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Historia 48934 — capítulo 2

Estamos con vosotros todos los días del año, a vuestro alrededor, somos familiares, amigos, novias, conocidos… y vosotros, no sabéis qué somos en realidad. Nuestra presencia os aporta tranquilidad, descanso, felicidad, pero no sois felices a veces ¿verdad? Muchas veces os desborda la ira, pegáis e insultáis, maltratáis y matáis, lloráis, os desesperáis, en resumen, no sois felices. Os pasa porque no somos los únicos que estamos a vuestro alrededor, están los "otros" que os persiguen, os asedian, os tientan y os frustran y no os dejan vivir una vida plena.

Nosotros intentamos apartaros de ellos, protegeros, pero muchas veces es difícil, muy difícil y más aún si descubren el "Gran Secreto". Podemos tener suerte y la persona que lo descubren son buenas y puras, pero estamos perdidos y condenados si la persona que lo descubre es avariciosa, obsesiva y con ansias de poder, pero estaremos muertos si la persona que lo descubre posee un demonio en su interior.


Corría con todas mis fuerzas para poder llegar a tiempo al cumpleaños de mi sobrino. ¡Todos los años se me hacía tarde! Pero es que mi jefe es muy exigente y si no lo fuera todo sería un caos, así que no podría estar enfadada con él.

Llegue a la puerta de la casa sin aire en los pulmones, apoyándome sobre mis rodillas y aspirando bocanadas de oxigeno para recuperarme. Me acicalé un poco la falda de vuelo y el pelo y pulsé el timbre. En seguida apareció mi hermana con ojos soñadores y se me tiró a los brazos con una sonrisa radiante.

— Alumit, sabía que llegarías tarde.

— Es costumbre en ésta fecha ¿verdad Claire? — mi hermana no sabía nada sobre mi verdadero ser. Ni ella ni el resto de mi familia, como debía de ser — ¿dónde está el cumpleañero? Traigo su regalito.

Saqué una cajita mediana envuelta en papel de regalo y la sacudí al lado de mi cara poniendo ésta de forma interrogante.

— No seas payasa, vamos para dentro, está deseando verte.

El salón estaba repleto de amigos, padres y madres y un montón de niños correteando de aquí para allá. Uno de ellos, el que iba al final, se volvió para verme dirigiéndome una mirada inocente. Me sonrió con esa sonrisita suya tan angelical y corrió a abrazarme dejando a sus amigos sin su presencia un rato.

— Feliz cumpleaños, Javi — le susurré al oído todavía fundidos en nuestro abrazo. Lo separé para verle mejor el rostro—. Vaya, sí que te están sentando bien los años. Ya eres todo un hombretón con esos ocho años que tienes.

— Tu también estás muy cambiada, Alumit. Tienes el pelo más largo y más brillante — me sonrió de nuevo y colocó una de sus manos en mi mejilla—, y tu piel está más brillante. Pareces un angelito.

Sonreí forzadamente ¡Qué cosas tiene los niños! Menos mal que piensan las cosas y enseguida se les olvida porque tienen otra cosa de interés. Le di su regalo y empezó a abrirlo con premura. Descubrió un libro de cuentos sobre ángeles y demonios con una encuadernación exquisita y una ilustración en la portada maravillosa: una pequeña niña ángel con un brillo dorado a su alrededor, cogida de la mano de un angelito precioso con alas negras y una aureola del mismo color a su alrededor. Se encontraban en un bosque en dónde el sol se filtraba por sus hojas. Me miró deslumbrante y volvió a abrazarme.

—Muchas gracias tita — me hizo una seña para que me acercara y escuchara lo que me iba a decir —. Sabía que tú me regalarías algo grandioso, como todos los años.

Me separé de él y corrió a enseñarles su nuevo regalo a sus amigos. Mi hermana se acercó dándome las gracias por el regalo, aunque la veía contrariada de nuevo. Sabía que a ella no le gustaba que yo le regalara cosas "religiosas" a su hijo aún cuando ese regalo estimulara su lectura o su concentración. Si supiera a quién tiene por hermana. Me dio un refresco y me pidió que me divirtiera.

Di una pequeña ojeada por el salón y me encaminé a un grupo de jóvenes de no más de veinte años que vi cerca de la puerta del jardín. Reconocí enseguida a una chica que sólo la veía de año en año en el cumpleaños de Javi, pero que nos habíamos llevado muy bien desde un principio.

—Hola, Alumit. Un año más ¿verdad? —se rió al ver de que sólo nos veíamos una vez al año y yo le reí la gracia. —Te voy a presentar a un amigo.

