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Historia 48084 — capítulo 6

Leonard había ido a su laboratorio después de pasar un rato en la tienda de comics, pero se sintió algo incomodo por que fue justo ahí donde toda esta locura había comenzado, así que la abandonó sin llevarse ningún comic.

Había estado un tiempo tranquilo, adelantando parte del trabajo que tendría que hacer al día siguiente, hasta que fue interrumpido por un extraño ruido que lo hizo salir, guiado por ese fuerte estruendo que estaba a nada de destrozarle los tímpanos hasta que llegó hasta la oficina del rector y se llevó la sorpresa de encontrarlo tendido en el suelo retorciéndose con los ojos abiertos, recibiendo las descargas que le lanzaba el sensor, intentó sacarlo pero recibió una descarga menor, por ello se cubrió las manos con unas bolsas de plástico y lo llevó al pasillo mientras aquel sonido se perdió en el olvido.

Leonard se agachó al lado del rector y lo revisó para ver que estuviera bien, sabía de antemano que una descarga así no lo mataría, pero el tiempo que había estado ahí podía ser fatal.

—¿Se encuentra bien?—le preguntó.

El rector parecía querer decir algo, pero su boca estaba sellada por completo.

Leonard miró al interior de la oficina y sus ojos encontraron que la puerta de la caja fuerte se hallaba abierta; se levantó y caminó por los pasillos, atento a su alrededor hasta que dio un salto del susto que sintió al ver a Sheldon vestido como superhéroe.

—¡Detente hijo del mal, que tus días para el bando de la oscuridad están por llegar a su amanecer!—exclamó Sheldon.

—Todo el camino ¿y sólo se te ocurrió eso?—le preguntó Penny un tanto decepcionada.

—Soy científico, no escritor—le recordó.

Raj y Howard llegaron y al ver todos a Leonard se quedaron congelados.

—¡No puede ser!—exclamó Howard.

—Al sentirse desplazado por Sheldon, Leonard se unió al lado del mal para buscar venganza—comentó Raj en tono dramático.

—No puedo creerlo, mi némesis es mi mejor amigo, ahora sí parece una historia dramática digna de cualquier novela gráfica—dijo Sheldon.

—Claro que no, vine al laboratorio después de un rato y escuché la alarma, al parecer le han robado al rector—explicó Leonard—. Penny llama a la pol…

—Penny, no lo hagas, para eso estoy aquí, porque soy ¡el Capitán Sacudón!

—¿El Capitán Sacudón?—repitió Leonard.

—Fue lo mejor que se nos ocurrió con tan poco tiempo—indicó Penny.

—¿Bueno, que es lo que haremos entonces?—preguntó Raj.

—Ya que el Capitán Sacudidor…

—¡Capitán Sacudón!—gritó Sheldon, enojado.

—Bueno, ya que Sheldon es el héroe, que él nos diga—sugirió.

—Necesitaré ayuda de mi equipo, así que hay que separarnos y buscarlo—propuso.

—¿Y si está armado?—preguntó Raj.

—No te preocupes, tengo suficientes artilugios que servirán para ayudarnos—aseguró Howard.

—Vayan con cuidado—dijo Penny.

Howard, Raj y Sheldon se fueron corriendo, pero Leonard se quedó con Penny y le dijo:

—Ignora lo que dijo y llama a la policía.

—De acuerdo—aceptó ella.

Después de eso se fue detrás de sus amigos, a los cuales encontró antes de que salieran del edificio, miraron hacia todas direcciones sin hallar nada, hasta que un ruido interrumpió su búsqueda, era el rugido de un motor, unas largas luces blancas los cegaron por unos momentos, un auto se iba acercando hacia ellos. A excepción de Sheldon, los demás subieron a la banqueta, pero él se quedó de pie con el brazo extendido con la intención de detenerlo, pero el auto aumentó su velocidad.

—¡Alto en nombre de la justicia!—gritó Sheldon.

Al ver que nada conseguiría se quitó del camino.

—Creo que excedió el límite permitido—dijo Sheldon.

