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Historia 49154 — capítulo 5

LA ONMIPOTENCIA Y EL LIBERTINAJE NO SON LAS MISMAS PALABRAS, PERO SE COMPLEMENTAN EN CONTRA DE LA LIBERTAD

PARTE I: YO NO SOY UN VULTURI

POV Demetri

-¡DALE! ¡APURATE! -gritaba una chica a todo pulmón.

-¡Ya! Está vivo, tonta. Tengo sed -se quejó otra chica.

-No Jime, este es para Demetri.

¿Jime? ¿Demetri? ¿Quiénes son? ¿Dónde estoy? ¿Por qué me duele tanto la garganta?

Una pequeña y cálida mano acarició mis cabellos.

-Despierta Demie -dijo la chica con dolor. ¿Demie?

-Si lo llamas con sobrenombres lo vas a confundir más -dijo la tal Jime. ¿Confundir a quién?

-¿No hay siquiera una mínima esperanza de que me recuerde a mí?

-No.

-¿Mmm? -murmuré tratando de abrir los ojos.

-¡Demetri! Demie, Demie, Demie, lo siento, Demie.

-¿Eh?

Cuando logré abrir los ojos me encontré con unos ojos... ¡¿Rojos?!

-¡AAAHHH! -grité mientras me paraba de golpe. Me enredé con la capa negra que tenía puesta. Me sorprendí de la velocidad con la que me moví.

-¿Pasa algo? -preguntó la chica de pelo castaño claro, piel pálida y aterrorizantes, pero a la vez hermosos, ojos rojos.

-¡Tus ojos! ¡Son rojos! -miré a la chica que estaba a su lado. Ésta tenía el pelo hasta la bravilla, color castaño oscuro. Sus ojos eran igual que los de la otra chica - ¡Y los tuyos!

-Y los tuyos, Demetri.

-¡¿Quién es Demetri?!

-¡Sos vos!

-Ah.

Así que yo era Demetri. Y Demie, entonces. Un diminutivo de mi nombre

-¿Y ustedes quiénes son? ¿Por qué tienen los ojos así?

-Yo soy Nazareth y ella es Jimena. Tenemos los ojos rojos porque somos vampiros. Como vos.

Estaba confundido. No quería creérmelo. Los vampirosno podían existir. Pero una parte de mí (y la dominante) decía que yo era uno. Y al parecer era la verdad.

En ese momento una ráfaga de aire chocó contra mi cara, trayéndome un dulce y delicioso olor. La garganta me ardió. Llevé la mirada hacia donde venía el olor, y allí había una chica tirada en el piso, completamente blanca. ¿Serán de ella los débiles latidos que escuchaba? ¿Estará a punto de morir?

-Oh, debes tener hambre -dijo Jimena antes de que Nazareth pueda abrir la boca -. Agarra la humana de allí y toma su sangre.

La manera en que dijo eso sonó algo... sangriento. Pero pensándolo bien tenía muchas ganas de hacer eso, así que levanté el cuerpo inconsciente de la chica e hinqué mis dientes en su pequeño cuello. El sabor de su sangre era como un alivio para mí. El ardor fue disminuyendo gradualmente. Cuando no quedaba más sangre me alejé del cuerpo. No había duda, era un vampiro.

-Listo. Demetri, ¿Qué recuerdas? -me preguntó Nazareth. Intenté recordar, pero lo único que había en mi mente era... nada. Miré con disculpa los ojos de ella, y en ese momento pasó al extraño.

Una imagen devastadora cruzó mi mente. Ella se abalanzaba contra mí y... luego... nada.

-¿Me hiciste algo?

A Nazareth y Jimena se le descompusieron las caras.

-Había que esperar más -dijo ésta última.

-Hubiera muerto.

-Recuerda como lo mataste, Nazareth.

-¿Eh? -dije capturando al atención de las dos chicas. Al parecer se olvidaron de mi presencia.

-Nada -contestó Nazareth mirando al suelo. Parecía estar realmente arrepentida, aunque no sabía de qué. Su comportamiento me confundió mucho -. Bueno, no importa, vamos.

