← Historia 48493 · de
Historia 48493 — capítulo 7
Recuerdo: El columpio. Había llegado a su final un invierno mas, y el día del odiado cumpleaños también, no hacía mucho se había visto obligada prácticamente a repartir invitaciones para esa fecha que marcaba un supuesto cambio en su vida.
Como la costumbre mandaba se había confeccionado un hermoso color rosa para la joven y 14 vestidos mas de color amatista para sus damas. La fiesta de 15 años, la misa, la comida, la música y la familia, todos reunidos para celebrar un día que ella odiaba.
Solo una persona de todo este montón sabía las verdaderas razones por las cuales durante el último mes ella había permanecido tan callada, y casi se había olvidado de comer. No es que no le gustará, pero quien comería con tantas cosas acosándola.
La fiesta se celebraría un día después del verdadero cumpleaños. Doce meses antes Catalina había llorado amargamente el día de su cumpleaños, Armando siempre estaba con ella y esa tarde de verano también se haría parte de su secreto.
-
Sabes Armadillo, hoy no me siento sola como antes. Te tengo a ti. ¿Verdad? — La pelinegra se mecía en el columpio del jardín de la casa de su amigo, en tanto sus manos buscaban esconder sus lágrimas. —
-
Si, siempre he estado contigo y estaré en lo que tu me permitas estar, para eso somos amigos o no.
-
Si, creo que es eso lo que te hace especial. Tu eres mi amigo y me cuidas, no buscas algo más. — Las palabras de Catalina le sonaban incoherentes a Armando, pero sabía que su silencio ayudaría a que ella las aclarara. — ¿Puedes guardarme un secreto?
-
Si. Lo haré. — Poniéndose de pie, recito el viejo pacto que tenían entre ellos. — Armadillo Calavera prometo a Huesuda Ratoncita que guardaré su secreto. Es un pacto de amigos, y si no cumplo lo prometido, que un rayo me convierta en dibujo animado y me ponga a hacer todas las locuras que se me indiquen.
Una ligera sonrisa salió de los labios de su amiga, que por un instante olvido su pena, para disfrutar del resto de las piruetas de su amigo, que recito lo mismo tres veces, antes de volver a sentarse y prestar sus oídos a su amiga.
- Hace tiempo, quería decirte esto, pero es difícil para mí. Me he dado cuenta que siempre te preguntas porque odio mi cumpleaños. Cuando tenía nueve años, mi familia preparo un fiesta para mí. ¿La recuerdas?, ese día salí con alguien que había jurado jamás hacerme daño, no recuerdo mucho de lo que paso esa tarde. Solo recuerdo que cuando me desperté, me sentía sucia, indeseable, asquerosa. Y aun así festeje con los míos sin saber porque. Se me había olvidado por completo que ese día era mi cumpleaños, no tenía cabida en mi otro pensamiento que el que había pasado ese día en la tarde.
Armando había entendido demasiado bien a lo que se refería y también de quien hablaba. Intento ponerse de pie e ir a su lado, pero un suave movimiento de la mano de su amiga le indicó que aun no acababa con su relato.
- A los pocos días volví a verlo, y una sonrisa sínica me confirmó lo que estaba soñando esas noches, me dolía. No te imaginas cuanto. Y aun así mi corazón decía que debía perdonarlo. Pero hace un par de días me di cuenta, de que… De que mi corazón lo había hecho pero mi cuerpo no. Creo que tengo algo defectuoso en mí.
Las lágrimas habían cubierto por completo el rostro de la joven y Armando había irrumpido en su llanto abrazándola mientras se mecía suavemente en el columpio.