—Dudo que en ese cinturón tengas un batimóvil—comentó Raj.

El sonido de otro motor se escuchó y los cuatro se tiraron al suelo.

—¡Son dos ladrones!—gimoteó Howard.

Pero en realidad se trataba de Penny, que había ido por su auto, todos lo abordaron y ella hundió su pie en el acelerador.

—Penny, como héroe que soy, te prohíbo que sobre pases el límite de velocidad permitido que en este caso es de 40 kilómetros por hora—le exigió Sheldon.

—Eso díselo al criminal que se está escapando—le contestó.

El auto del ladrón (que en realidad era del rector) era un fino vehículo que sobresalía de los demás que se movían en aquella calle, Sheldon tomó de su cinturón un pequeño tubo de metal que parecía tener un botón.

—Por esta vez, te dejaré subir la velocidad—le dijo Sheldon.

—Bueno—masculló ella y su pie apretó más al acelerador.

Todos emitieron un ruido del miedo que sintieron. Sheldon logró sacar su brazo del auto y pulsó el botón de aquel tubo del cual sólo salió un gas pimienta.

—Esto no pone celoso a Batman—gritó Sheldon.

—Claro que sí—refutó Howard—, él no tiene un gas pimienta.

Sheldon supo que eso no le serviría hasta que encontró una par de canicas en otro de los compartimientos las cuales arrojó a la calle, sin tener ningún resultado, entonces todos clavaron sus miradas en el pobre de Howard que lo único que hizo fue encogerse de hombros muy apenado. Penny siguió acelerando hasta que lograron tomar una velocidad idéntica a la del ladrón, los muchachos quedaron pegados a sus asientos, Sheldon volvió a buscar en su cinturón de artilugios inservibles algo que en verdad funcionara, sus dedos sintieron algo redondo, creyó que se trataban de otras canicas aunque resultar ser unas esferas un poco más grandes y de colores, sacó la mano por la ventanilla y las arrogó, aunque su puntería no era buena logró darle al cristal del auto que se vio cubierto por una enorme mancha de pintura que obstruyó por una mancha de pintura que hizo que el auto se saliera de control y terminara estrellándose contra una pared.

Todos celebraron aquella victoria de manera diferente: Leonard dio un golpe al aire, Howard y Raj hicieron un raro saludo, Penny gritó de la emoción y Sheldon simplemente dijo algo en un raro idioma que había sacado de Star Trek.

Penny entonces bajó la velocidad del auto hasta que lo estacionó al lado del ladrón; la puerta del elegante auto se abrió y que había cubierto su rostro con un pasamontañas negro y llevaba ropa completamente oscura cayó al suelo y Sheldon corrió a detenerlo.

—Atrás, o te lleno el rostro con este condimento—le amenazó con el gas pimienta en mano.

El sujeto sólo levantó la mirada para contemplar a aquel muchacho que según él estaba haciendo el ridículo hasta que cayó abatido por el dolor que sufrió por el choque.

—Y así es como logré detener al malvado ladrón de la escuela—presumió Sheldon.

Sus amigos no tardaron en llegar, fue Leonard el que se agachó para quitarle el pasamontañas y al descubrir su identidad se quedaron anonadados por saber que se trataba de Sam, su rostro estaba morado por los moretones que recibió.

—¿Quién es?—preguntó Penny.

—Es Sam Balton, uno de los científicos de la escuela—explicó Leonard.

—¿Cómo es posible?—exclamóHoward—. ¡Tienes una novia súper y además eres ladrón!

Tres patrullas aparecieron en seguida rodeándolos, los policías bajaron y apuntaron sus armas hacia ellos, razón que hizo que todos reaccionaran asustados y que alzaran las manos, excepto Sheldon que se interpuso en medio de sus amigos y los policías alzando su mano.

—¡Descuiden ciudadanos, yo el Capitán Sacudón he salvado el día!

