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Memorias de un retrato — capítulo 2

Ella estaba allí. Yo tenía grabado en mi mente, la esencia de su aroma.

Ella estaba allí.

Junto a mí

Y era mía.

La contemplé, mientras ella dormía, calmadamente. Juraba que podía pasar mi vida, contemplándola, viéndola dormir de esa forma tan pacífica. No estaba consciente de las sensaciones que recorrían mi cuerpo, a altas velocidades. Estaba concentrado en su rostro. En cada una de las figuras, que conformaban la forma. Inconscientemente, suspiré, cuando la sensación de placer, seguía dentro de mi cuerpo.

Levanté mi mano y delinié, sus curvas. Delinié cada centímetro de su piel. Su hombro, que se mostraba ante mí. Mis dedos, trazaron suaves círculos, alrededor de su piel. Alrededor de sus piernas. En el contorno de su pecho. La línea que dibujaba su cuello, hasta sus mejillas. Cubrí una de ellas con mi mano y la acaricié, delicadamente.

Capturó mi aliento. Sus labios entre abiertos, enviaron a través de mi, pensamientos diferentes. Pensamientos, de los cuáles, yo mismo comenzaba a inquietarme. Y entonces lo hice. Ella estaba durmiendo hacia mi lado. Tomé sus labios en un beso. Podía sentir su respiración pausada, sobre mí. Como si ella estuviera durmiendo, eternamente.

Sentí una mano que se aferró a mi hombro y todo un cuerpo, que de ser posible, estaba más unido a mí. Suspiré, reflejando sensaciones que nunca había experimentado. Teniendo pensamientos que nunca había hilado. Ni dos letras, les habría hilado a esos pensamientos.

- ¿Puedo...? Escuché, mientras dos suaves labios, acariciaban mi cuello.

- ¿Mmm?- dije, sintiendo una presión dentro de mi garganta. Casi sonreía, casi reía, sin saber por qué.

- ¿Nunca vas a dejarme?- Preguntó su voz, su cabeza, sobre mi pecho. La abracé con más fuerza, casi de forma dolorosa, pero eso no importó.

- Querido corazón...Te amo- susurré...Y sonrió con mucha felicidad.

- Yo también te amo- me dijo y mis brazos fuero a ella, a sostenerla con fuerza. A no dejarla ir.

Dormimos. Jamás había dormido tan pacíficamente, como en ese momento. El mundo y sus alrededores, no eran nada para mí. Estaba hipnotizado, como si ella, fuese una especie de sirena. Ella dio un respingo y se acomodó en mi pecho, besé su frente, en medio de sus sueños y de los míos.

Rose inspiraba, mientras estaba en el auto. Leía una vez más, ese diario que se había encontrado, antes de que su madre se mudara. Hugo estaba sentado a su lado y la miraba con curiosidad, mientras ella leía, con concentración.

  • ¿Qué tanto lees?

  • Nada interesante. Solo unos viejos libros, que encontré en la antigua casa. ¿Cuánto nos falta para llegar?

  • Poco- dijo su hermano, mientras el chofer conducía- Poco...

  • Dime por qué contratamos a alguien, para que nos llevara a casa de mamá.

  • Es más seguro, de esta forma.

  • Seguridad...

Desperté con la sensación de calma, aún entre mis pensamientos.  Rondaba su aliento en mis fosas nasales, el aroma dulce de su cabello. No me iba a abandonar por semanas. Al abrir los ojos, no supe si ella soñaba conmigo o era yo, quién soñaba con algo imposible. Con una sonrisa a medias, la contemplé, mientras se levantaba.

- ¿Tenías algo que decirme?

- ¿Tenía? ¡Oh sí!- le dije y me separé de ella por un momento. Con un suspiro, hurgué entre mis cosas y le mostré una carta que tenía. Ella se preguntó de inmediato, de qué se trataba. Simplemente la invité a leerla. Eso hizo, con una sonrisa suave.

- ¿Esto es...Realmente es?

- Sí.

- ¡Oh vaya. Entonces, felicidades!- me sonrió y yo asentí en silencio, cuando regresaba a la cama, cuando regresaba a su abrazo- Ahora, me sentiré más segura.

- Nunca...

- Lo sé...No permitirías que me ocurriera algo. Lo entiendo y te lo agradezco. ¿Vamos a dormir?

- Sí- dije. Realmente estaba muy cansado. Esperé, hasta que su cuerpo adoptara la posición que quisiera y allí me quedé. Mirándola.

Dormimos después de eso. No supe mayores detalles, solo que ese era el mejor descanso que había tenido, a lo largo de mi vida. Estaba aferrada a mí, con una sonrisa, con sus cabellos, acarciando mi rostro, esparcidos por toda la almohada. No tomé en cuenta otra cosa. Si había guerra o no. Si había destrucción en el mundo o no. Yo estaba allí, ella también. Lo demás...No lo pensaba.

No en ese preciso momento.