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Poción de amor — capítulo 5

Aquella noche Hermione no podía dormir, pensando en Draco. Repasaba lo ocurrido una y otra vez en su mente. Daba vueltas en la cama sonriendo, pensando en los hermosos momentos pasados y venideros. ¡Era tan fácil sonreír! Al fin estaba junto al hombre al que siempre había amado. Nadie podía ser más feliz que ella en esos momentos. Era una felicidad que la invadía por completo, haciendo que no parara de sonreír, de imaginar… Todo era completamente perfecto. Ahora nada ni nadie podría arruinarlo.

Sentía que todo lo que había vivido había valido la pena para llegar hasta él. Cada paso que había dado, cada pensamiento, cada acción, en realidad no era nada por sí sola, sólo eran un medio más para llegar hasta él. Todo, absolutamente todo, había valido la pena. Cada vez que habían peleado por estupideces servía para que esta felicidad que sentía Hermione fuera más grande aún. Porque cuanto más sufres, más alivio recibes cuando dejas de sufrir. Cuanto más oscuro es el camino, más iluminado lo verás cuando alguna luz aparezca.

Luego de varias horas, se dio cuenta de que era demasiado tarde… ¡eran las tres de la mañana! Había estado dando vueltas a su imaginación durante tres horas, y estaba segura de que podría seguir bastante tiempo más, sin cansarse. Pero al día siguiente debía ir a trabajar, por lo cual decidió dormirse.

Esa misma noche, pero a una cierta distancia, Draco también pensaba en lo ocurrido, pero de una manera totalmente distinta. Hermione había sido tan tonta al creer que él, Draco Malfoy, un Slytherin de sangre pura, se fijaría en alguien como ella: una asquerosa sangre impura; y encima, creer que él dejaría todo por ella.

-Tonta…- susurró para sí mismo mientras esbozaba una sonrisa maligna.

Sin duda, la poción había resultado completamente exitosa. Hermione había caído a sus pies, tal y como lo esperaba, como muchas antes lo habían hecho.

Pero este caso era distinto a los demás, ya que esta vez debió cambiar las palabras para conquistarla. Con la mayoría de las chicas bastaba con decirles lo bonitas que eran, y otros halagos físicos; pero Hermione era diferente. No bastaba con decir sólo eso. Tuvo que pensar en algo más elaborado… Al estilo película romántica. Y funcionó a la perfección. Era tan buen actor… La tonta sangre sucia se lo había creído todo y seguramente no paraba de pensar en él. Y Draco no se equivocaba al pensar aquello.

Al día siguiente, Hermione se levantó temprano y siguió su rutina, pero esta vez, con un excelente humor. Se sentía muy feliz, como nunca lo había estado.

Llegó a la puerta del Ministerio y allí estaba él, esperándola, sonriendo tiernamente. Aún era extraño verle esa expresión de enamorado. Siempre lo había visto con ojos fríos, sin expresar ningún tipo de sentimiento bueno; pero ya se acostumbraría a ver su tierno rostro.

-Hola, Hers…

-Hola

-Ven aquí…- dijo mientras la tomaba de la mano y la llevaba caminando apresuradamente hacia la esquina.

-¿Adónde vamos?- preguntó la chica, aunque realmente no le importaba. Iría a cualquier lugar con él. Draco no respondió. Cruzaron la calle a una plaza. La guió hasta un árbol donde él se apoyó de espaldas.

-Acércate- tiró de su mano para disminuir el estrecho espacio que había entre ellos, mientras que situaba su otra mano en la cintura de la chica. Sus rostros estaban a apenas unos centímetros. Hermione se moría porque la besara de una vez. Su corazón aceleró el ritmo. ¿Sería ese el momento? La miró con sus tiernos ojos grises.

-¿Te gustaría que salgamos esta noche?

-¿Esta noche?- todo era demasiado perfecto para ser real. Seguramente debía estar soñando.- ¿Dónde?

-A un restaurante que queda en el centro de Londres… A pocas cuadras de aquí- La chica lo pensó durante un momento- Es vegetariano.

Hermione sonrió. Draco cuidaba hasta el último detalle. Era tan tierno.

-Sí, salgamos.

-Te quiero, Hers- Era la primera vez en su vida que se lo decía. Hermione sintió una extraña sensación que recorrió todo su cuerpo. Nunca lo había sentido. Era algo parecido a una corriente eléctrica, seguida de un cosquilleo en el estómago.

-Yo también te quiero…

Ambos fueron acercándose poco a poco, y, cuando sus labios casi se habían tocado, Draco dijo:

-No, aquí no. Es hora de trabajar.

Hermione ya casi se había olvidado el motivo por el cual estaban a una cuadra del Ministerio. Ambos deshicieron el abrazo y se encaminaron hacia la cabina telefónica por donde se entraba al Ministerio. Draco no la tomó de la mano. Hermione atribuyó este hecho a que tal vez el chico no quería ir demasiado rápido, y también pensó que él no había querido besarla por la misma razón.

-Entonces, nos vemos esta noche a las nueve aquí, ¿te parece?- dijo justo antes de entrar al trabajo.

-Perfecto. Aquí estaré.

