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Historia 48507 — capítulo 1
Astoria Greengrass
Allí se cruzaban los caminos. Allí es donde Astoria oteaba vigilante desde la cima de un monte sombrío, la cima del desesperante y atroz cambio que acababa de sufrir su vida.
Nunca pensó que un dolor penetrante como aquel iba a mellar su corazón, aquel órgano que había sido feliz durante largos años ahora se adentraba en un abrumador agujero sin fondo de soledad infinita y destructora de pasiones.
Draco había muerto repentinamente, abrazado a ella mientras dormían como cualquier otra noche; claro que aquella noche no resultó ser una cualquiera, aquella noche resultó ser la más amarga de su vida.
Ellos jamás habían hecho un alarde excesivo de su amor de cara a los demás, pero se veía que en aquella relación había algo que muchas otras quisieran. Había confianza y una complicidad extrema que hacía que ellos mismos supieran lo que el otro pensaba con solo mirarse a los ojos y ver la expresión de su rostro. Esos rostros que tanto habían amado.
Astoria buceaba por un océano de desconsuelo, buscando a ciegas una mínima cosa que la hiciera conseguir el anhelado aliento que buscaba para poder continuar adelante con su vida. Suponía toda una agonía.
Tenía a su hijo Scorpius, fiel reflejo de su difunto esposo. Demasiado doloroso mirarlo, recordar a su marido siendo un niño solamente preocupado por no defraudar a Lucius, un niño frío pero con mucho cariño por repartir como ella misma había sentido en sus carnes. No podía quitarse la vida, su hijo apenas contaba con doce años, aún no había empezado a vivir y ya tenía que atravesar el tormento que supone perder a un ser querido. Debía reponerse por él, por el pequeño Scorpius.
Los pájaros trinaban alegres en el camposanto privado de los Malfoy ajenos al dolor que sentían los allí presentes. Unos padres abrumados por tener que enterrar a su hijo, una esposa desgarrada por su temprana viudedad y un hijo inconsolable que lloraba amargamente la pérdida de su héroe, su padre.
El suntuoso mausoleo se erigía mofándose de ellos. El cuerpo de Draco reposaría en su interior solo, esperando la compañía de los seres que lloraban su muerte al lado de su espléndido féretro. Esperando la compañía de quienes en esos momentos querrían estar con él en ese instante, para siempre.