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Historia 48934 — capítulo 3

Mi jefe estaba esperandome en la entrada al cielo. Su pose denotaba que estabaalgo irritado pero no lograba comprender por qué. Me acerqué y le hice una reverencia.

— Jefe.

Mis alas desaparecieron para dejarme más movilidad. Mi jefe hizo una seña y entré con él al paraíso.

— Demos un paseo, Alumit — su voz era armoniosa, preciosa. A un humano podría estallarle la cabeza o incluso volverse loco si la escuchara.

Las nubes crearon un parque de ensueño a nuestro alrededor: un pequeño lago en el centro de agua cristalina y peces de hielo; se podía ver a los humanos a través de su agua pura. Me llevó allíy materializó a una persona: Cristian.

— He encontrado por fin a la persona indicada para ti, Alumit. Él será la persona que tendrás que cuidar, pero tendrás que tener cautela ya que las apariencias engañan.

Muchas veces no entendía a mi jefe, era tan ambiguo.

— Es un buen chico, aunque algo dentro de mí me dice que no puedo confiar en él. No sé cómo explicarlo pero algo hizo que se me acelerara el corazón cuando me despedí de él. Como una advertencia. Por otra parte, mi instinto me impulsa hacia él, he tenido una sensación de vacío enorme cuando venía a su encuentro jefe.

— Ten cuidado con esa sensación, Alumit, ya que podrás caer en desdicha. Que no te tiente mi hermano. Tu eres una de las más puras protectoras que tengo, por eso se te ha encomendado esta misión. Aún no lo sé, pero creo que los emisarios de mi hermano lo controlan.

Llevé una mano a mi boca horrorizada. Los demonios iban a por Cristian ¡Iban a por él! ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser él? El jefe me miró y posó una de sus manos en mi cabeza intentando tranquilizarme.

— Si estoy en lo cierto, habrá mandado a uno de sus mejores hombres, por eso tengo que jugar con la misma moneda. Tu eres la mejor para esta misión. Ahora ve, descansa y mañana busca a ese chico. Cuida de él, no dejes que caiga en las garras del mal.

Chasqueó los dedos y mi cuerpo comenzó a brillar hasta desaparecer de su presencia dejando solamente pequeñas volutas doradas.

Abrí los ojos poco a poco por culpa de un rayo de sol que se filtraba por las cortinas. Me incorporé hasta sentarme en la cama desperezándome y frotándome los ojos. Menudo día el de ayer y el de hoy sería arduo. Decidí darme una ducha ligera para aclararme las ideas, con eso podría pensar por dónde podría empezar a buscar. Me quité el pijama y entré a la ducha que ya había empezado a echar agua templada. El agua caía rápida por todo mi cuerpo relajándome, cerré los ojos para intentar de concentrarme. El rostro de Cristian apareció entre la negrura. Él estaba metido en un gran problema por culpa de ese maldito emisario. Mi corazón gritaba que le encantaría echarle el guante cuanto antes a ese ser y sacarlo a la fuerza de Cristian. Tuve que abrir los ojos ya que empecé a respirar furiosamente por culpa de mis pensamientos. Salí sacudiendo la cabeza intentando concentrarme de nuevo en mi objetivo, pero sin que mi instinto me domara, tenía que reservarlo para el momento adecuado.

No sé si este tipo de instinto lo poseemos todos igual, pero el mío creo que no podré controlarlo del todo. Cuando mi jefe me habla del mal un fuego ardiente recorre todo mi cuerpo y la gran llama se encuentra en mi corazón. No soy capaz de utilizar la razón, esa llama es la que controla mi cuerpo.

Cuando hacía practicas en la academia celestial acababa siempre sin conocimiento y despertando al día siguiente en la enfermería. Mi entrenador siempre estaba a mi lado cuando despertaba y me alababa por la gran actuación que había demostrado.Siempre le tenía que preguntar qué había ocurrido porque, lo único que lograba recordar era que una gran oscuridad se cernía sobre mí y luego despertaba en ese edificio. Nunca me contaba el final, sólo me decía que había estado muy bien pero no quería contarme qué le había hecho al muñeco de prácticas.

