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Camino de Vida — capítulo 10
Aclaración importante: todos los diálogos son recuerdos de Belén, los que se encuentran en cursiva son en del mismo día, es un diálogo seguido.
Cap 10
Vivir para no dejarte morir
- Maestra ¿quién es él?
- Es un nuevo compañero, Roberto Cordero; y espero que lo traten como un amigo más
- Yo sí- comentó la misma curiosa niña de antes
- Bueno, pero no solo tú Belén; tiene que ser todos…
- A mi lado hay un campo vacío- dijo la misma niña con los ojos brillantes- yo le ayudaré a conocer a todos
- Bien; Roberto, ella es Belén Castillo
- Hola- era la primera vez que aquel niño tímido hablaba
- Hola, de ahora en adelante serás mi amigo.
Podía escuchar el sonido de las máquinas cerca suyo; las voces de los médicos y de sus familiares cerca. No recordaba que había pasado; pero sabía que no era bueno; intentaba abrir los ojos y no podía, ¿estaba sedada?, si era así, porqué tenía esos recuerdos tan presente.
-¿Dónde vives?- interrogó la niñita curiosa
-En mi casa- respondió incomodo el pequeño
-Yo vivo en la urbanización La Alameda, casa número cuatro; cuando quieras puedes ir, a mis país no le molestará que invite a mis amigos.
Sentía frío, y no podía decirle a nadie; porque estaba como muerta, como ausente. Sentí su débil latido, y se preguntaba como era morir, una pregunta de siempre; una respuesta igual, nadie se la iba a responder, porque si alguien lo hiciera, sería porque ella también abrazó a la muerte, solo los muertos saben como es morir.
-¿Las familias están unidas para siempre, verdad?
-Cierto
-¿Entonces por qué mi papá se fue de casa?- las lágrimas amenazaban con salir
-Va a volver, no te preocupes- contestó el niño abrazándola.
Su garganta estaba seca, y le costaba respirar, quizás por eso la mascarilla que le habían puesto.
Escuchaba a su madre susurrarle cosas, y sentía las lágrimas que le caían de los ojos de ella a su rostro; quería levantarse, pedirle que no llorara, abrazarla y prometerle que nunca más le haría sufrir.
-¿Por qué no juegas?- preguntó curiosa la chica a su amigo
-Porque puede que sea muy malo
-Si no has probado, no sabes… oigan Roberto quiere jugar
-No mientas- susurró molestó el niño
-Estoy segura que serás bueno, solo inténtalo
Sintió una lágrima rodar por su rostro, no era de su madre; porque se le había escapado a ella. Todos esos recuerdos aludían a alguien, al amor de su vida; al que había dejado y nunca se le confesó.
Él siempre había estado con ella, para ella; sólo. Era como una exclusividad sellada con el tiempo, marcada por miradas y caricias escondidas.
-Mamá dijo que me quería meter a un equipo
-¡Genial!, eres el mejor jugador del mundo- gritó emocionada la niña
-¿Crees que de verdad lo sea?
-Si te conviertes en un gran jugador, me caso contigo
-No bromees, somos amigos no digas eso- murmuró el niño con las mejillas rojas
¿Por qué siempre se negó?... por miedo a perderlo quizás… por temor a no ser correspondida, muy tonto… para no tener algo por lo cual llorar cuando muriera, era la respuesta correcta.
Pero ahora, estaba al filo de abandonarlo todo; y se maldecía por no haber amado como él la amó. Realmente si lo amaba, pero ese maldito miedo, le impedía todo.
-¿Puedes quedarte conmigo?
-Claro, ¿pero por qué?
-Estoy enferma
-¿Ya fuiste al médico?
-No te preocupes
Su ausencia le dolía más que todo aquellas agujas que perforaban su cuerpo.
¿Acaso no sabía aún?, no podía renegarle, ella lo tuvo siempre y no lo aprovechó, pero él le había prometido estar siempre a su lado, y no lo escuchaba cerca; ¿la había abandonado?, era imposible, el amor de su vida, no podía defraudarla.
-Papá había dicho que no volvería, peor por lo visto todo lo que dicen son mentiras
-Belén, los médicos van a encontrar un remedio rápido no te preocupes
-Gracias, sé que no es verdad pero gracias
-Eres una niña muy terca, ya no te vuelvo a decir nada
-Te quiero- le dijo la niña a su amigo
Hoy no te quiero, hoy solo te amo. Deseó gritarlo a todos y que solo a él le importara. Que sólo él la escuchara, para que se abalanzara y la besara, para sentir de nuevo la vida correr dentro suyo; y que eso no fuera más que un mal sueño; un agrio momento fácil de borrar.
-¿Por qué no me lo dices?
-No lo voy ahacer, supéralo Belén.
-Al menos di si la conozco
-¿Para qué quieres saber?
-Has sido mi amigo desde los cinco años, es obvio que debo saber quien es la chica que te gusta
-Lo siento, es mi secreto
Ya estaba muerta, que más daba; podía despertar un segundo y decirle al mundo que lo amaba, darle un beso y morir en paz. ¿No era mucho pedir, verdad?
Ahora si estaba dispuesta a todo, ahora que se sentía débil, que le costaba respirar; y que sabía no podía dar mucho. Era cobarde, quería hacer en muerte lo que no hiso en vida.
-Robert, yo…
-No digas nada, pero no creas que me voy a dar por vencido; me gustas mucho como para dejarte ir.
-Te quiero; pero es imposible
-Nada es imposible, para el corazón nada lo es
¡Maldición! El tiempo que había perdido, no lo recuperaría. Cuantos momentos felices pudo tener, y por su maldito miedo lo estaba perdiendo.
Se le escapaba el tiempo, como el aire de sus pulmones.
Necesitaba despertar ya, tenía que hacerlo; sacar las fuerzas casi inexistente de su interior, para ser feliz al lado de todos, porque no era solo Roberto, sus hermanos, su madre, Camila y Cristian, por ellos también tenía que luchar y salir adelante.
-¿Quieres saber algo?- preguntó curioso el muchacho
-¿Qué?- le respondió ella sin dejar de ver el dibujo que intentaba terminar
-Cuando te concentras mucho, cierras tus ojos un poco, haces un puchero con los labios, y te ves como una niña chineada
-¿Y qué tiene de malo?
-Que eso me mata
Lo primero que haría sería pedir perdón, por causar tantas molestias. Luego los abrazaría a cada uno, para en un gesto mostrarles todo el agradecimiento que sentía.
Para él guardaría lo mejor, y en un beso cálido y de amor, se declararía como la loca enamorada que era.
- ¿Eres muy tímido?- preguntó de nuevo la curiosa niñita
- Creo
- Yo haré que todo eso se te quite, ya verás
- ¿Cómo te llamas?
- Belén Castillo, tu nueva mejor amiga- contestó la pequeña con una sonrisa en los labios
- Lindo nombre… papá dice que los nombres van de acuerdo a la persona- el carmesí pobló sus mejillas
- Pues, tú no eres la excepción a eso
- ¿Dices que soy lindo?
- No dije eso
- Mmmm… creo que me está gustando este nuevo lugar para vivir
- Te prometo que te va a encantar- le dijo la niña, mostrándole una mariquita que se posaba en su mesa de kínder- aquí siempre hay cosas bellas y la vida es bella, dice mi mamá.
Lo prometido es deuda, aquí está manito.
Esto es por haber tardado tanto en actualizar, mi conmemoración a ustedes.