← Historia 49154 · de
Historia 49154 — capítulo 3
INTERCAMBIO
-¡Bien! No les garantizo que salgan vivos de éste entrenamiento. Porque van a pelear conmigo y tal vez con algunos otros de la guardia. Va a ser algo como un pre ataque, y de eso van a aprender lo que es pelear con neófitos -dije a la guardia temporal de los Vulturi.
Había hablado con Aro sobre lo que planeaban los Rumanos contra ellos. Obviamente les dije la mentira, que ellos iban a formar un ejército de neófitos.
En verdad lo que Vladimir y Stefan habían planeado era buscar a los vampiros más experimentados, ponerlos en contra de los Vulturi y entrenarlos. Luego, para reforzar un poco, algunos neófitos que yo, una semana antes del ataque, tengo que ir a entrenar junto a Kyle, el compañero de Sirena. Para poder escaparme de los Vulturi voy a planear junto a Aro una expedición sobre el campo de batalla (que obviamente va a ser otro del que los llevaré) cerca del territorio Rumano. Allí, Sirena puede usar su don en mí y borrar todo mi rastro. O como ella dice, borrarme del planeta. Así Demetri no puede encontrarme, ya que perdió todo mi rastro.
A todo esto, luego de los entrenamientos con la guardia temporal, quedarán de los doscientos que son, cincuenta. Los Vulturi se debilitan, y no tendrán opciones de ganarles a mi aquelarre.
Claro, todo este plan está formado por puras mentiras. Los Vulturi creerán que simplemente son un grupo de inexperimentados neófitos. Pero ellos se llevarán la sorpresa, cuando vean que tendrán que pelear con los que alguna vez fueron sus aliados.
-¿No crees que es algo asesino matar vampiros para entrenarlos? -preguntó Demetri, quien estaba a mi lado.
-Así me entrenaron a mí. Hay que saber contra que nos enfrentamos y si la victoria cuesta tu muerte, vale la pena intentarlo.
-Los Rumanos son más asesinos de los que ellos dicen de nosotros -dijo Demetri con voz tensa. Le gruñí.
-Ya vas a ver como ah funcionado en mí. ¡Guardia! -grité dirigiéndome a los tontos Vulturi -. Estén atentos a los ataques.
Cuando terminé de hablar, salté tan alto que ellos me perdieron de vista. Luego caí sobre los hombros de uno de ellos y, disfrutando a lo máximo, le arranqué la cabeza. Otro vampiro intentó agarrarme por las piernas, pero yo fui más rápida y le apreté tan fuerte el cuello con mis pies que el vampiro cayó al piso, inmovilizado. A éste también le arranqué su cabeza.
Fui matando una gran cantidad de vampiros, mientras veía como notoriamente cómo ellos iban aprendiendo, a gran velocidad, como iban desapareciendo.
Los ciento cincuenta vampiros que sobrevivieron a mi matanza ya tenían previstos mis ataques, y me esquivaban con facilidad, así que se los hice más difícil. Los dejé descansar luego de estar segura que aniquilé los otros cincuenta. Perfecto. Solo una excursión antes de la última y todo arreglado.
Caminé donde se encontraba Demetri, que nuevamente se encontraba sorprendido ante mis acciones.
-Mataste... cien... vampiros de... la guardia -susurró entrecortadamente.
-Pero viste que aprendieron algo.
Demetri me miró como si estuviera loca. Luego, de la nada, sonrió.
-Eso es... sexy.
Me apartó el pelo del cuello y, como hizo la otra vez, me besó allí. Me hubiera caído al piso si no fuera porque la voz de Aro sonó a mis espaldas.
-Niña, eres un peligro.
Demetri se separó de mí tan rápido que ni lo sentí. Me di vuelta para ver a Aro viéndome algo enojado.
-¿Qué? ¿Crees que los neófitos no pelean así? Es más, son mucho más sádicos. Yo se los hice demasiado fácil.
-¿Estás loca?
-Nop. Simplemente soy realista.
Aro me miró pensativo.