Al final conseguí el título, pero creo que el jefe tuvo algo que ver ya que sólo una vez conseguí dominarme en el entrenamiento. Me asustaba que ahora no lo lograra ¿Y si le hacía daño a Cristian? Se supone que a él tenía que protegerlo pero… ¿Y si le pasaba algo malo? O ¿Y si no era capaz de protegerlo del emisario? Tampoco estaba segura que le emisario estuviera ya dentro de él o que se dejara manifestar todo el tiempo. He de reconocer que ayer sí que no té algo al final, cuando nos despedíamos.

Sin darme cuenta, ya me había cambiado y desayunado, me quedé perpleja observando el bol de cereales vacío. Lo dejé todo el fregadero para limpiarlo más tarde. Respiré hondo cerrando los ojos, concentrándome en la cara de Cristian.

—Bien, es la hora. Tengo que protegerlo.

Cerré el puño con decisión, cogí mi bolso y salí a la calle. El jefe había grabado en mi mente el mapa de la ciudad y me había señalado dónde quedaba exactamente el distrito 3 y la barriada del sauco. Me encaminé con decisión al punto señalado pero con la mente trabajando a toda máquina ¿Cómo podría entrar en el distrito? Todos los habitantes del Imperio _____ teníamos una tarjeta de habitante, según el rango en el que estés puedes entrar en un distrito tranquilamente y tener restringido otros. Los habitantes de los distritos del 1 al 6, tienen prohibido totalmente entrar en los distritos del 7 al 15, aunque siempre hay algunas excepciones; y viceversa. Claro está, que si un habitante es del distrito 15 no querrá entrar en el 1.

Esto era o que iba ser realmente complicado. Yo soy del distrito 14 y querer entrar en el distrito 3 sería una autentica locura, los guardias de seguridad no me dejaran entrar por nada del mundo. Si me pasara algo si me dejaran entrar, la responsabilidad caería sobre ellos, por eso son tan estrictos.

¿Qué trabajo tendría Cristian para que lo dejaran entrar en cualquier distrito? Para vivir en el distrito 3 no creo que sea un gran trabajo, pero tiene muy buen influencia.

Llegué a la calle que me llevaría directamente a una de las puertas del distrito 7; hiperventilaba. Anduve con poca decisión hacia la puerta, los guardias ya me estaban observando desde hace tiempo, comencé a temblar un poco.Al llegar a la puerta ya había cuatro guardias esperando mi llegada.

—Buenos días, señorita.

—Bu-Buenos días, señor.

Me había hablado con autoridad pero con toda la cortesía que poseía un caballero imperial.

— ¿Podemos ayudarla en algo? ¿Se ha perdido?

Estaba claro que no creían que había llegado allí por propia voluntad, creían que sería una turista o alguien de los distritos altos extraviado. Mi ropa y mi porte le estaba dando la respuesta inmediatamente.

—Esto… no, no estoy perdida. Tenía una cita con una persona aquí en el distrito 3, en la barriada del sauco.

No había comenzado con buen pie. Me miraron de arriba abajo y luego entre ellos. Me estaban tomando por una chiflada o que les estaba mintiendo en toda regla.

—Señorita —otro de ellos me habló con una sonrisa—, creo que debe estar equivocada de lugar. ¿Podría mostrarme su tarjeta de identificación?

Tendió una mano esperando a que le entregara mi tarjeta. Se la di no muy convencida, estaba perdiendo las esperanzas de que me dejaran pasar. Se pasaron la tarjeta uno a uno, asintiendo. Al final me la devolvió el mismo hombre que me la pidió.

— Lo siento, señorita. No podemos dejarla pasar, es muy peligroso este distrito para usted, pero los siguientes son peores. No sé con qué clase de persona ha quedado pero no creo que vaya a poder verla. Tendrá que quedar en algún lugar neutral, pero nosotros no podemos dejarla pasar.

Hice un mohín, ya me imaginaba esa respuesta.

— ¿Están seguros que no me puede dejar pasar? Tenía una cita y ya llego tarde, si voy a otra entrada llegaré más tarde aún…

—Siento interrumpirla, señorita, pero no creo que por otra puerta la dejen entrar.

Me estaba dando a entender que ellos se podrían en contacto con las demás puertas para no dejarme pasar. Los miré enfadada y di media vuelta. Sé que ellos estaban haciendo su trabajo y gracias a eso era el Imperio más seguro de todos, pero esto frustraba mis planes.

