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Historia 48889 — capítulo 2

Era su ángel, su negro ángel. Ella le veía perfecto, a pesar de las habladurías. Ella le veía maravilloso, perfecto, le tenía en un pedestal. Cuando aparecía, su rostro se tornaba de un tono escarlata, tenía la mirada perdida, los movimientos torpes y una sonrisa imposible de ocultar. Sus labios se cerraban en una letra que, sin advertirlo, tomó un significado especial para todos, pero más para ella: S. S de salvación, su salvación. S de salida para todo el amor que nunca profesó, S de símbolo, que él se convirtió para ella.

Y yo, en homenaje a ellos y su amor no declarado aún, escribo estas breves líneas, para el Ángel Negro y la enamorada.

Porque ellos se aman, nunca lo dudé. El verde de él y el oscuro de ella, sus ojos se unían a través de la distancia, y se decían las palabras más hermosas nunca escritas, sus caricias se las regalaban por medio de una mirada y se sonreían levemente, sus rostros enrojecidos y sus miradas brillantes. Aunque los labios se trabaran a la hora de hablar, no era necesario pronunciar palabra para amarse profundamente.

Entes que se elevan hacia el cielo, él con unas alas negras naciendo de su espalda y ella en sus brazos, sus labios tan cerca, él con una sonrisa dulce, pero sin perder su tinte burlón. Se alzan lejos de mi vista, pero sé que están ahí.

La tierra tiembla, y sonrío. Sus labios se han unido, y la Luna contemplándoles suspendidos en el cielo, como dos ángeles. Y habían dejado de ser humanos, ya no eran simples seres humanos.

Eran verdaderos ángeles.

Y esto dedicado también a él, para que se de cuenta de la maravillosa persona con la que mantiene un código de sonrisas y miradas, porque se aman, que se de cuenta de la increíble chica con la que ríe y se sonroja.

El amor de los ángeles perdurará siempre, y aunque aún las palabras no lo hayan demostrado...

su amor será eterno, y el Ángel Negro la besó, y el tiempo y el espacio se detuvieron mientras duró su gesto.