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Historia 48998 — capítulo 4
Matt la miró. Él era un año mayor que su hermana.
-Ziempde hazemos ezto- le dijo con petulancia.
-Bueno, ahora que yo estoy a su cargo, me encargaré de que no se molesten entre sí, hagan menos escándalos y se comporten como deben.
Hermione miró la reacción de Matt: Estaba blanco como la leche. Rió, y Brendan soltó una sonrisa desde los brazos de Hermione.
Jessie miró furibunda a su niñera nueva, y cogió un tarrito de pintura, sin la tapa.
-¿Vas a manchar el piso?- le preguntó, y Brendan estiró los brazos hasta Jessica, en un intento desesperado para impedirlo.
-Zi.
Soltó la témpera, que cayó al lustroso piso de madera, y derramó pintura blanca.
-Bueno, creo que lo mejor no es que yo limpie- dijo con tono agradable Hermione. Dejó a Brendan en la sillita de bebés, y fue por un trapo y un balde de agua-. Lo mejor es que tú lo limpies, si no quieres que le diga a tu papá y se enfade mucho contigo.
-¿Y zi tú limpiaz?- preguntaron Matt y Jessie.
-Bueno... Si yo limpio, se lo digo a su padre- dijo Hermione, tendiéndole el trapo y el balde-. ¿Qué prefieres, Jess?
Jessica, con unas chispas de furia saliéndole de los ojos, cogió el trapo, Hermione le puso el balde al lado de la mancha de témpera blanca, y la niña mojó el trapo y empezó a limpiar la mancha, hasta que por fin el piso volvió a tener un aspecto limpio.
-Muy bien. Les diré algo. A los tres- dijo Hermione, y Brendan prestó atención-. Cada vez que hagan una mancha, a propósito, yo les busco un trapito y un balde de agua para limpiar. Si la mancha no fue provocada por ustedes, digo, sin querer, entonces yo limpiaré. ¿Entendido?
Asintieron, los dos mayores con pesar, y Hermione los miró.
-Jessica, tienes chocolate en la cara. ¿Vamos a lavarte?- dijo la niñera.
Jessie fue, de la mano de Hermione, al baño, y la muchacha le limpió la cara.
-¿Recuerdas a tu mamá?- preguntó con una nota de tristeza Hermione.
-Apenaz- dijo Jessica, con angustia.
-¿Era buena contigo?
-Me dejaba comed medmelada todas las nochez, pedo no mucho- asintió Jessica.
-Te diré lo que haremos- dijo Hermione, sonriendo-. Si te portas bien, a la noche de preparo mermelada de frutilla, que tu papá me dijo que es tu favorita, ¿de acuerdo?
La niña asintió, dándole la primera sonrisa.
Hermione también se ocupaba de la limpieza, y cuando entró al despacho de Draco, empezó a limpiar con un plumero los estantes y los libros. Se dio vuelta, y vio a Brendan, que estaba sentado en el piso, debajo de la puerta.
-¿Qué haces aquí?- preguntó, alegremente. Lo cargó, y siguió con la limpieza.
-Te iedo- le dijo.
Hermione le sonrió, y le besó la mejilla. Draco llegó a su casa en ese momento, silenciosamente, y vio a su niñera besando en la mejilla a su hijo menor. Sonrió, y entró.
-Hola, Hermione. Hola, campeón- saludó, cargando al pequeño-. ¿Cómo van los diablitos?
-Perfectamente. Los estoy poniendo en orden- dijo Hermione, y Draco se sorprendió-. Le dije que tengo un talento especial con los niños, por eso quería ser niñera.
-Sí, es cierto. Y veo que se está llevando de maravillas con Brendan- asintió Draco, y el mencionado rió de forma pura y tierna.
-Sí, claro. Brendan es... como el hijo que todavía no tengo- dijo contenta Hermione-. Si me disculpan, caballeros, voy a seguir limpiando la casa.
Se retiró, y Draco miró a su hijo.
-Es buena niñera, ¿no? Muy alegre... Y los quiere mucho.
Brendan se tapó los ojitos, y sonrió.
Hermione miró a Matt, que la miraba.
-¿Qué pasa? ¿Te sucede algo?
Matt ocultó algo en su espalda, cosa que intrigó demasiado a Hermione.
-¿Qué tienes allí?
Se acababa de dar cuenta que estaba en la puerta de su habitación.
-¿Qué me robaste?- le preguntó,
Matt cayó al piso con un ruido sordo, y se le cayó un cepillo de pelo plateado...
-¿Qué haces con esto?- preguntó Hermione.
Matt intentó recuperarlo, arrastrándose por el piso, pero Hermione lo agarró primero.
-No deberías entrar en mi cuarto, Matthew- le riñó Hermione, entró a su dormitorio y cerró la puerta. ¿Dónde podría esconderlo? Se le ocurrió una idea. Tendría que cerrar la puerta con llave.
Sentía voces en la planta baja. Draco y Matthew.
-¡Me pegó, papá!- gritaba.
Draco subió las escaleras.
-Matt dice que lo golpeaste- dijo, dudoso.
-Claro que no lo hice. Yo nunca golpeo a los niños- dijo ofendida Hermione-. Solo lo reñí porque me había quitado mi cepillo de pelo.
Matt se sonrojó.
-Matt, no lo hagas más- dijo Draco-. Disculpalo, Hermione.
-No, está bien. Son niños...
-Pero si queremos que sean personas de bien, tienen que ser buenos desde niños- alegó Draco.