-Debo admitir que tienes talento, niña.
Le sonreí son sorna.
-No me digas niña -le guiñé el ojo -. Por tu propio bien.
Aro me sonrió.
-Tomaré eso como una amenaza. Tienes carácter.
-Puedo parecerme a Suplicia, pero en personalidad somos dos polos opuestos.
-Ya me di cuenta -Aro me miró pensativo por un momento. Luego, receloso -. Tienes la misma personalidad que Vladimir.
Me tensé. Él me había criado luego del tiempo que estuve sola. Siempre me ayudó, como un padre. Pero sabía que él no me veía como una hija. Siempre quiso que fuera su compañera pero... ¡Él es tan feo! Además de viejo.
-Puede que me parezca a él -dije encogiéndome de hombros.
-Lamentablemente -dijo Aro para sí mismo. Eso me enojó, y mucho.
-¡Hey! ¡Como si fuera para tanto! Además, ¿Tú lo conoces?
Aro me miró con ojos entrecerrados. Parecía enojado. ¿O quería atacarme? ¡Bah! Común en los Vulturi. Se enojan y te matan. Asesinos en pinta.
-Ejem... Nazareth, ¿Quieres pasear un poco por Volterra? -dijo Demetri tratando de calmar la tensión entre Aro y yo. Lo miré con una sonrisa.
-Claro.
Los dos miramos a Aro. Ya que al parecer acá no se puede ser libre.
-Saca a este bicho de mi vista -dijo Aro. Luego, dio media vuelta y se fue. Yo estaba a punto de irlo a buscar y dejarle marcados en la cara todos los anillos que tenía puestos en los dedos, pero Demetri me agarró fuerte de la cintura y me llevó hacia la puerta.
-¿Es siempre tan arrogante?
Demetri sonrió.
-A mí me dice Labrador Retriever
Me detuve en el medio del pasillo y lo miré, intentando contener la carcajada. Pero con solo ver su rostro y pensar en la raza del perro no me pude contener y largué una fuerte risa.
-Aunque otras veces me dice San Bernardo.
Cuando lo miré él tenía una pequeña sonrisa en su boca.
-¿Posta que te dice así? -él asintió -. Oh Dios mío.
-Y todo porque no puedo encontrar algo que él me pide.
-Eso es lo malo de ser un rastreador.
-Oh, ¿Y sabes lo que me costó encontrarte a vos? Me costó un año entero de los apodos de perros, más muchas salidas a todas partes del mundo. ¡Y él quería que te buscara solo con el rastro que dejaste en la casa de los Cullen hace yo que sé cuántos años! Pero no llegaba más lejos que Italia. ¡Era como si hubieras desaparecido del planeta!
-¿Me buscaban?
-Oh, los Cullen avisaron a Aro de que tú habías estado con ellos. Edward dice que vos le ocultabas cosas en la mente y lo evitabas siempre. ¡Ah! También que querías matar a Renesmee.
-¡Bueno! Esa nena me hartó. Yo soy la nenita milagro semi-vampiro que tiene vivo a mis padres -dije imitando su chillona voz. Demetri rió.
-Sí, yo tampoco me la soporto. No me da buena espina esa chica. Además que está emparentada con un metamorfo.
-¡Ah! Sí, ese perro de Jacob Black. Le rompí el hueso del brazo el tercer día que me llamó "chupa-sangre" "sanguijuela", "piojo" y "garrapata".
-Oh, sí. Pero, cambiando de tema, tengo una duda.
-¿Qué?
-¿Por qué no aparecías en ningún lado?
Cerré la mandíbula con fuerza. Ya habíamos empezado a caminar nuevamente y estábamos saliendo del castillo. Demetri abrió las dos grandes puertas, y agradecí eso. Su distracción me dio tiempo para pensar.
No le podía decir la verdad. Que Sirena me había camuflado. Porque estaría dando demasiada información y eso es peligroso. Pero por alguna razón no quiero mentirle. ¿Qué digo?
Decidí evadir su pregunta.
-Será que tú, gran rastreador, estás algo distraído con tu trabajo.
