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Historia 49154 — capítulo 4
JIMENA
-¡ALEC!
Jane buscaba desesperada a su hermano. Yo sabía dónde estaba, pero no lo iba a decir. Aro me había preguntado sobre su paradero, pero yo simplemente respondí que lo había visto salir del castillo. Se lo dijimos a Jane, pero ella dice que si quería salir se lo habría avisado. Ahora estaba dando vueltas por el castillo gritando su nombre.
-Nunca me hartó tanto como ahora -murmuró Demetri tapándose los oídos y cerrando fuerte los ojos. Él estaba sentado en un sillón en forma india, y yo estaba parada a unos metros de él. Estábamos en su habitación.
-¿No sos rastreador? Entonces, buscalo.
-Tenés razón...
Demetri parecía estar concentrado, pero luego abrió los ojos y me miró frustrado.
-¿Por qué interferís tanto? Trato de buscarlo, pero te encuentro a vos.
Reí.
-Soy extraña.
-Sí, mucho. Nunca vi una mujer que mate.
-Soy única.
Demetri me miró, sonrió de forma pícara y se puso enfrente de mí. Su cercaníame ponía nerviosa. Solo nos separaban unos pocos centímetros y el sentirlo cerca hacía que mi muerto corazón reviviera. ¿Extraño, no?
-Sos hermosa
-¿Soy hermosa?
Me agarró la cintura apretándome contra su cuerpo.
-Sos sexy.
-¿Lo soy?
-Sos una gran distracción para un rastreador.
-Qué bien que lo soy.
-Sos... irresistible-
Sus labios rozaron los míos.
-Lo soy...
Y por fin nuestros labios se unieron. Su boca era... dulce... rica. Nuestros labios se movían sincronizada mente, como si estuviera hecho el uno para el otro. Enredé mis brazos en su cuello y él apretó su agarre a mi cintura. De repente siento como la puerta de madera toca mi espalda. Demetri me apoyó en ésta. Parecía odiar cada centímetro que había entre nosotros, por eso intentaba apretarme cada vez más a la puerta. Y yo lo acercaba más a mí. Sabía de sobre que se me estaba yendo de las manos, y que él era un Vulturi, ¿Pero qué caso tiene seguir ocultando mi atracción hacia él?
-¡¡ALEEEEEEEECC!! -entró Jane a la habitación. Había abierto la puerta tan fuerte que Demetri y yo caímos al piso, yo encima de él -. ¡Oh! Lo siento.
Cerró la puerta de un portazo. Demetri y yo nos miramos a los ojos, confundidos. Si fuera una humana, ya me hubiera ruborizado.
-Emm... creo... que me tengo que ir.
Demetri me levantó del piso y se fue. Parecía algo nervioso. ¿Habrá pensado que lo que pasó recién fue un error? ¿Le habrá gustado tanto como a mí? Mi cerebro empezó a recordar inconscientemente el beso. Fue... genial. Hasta que Jane nos vio.
Esperen un minuto... ¡Jane nos vio!
-¡JANE! -grité.
-¿Pasa algo? -preguntó ella cuando entró a la habitación.
-¿Viste algo?
Ella pareció confundida a lo que le pregunté. Pero después entendió.
-¡Oh! Bueno...
-Si viste algo, no le digas a nadie.
-No pueden mantener en secreto una relación. Tarde o temprano los descubrirán.
-¡No somos compañeros! Fue... un error. Ahora, no se lo digas a nadie y menos a Suplicia. Conociéndola va a estar tan feliz que querrá hacer la boda.
Jane rió.
-Quedate tranquila, no le contaré yo. Pero Aro de seguro que sí. A él no se lo puedo ocultar. Y Demetri tampoco.
Me quedé paralizada. Ella tenía razón.
-Mi-er-da -dije separando en sílabas la palabra.
De repente Demetri aparece por la puerta. No me miró a mí cuando habló, pero pude detectar en su cara rasgos de tristeza.
-Encontraron a Alec. Vengan con las capas puestas -dijo con dolor.
