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Poción de amor — capítulo 1
Los tiempos oscuros habían quedado atrás, pero no en el olvido. Nadie podría haber olvidado todo lo ocurrido en la guerra final, hacía apenas dos años. Había habido tantas muertes… Lupin, Tonks, Fred, Moody… y tantos otros… El solo hecho de estar vivo en el presente era un regalo que no debía despreciarse.
El sábado acababa de comenzar. El sol recién hacía notar sus rayos en la mansión de Grimmauld Place. Era como si el sol presagiara que el proyecto que presentaría Harry tendría gran aceptación.
Hermione se levantó al sonar su despertador mágico. Lo apagó cuidadosamente y, con un giro de su varita, el camisón de verano que llevaba puesto se convirtió en unos cómodos jeans y una remera color coral. Nada demasiado ostentoso, sólo era para estar presentable en la reunión que Harry había convocado. No tenía idea de para qué sería la reunión, pero su amigo le había dicho que era algo sumamente importante.
Había invitado a sus amigos más cercanos a que pasaran la noche en la casa heredada de su padrino, Sirius Black, para comenzar con la reunión a la mañana temprano.
Hermione bajó las escaleras y se encaminó hacia la cocina, donde ya se encontraban Harry y Ginny, besándose apasionadamente. Al instante dio un paso atrás y se chocó con Ron, quien justo acababa de bajar las escaleras sigilosamente.
-Cuidado, Ron- susurró Hermione.
-Perdón- se disculpó el pelirrojo.
Sin hacer ruido, ambos salieron de la cocina, para que la pareja feliz no se percatara de que ellos estaban allí.
-Buen día, Hermione.- saludó el chico una vez que estuvieron fuera del alcance de las miradas de su hermana y su novio.
-Buen día- saludó tímidamente Hermione.
Ella aún no se acostumbraba a estar a solas con Ron. Hacía dos años habían intentado una relación juntos, pero ésta no había tenido demasiado éxito. Ninguno de los dos había salido lastimado; simplemente, no tenía que ser. Ron se lo había tomado con toda la naturalidad del mundo, ofreciéndose a volver a ser su mejor amigo. La chica había aceptado, pero le costaba un poco más estar a solas con él. Mientras estuvieran rodeados de amigos no había problema. La situación se ponía incómoda al estar completamente solos, como en aquel momento.
Lo que ayudó mucho a esta situación fue la gestación de una nueva pareja para Ron. Éste le había comentado a Hermione, algunos días atrás, que Luna le atraía. Hermione se sorprendió mucho el día que Ron se lo dijo, pero eso ayudó a que ella se tomara con más calma todo el asunto de que Ron debía ser su amigo, al igual que lo habían sido durante seis años. No era que le costara mantenerlo alejado, sino que le costaba mantener la relación de ese modo, sin caer en la tentación de no hablarle más, por simple timidez.
-¿Tienes alguna idea de qué trama Harry?- preguntó Ron.
-No, pensé que te había comentado algo…
-No, nada.
En ese momento bajó el resto de los invitados: Percy, George, Luna, Cho y Neville. Ya no podían seguir dejando a la pareja feliz. Todos se encaminaron a la cocina, donde ya los esperaban Harry y Ginny con algunos pergaminos esparcidos en la mesa, varias tazas de café recién hecho para todos y medialunas en el centro de la mesa.
-Buen día…- fueron saludando.
Todos se sentaron a la larga mesa de madera, esperando a que Harry anunciara lo que tenía que decir. Mientras todos tomaban su taza de café, Harry se aclaró la garganta y se puso de pie.