-Pero nunca me pasó eso, excepto con Isabella Cullen. Pero esa tiene ese don protector de mentes. Tú no.
Me encogí de hombros. Decidí no contestar. Era la mejor opción.
Estuvimos caminando por muchos lugares. Cada tanto alguno de nosotros decía algún comentario, pero nunca nos profundizamos en la conversación. A la hora y media de estar caminando unos truenos se escucharon.
-Creo que va a llover -murmuró Demetri. Eso ya lo sabía. Cuando salimos del castillo ya estaba nublado. Ahora las nubes eran negras. Al parecer iba a llover torrencialmente. Sonreí cuando las pequeñas gotitas empezaron a caer, convirtiéndose en gotas gruesas.
-¿Vamos volviendo?
-Dale.
Demetri pasó su brazo por mis hombros y caminamos juntos. No nos molestamos en permanecer bajo los techos de los locales, ya estábamos tan mojados que no nos importaba la lluvia.
-Suerte que no sentimos el frío -murmuré.
-Cierto. Es más, el agua está cálida -rió Demetri.
Cuando al fin llegamos al pasillo de entrada al castillo ya estábamos mojados como si nos hubiéramos metido en una pileta con ropa.
-¿Aro nos dirá algo por esto? -pregunté con un poco de sarcasmo.
-No si primero nos cambiamos.
-No nos deja vivir -me quejé haciendo un puchero. Demetri me miró a los ojos, pero luego sus ojos fueron bajando por todo mi cuerpo. Sus ojos flameaban como llamas. Llamas rojas.
Bien, lo admito. Demetri estaba completa y absolutamente hermoso todo empapado. La camisa negra se pegaba a los músculos de su abdomen. Y su pelo... Su cabello dorado estaba pegado a su frente y la parte de atrás en su cuello, dándole aspecto de niño travieso. Un mezcla de hombre y de chico. Hermoso.
Sacudí mi cabeza al darme cuenta de que me había quedado mirándolo fijamente. Pero él seguía fijo en mí.
-Vamos -dije para captar su atención. Sus ojos volaron rápidamente hacia mi cara.
-Dale.
Caminamos en silencio hasta la recepción. Al parecer ninguno podía mirar al otro a la cara, pero si al cuerpo. Nos la pasábamos mirándonos furtivamente por todo el camino hasta que nos topamos con la humana. Ésta, al vernos, no se demostró aturdida ante mi belleza, pero sus ojos no se separaban de Demetri. Eso me enojó, y no sé por qué.
-¿Un atajo? -preguntó la humana a Demetri. A veces lo de su raza puede llegar a ser tan tontos...
-Sí.
-Vengan.
La humana nos llevó a un túnel que no había visto antes y caminó ignorando el peligro de darle la espalda a un vampiro.
Miré a Demetri confundida.
-Aro nunca le pide la mano Gianna, así que le pedimos que buscara algún método de poder entrar al castillo sin poder ser detectados por él.
-Oh.
Stefan tenía razón. Aro no le da libertad a los vampiros. Pobre Demetri.
-Llegamos.
De repente aparecimos en la puerta de la habitación de Dimitri. Miré atrás mío, pero Gianna ya no estaba más. ¿Cómo habíamos llegado? Demetri rió.
-Es un secreto -dijo en tono inocente. Yo, recelosa, fui mi cuarto y me bañé. Me puse ropa cómoda. Unas Converse, unos pescadores y una remera normal. De repente una música empezó a sonar. Mi celular.
Lo busqué frenéticamente entre la ropa hasta que lo encontré y atendí.
-¿Sí?
-¡Nazareth! Apúrate con el trabajo, ¿Quieres? Estos neófitos son tan idiotas... ¡Tieneque aprender a matar! ¡Tienes que venir rápido! -me gritó Vladimir desde la otra línea.
-¡No grites! ¿Quieres? Me van a escuchar y me van a descubrir. Yo acá ya maté a la mitad de la guardia. ¿Cuántos tienen allí?