Señaló a un chico moreno de pelo rizado, un poco más alto que yo y algo musculoso, debía de tener bastante fuerza. El chico tenía la mirada perdida pero el ceño fruncido allí dónde miraba, por lo que pude observar, no estaba cómodo en esta fiesta. Cuando Carol le dio unos golpecitos en el brazo al chico y me señaló, prestó toda la atención que antes no había prestado a ninguna otra cosa. Me dedicó una débil sonrisa y me acercó una de sus manos.

—Este es Cristian, es amigo mío desde hace unos meses. Lo conocí en la universidad y hoy le he pedido que venga conmigo aquí, aunque no lo veo muy convencido.

Miró con mala cara a Carol y me estrechó la mano con firmeza. Sí, era bastante fuerte.

—Hola, encantado de conocerte…

—Alumit —sonreí.

— Un nombre bastante raro ¿no?... quiero decir… que no es muy común…

Estaba bastante incomodo por haber dicho eso e intentaba arreglarlo.

— No te preocupes, sé que es raro pero mi padre decidió darme ese nombre.

— ¿Qué significa? Nunca te lo he preguntado — preguntó Carol entrando en la conversación.

— Significa mujer joven, secreto oculto — me miraban de manera interrogante —. Sí es extraño, no intentéis sacarle la lógica. Mi padre es bastante alocado.

La tarde siguió su curso como todos los años: Javi sopló sus ochos velas, le cantamos varias veces el cumpleaños feliz, cortó la tarta y nos la repartimos, jugamos un rato con los niños y cuando se hizo lo suficientemente tarde para que los niños estuviera ya rendidos de jugar, los invitados empezaros a irse poco a poco.

Carol y Cristian me invitaron a ir a un restaurante a cenar, ya que no me había despegado de su vera en toda la tarde, pero antes llevaríamos a la hija de Carol con su madre para que ella pudiera disfrutar una noche. Era madre soltera y a veces no lo llevaba muy bien, pero era fuerte. Me despedí de mi hermana y de Javi que estaba bastante dormido a ese punto de la tarde-noche. Mi hermana insistió que fuera a verlos más a menudo, pero tuve que rehuir como pude, mi trabajo me impedía tener tan sólo un día libre.

Salimos de la casa dejándola aún enfurruñada.

Tomamos calle abajo para ir a la casa de la madre de Claire y dejar a su hija. La casa no estaba muy lejos. Cuando Claire dejó acostada a su hija y nos despedimos de su madre, decidimos ir a un restaurante de la zona en el cuál se podía comer de todo.

En el camino seguimos hablando de temas variados pero de nada en concreto. Cristian parecía no quitarme la vista de encima en ningún momento. Me incomodaba mucho, pero gracias a eso me ayudó dos o tres veces a no caerme al suelo por tropezarme con las cosas. No solían ocurrirme cosas así, pero este día estaba siendo bastante raro comparado con otros años y no encontraba el por qué.

Llegamos al restaurante ya un poco cansados de toda la tarde ajetreada. El metre nos llevó a una mesa acogedora en una de las esquinas de la estancia, donde podíamos ver la calle por una ventana enorme. No había mucha gente en el restaurante por lo que podíamos charlar sin levantar mucho la voz.

— Alumit, ¿en qué trabajas? Porque creo que es una de las preguntas que no te he hecho esta tarde — me preguntó Cristian con el ceño fruncido.

Este tipo seguía sin darme buena espina. ¿Por qué tenía que estar tan atento a lo que hablaba? Ya me había preguntado por el inusual tono de mi piel (demasiado brillante para los ojos de los mortales) y tuve que salirme un poco por la tangente contestándole que utilizaba un gel de baño traído desde Japón. Era muy exclusivo y también difícil de conseguir. No pareció convencerle mucho, pero no volvió a preguntarme más.

— Bueno, tengo un trabajo fijo ayudando a la gente.

No estaba mintiendo, yo estaba ayudando a la gente todos los días hasta que encontrara a la persona que de verdad tuviera que cuidar. Pero este chico no se cansaba.

— ¿En alguna ONG?

— Esto… bueno… más bien es por mi cuenta — le contesté muy dubitativa mirando hacia todos lados, cada vez me arrinconaba más y Carol no decía nada— ¿Y tú en qué trabajas Cristian?— le pregunté para tomar ahora yo el control de la conversación — Sé que Carol trabaja de maestra y modestia aparte, me he enterado que eres genial.

— No es para tanto, tonta — me dijo dándome una palmadita en el brazo.

— Pues yo trabajo en una oficina, siempre con movimiento de negocio de aquí allí. Uno de los negocios lo tuve que hacer en la universidad y así fue como conocí a Claire.

— Es verdad — comentó Claire— lo que no me dejó claro el decano era para qué venías.