Ella empezó a caminar hacia algún lado. ¿Dónde iba?

-¿Dónde vamos Nazareth?

-A tu hogar -sonrió algo desconfiada.

-Nachie... -la reprochó Jimena.

-Es necesario. Demetri -me miró - sígueme.

Nazareth empezó a correr de manera... sobrenatural. ¿Cómo la seguiría?

-Tú ya corres de esa manera. Solo, corre -dijo Jimena antes de salir tras ella. Yo le hice caso, y con solo correr por unos segundos me sorprendí de lo rápido que iba.

Pero tuve el miedo de no poder alcanzarlas, ya que ni su rastro podía sentir. Pero un sexto sentido me hizo seguir un camino y, gracias a Dios, las encontré.

-Me hubieran esperado -les dije.

-¿Para qué? Sos rastreador, Demetri.

-¿Era eso el sexto sentido que me hizo venir acá?

-Si.

-Wow.

Un efluvio que identifiqué como de vampiro me llegó a mis fosas nasales. Era un aroma que me incomodaba bastante.

-¿Dónde estamos?

-Vinimos a dejarte con tu clan, Demetri. Tú perteneces a ésta gran familia. Eres un rumano.

-¿Y tú también lo eres?

Nazareth pareció pensar un poco antes de responder.

-Sí, soy rumana, pero ahora estoy con los Vulturi para una misión. Tus maestros, Vladimir y Stefan, te dirán todo.

-Está bien.

-Ciao Demetri -dijo Jimena en un perfecto italiano. Ese idioma me parecía tan conocido... ¡Claro! Yo hablaba ese idioma. Pero ahora... estoy hablando...

-¿Pasa algo Demetri? -preguntó Nazareth.

-¿En qué idioma hablo?

Ella me miró como si fuera un tonto.

-En italiano. Pero tu idioma natal es el ruso.

¿Sabía hablar ruso? Eso sí es nuevo.

-¡Nazareth! Qué grata sorpresa verte por aquí de vuelta -exclamó un señor algo viejo... parecía de unos cuarenta y tantos años. Su cabello era casi del mismo tono que el de Nazareth, y se parecían un poco en los rasgos de la cara.

-Stefan -Nazareth hizo una reverencia.

El tal Stefan puso su mirada en Jimena, y luego en mí. En ese momento su cara se transformó de felicidad a una de completo odio. Parecía querer matarme en ese mismo momento. Yo no entendía su reacción.

-Stefan -pude notar que Nazareth decía su nombre con respeto y adoración infinita. No pude evitar sentirme molesto por eso; y no sé por qué -, cumplí parte de la misión, y pude deteriorar una gran parte de la guardia Vulturi. Acá le traje a un ex de tal guardia.

¿Qué quiso decir con eso?

-Excelente Hija. ¿Y ésta chica?

-Es Jimena. Ella se queda aquí también. ¿No, Jime?

La castaña solo asintió. Tenía la mirada seria, y las cejas fruncidas. Supe que no le agradaba mucho la idea.

-Veré qué hago. Si me quedo, o no. Pero no quiero que terminen con mi vida.

Stefan rió a carcajadas.

-Acá no somos como los Vulturi. Puedes irte y venir cuando quieras. Tienes la libertad de hacerlo.

Jimena sonrió amistosamente.

-Gracias.

-¡Bueno! Creo que me espera un día algo duro... Aro me matará. Jane me recriminará de que no encontré ayuda y... ¡OH DIOS MIO! ¡¿Cómo les explico su ausencia?!

Nazareth parecía más que nerviosa. Se agarraba los pelos con tanta fuerza que temí que se los arrancara. Stefan la abrazó protectoramente, empujando a Jimena, que también iba a ayudarla. Eso me enfureció, y mucho.

-Vamos, tú eres inteligente, sé que algo se te va a ocurrir -consolaba Stefan sin éxito. Me pregunté por qué, alguien tan viejo como él, se preocupaba tanto por una chica de dieciséis años físicamente. Claro, contemos que deben de tener muchos años.

