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Historia 48889 — capítulo 1

Entre las sombras, una figura se desliza en silencio. Aun en la quietud y la oscuridad, se advierte un alma viva. Unos ojos refulgen con decisión, y un brillo rojizo los embarga. Una sonrisa se abre de pronto en la negrura, blanca como la leche, y parece como si se abriera el muro de oscuridad con un navaja, y detrás se encuentre la luz. Pero no es una sonrisa dulce, ni tierna...es una sonrisa demoníaca. Pero, sorprendentemente, no siento el sabor amargo del miedo en mi boca. Reúno valor y me acerco lentamente a ti...me fascinas. El carbón rojizo de tus ojos es tan hermoso...caminas aparentemente tranquilo, pero no es más que un disfraz, como el león que camina impaciente en su jaula, así das tú cada paso, con ese tinte homicida en tu mirada. Asustas a tantas niñas estúpidas, a tantos chicos que ante tu simple mirada se aterrorizan. Incluso a mí llegaste a intimidarme...ahora sólo me intimida el temor a tu odio. A ese odio que tienes tan guardado dentro, temo que estalle....temo por ti. Caminas como un tigre a punto de atacar, pero sé que a mí no lo harás. No me atacarás, porque creo que en el fondo lo sabes...siempre fuiste inteligente, aunque mal estudiante, tu saber antiguo como el diablo. Sé que sabes leer las almas, sé que sabes que te amo, y no me importa. No sé si tú me amas...sólo sé que no me olvidas, y eso ya es algo...sólo sé que no me apartas de tu lado, y te sigo a través de la oscuridad...

No hay luces, y no logro distinguir tu rostro, pero sé que estás ahí, como una sombra. De pronto, alzas los brazos, que ahora son alas, y tus ojos dejan de ser oscuros para ser rojos. Emites un rugido profundo, que me hace estremecer...parece que puedes remover la tierra y el cielo con una sola orden. El remolino frena, tus alas desaparecen y estamos de nuevo los dos, solos, en la oscuridad. Pero la negrura se desvanece...nos encontramos, simplemente, en un patio de asfalto. Me miras, y en tus ojos de carbón leo la duda. Te preguntas si me he dado cuenta...si no te tengo miedo. Sé que eres un demonio, sé que debiera temerte, pero no te temo...sólo te amo. Esbozas una torcida sonrisa, y te marchas.

No ha durado más que tres segundos nuestro cruce de miradas.

En él me he visto cubierta de oscuridad, de terror, de sombras.

En ese tiempo vi tu alma demoníaca, pero pura e inmaculada.

Sé que eres un demonio, pero no un demonio malvado.

Eres mi demonio.

Nuestros ojos se encuentran de nuevo, y me envuelvo de negro, de nuevo. Esta vez no lo dudo. Corro hasta ti.

Llévame al Infierno de tu mano, a tu lado no puedo temer nada.

Porque sólo sé que te amo, demonio.