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Historia 48490 — capítulo 2

Se reunieron todos en uno de los salones de la Torre. -¿Por dónde nos quedamos?-preguntó el semi-yan-. -Después de que Kalindrak viera como los dragones mataban a un shek, y entonces quedó pensando en sus recuerdos de Zaissen y en su odio-dijo un humano-. -Qué interés-comentó el semi-yan-. Continuemos: ---------------------------------------------------------------

>>Todo Idhún seguía presa de Talmannon. Kalindrak seguía creciendo, y tenía algunos amigos con los que pasaba el día. Todos y cada uno de ellos tenían ansias de destrozar sheks, era normal. Él no se lo tomaba en cuenta, porque, al fin y al cabo, estaban hechos para odiar a los sheks. Él no sentía ese odio, simplemente algo dentro suyo le decía que tenía que hacerlo, pero no lo sentía.  A veces le llegaban pensamientos y emociones a través de su mente. Alguien que se sentía de una manera determinada, muy parecida a la suya, pero no sabía quién era siquiera.

>>Awinor era una tierra hermosa y fértil, donde nadie ni nada podía hacer el más mínimo daño a los dragones más jóvenes, de modo que la mayoría de crías de más de uno o dos meses, que ya eran medianamente grandes(del tamaño de un caballo de Nandelt) solían dar vueltas por ella; muchas veces, en busca de algún enemigo a abatir, a ser preferible un shek, pero no los había allí, así que se tenían que conformar con lo que podían.

>>Las bases sheks más importantes estaban en Nandelt y en Kash-Tar, desde donde se intentaba asediar a los dragones en Awinor, con escaso efecto, por no decir nulo.

>>Los ojos irisados de un shek se volvieron un poco más azules, señal de que mantenía una conversación telepática con otro shek.

-"¿Y bien?"-preguntó interesado-.

-"El mensajero se desconectó de la red shek"-informó el otro shek-. "Ha ido a por los dragones él sólo y lo han matado."

-"¿Cuántos son ya?"

-"Diecisiete contando con este."

-"Son demasiados."

-"Lo sé, pero no podemos hacer nada hasta que exterminemos a todos los dragones."

>>La comunicación telepática se acabó. La shek informadora se volvió hacia la cría que estaba tras ella.

-"Deberías estar con los demás"-le dijo-.

-"Pero no quiero estar con ellos, madre"-replicó la pequeña shek-. "Sólo hablan de matar dragones. Yo no quiero matar dragones."

-"Pero ese es tu cometido, joven Zaissen. Estás hecha para odiar y matar dragones."-respondió la shek-. "Aunque no lo quieras."

-"¿Y si no los odio?"-preguntó Zaissen-.

-"Eso no puede ser, porque todos los shks odiamos a los dragones y ellos a nosotros. Nadie puede no odiarlos ni ser no odiado: Antes sí había sheks y dragones que no odiaban a sus contrarios ni eran odiados por ellos. Ahora ya no queda ninguno."

>>Zaissen quedó pensativa. ¿Qué era ella, entonces? No se volvía iracunda cuando los demás lo hacían al ver un dragón. Eran enemigos, sí, pero ¿por qué? Los sheks y los dragones no tenían por qué odiarse, pero se odiaban. Hacía unos meses, ella había nacido y había estado con uno de ellos. En las miradas de tres unicornios había visto reflejada la imagen de un dragoncito dorado con ojos azules y una shek con sus escamas plateadas y ojos verdes irisados. Apenas era muy joven, pero no había querido matar al dragón por nada ni para nada. A veces, a través de su mente, notaba que alguien pensaba igual que ella, que estaban unidos por algo. No era como los lazos normales de los que había oído hablar. Era algo más antiguo.

>>Serpenteó entre las matas y hierbas de Idhún. En los alrededores de la conquistada Kosh, había espacio y allí la mayoría de jóvenes szish y sheks pasaban el tiempo. No era la primera vez que algún joven macho escapaba a su racionalismo y se lanzaba a por dragones que estaban en Awinor. Era una locura, pero era el instinto y las ganas de derrotar a uno cuando siempre era la misma canción: no los has visto, pero tienes que ganarles y cuesta resistirse. Los sheks más precipitados habían ido directamente, pero Awinor tenía una magia misteriosa, que debilitaba mucho a los sheks, de modo que al llegar allí, solían quedar agotados y cuando se paraban a pensar, ya no había escapatoria posible.

>>En una de esas ocasiones en las que reflexionaba el por qué era así, aún siendo tan joven, notó algo en su mente, no, en su mente no, en algo más profundo.

>>Un tirón y mucho dolor mental. Quienquiera que fuese quién estaba siempre al otro lado, estaba pasando un mal rato, tanto en su cuerpo como en su mente.

>>Kalindrak miró a su alrededor. ¿Dónde se habían metido? De pronto, lo vio: cerca de la Torre de Awinor, lejos de los dragones, había una figura serpenteante, alargada...con alas. Retrocedió. No sabía ssi los sheks lo odiaban también o no lo hacían. Ambos se miraron.

