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Historia 48493 — capítulo 5

  • Catalina ven acá. Te vas a mojar.

  • No seas aguafiestas, ven, ven bajo la lluvia, no me dejes sola. ¿Acaso ya no me quieres? —Preguntó inocente la pelinegra. —

  • no digas eso ni en broma. — Respondió Armando aventurándose a la lluvia. —

-Entonces ven.

  • Lo estoy haciendo y también me estoy mojando.

  • No importa. Quiero un gran abrazo de mi amigo.

Catalina se encontraba corriendo a los brazos de Armando. La falda negra y las zapatillas de lona, empapadas no eran problema para el joven. Pero la blusa de su linda amiga si lo era. Cuando el objetivo de Catalina estuvo cerca de ella, lo sujeto por el cuello yen un leve susurro la joven confesó su más sincero y puro sentimiento.

  • Quiero decirte que, que te amo.

Y como una niña asustada por no saber cuál sería la respuesta se aferro con más fuerza a aquel que amaba. Que se mantenía en un silencio sepulcral. Catalina sentía el calor de sus brazos rodeándola, podía sentir su respirara suave y tranquilo. Como si aquello que ella dijo, ya lo hubiera sabido.

Las manos fuertes, pero delicadas con ella la separaron de apoco de su cuerpo. Las distancias se acortaron entre sus rostros y el rubor subió al rostro de Catalina. Deseaba ser insensible ante la sentencia de aquellos ojos marrones, fuertes y cálidos, al igual que la sonrisa de muchacho dueño de los mismos.

Siendo Catalina una mujer decidida como era, resolvió probar los labios de su amigo, y dejarse perder en la suave y dolorosa caricia. Era el beso más suave y hermoso que había tenido en su vida. Pero también era el que más dolor le estaba causando. Conocía a su amigo y sabia que pese a ese dejo de deseo que expresaba Armando algo andaba mal.

Cuando el beso se rompió por la falta de oxigeno, el se mantuvo en silencio mirando los ojos de su amiga que amenazaban con dejar rodar las saladas lagrimas. Él el tomo por la cintura, y de un suave jalón la tomó en sus brazos. Ella solo atinó a abrazarse del cuello y recorrer las pocas calles que había del parque a sucasa en completo silencio.

  • Llegamos a casa. Ve cámbiate. Luego hablaremos te lo prometo. — tomando el dedo meñique de la joven y cortando la promesa con su otra mano, se alejo de ella. —

Catalina estaba triste, en un momento en el cual debía sentirse feliz, había sido capaz de decir lo que se había guardado por poco más de 10 años. En los pocos segundos que Armando se alejo de ella, pensó en el dolor de no ser correspondida por él.

Armando la conocía tan bien que volviendo sobre sus pasas se paró frente a ella. Tomó su rostro canela y subiendo su boca hasta la frente, deposito un suave beso en ella.

  • Te prometo que hablaremos, querida amiga.

Ella aceptó y con un poco de desde entro en su casa. Buscó con desesperación refugio en su mascota que la esperaba como de costumbre en la puerta de la casa. Armando por otra parte se debatía entre lo que debía sentir y lo que no. Regreso por varias ocasiones sobre sus pasos. Pero siempre se arrepintió. Había muchas cosas que se había callado y que no guardaría más.

Catalina. Amiga mía.

Sé que me odiaras, y sé que lo tengo bien merecido, la primera de las cosas que debes saber es que cuando tú leas esta carta yo ya estaré bastante lejos. Hoy es mi último día aquí. Viajaré a Madrid por un año a terminar aquello que había dejado pendiente tantos años atrás. Sabes a lo que me refiero.

La segunda cosa que hará que me odies, es referente a lo que paso esta tarde. Aun recuerdas tu cumpleaños 15. ¿Verdad? Aquel día yo también pensé que te amaba de la manera en la que un hombre ama a una mujer. Pero al verte feliz en brazos de alguien más, entendí que solo eras mi amiga, mi hermana y que eso jamás cambiaria. Por eso, se que en un año cuando vuelva, tu habrás entendido a lo que me refiero. Perdón si de algún modo hice que te confundieras.

Nos volveremos estoy seguro. Quien siempre te quera, Armadillo.

Metió el papel en un sobre de color rosa, que le había regalado Catalina hacía mucho tiempo, y lo coloco junto a un hermoso macetero que tenía un jazmín a punto de florecer. En la misma planta había otra tarjeta que decía "Se cuando deseabas uno de estos jazmines, así que tómalo como un regalo anticipado de cumpleaños. Te quiere Armando"

Dejando muchas cosas atrás el salió de su casa y pasó cerca a la de su amiga, acomodó el macetero de manera que al verlo Catalina sonriera, y pudiera ver por última vez en ese largo año la sonrisa cálida de su amiga. Timbró y corrió como lo hacen los niños traviesos al tocar por molestar.

  • Te dolerá, pero algún día me entenderás. Amiga, jamás puede decirte que yo también te amo. Y creo que no mereces un cobarde como yo a tu lado. Un día alguien te lo dirá sin rodeos y entenderás que es amar. Es lo mejor para ti.