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Historia 49355 — capítulo 1

N/A: ¡Hola!

Esto es un pequeño tributo a mi ciudad, Valencia (España), y, en especial, a la fiesta que ahora celebramos, las fallas. En las que, por absurdo que parezca, se alzan bonitas esculturas de cartón piedra en las calles, el día 15 de marzo, para luego quemarlas cuatro días después.

Por estas absurdas fiestas, en las que hasta a los niños más pequeños les permiten jugar con fuego. Literalmente.

¡Besos!

Luzycolor

El atronador sonido no le dejaba oír ni su propia voz. Le parecía que los oídos iban a reventarle; le pareció que el corazón se le saldría del pecho.

El humo apenas le dejaba ver.Tan solo era capaz de distinguir las estelas rojizas que emitían un chirriante sonido antes de explotar en el cielo, produciendo un estruendo mucho mayor.

El olor a pólvora la intoxicaba. Se sentía como parte de uno de los proyectiles que estallaban cerca de ella. Definitivamente, debía de ser presa de algún hechizo, porque aquello le encantaba, a pesar de que se le ocurrían pocas situaciones más agobiantes.

Y, entonces, el ruido de los proyectiles cesó y la gente que la rodeaba empezó a aplaudir y a vitorear, y ella también lo hizo. Y el hechizo se rompió, haciéndola sentir vacía. El suelo ya no temblaba, el humo se iba, y el olor a pólvora se hacía cada vez más débil. La *"*mascletà", la traca del Ayuntamiento, había terminado.

—Vamos. — le dijo su madre, tendiéndole la mano, y ella asintió sonriendo quedamente.

El vacío en su interior se disipó poco a poco, al pensar en que pronto, muy pronto, volvería a sentir de nuevo aquella sensación. Apretó el pañuelo azul que llevaba atado al cuello, símbolo de aquella fiesta, de su fiesta, y levantó la mirada hacia la hermosa escultura de vivos colores que se alzaba cerca de ella, y que sería quemada junto con el resto de sus compañeras, tres días después.

En tres días, la sensación de que el mundo podría disolverse bajo sus pies se marcharía de nuevo, durante otro año. En tres días, volvería a ser una chica normal, volvería a ir al colegio y hacer los deberes. Su permiso para coger los mecheros de su padre volvería a desaparecer y la luz y el color desaparecerían de nuevo de las calles de su amada ciudad.

Pero todavía faltaban tres días para aquello. De momento, era todavía una de las integrantes de aquella grandiosa fiesta. De momento, podía permitirse contemplar los rostros inmóviles de las efímeras estatuas, sabiendo que poco después derramaría miles de lágrimas por cada una de ellas.

De momento, la magia de las fallas, de su fiesta, la embargaba. Y sólo eso importaba.