-"Es una simple cría."-pensó el shek, desalentado-. "No sé por qué, pero no lo odio como al resto. En fin, creo que mejor buscaré algo más grande, pero antes..."

>>Se posó ante él y lo miró a los ojos. Kalindrak había oído hablar de la letal mirada de los sheks. Cuando quiso darse cuenta, algo lo sacudía de arriba a abajo, lo golpeaba...

>>¿Qué sería?

>>No veía nada. Por unos momentos pensó que había muerto, pero luego se dio cuenta de que no era así: abrió uno de sus ojos y se vio atado con cuerdas. Miró a su alrededor. Formas borrosas. No podía moverse, y quiso gritar, llamar a sus padres...pero ellos no estaban. Algo lo golpeaba con fuerza, y en su mente percibió un fuerte pinchazo, como si le clavaran una espada.

>>Pudo ver mejor: mercenarios. Eran muy osados, se adentraban en las tierras de Awinor y Alis Lithban para robar cosas relacionadas con los unicornios y los dragones.

>>Ahora estaban cruzando unas montañas.

>>A su lado, lo que se debatía furiosamente, era un shek. Uno que sería ya más grande que él.

-¿Qué...qué sucede?-preguntó, como pudo hacerlo con una mordaza al cuello-.

-"Nos cogen para el mercado negro."-respondió el  shek-. "Dragón, dime ¿por qué no te odio? No tengo ganas de matarte, como me pasa con el resto."

-No lo sé-dijo Kalindrak-. Yo tampoco...te odio.

-"Me ha costado despertarte."-comunicó el shek-. "He tenido que hacerte daño con la mente y el cuerpo. Todavía no puedo conectarme a la red telepática shek, así que ahora no puedo decir a ningún shek que se me han llevado."

>>Kalindrak todavía estaba confuso. Estaban siento portados por varios humanos en una jaula de barrotes de un metal oscuro. Se preguntó qué habría pasado, cómo y quién era el shek que estaba a su lado y a dónde los llevarían. Estaba prohibido para cualquiera entrar en Awinor sin el permiso de los dragones. En casos más graves, se castigaba con la muerte a manos de los propios dragones. Seguramente, debían estar lejos de Awinor, porque sino, los dragones ya los habrían alcanzado. Se sintió muy cansado de pronto, y durmió.

>>Por un momento, Zaissen contempló cómo se revolvía el campamento. Una madre shek buscaba por todos lados. Ussath, uno de los sheks más jóvenes, había desaparecido y nadie podía contactar con él, puesto que todavía no podía receptar mensajes de otros sheks desde una mayor distancia a unos veinte metros.

>>Ussath no tenía tanto deseo de matar dragones, pero sí  los odiaba , aunque parecía lamentarlo. En realidad, muchos sheks no querían odiar a los dragones, les parecía algo malo, pero no podían evitarlo. Quedó pensativa. El dolor de quien fuera que fuese al otro lado de su mente, había cesado, sólo percibía sopor y negrura.

------------------------------------------------------------------------------------------------- -¿Lo secuestraron?-preguntó interrumpiendo un semi-feérico-. ¿No se suponía que los dragones eran seres superiores, como los sheks y los unicornios? ¿Quién se atrevería?

-Hace tiempo-explicó el semi-yan-, había un grupo de personas despreciables que comerciaban con todo lo relacionado con los dragones, los sheks y los unicornios.

Algunas veces, raptaron, con gran atrevimiento, a algunas crías. Sólo los unicornios se libraban, pues de ellos sólo se podían obtener leves huellas de su presencia. Los vendían a gente privadamente. Era un comercio peor que se podía hacer. Ya veréis que pasa. Cotinuemos: --------------------------------------------------------------------------------------------------

>>Ante los murmullos de todos, Kalindrak despertó. Oyó siseos furibundos que provenían de su derecha: el shek, que desde pequeño poseía veneno inmeidatamente mortal para cualquiera que no fuera un dragón o un unicornio, intentaba morder a los traficantes. Lo encerraron de nuevo.

>>Era una sala oscura, muy oscura, y había varias personas. Entre ellas, todas encapuchadas, una parecía mirarlos a los dos casi con ¿tristeza? Sí, en sus ojos, apenas visibles, se vislumbraba una gran tristeza.

-¿Quién quiere estos dos magníficos ejemplares de dragón o de shek? ¡Cuestan de conseguir, vamos!-gritaba un hombre-.

-"Estúpidos e insignificantes humanos."-murmuró el shek en su mente-. "Ya verán cuando me suelte y les muerda donde más les pueda doler."

>>Kalindrak rió para sus adentros. Aunque les solieran ser indiferentes los humanos, que eran insignificantes, bien podían darles una escaramuza.

