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Oscuridad deseada — capítulo 7

Severus:

No quería molestarte, ni mucho menos. Pero me encantaría saber, cuándo vas a volver. Te extraño. Sé que me habías hecho prometer que no te escribiría más. Que volverías cuando tuvieras que hacerlo, pero simplemente te extraño.

Espero que te encuentres bien.

Elise.

No dejaba de mirar la carta. Nunca la había respondido, nunca le interesó a ciencia cierta. ¿Y para qué? Esa mujer era molesta. Pues estaba muy equivocado en ese preciso momento. Inspiró en silencio y la dobló en cuatro partes iguales. Se levantó de su silla y se mantuvo mirando por la ventana. mentalmente se llamó imbécil, varias veces. Se rió de sí mismo y fue entonces, cuando tuvo la desagradable sensación de que era un cobarde. Un desagradable y rastrero animal. Elise estaba muy feliz, Dumbledore lo había escuchado. Esa noche, la visitaría aquel que la amaba y quién le escribía cada vez que podía. En ese día, ella le regalaría a la pequeña, la sugerencia que Snape había hecho. Al entrar en el comedor, Severus escuchó la algarabía que se había formado. ¿Qué estaba pasando? Entró y observó a un hombre alto que estaba junto a Elise y a una niña. Intuyó, se trataba de la pequeña que leería los cuentos de Beedle el bardo. Caminó hasta estar a pocos metros.  Solo quería desayunar, el resto no importaba. Antes de poderse sentar y dedicarse a ello, Dumbledore lo divisó a lo lejos.

  • Ven, Severus. Únete y conoce al prometido de Elise.
  • Es un placer- le dijo- Soy Neithan. Guardó silencio y asintió. Elise no lo miraba. ¿Para qué necesitaba hacerlo? Ya se lo había advertido y él no la había escuchado. El hombre alto frente a él, parecía amable. Educado. Bueno todo eso que él no había sido con ella.
  • Lamento no haber respondido antes- le dijo él y ella suspiró- estaba ocupado en el trabajo. Realmente se ha hecho muy pesado. Pero no dejaría carta tuya, sin responder. Eso que él no hizo. Era cierto. Elise sonrió, pero parecía preocupada. Intuyó que su presencia le incomodaba y lo mejor era salir del paso.
  • Es un placer- dijo, pero antes de irse el hombre le detuvo con una sonrisa.
  • Gracias por la sugerencia. A mi hija le han encantado los cuentos que Elise nos ha enviado.
  • Me alegro- dijo y se dio la vuelta, dispuesto a marcharse. Se alejó del comedor, el apetito repentinamente había desaparecido. Al regresar a su despacho, simplemente había tomado la carta que había escrito Elise y había decidido arrojarla al fuego. ¿Para qué continuaría guardándola?