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Oscuridad deseada — capítulo 8

Daba vueltas en la cama, todo estaba dentro de su mente. No podía dormir, simplemente porque no dejaba de pensar en ella.

¿Por qué pensaba en ella? ¿Acaso estaba celoso de su nueva relación? ¿Acaso esperaba verla fracasar y morir de amor, porque él la había dejado? 

No podía dormir, desde que se sentía culpable por su desdicha.

Y no dormía porque en partes de su mente, de sus memorias, seguía pensando que había obrado mal y que muchas cosas que debió hacer, nunca las hizo.

Porque de vez en cuando tomaba en cuenta, que ella habría sido lo único que hubiera tenido, de no haber hecho lo mismo que solía hacer...

Lastimarlas. Como había hecho con Lily.

La culpa lo carcomía. Lo enloquecía y tenía que haber una forma de cambiarlo. De revertirlo y sentir paz consigo mismo.

Solo una forma. Solo una cosa podría conseguirlo.

Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta de su despacho. Quizá aún podía arreglar la situación. Solo un poco.

En cuanto Elise abrió la puerta de su propio despacho, en la biblioteca, no pudo creer lo que veía. Severus estaba parado allí.

  • ¿Puedo pasar?- preguntó y ella, asintió de inmediato. Se apartó de la puerta para que el hombre pasara.

Admitió que su visita la convertía en una hoja más de sus libros. ¿Qué hacía ese hombre a las dos de la madrugada, mirándola?

  • No puedo dormir- confesó y ella asintió, dudosa.

 ¿Por qué se lo decía a ella? ¿Por qué no iba con la enfermera?

  • Severus... yo.

  • Y tú eres la razón por la que no puedo dormir, precisamente. Se trata de ti, del pasado que acosa mi cabeza y no me deja en paz. ¿Este es tu castigo por mi osadía? Francamente... no esperaba que...

Elise había cerrado sus ojos y él se detuvo, de inmediato. Inspiró con fuerza y volvió a abrirlos en una sonrisa sobre sus labios. ¿Qué resultaba tan gracioso para ella? ¿El hecho de que tuviera que rebajarse a pedir disculpas por su actitud?

Es que Snape no sabía pedir disculpas y eso sonaba tan impropio en él, que comenzaba a causarle miedo.

  • Severus, yo no te achaco nada. No te reprocho nada de nuestro pasado. Solo...

¿Solo...?

  • Que no hayas tomado tus propias decisiones, sino que te dejaras influenciar por otros. Es una lástima que no hayas podido pensar inteligentemente.

La mujer le dio la espalda y él sonrió. Ironía cruel que ahora era él; quién estaba en su puesto. Mientras ella lo ignoraba categóricamente, claro.

  • Puedes irte tranquilo, a dormir. No creo que yo te quite el sueño más de lo que tú me lo quitaste a mí, durante meses.

Touché. Sitnió que se vengaba. Ladeó la cabeza y miró su dormitorio. Pequeño, cerrado en libros. ¿Es que no había otra vida más que esa?

Él, en la oscuridad. Ella, en los libros.

  • Elise...

  • Es la verdad, yo estoy bien. Además como ves, nunca me dejaron sola luego de que te fuiste.

Sí, graciosa ironía.

Pero antes de irse, simplemente lo sintió. Sintió un brazo que la obligaba a darse la vuelta y con sorpresa, se encontró con dos negros ojos que la admiraban.

Lo siguiente que sucedió, apenas podía darle cabida a su memoria. Tantos recuerdos que evocar, con un beso como ese. Tan lleno de deseo.

Retrocedieron sin saber por qué. Solo sabían que la cama tenía algo suave que no podían describir. Se sentía aprisionada entre dos brazos que no dejaban de sostener su piel.

Ahora ambos iban a poder dormir mejor.