Jane salió de la habitación. Me quedé en estado de shock. ¿Cómo que lo encontraron?
-¿Nazareth? ¿Estás bien?
Sacudí mi cabeza y miré a Demetri. Cuando nuestros ojos hicieron contacto los dos nos pusimos nerviosos.
-¿Por qué las capas?
-Está muerto -dicho eso Demetri se fue. Estaba muy triste, su voz no tenía emoción alguna.
Pero eso se convirtió en un tema secundario. Alec no estaba muerto. Pero... si lo encontraron... Amelia debe de estar en problemas. Y si ella rebeló lo que yo le dije... Oh no.
Me di vuelta para buscar mi capa, pero mee llevé la sorpresa de que todavía estaba en el cuarto de Demetri. Nerviosa fui al mío y tomé mi capa. Fui a velocidad sobrenatural hacia el gran salón, dispuesta a soportar cualquier ataque de los Vulturi.Pero me encontré con algo totalmente distinto.
-¡Dios! No. Está. Muerto. ¿Qué es lo que no entienden de eso?
-¡Pero no reacciona!
Jane estaba arrodillada frente al cuerpo de Alec sollozando. Amelia estaba parada al lado de la cabeza del idiota. Al notar mi presencia dio media vuelta para mirarme. La fulminé con la mirada. Ella solo me devolvió una mirada de disculpa.
-¿Qué está pasando acá? -exigí saber.
-Alec está muerto -cuando Aro dijo eso Jane sollozó más fuerte. Heidi fue a reconfortarla.
-No está muerto. ¿Cierto Nazareth? -dijo Amelia. Yo la ignoré. Miré el cuerpo de Alec con atención. En el cuello tenía una gran mancha morada. Resistí las ganas de sonreír ante el moretón que le dejé y miré a Aro.
-No está muerto. Está inconsciente.
-¿Inconsciente? ¡Pero si es imposible dejar a un vampiro inconsciente!
-Eso es lo que tú crees.
-Ah ¿Sí? ¿Y tú sabes dejar a un vampiro inconsciente?
-No, pero sé que se puede hacer.
-¿Y cómo se puede despertar? -susurró Jane. Había dejado de sollozar cuando me escuchó hablar.
-No se puede despertar manualmente. Le dieron un golpe fuerte, en un mes como mucho despertará.
-¡¿Un mes?! Eso es mucho -dijo Aro.
-Bueno... -no sabía que contestarle. La verdad es que me daba pena Aro. No por cómo este sufriendo. Si no el por qué de que lo esté haciendo. ¿Tanto ansiaba el poder? - Si existe algún vampiro que tenga el don de curar, tal vez lo pueda despertar.
-Demetri, busca a alguien con ese don.
-¿Y si no existe, señor?
-Tú búscalo.
Demetri asintió con la cabeza y desapareció. Yo rápidamente caí en la cuenta que lo que Demetri buscará está en un terreno peligroso, así que lo pude atrapar antes de que se vaya.
-Hey, ¿Qué pasa?
-No puedes ir.
-¿Por qué?
-Porque... Porque la vampiresa que tiene ese don forma parte del clan rumano.
La mentira no había sonado tan convincente.
-Pelearé y moriré por mi clan, entonces.
-¡NO! ¡¿Estás loco?! ¡Tú no conoces a Vladimir y Stefan! ¡Ellos no te darán ni la opción de pestañar! Te matan al instante si saben que eres un Vulturi.
Demetri se me quedó viendo por un tiempo.
-Sabes que no te creo, ¿Cierto?
Suspiré.
-De todos modos no es verdad.
-¿Entonces cual es la verdadera razón por la que no querés que vaya?
-Es que...
-¡Nazareth Vulturi! -gritó la voz enojada de Aro - ¡Deja que Demetri se vaya de una buena vez por todas!
Lo fulminé con la mirada.
-Ya vuelvo.
Di media vuelta y salí del castillo a velocidad muy rápida. Sabía que si salía en busca de Jimena antes que Demetri la iba a encontrar más fácil. La última vez que la vi se encontraba al pié del monte Vesubio, a unos nueve kilómetros de distancia de la ciudad de Nápoles.
