímicamente el que les llegase a entregar el traidor de su grupo en manos del enemigo para llegar a nosotros.

Alastor, que había despertado cuando el chico empezó a hablar y escuchó todo, tragó saliva y por primera vez en su vida no supo como regañar a alguien más joven que él para convencerlo de aceptar su punto de vista. Miró tanto a los doce chicos como a los ocho miembros de la Orden del Fénix y sus miradas llenas de tristeza lo hicieron sentir peor.

—El desayuno está servido, señor Marte. —entró anunciando la vieja elfina.

—Gracias Sif. Eres muy amable por ayudarnos como te pidió el señor Charlus Potter antes de morir. —le dijo Harry con una suave sonrisa, dando la coartada necesaria para su presencia con ellos.

—Es un honor para mí el cumplir con su voluntad y el servirles a ustedes, jóvenes amos. —afirmó la vieja elfina, inclinando su arrugado y pequeño cuerpo antes de retirarse.

—¿Nos acompañan a desayunar en el comedor? —invitó Harry a los miembros de la O.D.F.

—Si me ayudan a incorporarme yo voy —gruñó Alastor—. Esa vieja elfina siempre ha sido una estupenda cocinera.

Harry lo ayudó en seguida con una leve sonrisa. Los veintiuno comieron en silencio, tristes y pensativos. Al terminar de comer el chico de ojos esmeraldas envió a sus nueve protegidos a Deercourage por medio de las esclavas y luego les indicó a su novia y amigos que subiesen a descansar unas horas.

Remus, al ver el dolor tan profundo en aquella mirada unas horas antes y ahora analizar lo que estaban hablando con Edgar, decidió que debía apoyar al rubio y buscar una solución legal para los doce chicos. Sentía que era su deber buscar una forma de obligarlos a mantenerse lejos de las batallas y, al mismo tiempo, ponerlos no sólo bajo protección sino asistencia en medimagia.

—Edgar, me gustaría hablar con Amelia, tus primos y sus amigos sobre la solución que proponen en el plano legal para los jóvenes que integran los Guerreros del Fénix. —le planteó serio.

—¿Qué? —preguntaron a coro los otros, desconcertados.

—Sé que como licántropo no puedo ayudarlos directamente, pero he tenido más contacto con ellos que Edgar y Jennifer es medimaga. No pueden seguir como están. —se explicó, comprendiendo la sorpresa en sus rostros. Hasta ahora siempre había colaborado con Las Protectoras en el "muro de hielo" que generaron las cuatro alrededor de los chicos para protegerlos de los otros miembros de la O.D.F.

—Tienes razón —sonrió el rubio, contento por haber logrado convencerlo como era su intención al invitarlo a aquella reunión—. A Remus lo escucharán, mientras que para nosotros será prácticamente imposible acercarnos a ellos con la actitud que ahora tienen. —se explicó al ver la expresión de curiosidad de Emmeline, Sturgis y Dedalus.

—Eso es cierto. Tal vez si en los papeles aparecen Lily y James como tutores principales con Angelica, Jennifer y Sirius como apoyo, sin nombrar a Remus por su licantropía, podría conseguirse una solución para ellos sin que el Ministerio les dé problemas. —planteó pensativa la mujer de mirada contemplativa, que normalmente era muy silenciosa.

—Annie y Andrew han decidido adoptar a los dos pequeños magos que encontraron ustedes en el ataque al orfanato, Amelia y Andre. Mientras que Leslie y Kenneth van a adoptar al mago que pronto entrará al colegio, al que se llama Daniel. Están muy impresionados con los Guerreros del Fénix y quieren ayudarlos, al igual que Amelia. Estoy seguro que conseguirán una forma legal de ponerlos fuera del alcance del Ministerio de Magia y de las batallas si logramos convencerlos de aceptar. —dijo Edgar con tono seguro, sonriendo al ver a su amigo licántropo asentir de inmediato.

