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Historia 48084 — capítulo 5

Leonard otra vez se puso a jugar Halo para entretenerse mientras tanto Sheldon daba vueltas por toda la cocina que no lo dejaban concentrarse en su juego y por eso lo mataron.

—¡Ahh! —gruñó furioso.

—Vez, eso te ocurre por no tener un plan de respaldo—le dijo Sheldon.

Leonard decidió apagar el juego.

—¿Qué te sucede?—le preguntó Leonard.

—Penny dijo que vendría con mi traje a las seis y ya son las seis tres, mi ronda de vigilancia empezará a las siete.

—Tranquilízate—le recomendó.

—¿Tranquilizarme?—preguntó Sheldon muy exasperado—. Claro que no, además Hollowitz no aparece y el crimen está allá afuera, esperando.

Sheldon clavó su mirada en la ventana de la cocina que daba hacia el sucio callejón, observaba todo con sus ojos entrecerrados, Leonard también echó un vistazo sin saber exactamente que estaba viendo.

—Oye, lo criminales no tienen un plan, sólo actúan.

—Eso es falso mi querido amigo, ellos ya saben que harán, por eso los policías no los atrapan, ya que los subestiman demasiado, yo debo pensar como un criminal—explicó Sheldon.

—¿Y cómo haces eso?—quiso saber Leonard.

Sheldon sacó de su pantalón una pistola de juguete que puso sobre el pecho de su amigo.

—¡Dame todo tu dinero desgraciado!—gritó—. Eso es lo que diría un criminal, ahora si me disculpas, iré por mis tarjetas de presentación.

Sheldon se dirigió a su habitación mientras Leonard se quedaba en la sala pensando que todo eso no era más que una locura y que por algún motivo resultaría mal, Penny, Raj y Howard entraron entonces, cargando unas bolsas de papel que pusieron sobre el sillón.

—¿Y Sheldon?

Antes de que Leonard pudiera abrir la boca, Sheldon apareció dando grandes zancadas y sin prestarles la más mínima atención a sus amigos recogió las bolsas.

—Muy bien, mientras ustedes se demoraban, yo me ganaba el odio de la gente—comentó algo enojado.

—¿Cómo te puedes ganar el odio de la gente si no te conoce?—preguntó Raj.

—Por que cuando lo hagan, dirán, donde estuvo ese loco cuando me asaltaron a las siete con diez minutos—contestó.

—Bueno, ahí tienes tu traje—le indicó Penny señalando una de las bolsas que había tomado.

Sheldon se fue a su habitación y los demás se quedaron en la sala mirando la televisión, Penny, Raj y Howard parecían muy entusiasmados por la aventura que tendrían en esa noche mientras Leonard sólo trataba de no hacerles caso.

—¿Saben la locura que están a punto de cometer?—les preguntó Leonard.

Todos se quedaron observándolos, no les agradaba su apatía.

—Mi querido Leonard, hemos podido notar tu indiferencia en estos días y ya sabemos a que se debe—dijo Howard.

—¿A que soy el único que lo tonto que es esto?

—No, a que estás celoso—respondió Howard poniéndose de pie y señalándolo con el dedo como si lo estuviera juzgando.

—¡Claro que no!—se defendió Leonard.

—Sí, siempre has dicho que tu gran sueño era ser un héroe y defender lo justo y lo correcto—le recordó Howard.

—Oh Leonard, si te sentías así, nos hubieras dicho—dijo Penny, que se acercó a él para darle un reconfortante abrazo—, tal vez Sheldon te hubiera dejado ser su ayudante, todos necesitan uno, como Robín.

Leonard se enojó tanto por el comentario que simplemente se fue del departamento.

Poco después Sheldon apareció vistiendo un traje color negro con unos toques dorados que tenían una "S" enorme grabada en el pecho, una capa que se elevaba unos centímetros del suelo, llevaba un cinturón que tenía diversos compartimentos y unos guantes negros con unas uñas de metal que le serviría para atacar a sus enemigos y su identidad era resguardada por un antifaz morado.

—Lamento lo del antifaz, fue el único que completé con dos dólares—se disculpó Penny.

—Descuida, el traje no hace al héroe—dijo Sheldon.

—¿Entonces, porqué no andan con ropa normal?—preguntó Raj.

—Porque entonces sólo serían personas normales que combaten el crimen—recalcó Sheldon, algo enojado.

—Como los policías—terció Penny.

—No, ellos usan uniformes—respondió Raj.

—¡Ya vámonos!—gritó Sheldon.

—Muy bien Sheldoneitor, salgamos a patear traseros criminales.

—¿Cómo me llamaste?—preguntó Sheldon como si no hubiera alcanzado a oír la voz de su amigo.

—Sólo te dije Sheldoneitor, así será tu nombre—respondió, un poco nervioso por la mirada que Sheldon había puesto.

—Por favor Hollowitz, eres un ingeniero químico y lo único que se te ocurre fue eso.

—¿Qué te pareces Doctor Cerebrón?—comentó Penny.

—No, ya hay muchos doctores—respondió.

Se quedaron un tiempo pensando, desechando muchas ideas.

—¡Lo tengo!—dijo Raj y todos lo rodearon.

—¿Cuál? —preguntó Sheldon tan desesperado que lo tomó de los hombros y lo zarandeó.

Cuando lo soltó, Raj sólo dijo:

—Ya lo olvidé.

Siguieron en la búsqueda del nombre perfecto para Sheldon cuando entonces Penny chasqueó los dedos y dijo:

—El Sacudón.

Sheldon se puso a analizarlo, movía la boca como si lo estuviera saboreando.

—Aunque no es bueno, tiene una excelente originalidad—dijo Sheldon al fin.

El festejo de los cuatro fue momentáneo, porque luego bajaron hasta el estacionamientos para subir al auto de Penny hacia la escuela. Sheldon iba en la parte del copiloto, cubierto por una sábana oscura para que nadie lo viera y descubriera su identidad.

En la parte de atrás, Howard iba revisando su laptop, la cual tenía una conexión inalámbrica con su alarma.

—No ha sonado, tal vez ahora no vaya a robar nada—comentó Howard.

—O ese es su plan—dijo Sheldon levantando su mano izquierda con su dedo índice desplegado—. Él sabe que su némesis ha llegado ¡y ya me tiene miedo!

Un fuerte sonido parecido al de una sirena de patrulla surgió de la computadora de Howard y las quejas de los demás cayeron sobre él, se apuró a teclear una clave que la desactivó.

—Al parecer ya cayó—dijo Howard muy contento.