Pero hay veces en las que Jimena le gusta poner a prueba su don de curar y va a la cima del monte para mojarse con un poco de lava. En verdad esa vampiresa está loca, y si Demetri iba de seguro ella no va a dudar en tirarlo al volcán y después curarlo. Confía tanto en su don que se volvió dependiente de él.
Jimena no es conocida por los vampiros del mundo. Solo yo la conozco, ya que hubo una época que me sentí atraída por los desastres naturales. El deseo de ver un volcán activo era tan grande que estaba dispuesta a ir a la isla de Sicilia y darle una visita al volcán más grande de Europa: el monte Etna. Pero me enteré que había uno más cerca: el monte Vesubio. Fui y allí es dónde nos conocimos.
-¿A dónde vas, Nazareth?
-¡Mierda Demetri! No tenías que seguirme.
-¿Por qué no? -preguntó poniéndose a mi lado.
-¡Porque esa vampiresa está loca! Es peligrosa para vos.
-Si lo es para mí, también es para ti.
-No, no lo es para mí porque yo la conozco. A mí no me haría nada.
-¿Y a mí sí?
-¡Tú no lo entiendes!
-Explícame entonces.
Suspiré mientras corría más rápido.
-Jimena confía tanto en su don de curación que tira vampiros a la boca del volcán para después curarlos.
-¿La lava nos hace algo?
-¡Claro tonto, nos quema!
-Pero no nos mata
-¡Por eso ella eligió ese método para probar su don! Porque no nos mata. Pero si sufrimos un dolor tremendo cuando nos mete en la lava.
-¿Qué? ¿Te lo hizo a ti?
-¿Cómo crees que nos conocimos, entonces?
-Oh Dios mío. ¿No deberías estar enojada con ella por tirarte a un volcán?
-Yo me la busqué. Además, ella es mi mejor amiga y hace tiempo que no la veo. Será mejor que te quedes detrás de mí cuando lleguemos.
-¿Me tirará al volcán? -preguntó temeroso.
-Si no haces lo que te digo. Piensa que soy Aro y me tienes que obedecer.
Demetri no respondió. Espero que haya entendido que si no me hace caso sufrirá mucho dolor.
El siguiente tramo del camino fue en silencio. Un silencio incómodo a causa de la tensión que había entre Demetri y yo. Luego de un tiempo pude sentir las vibraciones provenientes del volcán. Estábamos al pié del gran monte cuando Demetri inició conversación.
-Emm... Nazareth... Respecto a lo que pasó en mi habitación... -Demetri se notaba nervioso.
-¿El beso? -dije como si nada.
-Eh... sí. Yo te quería decir que...
-Está bien, tranquilo, no pasa nada. Sé que para vos no significó nada. Pero bueno, es algo que me va a costar olvidar, ya que a pesar de lo que viví nunca besé a alguien. Pero lo lograré algún día -le sonreí tristemente.
Demetri, en cambio, me miraba sorprendido. Sus ojos estaban abiertos de par en par, al igual que su boca. Movió la cabeza negativamente.
-Para mí sí singifi...
-¡HERMANITA!
De repente siento como me agarran por atrás y me levantan del suelo. Empecé a girar tan rápido que ya no pude distinguir la figura de Demetri. Pude sentir, mientras girábamos, que estábamos subiendo algo. Oh, no... ¡NO!
-¡Un chapuzón en la lava, hermanita!
Los brazos que me aprisionaban dejaron de abrazarme y me tiran a... Oh Dios mío... ¡LA LAVA!
-¡AAAAHHHH! ¡JIMENA TE VOY A MATAAAAAAR! -dije en un grito agudo antes de caer en la hirviente lava. ¡Ah, cómo quemaba! ¡Me arde! ¡Ah!
¡Agg! Desde acá abajo podía escuchar las risas de Jimena. La voy a matar cuando pueda subir a la superficie. Pero ahora... mejor me concentro en cómo apartar esta Lava de mi camino. Ignoré todo lo que pude el ardor de mi piel y subí a la superficie. Localicé a Jimena, quien se estaba matando de risa. Aproveché su distracción para lanzarle una bola de lava.
