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Historia 48507 — capítulo 8

Había muy pocas probabilidades de que estuviese equivocada, y aquel simpático hombre me sacó de dudas: Enhorabuena señora Weasley, está usted embarazada. Fueron las palabras más maravillosas que había escuchado en toda mi vida.

Ron y yo ya llevábamos un tiempo intentando tener un hijo, desde que Ginny nos dio la feliz noticia de su propio embarazo. Por lo que, cuando supe que llevaba una nueva vida en mi interior, fui la persona más feliz del mundo y corrí a contárselo a todos mis conocidos.

Me pasé una tarde entera escribiendo cartas, las cuales iba dejando metódicamente en dos montones: mundo mágico y mundo muggle. Nuestra pobre lechuza iba a terminar muy cansada después de entregar todas aquellas cartas a sus destinatarios, ya que, el montón más abultado, era el del mundo mágico.

Mi esposo se sintió en un principio algo aturdido cuando le di la noticia, parecía que no se lo esperaba. Cosa lógica por una parte, ya que yo misma decidí que hasta no estar segura no iba a decirle que tenía una falta, él siempre era tan alarmista con todo…

Los meses fueron pasando sin ningún tipo de sobresalto, sólo cabría mentar las molestas nauseas matutinas y la forma que tenía mi barriga de crecer. Mi niño estaba sano y no había nada que pudiera hacer que me sintiera más dichosa.

No quisimos saber antes de tiempo el sexo del bebé, pero ambos presentíamos que iba a ser un niño y desde el primer momento pensamos que su nombre sería Hugo.Hugo, un niño que llenaría un poco más nuestra vida, un niño que sería mi ojito derecho.

Ya le podía imaginar corriendo por la casa con su cabecita pelirroja, porque no me quería engañar, todo aquel que llevara el gen Weasley tenía ese color de pelo. Esperaba algunas cosas de él, tenía la intuición de que al menos en la forma de ser se parecería a mí, su padre había sido suficientemente desesperante durante su adolescencia para mí. No pude evitar sonreír al recordarlo.

Al fin, una noche, empecé a sentir contracciones. Mi barriga parecía estar a punto de explotar y Ron no ayudaba demasiado, estaba completamente histérico. Al final pude calmarle lo suficiente para que me llevara a un hospital. Al lado de nuestra casa había un sanatorio muggle, y parecía que Hugo no quería esperar más ahí dentro, por lo que di a luz allí. Cosa que a Ron no le gustó demasiado.

-Felicidades, es una niña preciosa.

¿Una niña? Nosotros siempre habíamos esperado un niño, pero al enterarme de que era lo contrario sentí un sentimiento estupendo dentro de mí. Por fin tenía en brazos a mi niña. Por fin tenía en brazos a Rose.

Ron comenzó a quejarse, aunque se le caía la baba al mirar a nuestra niña, de que la habitación estaba preparada para un chico.

-Por Merlín, Ronald, ¿somos magos o no?