>>Alguien ofreció una gran cantidad de dinero. Ambos, en la jaula, no sabían a donde iban, porque les taparon el campo de visión con un manto negro y se los llevaron de allí.

>>Cuando lo retiraron, estaban en una sala oscura y cerrada. Alguien sacó a Kalindrak, que miró a su alrededor, esperando que alguien lo atacara.

-Por favor-oyó decir-. Por favor, no ataquéis, no vamos a intentar represalias contra vos.

>>Alguien surgió de entre las sombras: la misma figura encapuchada. El dragón la miró a los ojos. Apenas sería un crío, pero su voz sonaba femenina. Esta figura se inclinó ante él y se dejó caer de rodillas sobre el suelo.

-¿Dónde estoy?-preguntó él-.

-En una de las cámaras reales ocultas del castillo real del reino humano de Shia-respondió ella-. Os trajeron a ese mercado degradante que acabamos de cortar de raíz, pero los fondos de la reina son generosos y ahora esperamos a que nuestros mensajeros consigan entregar la misiva de que estáis aquí.

>>La figura se levantó del suelo y se descubrió el rostro. Kalindrak era más alto que ella. Una niña humana que tenía el pelo negro, liso y largo, y un ojo azul y otro verde.

-¿La reina?-preguntó Kalindrak-. ¿Dónde está ella?

-Ante ti-dijo ella-. Reina Haris a tu servicio, noble dragón.

"¿Tan joven?"-se preguntó Kalindrak-. "¡Si apenas tendrá quince años!"

-¿Y el shek?-preguntó entonces, volviéndose hacia la jaula-.

-A él sólo podemos liberarle. No somos aliados de los sheks, así que no es aconsejable mandar un mensajero hacia uno de sus campamentos. Tardarán un par de días en llegar. Ahora mismo no hay ningún dragón en la ciudad, están todos en Awinor.

>>Kalindrak comprobó que, aunque los humanos le fueran indiferentes por  naturaleza(apenas notaba su pequeña presencia), aquella despedía magia por cada parte de su cuerpo. Destacaba entre todos aquellos que había visto hasta ahora. Debía de ser maga, pero una maga muy poderosa para su edad, y sus ojos despedían una luz que sólo había visto una vez, en los ojos de los unicornios que lo habían visto nacer.

>>Haris sonrió enigmaticamente y salió del lugar.

>>Poco más tarde, el shek fue liberado según la reina cerca de un campamento de szish.

>>Afortunadamente, un dragón estaba de visita en la Torre de Awinor, mientras conversaba con el señor de la torre, Uret sobre la desaparición de uno de los suyos. Alguien entró patinando en la sala, y se hubiera estrellado contra la pared del fondo si el dragón no hubiera frenado su cuerpo con una zarpa.

-Vaya prisas-comentó este-. Pareces un szish al que persigue una tropa de dragones.

-¿A qué has venido, irrumpiendo en una conversación tann importante?-preguntó algo molesto Uret-.

-Señores, el dragón dorado Kalindrak está a salvo en Shia-informó casi sin aliento el mensajero-. Desde hace tres días la reina Haris procura que esté cómodo mientras espera a que lleguen familiares a recogerlo.

-¿Y cómo se supone que uno de los nuestros ha llegado a manos de la reina de Shia?-preguntó el dragón-.

-Señor, los traficantes de vestigios han obrado capturándolo a él y a un shek, ambos jóvenes, pero se ha conseguido destruir definitivamente tan horrenda práctica-informó, exausto, el mensajero-.

>>Pronto, la madre adoptiva de Kalindrak fue a por él por aire. También ella contempló a la reina shiana, percibiendo algo dentro de ella. Tal vez fuera insignificante, pero le dio las gracias.

>>Ambos dragones  fueron hacia Awinor de nuevo, la madre cargando con el hijo, porque los dragones aprendían a volar al año de vida, cuando se desarrollaban sus alas del todo.

-------------------------------------------------------------------------------------- -Jamás pensé que alguien fuera tan ruin-comentó un humano-. Es una pena que ya se haya hecho tarde. ¿Continuamos mañana? -Claro, se supone que estaremos aquí hasta mañana y una semana en Kosh-dijo sonriendo el semi-yan-. Cada uno se retiró a una habitación que le hubieran asignado, y más de uno soñó con la continuación de la historia. El celeste mostraba gran interés, y se preguntaba cosas en su mente: ¿Quién sería Haris? ¿Qué pasaría con Kalindrak y Zaissen?

Vamos progresando. Mi retorcido cerebro ha conseguido tramar un plan maquiavélico, un plan muy relacionado con Haris y con el que estuve pensando un tiempo... Ya lo descubriréis, por ahora, disfrutad del capítulo, que tiene más de dos mil palabras y normalmente los míos son de mil y poco. Un secuestro de esa forma...ya véis, Idhún no es todo un mundo de florecillas inofensivas, sino de plantas carnívoras ávidas de sangre en ocasiones. Miau.