-¡Ah! ¡Arde! ¿Qué haces? -dijo frotándose su brazo derecho, donde le había caído la lava. Ella puso su mano arriba de la quemadura y se concentró. Una... niebla celeste salió de su mano hasta el brazo lastimado, y lo curó.Me miró y sonrió.
-¿Quieres salir? -preguntó burlándose de mí.
-No -contesté sarcásticamente - ¡Claro que quiero salir!
-Bueno -dijo ella rodando los ojosy bajando por las rocas de la pared interior del volcán. Me tendió la mano y se la sujeté. Pensé en tirarla conmigo a la lava, pero eso sería tener que soportar más tiempo de dolor y la verdad es que el ardor se estaba volviendo insoportable.
Jimena me levantó y me ayudó a subir hasta arriba. Cuando pude ponerme de pié divisé a Demetri escondido entre las ramas. Cobarde, pensé.
Cuando su mirada se encontró con la mía se quedó paralizado, pero después empezó a reír a carcajadas. Le gruñí, lo tomé del brazo y lo llevé a la boca del volcán. Él dejó de reír al instante y memiró suplicante.
-No te atreverías -suplicó.
-Oh, sí. Sí me atrevería -dije antes de empujarlo a la lava. Cuando cayó en la roca fundida me llené de pena. ¿Se enojaría por esto?
Pero esa pena desapareció cuando vi su cara al salir a la superficie. Estaba... marrón. De seguro como debería estar yo, ya que se nos quemó al piel. Jimena y yo nos empezamos a reír a carcajadas.
-¡Dejen de reírse y sáquenme de acá! ¡Arde mucho!
-¡Nop! -contesté aún riéndome.
-¡Vamos Nach! ¡Se buena!
Me quedé paralizada.
-¿Me llamaste Nach?
-¿Te molesta?
-¡No, para nada!
-Entonces, ¡SACAME DE ACÁ!
-En un ratito.
-¡NO, AHORA!
-Oh, por favor, se hombre y soporta el ardor -me burlé. Él frunció el ceño, se hundió en la lava y después salió a muy alta velocidad hacia la superficie. Se paró en frente de mí, me gruñó y se tiró encima de mí. Yo reía - ¡Eso es ser hombre! -reí.
Demetri rió conmigo, pero luego cayó. Yo también lo hice al ver como Dem miraba mis labios. Luego, posó su mirada en mis ojos. Fue acercando su cara más cerca de la mía. Estábamos a punto de besarnos, pero...
-¡No sabías que tenías compañero, Nachie!
Gruñí, aparté a Demetri y me levanté.
-No somos compañeros, Jime.
-Oh, qué mal, se ven tan lindos juntos.
Le gruñí nuevamente.
-Bien, ahora cúrame la piel. No me gusta este tono de piel. Me hace sentir humana.
Ella rodó los ojos y me curó de la misma forma que lo hizo con su brazo. Repitió el tratamiento con Demetri y después nos observó seria
-Bien, ¿Por qué vinieron? No creo que esto sea una visita de cortesía.
Bien. A veces odio no pensar con rapidez. Y esta vez no lo hice. Demetri le explicó que teníamos que salvar al pelotudo de Alec. " Ah, de seguro no pudiste contenerte", dijo una voz en mi cabeza. "¿Eh? ¿Quién sos?" "Soy tu <>, como vos dirías""¿Tengo otro yo? " ¡Sí boluda! ¿Es que no me escuchás?" "Vos tampoco te pudiste contener" "Je, me salió de alma" "Excusa más vieja..." "Qué vos" "¡Hey!".
-¿Naza? -preguntó Jimena.
-Está como ida -murmuró Demetri.
-¡OH, ES GENIAL! -grité emocionada. Había pensado una manera de evitar que Jimena entre en territorio Vulturi.
-¿Eh? -preguntaron ellos a la vez. Me miraban como si estuviera loca.