La estridente risa de Jimena trajo la atención de todos a ella, aunque al parecer solo se dirigía a mí.

-Demetri, Demetri... ¡Celoso de Stefan! Qué cosa... -rió aún más. El viejo, al escuchar eso, me fulminó con la mirada. Al contrario, Nazareth me sonrió. Yo me dediqué a pensar en cómo matara Jimena la próxima vez que estemos solos.

-Bueno, me tengo que ir a mi lecho de muerte, ¡Chao! -a pesar de lo que dijo Nazareth, pude notar algo de diversión en sus ojos.

Me sorprendió le ver como ella se desasió del abrazo de Stefan y venía a mi lado. Me abrazó fuertemente. Yo el devolví el gesto, se sentía terriblemente bien tenerla en mis brazos. Luego, me miró a los ojos y me besó la mejilla. Saludó a Jimena con otro abrazó (menos efusivo) y desapareció por la maleza del bosque. Un silencio algo tenso se formó por unos segundos, hasta que Stefan suspiró.

-Vamos -dijo con algo de tristeza. Caminamos hasta el gran castillo (algo viejo y con rupturas) que se alzaba ante nuestros ojos. A pesar de la antigüedad de éste, era muy precioso. Era de un beige oscuro, con puntas destruidas, como si la hubieran bombardeado. Se escuchaban cuchilleos desde adentro y algunos gemidos de dolor. Deben de estar peleando.

Stefan aceleró el paso; parecía preocupado. Cuando entramos al castillo, vi que todos estaban en círculo; rodeando a dos vampiros, supuse. Stefan penetró en la ronda, y se colocó en el medio de ambos hombres, cada uno de más o menos treinta años.

-¡Paren! -gritó Stefan agarrando al hombre que intentó tirarse encima del otro - ¡¿Dónde mierda está Vladimir cuando se lo necesita?! -luego gritó otra grosería que, a pesar de intentar traducirla a mi idioma, no pegaba - ¡Y ustedes, que lo único que hacen en mirar! ¡Ayuden!

-¡Pero Stefan, son neófitos! -gritó una chica pelirroja, piel pálida (con algunas pecas en la cara) y ojos rojos.

-¡Entonces enséñenles a no serlo!

-¡No podemos! ¡Ellos no tienen control de sí mismos!

Stefan gruñó escalofriantemente y luego, con mucha violencia, sacó volando de un golpe al vampiro atacante. Me sobresalté cuando vi como el hombre caía con un fuerte sonido en el piso. Pero rápidamente se levantó y se preparó para volver atacar. Por suerte, unos chicos que estaban por allí con caras sorprendidas lo agarraron antes de que cause más daño. Dirigí mí mirada al otro hombre, que parecía estar muy débil. Me pregunté, cómo puede ser que esté débil si los vampiros no se cansan. Decidí no preguntar, por si me hacían lo mismo.

-Sirena, te creía más... -empezó Stefan, pero fue interrumpido por otra voz.

-¡¿Qué hace un Vulturi acá?! -gritó una mujer más o menos de mi edad. Me señaló mirándome con odio puro. ¿Vulturi? Yo no soy Vulturi.

-¡Desgraciado! -gritó un tipo casi tan musculoso como un fisicoculturista. Éste se tiró contra mí, pero Jimena lo apartó de un golpe. Me quedé sorprendido de que una chica tan pequeña como ella pueda apartar a alguien tan grande como ese vampiro.

-¡Alto! -gritó Stefan. Parecía exhausto, aunque eso sea imposible. Todas las personas que habían callaron sus quejas e insultos hacia mí -. ¡Él no es un Vulturi! ¿Sí? Ya no lo es. Así que trátenlo como un rumano. Ahora, voy a buscar al incompetente de Vladimir.

Un malhumorado Stefan salió por una puerta y la cerró con fuerza. Todos nos quedamos en silencio, hasta que del fondo se escucho un bufido.