Durante nueve días los doce chicos habían ido a la Casa Flotante a recibir el tratamiento que les aplicaban Isildur y Luthien, así como para aprender las bases técnicas del entrenamiento especial que quería darles Tinwelint y recibir los regaños de los tres por su participación en las batallas contra el mago oscuro que se hacía llamar Lord Voldemort.

Adicionalmente, después del rescate del señor Ollivander, habían tenido que lidiar con sutiles evasivas la preocupación de sus protegidos por ellos. A Remus lo convencieron con mucha dificultad de esperar hasta después del eclipse de sol para hablar con Edgar Bones sobre su planteamiento, pero su argumento sobre la posibilidad de volver a su época tuvo suficiente peso para que aceptase aunque su renuencia era evidente.

Mientras tanto Lily hacía lo posible para investigar y proteger el legado que la señora Maia le había dejado a su hijo, en paralelo a apoyar a Mintaka en el funcionamiento del Departamento de Misterios y hacer frente a las presiones que ejercían los integrantes más antiguos del Ministerio de Magia sobre ellos. A esto se añadía su participación como miembro de la Orden del Fénix, cuidar de su bebé, su esposo y de los doce chicos.

Por su parte James investigaba sobre sus antepasados en busca de una conexión con los Dunedains en la biblioteca de su padre, en el escaso tiempo libre que le dejaba su trabajo como auror y sus pesquisas como miembro de la Orden del Fénix sobre los movimientos de Lord Voldemort y sus seguidores. No le gustaba nada la ausencia de ataques. El incremento de desapariciones y muertes silenciosas que estaba azotando tanto la comunidad mágica como la muggle, sembrando el terror y la desconfianza a nivel general como él había visto suceder entre los Potter desde que era un niño, lo tenía muy preocupado.

El miércoles 4 de febrero de 1981 los doce chicos del E.D.H. estaban muy estresados, especialmente Harry después de lo que sintió el sábado estando en Greenprairie mientras sus padres le celebraban el cumpleaños a su mamá y sus seis meses de vida. Ninguno entendía porque estando a tanta distancia él había percibido de forma tan fuerte una alteración en el bebé, que según sabían ese día había hecho una extraordinaria demostración de magia para su edad. Además los inquietaba que de nuevo Luna, Fred y George coincidiesen en que tenían un mal presentimiento.

En horas de la mañana los chicos se despidieron de los tres señores Dunedains, pues esa noche durante el eclipse solar intentarían viajar en el tiempo. Les dijeron que regresarían a su propia época, pero en realidad habían decidido retroceder a la época de los Antiguos Dunedains en que estaban los miembros del G.A.H.

La noche antes se habían despedido del pequeño Harry, Lily y James, convenciendo con bastante dificultad a los Potter de no estar presentes. El argumento, que no pudieron rebatir los padres de Harry por falta de conocimientos y los recuerdos que tenían de lo ocurrido cuando llegaron los gemelitos, es que ninguno de ellos podía asegurar si en esta oportunidad lo lograrían o si generarían algún problema tan o más grave que el sucedido en esa oportunidad.

Los chicos tuvieron que ceder en que Sif estuviese con ellos, pues tanto la vieja elfina como Idun y Tyr les habían pedido acompañarlos. James los había presionado de inmediato, al verlos dudar, con:

—Al menos uno de los elfos tiene que estar con ustedes para que nos avise a Lily y a mí si logran irse.

—O nos pueda servir de contacto si no logran hacerlo y necesitan ayuda. —lo apoyó de inmediato su esposa.

Ante la expresión ansiosa de la pequeña criatura, que los venía acompañando desde que se aislaron, además del evidente y lógico nerviosismo de los Potter, Harry aceptó resignado que Sif los acompañase.

Dos horas antes de producirse el eclipse solar tres personas tomarían decisiones que alterarían radicalmente la continuidad de los acontecimientos y, por lo tanto, la energía del espacio tiempo, sin que los doce chicos pudiesen haberlo previsto ni controlado pero viéndose afectados directamente.