Era de noche. Hermione dirigió a los niños primero a la habitación de Matt.
-No olvido el asunto del cepillo, pero si lo que quieren es echarme, no lo conseguirán con tontos planes, ¿oyeron?- les dijo. Sacó del armario un pijama verde claro, y le quitó la ropa a Matthew, para después ponerle el pijama, lo alzó y lo acostó en su cama-. Te perdono, pero no lo hagas nunca más.
Después, ella, Jessie y Brendan fueron a la habitación de la segunda.
-¿De qué color es tu pijama?- le preguntó Hermione, divertida, a Jessica.
-Adivina tú- la desafió la niña.
-Ehmm... ¿Rosa?- arriesgó Hermione.
Jessica asintió, y Hermione lo sacó del ropero.
-Es precioso.
-Gacias.
Hermione le quitó primero la pollera, y después la musculosa. Le puso el pijama y la acostó en la cama. La tapó hasta el cuello con la sábana blanca y la colcha de Barbie, y le besó la frente.
-Que duermas bien, princesa- le deseó, apagó la luz y cargó a Brendan. Salieron del dormitorio de la niña, y fueron a la del pequeño-. ¿Te sientes mal otra vez?
Brendan, con lágrimas en los ojos, asintió con dolor.
-¿La pancita?
El niño asintió, llorando.
Hermione le puso el pijama, y bajaron las escaleras. Se sentaron en el living y Hermione repitió los masajes con suavidad, haciendo que el niño resoplara cada tanto, aliviado.
-¿Vamos a tu habitación?
Subieron las escaleras, y lo acostó en su cuna.
-Mama, te iedo- le dijo dulcemente.
A Hermione se le anegaron los ojos de lágrimas, le besó la pancita y la frente, y puso un walkie talkie para que supiera cuando lloraba.
-Que duermas bien.
Brendan quedó mirando a Hermione, sin rastros de sueño.
-¿No quieres dormirte?- le preguntó, lo sacó de la cuna y se sentaron en el piso-. ¿Te cuento una historia?
Sacó de un estante El soldadito de plomo, y lo abrió desde el principio.
-"Había una vez un juguetero que fabricó un ejército de soldaditos de plomo, muy derechos y elegantes. Cada uno llevaba un fusil al hombro, una chaqueta roja, pantalones azules y un sombrero negro alto con una insignia dorada al frente. Al juguetero no le alcanzó el plomo para el último soldadito y lo tuvo que dejar sin una pierna"- empezó Hermione, cuando se dio cuenta de que Jessica y Matt habían escuchado, y habían ido a la habitación del hermano menor-. ¿Van a escuchar la historia?
Jessica y Matt se sentaron frente a Hermione.
-Bien. Hoy no se la contaré toda, porque es larga y necesitan dormir. Además, mañana podré seguirla contando, y tal vez pasado mañana- les avisó.
-"Pronto, los soldaditos se encontraban en la vitrina de una tienda de juguetes. Un señor los compró para regalárselos a su hijo de cumpleaños. Cuando el niño abrió la caja, en presencia de sus hermanos, el soldadito sin pierna le llamó mucho la atención.
El soldadito se encontró de pronto frente a un castillo de
cartón con cisnes flotando a su alrededor en un lago de espejos.
Frente a la entrada había una preciosa bailarina de papel. Llevaba una falda rosada de tul y una banda azul sobre la que brillaba una lentejuela. La bailarina tenía los brazos alzados y una pierna levantada hacia atrás, de tal manera que no se le alcanzaba a ver. ¡Era muy hermosa!".
Jessica bostezó, y se tiró en el piso, pero seguía escuchando.
Matthew cabeceaba, y Brendan estaba dormido en el piso, con el chupete en la boca.
-""Es la chica para mí", pensó el soldadito de plomo, convencido de que a la bailarina le faltaba una pierna como a él. Esa noche, cuando ya todos en la casa se habían
ido a dormir, los juguetes comenzaron a divertirse. El cascanueces hacía piruetas mientras que los demás juguetes bailaban y corrían por todas partes..."- contaba Hermione, cuando se dio cuenta de que su público estaba dormido. Satisfecha, cerró el libro, y silenciosamente lo puso en el estante. Estaban muy dulces allí. Cogió unas colchas que hicieron de colchón, los acostó juntos y los tapó con otra colcha de ositos, propiedad de Brendan.
Fue a su dormitorio, donde la esperaba Draco.
-Señor Malfoy- dijo sobresaltada.
-Escuché desde aquí la historia del soldadito de plomo- dijo sonriendo-. Y vi que los niños están durmiendo juntos.
-Es que... Pensé que no sería apropiado separarlos cuando ya se habían dormido allí- se justificó Hermione.
-Descuida, no te estoy retando- la consoló Draco.
-Ah, señor... Brendan me dijo algo muy dulce hace un rato.
-¿En serio? ¿Qué te dijo?
-"Mamá, te iedo".
Draco abrió la boca, y la cerró después.
-Debe de tenerte mucho cariño como para decirte mamá- comentó.
-¿Le molesta si...?
-Oh, desde luego. Disculpeme. Me retiro.
Draco salió de la habitación, pero le dio un beso en la mejilla, y se fue a su habitación.
Hermione se puso el camisón, y se metió en la cama. Descubrió unos caramelos pegajosos en la almohada, sonrió, dio vuelta la almohada y se durmió profundamente, y soñó con Brendan.
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Beesotes
Prox cap: La domadora y los domados