-Noventa
-Diez menos. No importa, tengo una idea. Lleva a los noventa neófitoslo más lejos del bosque de Volterra que puedas de los Vulturi. Yo, de alguna manera, voy a llevar a los cien vampiros de acá y los intercambiamos, ¿Dale?
-Está bien. Pero ten cuidado, pequeña. Eres mi eternidad.
-Se, se. Bueno. Chao -le corté. Odiaba cuando se ponía tan meloso. ¿Es que no entiende que es muy viejo para mí? ¿Además de feo?
-¿Con quién hablabas?
Me sobresalté al escuchar la voz de Heidi.
-Oh, lo siento.
-No pasa nada. Emm... ¿Te puedo preguntar algo?
-Sí, sí, lo que quieras.
-¿Dónde están los de la guardia temporal?
Heidi estaba confundida por la pregunta, pero de todos modos contestó.
-Al Norte del castillo. ¿Por?
-Solo... curiosidad. Para conocer más el lugar.
Heidi rió.
-Yo era igual que vos al principio.
-¿De curiosa?
-Sí.
Reí con ella.
-¿A dónde fuiste con Demetri? -preguntó luego de un rato de estar en silencio. Al mirarla vi que tenía una sonrisa pícara en el rostro. Fruncí el ceño.
-Paseamos por toda esta zona.
-¿Nada más? -parecía decepcionada.
-¿Por qué preguntas?
-Por nada -dijo rápidamente. Apartó su mirada. Me estaba ocultando algo, pero sabía que no era muy serio así que lo dejé pasar.
-Tengo hambre Heidi, ¿Soy la única?
-Nop. Ahora voy a buscar a los humanitos -un pequeña sonrisa malvada apareció en su rostro -. Aro debe de estar hambriento. ¡Nos vemos!
Heidi desapareció. Bien, eso fue una buena excusa para sacármela de encima. Ahora, vamos al Norte de aquí. Humm... ¿Dónde queda el Norte? ¡Agg, Shit!
-¡DEMETRI! -grité de pura impotencia.
-¿Qué pasa? -dijo él preocupado. Tenía la camisa a medio abrochar, pero lamentablemente no le podía ver mucho. Parecía haber dejado de hacer las cosas solo para venir a ver qué me pasaba.
-¿Dónde queda el Norte? -pregunté en tono dulce. Demetri me miró como si estuviera loca.
-¿Me llamaste de esa manera para saber dónde queda el Norte?
-Sí. Vos sos un rastreador, ¿No? Entonces vamos, San Bernardo, Labrador Retriever, busca el Norte -me burlé con una gran sonrisa en el rostro. Él me devolvió el gesto mientras se abrochaba los últimos botones de su camisa.
-No sé ni por qué te dije eso. Debí de suponer que me burlarías -dijo en broma.
-Vamos, dime dónde está el Norte.
-¿Para qué?
-¡AH! ¡Cómo preguntan acá, eh! Solo dime dónde queda el Norte.
-Para allá -dijo apuntando a su izquierda.
-¡Gracias!
Me acerqué a él, lo abracen, le besé la mejilla y me fui hacia allí. Corrí derecho por el túnel hasta que encontré una puerta con una T en dorado. Qué idiotas. Así todo el mundo se va a dar cuenta de quiénes están acá.
-¿Vienes a matar a los pocos que dejaste vivos, Rumana?
La verdad es que si Alec quería asustarme, no lo logró. Yo ya sentía sus pisadas desde el fondo del pasillo.
Me di vuelta para encararlo.
-Eso no es de tu incumbencia, Vulturi.
-Ya veo que me reconociste.
-Y ya veo que tú también a mí.
-Deja de lado los rodeos niña, y ya dime tu plan.
-No soy tonta Alec. Por algo me enviaron acá, ¿No crees? Pensé que tenías más cerebro. Pero al parecer todos los Vulturi son estúpidos.
-Todavía no me has negado que eres del clan Rumano.
-¿Y para qué hacerlo? Es obvio que lo sabes.
-Gracias por la info, Nazareth.
