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Historia 48205 — capítulo 2

Saludos, les traigo un nuevo capítulo. Espero que les guste y nos estaremos viendo, pronto. Lo estoy editando, me duelen las muñecas. Miles de disculpas.

MariSeverus.

Albus Severus miró al joven, cuyos ojos no se despegaban de la carta que estaba entre sus manos. Nervioso, sonrió y retrocedió. Scorpius lanzó la carta a su baúl y rodeó la cama, para meterse al baño. Albus inspiró miró la vía que había tomado el joven. ¿Qué era lo que ocurría con él? Era maleducado y hosco.

  • Lo siento- dijo en voz alta y audible, pero no escuchó nada proveniente del baño- No quise tocar tus cosas.

Se quedó parado en ese punto, por un instante. Realmente parecía que los Slytherins, no solían ser muy conversadores. Resignado, se sentó en su cama y ladeó la cabeza hacia una de las ventanas. Quería contarle a su padre, lo que había ocurrido.

Estaba en Slytherin.

Inspiró y se dejó caer en la cama, buscando un pedazo de pergamino y una pluma, entre sus cosas. Con un suspiro lento, comenzó a redactar la carta. No sabía si comenzar con "¡Estoy en Slytherin!" "¿Qué voy a hacer ahora, papá?" o simplemente decir que ya no quería estar allí encerrado, en esa mazmorra que lo ponía nervioso.

Terminó escribiendo, un par de líneas nada más. Se quedó dormido, con el tarro de tinta peligrosamente cerca de caerse. Ni siquiera se percató de que Scorpius Malfoy salía del baño, con otra carta entre sus manos.

La noche para Albus Severus, iba a ser larga. Dormir solo era una pequeña parte de todo ese asunto. Se preguntaba también, como iba a relacionarse con personas, que simplemente respiraban.

Pues al amanecer, esa idea, atacó su cabeza, cuando se encontró solo en el dormitorio. Todo estaba púlcramente organizado. Todo estaba guardado y bajo llave. ¿Dónde estaban todos? Se vistió rápidamente y subió hasta llegar al comedor. Todos estaban en la mesa y desayunaban. Caminó torpemente, buscando asiento.

Scorpius Malfoy estaba al final, mirando su comida con aburrimiento. El único puesto que quedaba, era a su lado. Inspiró y tragó con fuerza, sentándose allí. Pese a que dio señales de vida, que saludó al muchacho, Scorpius pareció que ni siquiera había escuchado el mensaje. Albus volvió a inspirar y miró la comida. Ladeó la cabeza hacia la mesa de profesores y contempló a Draco Malfoy, que miraba en esa misma dirección. También divisó a Severus Snape, el nuevo director de Hogwarts.

Severus, como lo había descrito su padre, tenía una apariencia fantasmal. No podía divisar la cicatriz horrenda que su hermano James, decía que tenía. Supuso que se cubría perfectamente, con el cuello de su túnica. En ese momento, desayunaba y escuchaba las palabras de Minerva. Parecía tan aburrido como Scorpius Malfoy. En realidad, no les encontró mucha diferencia. Al igual que con su padre.

Idénticos, como padre e hijo.

Cuando quiso comprobar que estaba en lo cierto, Scorpius Malfoy ya se había levantado de allí y caminaba hacia la salida. Por una razón que no comprendía, Scorpius era muy enigmático para su gusto. Muy asocial. Al terminar su desayuno, James Potter y Rose Weasley, lo alcanzaron. Rose llevaba muchos libros y James, caminaba con mucha calma, con sus manos en los bolsillos de su pantalón.

  • Esto es aburrido, hasta ahora...Ni siquiera he visto algo interesante- se quejó, con abatimiento. Rose negó con la cabeza y sonrió abiertamente.

  • Pues yo he visto muchas flores bonitas que bailan, he visto gárgolas que se mueven. Y a las lechuzas, que están por partir.

  • ¡Lechuzas! Tengo que enviarle la carta a papá- dijo Albus- ¡Esperen por mí! ¡Regresaré pronto!

Albus corrió hacia las mazmorras. Resbaló ligeramente, en un escalón y continuó corriendo hacia las habitaciones. Se detuvo junto a su baúl y movió su suéter de navidad, que su abuela había tejido para él. Sin quererlo, había derramado el tarro de tinta que había dejado abierto y sobre el baúl.

  • ¡Oh no!- se quejó, viendo las manchas de tinta sobre sus cosas- Mi carta...

  • Qué tonto- dijo una voz detrás de él y Albus se dio la vuelta para mirar de quién se trataba. Scorpius Malfoy estaba allí parado, junto a otros dos niños que no conocía- ¡Evanesco!

La mancha estuvo limpia en poco tiempo. Albus había dado un pequeño brinco, en cuanto Scorpius había alzado la varita frente a él. Antes de siquiera poder agradecérselo, ya caminaba hacia la salida. Quiso alcanzarlo, pero al bajar las escaleras, Draco Malfoy estaba allí. En la sala común.

  • Los entrenamientos de Quidditch, empezarán muy pronto. Haremos la prueba para los nuevos buscadores.

  • ¿No podemos participar?- preguntó uno de los niños, del primer curso. Draco negó con la cabeza y lo miró.

  • Son muy jóvenes, para la tarea. Aunque puede que algunos- dijo y su cabeza, se alzó para mirar a Albus, que estaba parado en la puerta de las habitaciones- tengan dotes insospechados.

No entendió qué quiso decir. Draco caminó con mucha calma hacia la salida y Albus se preguntó, porqué Scorpius y él no se trataban como padre e hijo. Mientras pensaba, recordó que debía enviar la carta y que había dejado a su hermano y a su amiga, esperando.

Al regresar, James estaba por aburrirse y Rose, estaba preocupada por él. Les había comentado lo que había visto. James no se sorprendió. Volvió a comentarle, lo pedantes que solían ser los Malfoy y sus actitudes para los que estuvieran debajo de ellos.

  • Creo que estás siendo muy injusto, James- confesó Rose- quizá no sabe cómo integrarse. Cómo hacer amigos.

  • No vengas con cuentos infantiles, Rose. Sabemos muy bien, quién es. Nuestros padres ya nos lo han dicho.

  • Pero aún así, estás siendo injusto. ¿No es así, Al?

  • ¿Disculpa?- dijo, distraído- Lo siento, pensaba en otra cosa.

  • ¿Cuándo te bajarás de esa escoba en la que vives, Al?

  • Déjalo en paz, James. Ya es suficiente, con que esté en Slytherin.

  • ¿Tú también crees que es malo?

  • No. Aunque confieso que no me sentiría muy a gusto. Mis padres fueron Gryffindors. No sé si podría sentirme bien, siendo Slytherin.

Eso no le ayudaba en lo más mínimo.