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Historia 48493 — capítulo 8
Recuerdo: Un motivo para sonreír. Era viernes por la mañana y una vez más la modista había asistido a casa de Catalina para medirle el vestido por última vez.
Poco después el timbre sonó, eran la mayoría de sus amigos, aquellos que desconocían el dolor de que tenía Catalina, que habían llegado a felicitarla por sus 15 primaveras.En este caso veranos. Uno de ellos faltan ausente y distante desde la noche anterior, Catalina se temía lo peor. Que Armando se sintiera mal por algo que había pasado tanto tiempo atrás y que debía de dejarse en el pasado.
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A que no te imaginas. — Dijo un castaño sacándola de sus pensamientos. —
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Que.
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Vimos que tu enamorado está subiendo las gradas con ramo más grande que el que te trajimos, vamos a verlos.
Catalina a duras penas pensaba en ese momento en aquel chico de bonitos ojos verdes, y cabellos claros que estaba con ella por poco más de tres meses. Claudio era muy conocido y también muy asediado, así que eso de vez en cuando le molestaba a Catalina. Ella pese a ser bonita, prefería sobre manera pasar desapercibida en lo posible, no ser la señorita popularidad no lo iba a matar, todo lo contraria le dejaba mucho tiempo para ella.
Claudio llegó a la puerta de la casa antes de que el resto la convenciera de ir a buscarlo. El ramo de flores verdaderamente era enorme y hermoso. Catalina le respondió con un tierno beso, en el cual puso todas sus ganas, esperando que de esta manera pareciera mas feliz de lo que verdaderamente era...
Pasaron un par de horas juntos. La tarde parecía llegar a su fin, y Catalina no había tenido noticia alguna de Armando. Donde se había metido o las razones por las cuales el no la había ido a ver como cada año.
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Preciosa, sabes aun no entiendo porque tus padres no me dejaron ser tu caballero, seria lo mas normal. Eres mi enamorada.
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Si, pero Armando es mi amigo de toda la vida. Y aunque te amo — Catalina llevaba años sin decirlo, y aunque a Claudio le sonara a la verdad mas bella, para ella era solo unas cuantas palabras mas en la oración — muchísimo, eso es algo que yo también quiero.
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No se, pero cuando te conocí creí que tu y el tenían algo, o por lo menos que Armando sentía algo mas por ti que simple amistad. — Las palabras resonaron en la mente de Catalina, y esas mismas palabras se grabarían por mucho tiempo en su ser, antes de que entienda lo que pasa en su corazón. —
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Estas loco, el es mi amigo y estoy segura de que el también entiende que solo somos eso.
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Esta bien, si tu lo crees así yo también. Preciosa ya es tarde así que me iré. Estoy seguro que tu aun debes tener muchísimas cosas por atender. — La beso nuevamente y Claudio se fue del jardín de la casa, dejándola junto a los claveles. —
Un poco mas se quedó en un estado inmóvil, intentando saber que era lo que sentía cada vez que estaba con Claudio. Un beso en la mejilla y un bulto gigante la sorprendieron al salir de sus pensamientos.
- Espero que no sea demasiado tarde para darte mi regalo de cumpleaños.
Allí estaba Armando cargando una caja gigantesca, forrada con algunos pliegos de papel de regalo y un lazo gigantesco.
- Pero antes de que digas cualquier cosa cierra los ojos. Luego solo abre la caja. No te mates buscándome que no me vas a encontrar. — Nuevamente se acercó y le dio un beso en la mejilla. —
Catalina no pudo decir nada, hizo caso de lo que Armando le dijo, y una vez volvió a abrir sus ojos, tras contar hasta cien, lo buscó, pero como el mismo le había dicho no estaría allí.
Soltó el gran moño de la caja, empezó a desarmar las envolturas deseosa de conocer el regalo que tenia Armando para ella. La sorpresa fue muy grande cuando dentro de la caja encontró a un joven de rodillas en el prado y que tenia una rosa blanca en sus maños.
- Feliz cumpleaños. Sabes no sabia que regalarte, ni siquiera sabia si lo que te regalaría te gustaría, así que te di lo único que puedo ofrecerte con el corazón.
Catalina estaba llorando una vez mas, pero sus lagrimas no eran de tristeza sino de alegría, una que no sentía hace mucho en su cumpleaños.
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Perdón, hice algo malo. Catalina ¿Qué pasa?
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Que eres un tonto. Prometiste que no me harías llorar jamás, y aun así lo hiciste, pero lloró por la felicidad que me regalas, amigo. — Catalina lo abrazó y sintió que al fin tenia un recuerdo hermoso que ayudara a opacar ese que la había perseguido por tanto tiempo. —
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Jamás pensé que así también incumpliría mi promesa. Ojala que un rayo me convierta en dibujo animado y tu me pongas a hacer payasadas. — Contestó contento Armadillo, limpiando las lagrimas de Catalina. —
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Bueno, entonces baila como mico.
La noche se fue de las manos de los dos y con ella se iban también grabando adorables recuerdos que nada, ni nadie podrían borrar, no importaba cuantas cosas malas pasaran. Desde ese día ella tenia un motivo para sonreír. Su amigo era el mejor regalo de cumpleaños.