Los policías no pudieron evitar soltar sus carcajadas al verlo y Sheldon se molestó, de entre los oficiales salió un detective que llevaba un altavoz en sus manos, el cual alzó hasta la altura de sus labios;

—Tú, el loco del disfraz, levanta las manos—le ordenó.

Pero Sheldon hizo caso omiso y sólo se molestó por el insulto. Otro auto llegó después, del cual bajó el profesor Taumbalt (el jefe de investigaciones de la escuela) junto con el rector quien al parecer ya estaba algo mejor. Los dos se acercaron a la escena.

—¿Doctor Cooper? —preguntó el profesor Taumbalt muy sorprendido.

—Descubrió mi identidad—suspiró Sheldon algo asustado.

—¿Cómo intentas ocultar esa complexión inolvidable?—dijo el profesor Taumbalt.

Sheldon se echó un vistazo para ver si aquel colega tenía algo de razón, Raj y Howard no pudieron evitar dejar escapar una risa.

—Oigan, este muchacho es un valiente vigilante—defendió Leonard—, él detuvo al ladrón de la escuela y ha sido una de las personas más valientes que he visto en los últimos años.

—Y eso sin contar al tipo que se comió tres cajas de tachuelas en la tele—agregó Sheldon.

—¿Y dónde está el ladrón?—inquirió el profesor.

—Aquí—respondió Penny, que lo iba arrastrando por la calle.

Un par de policías corrieron a levantarlo para que todos lo vieran, lo esposaron y lo llevaron casi a rastras hacia la patrulla, el profesor Taumbalt tampoco pudo dar crédito a la gran sorpresa que se llevó al saber que el ladrón era Sam, uno de los mejores científicos de la escuela. Sheldon se arrancó el antifaz como si ahora ya sintiera vergüenza de su idea. Todos se acercaron hacia Sam, quien no dejaba de quejarse por los dolores que sentía.

—¿Cómo es que alguien como tú pudo convertirse en ladrón?—le preguntó Leonard.

Sam trató de calmarse para responder:

—Hace un par de semanas fui con el rector para ver si me podía dar un aumento, pero se negó.

—Tenemos recorte—logró decir el rector, quien ya podía mover los labios un poco.

—Sí eso mismo dijo—continuó Sam y después de un quejido prosiguió—: Pero yo debía conseguir dinero, así que no me dejó más opción que robar.

—¿Y podemos conocer el problema económico que te hizo caer a tan baja acción? —preguntó Sheldon.

Sam estiró su adolorido cuello.

—Mi novia, Susy—contestó.

—¿Robaste por una chica?—preguntó Raj sumamente sorprendido.

—Sí, ella salía conmigo sólo por dinero—respondió.

La policía lo lanzó al fondo de la patrulla y se lo llevaron. Howard colocó en su rostro una maliciosa sonrisa, acarició sus manos como si éstas fueran de terciopelo y se fue alejando de ellos a grandes pasos.

—¿A dónde vas Howard?—le preguntó Penny.

—Veré si el banco aún está abierto.

Y así fue que desapareció delante de sus amigos.

—Bueno Sheldon, creo que me equivoqué—reconoció Sheldon—, eres el héroe que esta ciudad necesita.

—Ya lo pensé mejor mi querido Leonard y tras los chistes y comentarios que ha provocado mi idea, llegué a la conclusión de que esto es algo loco e innecesario—respondió Sheldon—. Así que ahora que ya vi el desenlace de esto, decidiré volver a mi vida de civil.

La escena del crimen se vio plagada de reporteros a quien Penny se encargó de informarles todo acerca de la historia del Capitán Sacudón, así que Sheldon se vio rodeado de miembros de la prensa que lo cegaron con los flashes de sus cámaras y no pudo oír nada más que las preguntas que le lanzaban; se sintió algo confundido, no estaba muy acostumbrado a tanta atención. A gritos pedía ayuda de sus amigos.

—Miren ahora quien necesita de un héroe—comentó Penny.

—¿Quién quiere ir a cenar?—preguntó Leonard.

Así que con Penny a un lado y Raj al otro—burlándose del pobre de Sheldon— partieron de regreso al auto.