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Historia 48493 — capítulo 4
Tras leer de mala gana el correo de Armando. Braulio espero un poco antes de tomar una decisión, el odiaba a los gatos y los perros le daban alergia. La única mascota que él había tenido era un pajarillo.
Pensó en ofrecerle a Catalina comprar uno, pero de inmediato se dio cuenta que la idea no le gustaría mucho que digamos, dado que ella, precisamente ella que defendía la libertad de los animales, no permitiría un atropello así.
- Será mejor un gato. Pero me costara acostumbrarme a él.
La bella pelinegra se encontraba profundamente dormida en su lecho. La cabellera un poco desordenada se mecía con cuidado con los suaves movimientos de ella. Al parecer tenía pesadillas.
Braulio se aproximo y la despertó suavemente.
-
Catalina. ¿Estás bien?
-
Si, solo fue un mal sueño. Creo que es por todo lo del trabajo.
Una vez más Braulio estaba listo para hacer uso de las recomendaciones de Armando, aunque no le terminaba de convencer el asunto de que él, le indicara lo que debía saber de Catalina.
- Tranquila. Deja de preocuparte por eso, solo piensa que todo lo que haces es muy bueno, y que sea cual sea la idea que escojas, la sacaras adelante, además yo confió en ti.
La pelinegra se quedo callada, como si esas palabras las hubiera escuchado antes, pero de labios de otra persona, de una que solo sabia amarla en silencio.
-
Gracias. — Respondió sorprendida. —
-
Cata, he pensado mucho en que ha esta casa le hacen falta muchas cosas.
-
¿Cómo qué?
-
Una mascotas, un par de plantas y tal vez una fuente. ¿Qué te parece si salimos de compras?
Catalina no daba crédito a lo que escuchaba, ella sabía que de las cosas que menos le gustaban a Braulio eran los animales y las plantas, además consideraba que las fuentes eran un desperdicio de dinero, por la cantidad de agua que utilizaban. Pero aun así, con tantas interrogantes ahogándola aceptó la propuesta.
Al día siguiente cuando el clima cambio un poco, recorrieron muchos locales, en los centros comerciales de la ciudad. El automóvil estaba lleno de plantas y la deseada fuente había sido comprada y en los próximos días se colocaría en el hermoso patio de la casa.
Solo una cosa hacía falta, una hermosa mascota. La que haría feliz a Catalina. La que entregaría momentos gratos a un alma que sufría en silencio. Un amigo en medio de la jaula.
Cuando llegaron a la tienda de mascotas, Braulio tomo a una pequeña gatita persa y se la dio a Catalina. Dejando a la pelinegra con más de un pensamiento absurdo.
- Gracias. — Logró articular torpemente la joven. —