Caminé por las calles concurridas del distrito 7. El distrito 7, aun siendo uno de media categoría, era un distrito peligroso. A ambos lados de ella se situaban las zonas neutrales dónde algunas personas procedentes de los distritos 5 y 6 podían pasear. Las zonas neutrales estaban muy bien aseguradas ya que había soldados de la guardia imperial por todos lados. Aparte, si alguien de la zona 1 intentaba salir a las zonas neutrales desde los distritos 5 y 6 eran atrapados sin piedad y algunos incluso han llegado a ser asesinados.

Por estar en el centro del Imperio ___ era el distrito más concurrido de todos por eso el emperador tenía sumo cuidado con los ciudadanos de esta área. Sólo en otro sitio había tanta vigilancia como en esta zona y esa era el distrito 1 y el distrito 15 dónde se encontraba el emperador.

Llegué a una cafetería y me senté para descansar un poco. Vaya intento frustrado, aunque desde un principio no poseía la esperanza de poder pasar.Un joven camarero se acercó y me sonrió.

—Bienvenida al café La Tacite ¿Qué puede servirle, joven dama?

Me irritó un poco la forma de mirar y de hablar del chico, ¿me estaba tirando los tejos? Intenté no pensar en eso y le sonreí. No me gustaba ser grosera.

—Un té con leche desnatada, por favor.

— ¿Puedo ofrecerle algo para comer?

—No, muchas gracias.

El camarero se fue y pude volver a concentrarme en mi misión. ¿Dónde podría encontrar a Cristian? Ya no me dejarían entrar en el distrito 5 ¿Y si lo intentara por el 6? Allí todavía no estaría registrada y podría ganarme a los guardias con algunas palabritas. Estas partes de mi trabajo no me gustaban nada. Yo soy muy sociable pero tímida e intentar ese tipo de cosas me daba muchísima vergüenza.

Me entretuve mirando la gente pasar hasta que llegó de nuevo el camarero.

—Aquí tiene ¿Está seguro que no desea nada para comer? Corre a cuenta de la casa.

El chico me guiñó un ojo. Mis mejillas empezaron a colorearse a una velocidad alarmante, no estaba acostumbrada a los halagos. Fijé mi mirada al té aún ruborizada y le di las gracias en un susurro pero no tenía mucho apetito. El chico se fue con una sonrisa radiante en los labios.

Por lo menos hasta que trajera la cuenta me dejaría en paz el chico.

Di un pequeño sorbo a mi té, estaba demasiado caliente y me quemé la lengua. Volví a hacer un mohín y saqué la lengua para que se aireara un poco. Debía de tener una pinta estúpida intentando echarme aire con las manos. Carraspeé un poco y guarde compostura de nuevo. Dejé de hacer estupideces y volví a pensar en la misión. Cada vez me estaba resultando más imposible y eso que aún era muy temprano. Sólo habían pasado dos horas desde que me desperté y ya me estaba dando por vencida.

<<Eso es no es propio de mí >> pensé mientras me bebía el té.

Al terminármelo llamé de nuevo al camarero para que me trajera la cuenta. Apareció a mi vera raudo y veloz, dejando de lado a los demás clientes. Le pagué rápido para poder irme de sus palabras melosas y casi sus pequeños sobeteos.

El distrito 6 estaba como a dos horas a pie ya que tenía que atravesar la zona neutral primero. Iba entretenida observando todo lo que me rodeaba: gente de diversos distritos (eran reconocibles según la vestimenta), muchos guardias imperiales que se movían en grupos de diez personas; algunos edificios tenían carteles publicitarios sobre las nuevas series de televisión o alistamiento para guardia imperial. Las zonas neutrales sabía que existían pero nunca había pisado alguna, me dejó fascinada la primera vez que la vi: no había ningún edificio alto, todo eran lugares de ocio diversos. Había cafés, restaurantes, parques con lagos, karaokes… en fin, era un lugar para divertirse con gente de otros distritos. No existía ningún edificio para habitar en él.

Me dio pena incluso alejarme de la zona neutral para llegar a la puerta de la zona 6.

Pasó media hora hasta que volvieron a decirme que no podía pasar. Me dio la impresión de que estaban jugando conmigo. Me lanzaban preguntas seguidas sin dejarme contestar la anterior. Lo último que me dijeron y me enojo en desmesura fue <<Si te dejamos pasar ¿Qué harías por nosotros?>> la cara de baboso del guardia no la iba a olvidar tan fácilmente.

Estas cosas tendrían que ser reportadas al imperio, gente así de incompetentes no deberían ser guardias, ponían en peligro nuestra seguridad.