Alec dio media vuelta y empezó a caminar, pero yo fui más rápida.
-Ah, ah -dije negando con la cabeza -. Vos no vas a ninguna parte.
Usé el nuevo movimiento que había aprendido de Vladimir. Agarré sus pelos tirando su cabeza hacia atrás y con todas mis fuerzas golpeé su cuello. Eso lo dejó inconsciente en el piso. Sabía que no estaba muerto. Esa inconsciencia era solo temporal. Unas semanas... tal vez meses. Le golpeé muy fuerte. Sonreí ante su cuerpo y rápidamente abrí la puerta que llevaba a los de la guardia temporal.
Detrás de la gran puerta había otro largo pasillo, con puertas a ambos lados del camino. Era igual a las otras partes del castillo, solo que aquí las puertas no tienen nombres. Rápidamente pasé alado de cada una tocándola y gritando:
-¡Salgan! ¡Necesito hablar con ustedes! ¡No les voy a hacer daño!
Terminé mi recorrido al final del pasillo. Esperé hasta que todos los vampiros salieron hacia afuera. Los que estaban más cerca de mí se alejaron con gesto de miedo. Rodé mis ojos ante su cobardía y hablé:
-Ya les dije que no les voy a hacer daño. Es más, vengo para salvar sus vidas.
-¿De qué hablas? -preguntó un hombre al fondo.
-De que les voy a proponer algo y ustedes me dicen si aceptan o no. Es una decisión en grupo. Gana la mayoría y no hay vuelta atrás.
-¿Qué propones? -preguntó una mujer.
-Todos ustedes saben que yo soy del clan Rumano, ¿Cierto? -todos asintieron desconfiados -. Bueno. Es obvio que si ustedes permanecen con los Vulturi para el ataque morirán y esos ería una gran pérdida de poder. Todos ustedes tienen talento, ya que sobrevivieron a mi peor ataque. Así que les propongo pasarse al clan Rumano. Allí los van a tratar mucho mejor que aquí, y no habrán más muertos.
-¿Pero y si os Vulturi ganan? -preguntó otro vampiro más allá.
-Para cuando ataquemos los Vulturi van a estar muy debilitados.
-¡Yo soy fiel a mi clan! -gritó un hombre, el cual se hizo paso entre los vampiros. Tenía una mano en donde debería estar su corazón. Yo no cambié mi cara de póker.
-¿Quiénes aceptan irse de este basurero?
Era notable la diferencia de personas que levantaron la mano y las que no, pero de todos modos los conté. Perfecto.
-Lo siento amigo -dije al hombre que es "fiel" a su clan. Yo había cambiado mi gesto, inclinando la cabeza hacia la derecha, entrecerrando los ojos y sonriendo malignamente. Él hombre se estremeció -, pero vas a tener que ser fiel a otro clan.
El vampiro estaba aterrado, se le notaba en la cara, pero de todos modos contestó firmemente:
-¡Nunca!
Sonreí todavía más.
-¿Morirías por tu clan? -el hombre asintió. Tonto -. Entonces, adiós amigo.
Con una simpleza extrema lo maté frente a todos.
-Prometiste no más muertes -susurró una chica a mi lado. Ella parecía de mi edad. Tenía el pelo castaño (unos tonos más oscuros que el mío) y ondulado. La piel extremadamente blanca y los ojos rojos que caracterizan a los vampiros.
-Ésta era una excepción.
-¿Sabes? Me agradas, chica. Me llamo Amelia ¿Y sabes una cosa? Tengo un don. No se lo dije a Aro porque no quiero que me use, pero puedo convencer a la gente de que haga lo que quiera. Te podría ayudar, y ser amigas.
Medité la información por un rato, mientras miraba su rostro sonriente. Parecía de confianza. Su voz detonaba confianza. Y encima tenía un don genial. Le sonreí.
-Yo soy Nazareth, del clan Rumano. Estoy acá para una misión -empecé a caminar entre medio de todos los vampiros. Amelia me seguía pisándome los talones -. Síganme todos que los voy a llevar con Vladimir y Stefan -murmuré. Caminé hasta la gran puerta y cuando la abrí, pude comprobar que el cuerpo de Alec seguía en el piso. Nadie se había dado cuenta.
