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Poción de amor — capítulo 7
Algo extraño había ocurrido la noche anterior. Algo demasiado extraño. Draco había sentido algo inexplicable, ¿qué estaba ocurriendo? Nunca había besado a ninguna chica con tal pasión como lo había hecho con Hermione, la sangre impura. Sea lo que fuere que había sentido seguramente era algo malo. Todo lo referido a sentimientos era algo malo. La chica despertaba en él sentimientos nunca antes experimentados, al menos no tan intensamente.
¿Pero qué estaba pensando? No podía pensar en la sangre sucia de ese modo. No podía permitirse rebajarse de ese modo. Jamás podría sentir algo parecido al amor, y menos si se trataba de una sangre sucia que nada tenía que ver con él. No, claro que no. Debía continuar con sus planes de vida: conocer a alguna chica de sangre pura que lo acompañara por el resto de su vida, y esa chica no sería Hermione Granger. Definitivamente no.
-Buenos días, Hermione, ha llegado una lechuza para ti- fue lo primero que escuchó aquel día en cuanto entró en su oficina.
-Buen día, Percy. Gracias- tomó la carta que éste le ofrecía, de muy buen humor, con una amplia sonrisa.
Se encaminó a su oficina personal, dejó su bolso en el perchero, se sentó detrás de su escritorio y se dispuso a leer su carta. Era de la señora Gordon, confirmando la reunión de ese día. Hermione ya se había olvidado de que había enviado una carta a la señora Gordon con el día en que se reunirían, la hora y el presupuesto. Nada podía sacar a Draco de su mente.
3 de agosto de 1998, Londres, Inglaterra
Estimada señorita Granger:
Le escribo con el objeto de agradecer la aceptación del caso a tratar y para confirmar la fecha y el horario de nuestra cita del día de la fecha. Hoy mismo a las 10 a.m. estaré en su oficina.
Saluda atentamente
Sarah Gordon
Eran las nueve y media, Hermione sólo tenía media hora para comenzar a concentrarse, y no dejar que su mente vagara junto a Draco. Pero sabía que eso era imposible, por lo que desistió en su vano intento de poner su mente en el trabajo. Sus pensamientos viajaron a la noche anterior, a aquel mágico beso. Había sido perfecto. Nadie le había hecho sentir ese mágico sentimiento parecido a una corriente eléctrica que inundaba su cuerpo cuando Draco se hallaba lo suficientemente cerca. Ni Víctor, ni Ron lo habían logrado, y eso que ella creía haberse enamorado de Ron. Pero no, lo que sentía ahora era mucho más fuerte que lo que había sentido por su mejor amigo.
Se levantó de su silla y tomó una tetera situada en una mesita, la volcó sobre una taza, volvió a su silla, comenzó a tomar de a sorbos y continuó pensando en su amado rubio.
Estaba absorta en sus pensamientos cuando oyó que alguien golpeaba la puerta de su oficina. Pegó un sobresalto, se paró inmediatamente y de forma rápida tomó su varita y colocó otra taza de te en el lado opuesto a su silla en el escritorio. Abrió la puerta.
Una señora regordeta de unos setenta y tantos años estaba parada allí. Tenía un aspecto muy elegante, se notaba que provenía de familia adinerada. Usaba algunos collares, aros y anteojos.
-Buen día, señora Gordon.
-Buen día, señorita Granger- saludó amablemente.
-Pase usted- dijo Hermione abriéndole el paso a la anciana y haciendo un ademán con la mano.
La señora pasó y se sentó en la silla del visitante. Hermione se sentó en su silla, tomando su taza de té.
-¿Qué la trae por aquí? ¿En qué puedo ayudarla?
-Bueno, verá… El asunto es que yo tenía joyas guardadas en casa. Mi primo Marcus comenzó a actuar muy extraño. Siempre nos hemos llevado de maravilla, pero este último mes no se qué ha pasado. Comenzó a preguntarme sobre estas joyas y yo le respondía porque confiaba ciegamente en él, pero un día, las joyas desaparecieron.
-¿Y qué la hace pensar que fue su primo el que las robó? ¿Tiene pruebas que lo demuestren?
-Verá… Hay testigos que lo vieron ingresar a mi casa. La policía muggle no entiende cómo pudo haber entrado sin llave. El caso ha salido en los noticieros, pero hay vecinos que lo vieron dentro, en el jardín, el día en que las joyas desaparecieron.
-¿Y esos testigos son muggles?
-Sí. ¿Hay algún problema con ello?
-No. Un hechizo desmemorizardor lo solucionará todo una vez que declaren. Ahora dígame sus nombres.- dijo mientras tomaba un anotador que había en uno de los cajones de su escritorio.
-Oh, sí. Son: Jason Bach y Angelina Dickens.- Hermione tomó nota de los nombres-
-¿Tiene sus números telefónicos?
-Sí.- La señora Gordon le acercó un papel donde tenía los números y Hermione los copió en su anotador.
-Excelente. Cuénteme más sobre su primo.
-Bueno… es de mi misma edad. Nos conocemos de toda la vida y aún no entiendo cómo pudo hacerme esto…- la señora Gordon se quedó callada.
-Hábleme más sobre su cambio de personalidad.
-Bueno… un día vino a mi casa a tomar el té, como solíamos hacer cada semana… Y estaba muy cambiado. No era el Marcus que yo conocía…
-Es decir que su cambio fue brusco…
-Sí
-¿Y cómo se comportaba?
-De forma fría, calculadora… Me preguntó sobre mis joyas…
-¿Sobre sus joyas en general?
-No. Me preguntó sobre una en particular. Exactamente la que desapareció: el escudo original de Hogwarts.
Hermione la miró de repente interesada, aunque un tanto confundida.
-¿Qué escudo?
-Soy descendiente de Rowena Ravenclaw. Los cuatro fundadores del colegio, cuando diseñaron el escudo de Hogwarts, se guardaron el original e hicieron una copia, el actual que está en el Colegio. El original llegó hasta mí, como una joya que fue pasando de generación en generación.
-¿Y para qué querría alguien ese escudo?
-Vale mucho dinero. Es una reliquia…
-Pero si alguien lo vende supongo que se enteraría toda la comunidad mágica.
-La verdad es que no lo sé. Sólo quiero recuperar el escudo.
-Bueno, señora Gordon, haré todo lo posible por que ese objeto vuelva a donde pertenece. Hoy mismo llamaré a los testigos. ¿Ya tiene la fecha del juicio?
-Sí. Será el 25 de septiembre.
-Bueno. Hoy mismo comenzaré. La llamaré en cuanto haya alguna novedad.
-De acuerdo, señorita Granger. Gracias por aceptar el caso.- dijo tendiéndole la mano para estrechársela mientras Hermione hacía lo mismo.
-Un gusto, señora Gordon. Nos veremos luego.
La chica se levantó y se dirigió a la puerta. La abrió y dejó pasar a la señora Gordon, la cual, dirigida por Percy, salió de su oficina.
Hermione volvió a su silla y se puso a pensar en el caso que debía resolver. Nunca la había intrigado tanto un caso como este. Pero este caso tenía algo que llamaba la atención de la chica, pero aún no sabía qué era exactamente.