Cristian adoptó una posición defensiva, cruzó los brazos en el pecho y desvió la mirada. Mi jefe me había enseñado a deducir estas señales para que me fuera bien en el trabajo, aunque aún no era una experta.

— Cosas sin importancia — contestó tajantemente.

Carol y yo nos miramos y decidimos terminar la conversación.

El camarero nos tomó nota y no tardó mucho en que nos trajeran la comanda. Me había pedido una pizza con champiñones, huevo y jamón. ¡Me encantaba! Claire y Cristian siguieron hablando y yo me abstraje totalmente probando esa maravillosidad. Cuando estaba comiendo la última porción hubo algo que me llamó la atención: una estrella fugaz en el cielo. Se me acababa el tiempo.

— ¿Alumit?

— Mmmm, fime… —tenía la boca llena de pizza y todavía colgaba de mi boca un trozo de queso que terminaba en la pizza.

Comenzaron a reírse por el espectáculo que estaba dando: la boca llena, la cara manchada por la pizza y expresión de estar en Babia. Me limpié rápidamente la boca y puse toda la atención que pude, aunque parte de mi mente estaba en el aviso de la estrella fugaz. Se acababa mi día libre.

— Le estaba diciendo a Cristian que ya que mañana es sábado, que porqué no salimos a divertirnos un rato, a algún pubo así.

— Oh, pues… yo… no, no puedo. Mañana trabajo también. Ya sabes, esto de ayudar a las personas no tiene descanso. — les sonreí sin ganas.

— Bueno, entonces creo que es hora de pedir la cuenta y volver a casa — concluyó Cristian.

El camarero nos cobró y salimos a la cálida noche. Respiré hondo y cerré los ojos, me encantaba el ambiente veraniego.

Nos despedimos de Claire ya que iría a recoger a su niña y Cristian y yo iríamos en la dirección contraria. Empezamos a caminar en silencio por la calle desierta. Se estaba muy a gusto aunque la presencia de Cristian aún me incomodaba, pero no lograba saber por qué.

— ¿Dónde vives? — me preguntó.

— Vivo en el distrito 14, en la barriada de los cerezos.

— Es una barriada muy bonita y muy alegre. He ido muchas veces allí a hacer negocios. Es un sitio muy rentable para mi jefe.

— Y tú ¿dónde vives? — le pregunté ahora yo mirando de nuevo al cielo para buscar la última señal.

— En el distrito 3, en la barriada del sauco.

No pude contestar nada más excepto "ajam". El distrito 3 era uno de los peores. Los distritos estaban divididos en quince y los números más bajos eran los peores mientras los más altos los mejores. Aparte, los distritos estaban divididos en barriadas y según el nombre de la barriada eran mejores dentro de lo peor u horribles. El distrito 1 y la barriada de la muerte era la peor de todas, ni la guardia imperial era capaz de entrar ahí.

Ahora sí que no me entraba en la cabeza que alguien tan bien vestido, con clase, pudiera vivir en un barrio así y más sorprendente que lo dejaran entrar en los barrios más altos y pudiera hacer negocios. Esos negocios ya no me estaban dando buena espina.

— Bueno aquí tengo que despedirme, no quiero que entres más allá. Tampoco creo que la seguridad te dejara entrar. Eres una ciudadana respetable.

— No creo que tú seas un ciudadano de mala calaña — contesté con una sonrisa aunque no muy convencida de mis palabras. De todas formas mi jefe siempre me decía que no tenía que juzgar a las personas a la ligera.

— Adiós y nos veremos.

— Adiós.

Nos despedimos con un beso en la mejilla. Una chispa de mal augurio recorrió mi cuerpo a la velocidad de la luz. Creo que él también pudo notarlo. Sus ojos tornaron oscuros de una manera malévola y mi instinto natural me avisó dando martillazos en mi corazón. Me alejé de él rápidamente mirándole con desconfianza. Cristian controló la mirada, se frotó los ojos y se fue rápidamente hacia la entrada de su distrito. Me agarré el pecho angustiada. ¿Qué había sido eso? ¿Por qué me había puesto a la defensiva?

Un destello en el cielo captó mi atención: otra estrella fugaz. Era la hora. Corrí hacia un callejón oscuro de las inmediaciones. Mi cuerpo comenzó a brillar y mis alas se desplegaron. Volé rumbo al cielo, allí estaba mi jefe esperándome.


El primer capítulo de todos. Espero que os guste. No he podido revisarlo ni nada por estilo porque me voy de vacaciones ahora jajaja. Ya lo corregiré. Es el primer original que hago así que espero que le guste a la gente. Está todavía making off ajajaja, asñi que puede que encontréis incoherencias o cosas así.

¡¡Se esperan reviews!! ^^ Besos