-¡Demie! Necesito que me traigas un humano... No, no, mejor dos.
-¿Demie? -preguntó él alzando una ceja.
-Bueno, Demetri, como quieras. No importa. Vos solo traeme dos humanos.
-Pero no hay ningún pueblo cerca.
-No me vengas con esa excusa que sos un rastreador y vampiro. Así que dale, ve o en vez de llamarte Demie te digo Labrador Retriever.
Demetri rodó los ojos.
-Ahora vuelvo, Nachie -dijo con una sonrisa burlona.
-¿Cómo sabías que no me gustaba ese sobrenombre?
-Desde mi cuarto puedo escuchar todo lo que hables, aunque lo estés susurrando.
Me quedé paralizada. ¿Habrá escuchado mi conversación con Sirena? ¿Y también la de Vladimir?
-Aunque sea imposible, parece más pálida de lo normal -dijo Jimena con una pequeña sonrisa. La miré de reojo.
-Necesito tu ayuda.
Se puso serie de repente. Supuse que entendió por mi tono de voz.
-Ya se me hacía extraño que estés con un Vulturi, considerando tu odio contra ellos. ¿Para qué me necesitas?
-Necesito... borrarle la memoria a Demetri.
-Para, para. Para empezar, ¿Qué haces vos con los Vulturi?
-Es... una historia larga, pero te la resumo: estoy infiltrada en ellos.
-Oh.
-Sí. Y allí me encontré con Alec, el idiota que mató a Dídima. Y... me provocó y yo... bueno... digamos que lo dejé inconsciente -Jimena estaba a punto de decir algo, pero yo me adelanté -. Todos piensan que está muerto, pero Aro mandó a Demetri a buscar a alguien que pueda curarlo, pero yo intenté detenerlo. No lo logré, así que me adelanté a buscarte, pero él me siguió. No puedo dejar que Alec despierte. Él sabe que soy rumana y que por ningún motivo me cambiaría de bando. Le diría a Aro y ¡Adiós Nazareth! Así que necesito que me ayudes en esto... -le conté mi idea. Al terminar ella frunció los labios.
-No se... no garantizo que él salga vivo.
-Has lo mejor que puedas.
-Es riesgoso Nazareth. Hay que dejarlo muerto por mucho tiempo hasta que todos los recuerdos de su vida (que debe de ser larga) se borren. Podemos perderlo con el simple hecho de esperar más de lo debido.
-No... eso no pasará.
-¿Lo quieres?
-Me cuesta admitirlo
-¿Por qué tienes una vida tan complicada? -se burló. La empujé.
-Tonta -reí.
-Hey... Una pregunta... ¿Para qué son los humanos?
-Para vos.
-Pero no los necesito...
-Sí, para curarlo.
-No es necesario, puedo hacerlo hasta con sed.
-Pero no algo tan serio.
-Bien. ¿Y el otro?
-Lo necesitará cuando despierte.
-Si es que lo hace.
La fulminé con la mirada.
-¿De qué hablan, chicas? -dijo la voz de Demetri desde los árboles. Su figura apareció acompañada de dos humanos más. Las dos mujeres.
-Me pregunto si no te divertiste con estas humanas antes de traerlas para acá... -dije con enojo fingido. Demetri rió.
-¡Por favor...! Prefiero besar a Félix antes que a estas humanas.
Todos, incluyendo a Jimena, nos estremecimos. Miré a las humanas atentamente. Estaban paralizadas del miedo. Una de ellas temblaba. Quería ver a qué grado de terror podía llegar, así que tomé a la más calmada.
-Toma Jime.
Mi amiga tomó a la humana y la mordió. El corazón de la otra chica palpitaba muy rápido. Dejó de temblar y se desmayó. Reí. Demie sonrió.
-Listo.
-Perfecto. ¿Demetri?
-¿Sí?
-Disfrutá de lo que te queda de vida.
-¿Eh?
-Te quiero...
Y, con cuidado, doblé su cabeza fuertemente hacia la derecha, sin sacársela. Un dolor me recorrió el pecho.