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Poción de amor — capítulo 2
A varios kilómetros de distancia, dos jóvenes de diecinueve años tomaban un admirable desayuno. Se hallaban en el Living de la mansión de los Malfoy, sentados en cómodos sillones con una pequeña mesita ratona en medio de ambos. Detrás de ésta, una enorme ventana dejaba ver el lujoso jardín.
-Ya te lo he dicho, Goyle, no puedo disponer de dinero que no tengo…
-Oh vamos.- Replicó Goyle mientras echaba un vistazo a la habitación en la que se encontraban- Tan sólo mira tu casa. Es obvio que tu familia es adinerada. Vamos… préstame un millón de galleons, seguro que para ti solo es un vuelto.
-Ya te lo he explicado. -Dijo Draco impacientándose, con un dejo de asco en su expresión.- Mi padre quiere que trabaje. Ya me ha hecho entrar al Ministerio, empezaré la semana que viene, y no podré disponer de más dinero porque ya no es mío. Mi padre ha dicho que de ahora en más tendré que ocuparme yo solo de mis ganancias.
-Ah ¿en serio?- Goyle desconfiaba un poco de su amigo.- ¿Y en qué departamento trabajarás?
-En la Sede británica de la Confederación Internacional de Magos, en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional.- De pronto bajó la vista.
-¿Con la sangre sucia?- Goyle rió, burlándose.
-Sí.- Corroboró Malfoy. Su expresión de asco se intensificó.
-Vamos, Draco… Siempre te gustó esa… Sólo que nunca le prestaría atención a alguien como tú.
-Mentira.- Nunca le había gustado Hermione, siempre había sentido rechazo por esa sangre impura. Siempre se había dedicado a fastidiar al trío.- ¿Para qué quieres in millón de galleons?- cambió de tema.
-Porque quiero comprarme dos dragones.
-¿Desde cuándo te gustan los dragones?
-Desde que una hembra y un macho pueden tener dragoncitos y proporcionarme una gran suma de dinero.
-Ah. Es una inversión.
-Sí, quiero criar dragones. Realmente se pagan bien.
-Es ilegal.
-¿Y desde cuándo te preocupa que una inversión sea ilegal?
-Supongo que desde que conseguí trabajo en el Ministerio.
-Vamos… No me denunciarás.
-No, no creo.
-Entonces ¿me los prestarás?- preguntó una vez más, esperanzado.
-No.- respondió cortante. Ambos quedaron en silencio.
-Bueno, de todos modos no me cambies el tema. ¿Y? ¿probarás conquistar a tu chica?- le guiñó un ojo. Draco lo miró con mala cara.
-A ver si entiendes… No te daré un millón de galleons y no me gusta Hermione Granger, ¿ok?- El rostro de Goyle se iluminó, como a quien se le ocurre un plan brillante- ¿Qué?- preguntó Draco un poco asustado. Goyle nunca había tenido una idea, ni buena ni mala.
-Se me acaba de ocurrir algo… A ti no te gusta Hermione- Draco asintió mientras pensaba que su amigo se estaba poniendo demasiado pesado con ese asunto.- Y yo creo que no te gusta porque sabes que nunca se fijaría en ti…
-¿A qué quieres llegar con eso?- lo interrumpió el rubio.
-Hagamos una apuesta.- Draco lo miró como si estuviera loco y rió con sarcasmo.- Si logras enamorarla en menos de un mes, ganas la apuesta. De lo contrario… ganaré un millón de galleons.
Draco intentó pensar durante un momento, tratando de no dejarse llevar por su deseo de tomar la mesita ratona y rompérsela en la cabeza a su amigo. El plan no estaba mal. Pero no era el dinero el que lo atraía, sino el camino que tendría que recorrer para llegar a él. Sería divertido ver cómo la sangre sucia caía rendida a sus pies. Y también sería divertido cerrarle la boca a Goyle. Ya vería que él era capaz de hacer que cualquier chica se enamore de él, incluso Hermione Granger. Además, Goyle estaba apostando dinero que no tenía, así que lo vería en banca rota, y eso también sería divertido.
-¿Así dejarás de molestarme con que te preste el dinero?
-Sí, ¿tanto molesté?
-Sí. Hace un mes que vienes pidiéndomelo.- Draco lo pensó un momento. Él estaba seguro de que lograría enamorarla, después de todo, solo era una chica más. Habían caído a sus pies todas las que él había querido, y no perdería nada probando con esa sangre sucia inmunda. Al contrario, ganaría un millón de galleons, pero, en ese caso, Goyle seguiría pidiéndole el dinero. Ya se encargaría de eso más tarde.- Está bien- accedió.
-Gracias, Draco.- dijo como si él fuese un dios salvándole la vida.- Pero espera. Sólo hay una condición.
-¿Encima hay condiciones?
-No se valen las pociones de amor.- Ni siquiera había pensado en eso.
-Está bien.- Aceptó.
Draco quedó pensativo. Hermione no parecía como las demás chicas. Era diferente. Inteligente, valiente. La posibilidad de que no cayera en su trampa no estaba demasiado errónea. ¿Qué haría si ella no se fijaba en él? Goyle, sin querer, le había dado la respuesta. Usaría la poción del amor, y su amigo jamás se enteraría de ello.