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Historia 48998 — capítulo 20
Matthew se recuperó en unos días de la pierna, pero del susto, le llevó bastante tiempo. Ya estaban felices y unidos en la gran casa Malfoy, y Brendan estaba aprendiendo a hablar. Hermione estaba organizando el ansiado compromiso, y creía ya tener su vestido. Había algo que no sabía pero que le pasaría muy pronto.
Draco estaba cada vez más felíz. Se sentía con más ganas que nunca de enfrentar a sus padres para siempre, para que aceptaran a Hermione tal cual era.
-¿Recuerdas cuando querías ser maestra de niños?- preguntó Draco tiernamente, y la besó.
-Lo recuerdo como si fuera ayer, también recuerdo a cierto chico que me convenció para ser niñera...- dijo Hermione.
Draco rió, y miró a Jessica, que se acercaba a ellos con un dibujo.
-¿Qué dibujas ahora, princesa?- preguntó interesado.
-¡A mis abuelos!- exclamó la niña, cosa que sorprendió a Hermione-. ¡Dos dagones!
Hermione y Draco rieron, y miraron el dibujo.
-Y yo los dibujé a ustedes- dijo Matthew, yendo con sus muletitas, y les mostró un dibujo fantástico para alguien de su edad-. A mis papis.
Hermione los abrazó a los dos, cuando llamaron a la puerta.
-¡Ya voy, señor!- exclamó Charity, corriendo hasta la puerta principal, y la abrió. Era la señora Malfoy, llorando.
-¡Mamá!- dijo asombrado Draco, y la abrazó.
-¡Hijo! ¡Ay, hijo querido...!- sollozó Narcissa.
-¿Peleaste con papá?
-¡Ojalá fuera eso!- dijo con dramatismo la mujer.
-¿Entonces?- preguntó Hermione.
-¡Estamos en la ruina!- dijo con un alarido lastimero la mujer rubia, mirando con los ojos hinchados a la castaña, que abrió la boca, desconcertada.
-Explícate.
Narcissa se sentó en el living, seguida de sus nietos, su hijo y su futura nuera.
-La empresa marcha demasiado mal, tu padre despilfarra el dinero comprando cosas que no necesitamos y sospecho que tiene una amante...- explicó, y Draco la abrazó.
-¿Qué pasa con la empresa?
-Los socios se van, las secretarias renuncian... Los empleados trabajan cada vez más mal pero todo es culpa de Lucius, todo, todo- dijo ladeando la cabeza con pesimismo Narcissa, y lloró con más ímpetu, mirando a sus nietos, que estaban preocupados-. Para colmo, vendió la casa porque el dinero no le daba para mantenerla y estamos en la calle...
-¿Qué estás insinuando?- preguntó Draco.
Narcissa lo miró, con los ojos anegados en lágrimas.
-¡Necesito un refugio, hijo mío!
-Está bien, te puedes quedar aquí- se resignó el blondo-. Pero con dos condiciones.
-Escucho y concedo- juró Narcissa.
-Tratarás bien a Hermione, la tratarás como si fuera una reina- empezó Draco, y Narcissa asintió con dificultad-. Y accederás a ayudarnos con nuestro compromiso...
-¡¡Qué!!- chilló la mujer.
Draco sonrió a modo de disculpa.
-Está bien, de acuerdo...
-¿Y el señor Malfoy?- preguntó Charity, acobardada.
-Está en un hotel, y quiere divorciarse... No sé que será de mí, Draco... No habrá separación de bienes porque lo único que nos queda es nuestra ropa... ¡Compró un banco, pero se fundió por que él no sabe manejarlo! ¡Tienes que estar al mando de la empresa, Draco!- lloriqueó Narcissa.
-Mamá, mamá, cálmate- dijo el rubio, abrazándola otra vez.
Hermione puso los ojos en blanco y llevó a los niños a jugar.
Tres semanas después...
Hermione se miraba al espejo, y vio que algo le faltaba. Brendan, en su cochecito, le tendía el cepillo de cabello, heredado de su madre.
-Gracias, hijito.
Brendan se sonrosó y le sonrió con dulzura.
Hermione se peinó el cabello, que estaba rizado y hermoso; se puso unos pendientes que Draco había insistido en regalarle (pertenecientes a su bisabuela), y se alisó el vestido rosado, largo hasta las rodillas. Se puso los tacos y sonrió. Se pintó los labios con rojo brillante, y bajó las escaleras con Brendan en brazos.
-Estás preciosa- dijo Draco. Él estaba muy elegante, con un traje negro.
Narcissa estaba más recompuesta, y estaba muy guapa, también, con un vestido largo hasta los pies, plateado.
Jessica tenía un vestido blanco nuevo, en campana, y en el cabello tenía dos colitas. Brendan tenía un traje en miniatura, y Matthew ya había abandonado las muletas. Tenía un traje gris precioso.
-¿Están invitados tus amigos?- preguntó Draco, viendo lo concurrida que estaba la Mansión, unos veinte minutos después.
-Sí, claro. Harry me dijo que vendrá con Ginny, y Ron con una amiga, Luna Lovegood.
Cuando llegó el momento indicado, Draco se paró en las escaleras.
-Señoras, señores y señoritas- dijo, y todos sonrieron-. Tengo el placer de presentarles a mi futura prometida, Hermione.
Ron, incómodo, gruñó.
Hermione fue con Draco, tras los aplausos de todos.
-Te doy este anillo como símbolo de nuestra futura unión, con la esperanza de que me ames todos los días de nuestras vidas- dijo solemnemente Draco, feliz de decir eso sin presiones, como cuando fue el momento del compromiso pero con Ámbar.
Le colocó el anillo de plata a Hermione, que resplandecía de felicidad.
-Yo, Hermione, te entrego este anillo como símbolo de mi amor, con la esperanza de que nos amemos para siempre, y por toda la eternidad- dijo con dulzura Hermione. Le puso el anillo a Draco, y los niños Malfoy fueron y los abrazaron.
Todos aplaudieron fuerte, pero Ron se fue al jardín, molesto.
Hermione fue con el pelirrojo, que miraba las plantas, frustrado.
-No tienes por qué ponerte mal- dijo Hermione, poniéndole una mano en el hombro.
-Es que yo a ti te amo...
Ron se volteó rápidamente, y la besó tiernamente. Hermione se separó de él de una sacudida, y lo abofeteó.
-¡Yo no te amo!
Se fue corriendo a la casa, donde Matt entretenía a algunas personas con fotos de cuando eran pequeños.
-Te amo- dijo Draco, y la besó.
Llegó el momento esperado!!!
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Llené todo de la más ternura posible
Prox cap: Siete días...