-¡Oh Dios mío! ¿Lo mataste? -dijo Amelia. Cuando volteé mis ojos hacia ella vi que observaba el cuerpo de Alec con preocupación y admiración.
-Nop. Solo está inconsciente.
-¿Se puede dejar inconsciente a un vampiro? -preguntó ella mientras lo levantaba en brazos.
-Sí. Lo aprenderán con Vladimir y Stefan -murmuré. Ignoré a Amelia, quien estaba cuidando de Alec. Le acariciaba la cara, los pelos. Lo miraba con cariño. Parecía una loca enamorada. Igual que como yo estaría si le pasara algo a Demetri. Qué estúpido.
Fui hacia la pared y empecé a tantearla. Un hombre de aproximadamente mi altura, con pelo negro se me acercó.
-¿Qué haces?
-Busco el atajo.
Apreté una roca. Sonreí al ver lo blanda que estaba. La empujé y se abrió como una puerta. Sonreí al pasillo, que daba justo al frente del escritorio de la recepción. Caminé hacia allá, sintiendo las pisadas de los demás vampiros siguiéndome. El plan estaba saliendo de maravilla.
-¡Espera Nach! -gritó Amelia. Esperen... ¿Me dijo Nach? ¡Hey! Me gusta ese apodo.
Paré mientras esperaba que Amelia me alcanzara. Ella tenía el cuerpo de Alec todavía en sus brazos. Lo miré con desprecio.
-¿Qué hago con él? Parece no querer despertar.
-Por que estará inconsciente por más o menos un mes. ¿Por qué te preocupas tanto por él? Me quiso matar.
-Porque... Emm... Creo que me enamoré de él. ¡Es hermoso! Y así dormido parece un ángel... -dijo con aire soñador. Bufé.
-Haz lo que quieras con él. Solo que no lo vea ninguno de los de la guardia permanente o los líderes -dije con desprecio -. ¿Sí?
-Claro -Amelia desapareció y luego vino a mi lado sin el cuerpo -. Lo dejé en mi cuarto.
Le sonreí
-Bien. Sigamos.
Caminé hacia la recepción. La humana, al mirarme, se quedó paralizada.
-Gianna, no le digas a nadie de esto, ¿Sí? O morís.
La humana asintió con miedo. Le sonreí (gesto que la hizo estremecer) y seguí mi camino. Giré mi cabeza por encima del hombro para ver cuántos de los vampiros tenían la capa negra. Noventa y... seis. Perfecto, sobran.
Caminamos con paso elegante hacia la plaza. Todos los humanos nos miraron deslumbrados, como siempre. Nos dirigimos hacia el bosque. Rastreé el olor de Vladimir, pero me sorprendió encontrar el de Stefan. Fuimos hacia él.
-Hola pequeña. Al parecer encontraste una forma. Eres muy inteligente, niña.
-No me llames niña y sí, acá están. Pero esta chica -dije señalando a Amelia - se queda conmigo.
-Bueno.
Me di vuelta encarando a mi grupo.
-Ahora él es su maestro, como Vladimir, que lo van a conocer luego. Bien, vayan con ese grupo -dije señalando los neófitos que Stefan trajo - y cambien sus capas.
Todos obedecieron en silencio. Stefan me sonrió al ver el caso que me hacían los vampiros. Luego, mi grupo se puso detrás de mí.
-No. Vayan con él. Y ustedes -señalé a los neófitos -. Vengan conmigo.
Luego de que cambiaran de lugar me despedí de Stefan y me fui al castillo. Fui cuidadosa de ir por el bosque, evitando a los humanos. Al entrar también tuve que proteger a Gianna. Muchos neófitos la intentaron atacar, pero yo los detuve. Una vez que todos estaban en sus habitaciones pude ir a la mía con una sonrisa gigante en mi cara, satisfecha de mi trabajo.