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Historia 48299 — capítulo 4
Minerva los había puesto a sumar peras, con otras peras. A sumar frutas. Albus era muy bueno, era feliz sumando cosas. Se la pasaba sumando y todo lo que veía, lo sumaba con otras cosas. Voldy en cambio, estaba en su etapa rebelde. No quería hacer la tarea y se equivocaba apropósito para que no le dieran una estrellita de buen niño.
Pero, no todos estaban sumando. Sirius se metía el lápiz en la nariz, le picaba. Snape lo miraba de mala gana y miraba también, el lápiz. Metiéndoselo en la nariz, para descubrir el plan secreto de ese niñito tonto. Lily tarareaba una canción, mientras le ponía caritas felices a las peritas que sumaba.
De todas formas, solo Lucius estaba concentrado en otra cosa. Hacía dibujitos sobre su tarea. Hacía muchos muñequitos y corazones. Escribía enorme, el nombre de la niñita que para él, era la más linda de la escuelita.
Narcisa Black.
Ella estaba distraída, sumando sus peras. Bellatrix, trataba de decirle que no hiciera la tarea, como Voldy, pero ella no estaba segura. Siguió sumando sus peras, mientras Lucius la miraba con mucha fijeza. Se sonrojó y ladeó la cabeza hacia el otro lado, mirando su mochila. La abrió y miró su desayuno. ¿Por qué no compartir su comida con ella?
Pues, el olor llegó tan pronto, lo abrió. ¡Olía exquisito! De pronto, tenía a un perro al lado y a un lobo bebé, que jadeaban. ¡Carne en pan!
-
¡Aléjense, bestias! ¡Esto no es para ustedes!
-
¡Úneteme!- dijo Voldy, con los brazos abiertos- Cuando la maestra no nos vea, claro. ¡Vamos a lanzar papelitos!
-
¡Dejen esta comida, animales rastreros. Patas sucias! No es para ustedes he dicho. ¡Es para ella!
Pues Narcisa lo miró, con un dedo en los labios, sonrojada. Lucius sonrió y el mundo dejó de existir. Le gustaban sus dos coletas a los lados. ¡Se le veía tan linda! Cuánto quería compartirle su almuerzo que...
¡El perro se quería comer!
-
¡Deja...Deja!- dijo Lucius, tratando de arrancarle la bolsa. Minerva entraba nuevamente al salón y miraba lo que ocurría. Lucius había golpeado a Sirius en la cara y el pequeño Sirius, se había echado a llorar y trataba de golpearlo.
-
¡Él empezó!- dijo, en su defensa. Lupin ya había decidido dejar el alimento. No era suyo.
-
¡Tú te comiste mi desayuno!
-
¡Olía rico!
Narcisa se levantó de su asiento y caminó hacia Lucius, con una sonrisa de oreja a oreja, mirando hacia el suelo y sonrojada.
- Si quieres...Te doy del mío.