Llegaron al Ministerio y tomaron el ascensor. Esta vez no estaban solos.

-Bienvenidos al Ministerio de la Magia- dijo la voz femenina.

-Buen día- saludó Hermione.

-Buen día- le respondió Arthur, el padre de Ron, quien estaba dentro del ascensor, junto a Lucius, el padre de Malfoy.

Arthur los miró sorprendido cuando los vio llegar juntos, aunque había una cierta distancia en medio de ambos. Hermione intentó actuar con indiferencia. No quería que el asunto de su nueva pareja fuera noticia en todo el Ministerio, el lugar perfecto donde los chismes fluían con toda rapidez. En realidad, si hubiera sido por ella, no hubiera importado lo que los demás dijeran. Ni siquiera le importaría que Ginny, su mejor amiga, se opusiera. Pero prefirió guardar el secreto por Draco, ya que no parecía de esos a los que les gustaba andar mostrando a su novia por ahí… Sin contar que ella provenía de una familia muggle, y que su familia sería muy difícil de aceptar por la familia Malfoy.

Pasaron el tercer piso, donde Arthur debería haber bajado. La chica se sorprendió al ver que continuaba en el ascensor.

-Quinto piso, Departamento de Cooperación Mágica Internacional- anunció la voz femenina del ascensor.

Hermione, Draco y el señor Weasley bajaron. Los tres caminaron en silencio. Draco se adelantó hasta llegar a la puerta de su oficina, donde entró apresuradamente. El señor Weasley se detuvo en seco. Hermione lo imitó.

-Hermione, ¿puedo hacerte una pregunta?

-Sí, por supuesto.

-¿Es cierto o es sólo imaginación mía?- preguntó un tanto preocupado.

-No sé de que me habla, lo siento.- Arthur se quedó callado un segundo, reconsiderando la pregunta.

-¿Estás saliendo con Malfoy?- Hermione se tensó y se sonrojó, no sabía qué contestar.

-Eh… sí.

-¡Hermione! ¿Tienes idea de con quién te estás metiendo?

-No se preocupe por mí, señor Weasley. Estaré bien.- aseguró la chica.

-¡Por las barbas de Merlín! ¡Dime que lo haces por la Orden!

-Eh… la verdad es que no…

-Hermione… - la miró apenada, como si ella padeciera de una enfermedad mortal.

-Señor, no se preocupe por mí, por favor, no exagere las cosas…

-¿Yo exagerar? Eres casi otra hija para mí…

-Gracias por preocuparse pero le aseguro que estaré bien- la chica sonrió, convencida. Arthur volvió a mirarla, apenado.

-Está bien… Pero cuídate. Nunca se sabe qué esperar de un Malfoy.

-Sí, lo haré. Gracias.

Arthur abrió la boca como para responder, pero luego la cerró y se alejó hacia el ascensor.

-Nos veremos luego- dijo.

Hermione abrió la puerta de su oficina y entró en ella, donde la esperaba otro día de trabajo.

Ese día, en el almuerzo, la chica estaba sentada en una mesa, cuando se aproximó Ron, con la bandeja de comida en sus manos.

-¿Puedo?- preguntó.

-Sí, claro, siéntate.- respondió Hermione haciéndole espacio en el lugar contrario a ella de la mesa.

Ron apoyó su bandeja, se sentó, y comenzó a servirse el sobrecito de mayonesa en el plato, donde había una milanesa y puré de papas. Estaba muy pensativo.

-Hermione…- comenzó, no muy decidido, ¿es cierto lo que me dijo mi papá?

-Oh, no… tú también… No, por favor, no digas nada…

-Sólo quiero saber si es cierto.

-Sí, es cierto.

-¡Hermione…!

-Dijiste que sólo querías saber si era cierto…

-Lo sé, pero déjame decirte una cosa… - hizo una pausa, pensando qué diría- ¡Draco Malfoy! ¿Sabes lo que significa?- la chica lo miró sin entender.- ¡DRACO MALFOY! ¡EL ENEMIGO DE HARRY NÚMERO UNO! Bueno… número dos, el uno era Voldemort… ¡No importa!

-¿Me harías el favor de bajar la voz? Gracias…

-No puedo creerlo… ¿Qué te dijo para conquistarte?- Hermione rió.

-No voy a decírtelo…

-Oh, vamos… Necesito saber qué decirle a Luna…- la chica rió de nuevo.

-Ah… ¿con que eso era lo que querías saber…? Mi bienestar no te importaba en absoluto…- dijo bromeando.

-Bueno, sí. Tu bienestar también importa… pero sé que no podré hacerte cambiar de opinión… No lo he logrado en ocho años ¿lo voy a lograr ahora? No- se respondió a sí mismo.

-Bueno, de todos modos no voy a decirte lo que me dijo…

-Bueno… no importa… Cambiando de tema… Ya nos repartimos los mortífagos a todos los miembros de la Orden. Tú sigue ocupándote de Malfoy que el resto ya está en nuestras manos.


Hola a todos!! Disculpen que ayer no pude actualizar... llegué a casa muy cansada, sin ganas de pasar lo escrito a la compu!

Muchas gracias por los comentarios a Dianisia, Caro, aurorita Malfoy y LadyVulturi!!