-Olvidate que te trate bien, Vulturi -la chica que me había señalado dijo "Vulturi" como si fuera la blasfemia más horrenda del mundo. Los otros vampiros que habían en la sala solo se limitaron a mirarme mal y abandonar el lugar. Cuando todos abandonaron la sala (incluida Jimena) me sorprendió ver que la chica pelirroja se había quedado. La miré con una ceja alzada llena de incredulidad, ya que ésta me sonreía.

-Soy Sirena. Vos debes de ser Demetri, ¿Me equivoco?

-No, no te equivocas -dije sorprendido. Su tono de voz fue... dulce -. ¿Cómo sabes quién soy?

-Nazareth me contó de vos.

-Ah.

-Ven -me sonrió alcanzándome una mano -. Te llevaré a tu cuarto.

Dejé que me llevara, pero no agarré su mano. No sé por qué, pero hacer eso me parce un engaño a Nazareth, y no quería engañarla.

PARTE 2: DÉBIL

Esquivé el puñetazo que me iba a dar en el rostro, pero no pude esquivar la patada que me dio en el estómago, y caí en el piso. Estaba destrozado. Tenía un gran corte en mi pierna derecha, y me costaba caminar. El golpe que me dio recién en el estómago no me dejó espirar. Aunque no necesitaba hacerlo, me era irritante no tener el sentido del olfato.

Gonzalo era un neófito, que ahora me estaba usando como muñeco de pruebas. Al ser un vampiro reciente tenía mucha fuerza, y no pude contra él. Así que no tardó mucho en debilitarme hasta el no poder moverme casi.

Jimena había estado observando la escena con una mueca de disgusto en el rostro. Ésta no era la primera vez que me maltrataban, ni tampoco la primera vez que ella tuvo que encargarse de mis heridas. Así que cuando Gonzalo agarró mi cabeza para darle punto final a mi vida, Jimena intervino.

-Ya es bastante, guapo. Para ahí.

Gonzalo miró con mala cara a Jimena, pero le hizo caso. En el castillo había muchos rumores de que Jimena y Gonzalo eran amantes, pero eso era imposible, ya que Jimena siempre estaba conmigo, al igual que Sirena.

Hablando de ella... su novio, me odia. Piensa que quiero robarle a Sirena, a pesar de las tantas veces que le dije que mi corazón pertenecía a otra persona. A otra persona llamada Nazareth. La extrañaba horrores. El saber que estaba muy lejos de mí hacía que mi cuerpo doliera más que las heridas que, justo ahora, Jimena está curando. La extrañaba, la necesitaba. A pesar de solo conocerla por un corto período de tiempo, era como si ya la hubiera visto antes. Como si ya hubiera admirado sus hermosos ojos rojos por horas, en vez de minutos. Como si ya hubiera probado esos labios que tanto me incitan a besarla, y que ahora están lejos de mí.

Si sumamos todo esto, se resumiría a una simple palabra: débil. Sí, estaba débil. Casi ni salía de mi cuarto. Me quedaba recostado en el sillón pensando en esa única persona que ahora puede sacarme de este infierno, pero también la única que puede meterme.

Si piensan que estoy enojada con ella, no. Se equivocan. Nunca podría enfadarme con ella. Gracias a que me metió en éste horrendo lugar, vi que no me importó que el único recuerdo que tenga sea de ella atacándome. No me importó nada más que ella. Y la iría a buscar si no fuera porque dos estúpidos vampiros fisicoculturistas estaban protegiendo la puerta de mi pieza como patovicas cuidan la entrada a los boliches.

-Déjenme salir -ordené un día a esos tipos. Necesitaba tomar sangre, tenía mucha sed, y ellos no me dejaban salir.

-Cállate.

-¡Joder, déjenme salir YA!

Ese día aprendí a no abrir mi enorme bocata. Jimena estuvo horas sanándome. La pobre estaba exhausta.

Y bueno... ¿Qué más decir? Mi vida se arruinó en un segundo.

Mientras tanto...

El hombre de pelo negro, largo hasta los hombros y aterradores ojos rojos levantó la barbilla en alto, en un gesto de superioridad.

-Traición… -murmuró antes de mover su mano en señal de procedimiento.

El vampiro no se molestó en escuchar las súplicas de la joven castaña, simplemente, la mató.