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Historia 48889 — capítulo 8

Llueve, y cada gota de lluvia es otra lágrima en mi mejilla. Cada letra que escribo es un suspiro que anhelo, y cada suspiro que lancé por ti es un grano de arena en el desierto. La insondable profundidad de tu mirada, que esconde el secreto del cosmos. Y en tus pupilas leo el infinito. Incontables son tus miradas, imposible desentrañar el secreto que esconde tu enigmática sonrisa.

No puedo comprender por qué ella no se atreve, siendo su mejor amigo. Una incógnita indescifrable.

Incomprensible el temor a su negativa, siendo almas gemelas, ángeles oscuros. Como una ecuación compuesta sólo de variables.

Carece de números esta algebraica expresión. Objetos imposibles, la pescadilla que se muerde la cola. No puede descifrarse esta operación, ¿Cómo despejo la incógnita de tu mirar? No conozco método con el que decirte que te amo. Problema sin solución, dos más dos igual a cinco. Explícame de nuevo la lección, pues no comprenderé nunca la matemática del amor. Llévame de la mano por los caminos de la geometría, y déjame dibujar corazones con compás en tu espalda. No hay decimales en tus operaciones, ni restos en la división de tus besos. Todos me los ofreces, sin repartir.

Por eso anhelo que llegue la hora de matemáticas, para perderme en las cuentas de tus ojos, en las incógnitas de tus sonrisas y sentir tus besos, que en mi corazón se multiplican y elevan a la n.