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Cabaret — capítulo 27

Nuevo camino

Astoria se había despertado con el mal sabor de boca, imaginario de su esposo en aquel beso con Hermione Granger. Si se enamoraba de ella, iba a resultar su perdición. Pero ella no sería como la típica novia enfurecida que clavaría su rostro en la pared y le lanzaría dardos. No, ella sería la novia inteligente y trataría de ganarse a su novio, nuevamente. Con una sonrisa afable, se preguntó qué nuevos trucos necesitaba para conseguirlo. Hermione era una jovencita hermosa, pero ella tenía mucho que demostrar también y lo conseguiría muy pronto.

Porque no tenía miedo de mostrar sus mejores trucos. Iba a hacer un cambio en la programación de sus espectáculos. Ya casi no bailaba en ellos, pero por Draco era capaz de hacerlo.

Volvería a enamorarlo.

Hermione miraba a Ron con atención, mientras el muchacho caminaba a su lado y trataba de decir, en qué lugar podían comer. Había recibido algunas llamadas de su colega Harry. A él no le parecía buena idea lo que estaba haciendo, pero Ron no atendía a razón alguna. Él tenía que estar a su lado. Estaba maravillado con su rostro y su sonrisa.

Simplemente no podía olvidarla, por más que quería.

  • ¿Te gusta la pasta?

  • Me encanta... ¿quieres comer pasta?

  • Por supuesto- le contestó él, mirándola con una sonrisa- ¿pasta con suculenta comida marina o pasta con bologna?

  • Me gusta más la pasta Napolitana. Creo que me sienta mejor. Ultimadamente, tanto estrés amenaza con aniquilarme a mí y a mi estómago en el proceso.

  • Como gustes, mi hermosa bailarina.

Hermione amaba disfrutar de cenas como esas. Ronald comenzaba a resultar alguien muy atractivo para su persona y no simplemente por el físico. Su personalidad, le hacía sentir que trataba con algo más que un hermano protector. Trataba con un hombre que resultaba ser todo un caballero para con ella y nunca desatendía sus necesidades. Aunque decir nunca era una exageración abierta, así ella lo presentía y podía afirmarlo.

Comenzaba a resultar bastante atrayente y como había pensado antes, gratificante en muchos sentidos que apenas podía describir vagamente. Mientras degustaba el postre, una tarta de limón y fruta de la pasión, Ronald la miraba sin despegarle la vista ni por un segundo.

  • ¿Qué?- rió ella- ¿Es que tengo pastel en alguna parte y no me he fijado? Si es así, simplemente dímelo y no te burles.

  • No. Al contrario, te miro porque simplemente me pareces hermosa. Eres una mujer hermosamente bella.

  • ¿Eso existe?- preguntó ella con una sonrisa y él se encogió de hombros con una inspiración suave.

  • No lo sé, pero cada vez que te miro... me haces decir cosas que ni yo mismo comprendo. Comienzo a asustarme de mí mismo y de mis locuras.

  • ¿Por qué? Yo creo que son perfectas. Muy especiales. Eres muy especial para mí, Ronald Weasley.

No se esperaba eso y en cuanto lo escuchó, casi sintió que sus oídos lo traicionaban. Por esa razón no se devolvía al trabajo aún. No regresaba a casa ni llamaba a nadie más. Por esa razón que era ella. Verla allí, degustando un dulce. Hablando, paseando o simplemente bailando. Lo tenía hechizado.

Hechizado tenía que quedarse corto. La verdadera forma de cómo lo tenía, no debía existir en el diccionario siquiera. Sonrió ligeramente y miró la copa de vino que tenía entre sus manos. Ella no bebía, pero lo acompañaba. Confiaba en él y eso lo maravillaba.

  • Por ti...

  • Por nosotros.

Draco caminaba hacia las habitaciones de las muchachas. Tenía algo que clarificar, pero parecía que precisamente Hermione, no estaba dentro de ninguna. Ginny lo miró con mucha curiosidad, mientras él entraba en la habitación de Luna. Supuso lo que estaba buscando y era mejor que dejara de hacerlo.

  • ¿Buscas a Hermione, Draco? Pues no te conviene. Puesto que ella y el joven Ronald, salieron a cenar. Déjala en paz. Ella no es para ti, Draco.

  • No necesito de tus consejos... y hablando de ellos... ¿por qué me dices todo esto, Ginny?

  • Hermione ya me explicó lo que intentaste hacer.

  • ¿Es que tienen que chismearse todo entre ustedes?- replicó él con impaciencia y Ginny suspiró en silencio, mirándolo de reojo.

  • Ella estaba asustada, temía por la señorita Astoria. Claro que tenía que decírnoslo. O a mí en este caso. Será mejor que dejes de jugar con fuego o te vas a quemar.

  • Ya se lo he mencionado- comunicó él y Ginny lo miró sorprendida- ya se lo dije a Astoria.

  • ¿Hiciste qué cosa? ¿Eres estúpido o simplemente te has caído de tu cama? ¡Ella va a matarla!

  • Lo tomó muy bien, para tu información. Y será mejor que dejes de insultarme o te pondré de patitas en la calle.

  • Como si pudieras. Puesto que yo soy tu cómplice en muchas cosas. Me hundes y yo te hundo. Sencillo.