Sentí un escalofrío cuando me alejaba de la puerta, ya que a mi espalda escuché un silbido provocativo. Me daban arcadas sólo de penar que pasaría si hubiera ido de noche a ese lugar.

Ya no sabía qué hacer, no había forma para poder entrar al distrito 3. Tenía que encontrar a Cristian sino mi búsqueda de hoy había sido en vano. Un grupo de jóvenes universitarios pasó delante de mí y una bombilla se iluminó en mi cabeza ¡Cristian era amigo de Carol! Seguro que ella tendría su número de teléfono o alguna forma para poder quedar con él. Seguramente, Carol creería que me gustaba Cristian. Tendría que hacer que lo creyera para poder conseguir el número.

Salí corriendo hacia la universidad del distrito 10, dónde Carol daba clase. Mis energías volvían a renovarse con la esperanza de poder encontrar a Cristian.

Tardé otras dos horas en llegar a la universidad. Para cuando llegué los pies me dolían a horrores de estar toda la mañana andando, y me encontré con una sorpresa: la universidad estaba cerrada. ¡Era sábado! No me había acordado, yo trabaja todos los días del año menos uno y no sabía siquiera en qué día de la semana me encontraba.

Me senté frustrada en un bando y me froté los pies para aliviar el dolor. <<Sábado, sábado…>> repetía en mi mente, ahora sí que no sería capaz de encontrar a Cristian. La suerte una vez más me quiso acompañar: a lo lejos de dónde me encontraba la figura de Cristian evitaba a la muchedumbre y se dirigía hacia la puerta del distrito 6. Salí corriendo con los zapatos en la mano, era una oportunidad única y no podía desperdiciarla.

Cristian pasó por los guardias minutos antes que yo.

—Cristian, Cristian…— gritaba desesperada para que me oyera, mi deseo de verlo cerca de mí era irracional y no tenía ningún plan si se me acercaba, no sabía cómo lidiar con él.

— Vaya, vaya, vaya. Otra vez ha venido a vernos esta chica — dijo el guardia el cual me había lanzado el silbido—. ¿Te lo has pensado mejor? ¿Quieres disfrutar de nuestra compañía?

Paré en seco mi carrera ya que el guardia se acercaba amenazadoramente. Di un pequeño paso atrás, ese tío me estaba poniendo los pelos de punta.

—Tengo que ver al chico que ha entrado, es con él con quien he quedado— grité al guardia para que no se acercara más, que viera que me escuchaba bien, pero sólo logré que los demás guardias también se acercaran.

— ¿Sabes? A los alborotadores tenemos que encerrarlos, darles una pequeña lección.

Me cogió finalmente de la muñeca y me acercó hacia él.

— Suélteme, por favor— intenté soltarme con fuerza, comencé a darle empujones con la mano libre que me quedaba. Me cogió de la cintura para sujetarme con más fuerza y me empezó a arrastrar hacia la habitación de los guardias

— ¡He dicho que me suelte! — grité con todas mis fuerzas ya con los ojos llorosos. Estos tipos eran peligrosos, estaba realmente asustada, pero el guardia seguía arrastrándome. Ya estábamos casi en la puerta

— ¡Te ha dicho que la sueltes!

Cristian estaba allí en la puerta del distrito. Su mirada era feroz. El guardia me soltó inmediatamente.

— Ella viene conmigo.

—Sí, señor. Discúlpenos.

Los guardias se alejaron para situarse cada uno a sus puestos. Cristian me cogió de la mano y me llevó de nuevo a la zona neutral sin mediar palabra.

FIN DEL CAPÍTULO


NOTA DE LA AUTORA: Wuaaaaa!!! Hola a todos de nuevo. Siento lo que tardo en actualizar pero es que para este original necesito muuuuucha inspiración y mucho tiepo también jaja. Espero que no os hayais hecho mucho lio con los distritos (gomen!!), pero ya pondré un pequeño dibujo para que entendáis por dónde camina Alumit ^^. ¿Os ha sobrecogido el estómago el final? Jolín yo es que estaba escribiendolo y me estaba emocionando. Cuando he terminado, lo he leído de nuevo y he dicho ¡OH MI GOD! jajajaja

Perdón por mi ego, pero es que el autoestima hoy lo tengo por las nubes jajajaja. Bueno, ya os dejo de decír chorradas y sobre todo:

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