-Bueno, todos se deben estar preguntando por qué los cité aquí.- Varios asintieron con la cabeza.- Desde que la guerra ha terminado no he dejado de pensar en ella. No he dejado de pensar que varios de nuestros amigos y seres queridos quedaron allí. Y no sólo hablo de la guerra, sino de todo lo que fue capaz de destruir Voldemort. No es justo que todo terminara de ese modo.- Hizo una pausa. Todos los allí presentes estaban de acuerdo hasta ese momento. Toda la familia Weasley había tenido una gran pérdida: Fred Weasley. Neville prácticamente había perdido a sus padres. No habían fallecido, pero estaban internados en el hospital San Mungo, con una enfermedad mental muy grave, incapaces de regresar a la normalidad. Cho había perdido a Cedric. Luna había perdido a varios amigos… Y Harry había perdido a sus padres.- Y todo lo que logró Voldemort no lo consiguió él solo. Tuvo muchos aliados que lo siguieron y gracias a ellos él se convirtió en lo que fue.- Harry sintió una oleada de odio y dolor-. Actualmente muchos de ellos siguen vivos, y no están en Azkaban. Siguen sueltos por ahí. ¿Ustedes creen que eso es justo? ¿Es justo que muchos de nuestros seres queridos ya no estén y ellos anden vagando por ahí, como si no hubieran hecho nada?
Todos negaron con la cabeza.
-¿Y qué propones, Harry?- preguntó Percy.
-A eso quería llegar.- Desvió la mirada hacia la mesa.- Lo que quiero hacer es reunir a la vieja Orden del Fénix y sumar más gente para poder encarcelar a los mortífagos que quedan. El ministerio estaría a nuestro favor. Los que ahora nos gobiernan son de fiar, no como hace dos años. Podríamos encarcelarlos mediante juicio. Tenemos a Hermione trabajando allí, ¿verdad?
-Sí.- corroboró la chica, a quien la idea le gustaba. Estaba dispuesta a colaborar para que no ya no quedaran ni escombros del pasado y la comunidad mágica quedara libre de toda amenaza.
-Bien. ¿Qué les parece?- preguntó Harry.
-Perfecto- contestó Ron, a quien le siguieron varios comentarios de aliento hacia la nueva generación de la Orden del Fénix.
-Entonces comencemos- animó Harry.- Acá he ideado algunos planes, si algo no les gusta, háganmelo saber.- Tomó uno de los pergaminos.- Aquí tengo una pequeña lista de mortífagos sobrevivientes. No estoy seguro de que estén todos, pero les diré los que tengo: Alecto y Amycus Carrow, la familia Crabbe, la familia Goyle, los Malfoy, sin duda, Fenrir Greyback, el hombre lobo- aclaró- Rabastan y Rololphus Lestrange. No son demasiados pero creo que deberían ser investigados.- Dio una vista panorámica. Como nadie dijo nada prosiguió:- Los Carrow han escapado hacia Estados Unidos, según tengo entendido. Habría que chequear bien eso. ¿Podrías hacerlo tú, Percy?- Esa tarea se la encomendó directamente a él ya que trabajaba para el Ministerio, en el departamento de seguridad mágica, que, entre sus labores, se hallaba la tarea de vigilar las residencias y paraderos de los magos de Gran Bretaña.
-No hay problema. Yo lo haré- respondió Percy.
-También chequea el paradero de los Crabbe, los Goyle y Greyback el lobo. Los Lestrange y los Malfoy ya sabemos donde están.- Ellos eran unos de los pocos ex mortífagos que se habían quedado donde estaban- ¿Quién quiere encargarse de los Lestrange?
-Yo lo haré- dijeron Luna y Cho a la vez. Se miraron señalándose la una a la otra, como queriendo ceder el puesto.
-No se hagan problema- dijo Harry.- Ambas se encargarán.- anotó algo en su pergamino.- Y… ¿quién se encargará de los Malfoy?
Nadie dijo nada. Nadie consideraba ya a los Malfoy como peligrosos, ya que ellos juraban no pertenecer más al lado oscuro. Nadie excepto Harry.
Hermione quedó paralizada en su silla, esperando a que alguien se ofreciera, pero una gran parte de ella quería encargarse de investigar a Malfoy. No era que pensara que ellos estarían metidos en algún negocio ilegal, sino más bien todo lo contrario. Durante sus años en Hogwarts había reprimido sus sentimientos por ese chico rubio de ojos grises y mirada fría; pero algo en él la había atraído desde el principio.
Sin pensar lo que hacía, dijo:
-Yo me encargaré de ellos.- Todos la miraron, sorprendidos.
-Excelente.- dijo Harry anotando, nuevamente, algo en su pergamino.- Bueno, hasta que Percy se encargue de buscar el paradero de esos mortífagos, no hay tareas que realizar. -Miró a todos- Les agradezco que hayan venido y su colaboración.