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Historia 49414 — capítulo 1
"Ni tuya, ni mía"
1. Señor Don perfección: Edward Cullen .-
Había pasado la peor noche de su vida, ¿Por qué diablos tenia que soñar con el señor perfección de Cullen? ¿Acaso no era suficiente aguantarlo en la escuela? ¡No!, el entrometido tenía que perturbarla también en sueños.
Llevaba viviendo tres meses junto a su padre, en Forks por supuesto. Una ciudad en el estado de Washington con tan solo tres mil ciento veinte habitantes, destacada por su acostumbrada humedad y particulares días nublados.
Desde que Bella puso su primer pie en el instituto de Forks los Cullen llamaron completamente su atención, eran visiblemente diferentes al resto; físicamente atractivos, superiores mentalmente, demasiados seguros para ser adolescentes, pero sobre todo eran muy, muy silenciosos.
Podría incluso jurar que jamás los había visto hablando con alguien que no perteneciera a su familia. Pero si de quejarse de los Cullen se trataba, ella ya tenia contra quien descargar toda su tensión.
Edward Cullen, el antipático, ególatra, don perfecto, presumido, caprichoso, terco, y miles de calificativos parecidos que existan en el mundo. No había persona más insoportable que Edward Cullen en Forks, en Washington, en Estados Unidos y hasta en el mundo entero podría asegurar.
Mientras Bella se levantaba de su cama, alistaba para ir a la escuela y obviamente se aseaba iba recordando los motivos de su ya confirmado odio hacia el que alguna vez considero el mas atractivo de los Cullen.
El primer día de clase, aquel que lo vio por primera vez y le pareció el chico mas atractivo de la historia de los seres vivos, pero también el primer día en que sin dirigirse ninguna palabra se declararon la guerra y el odio mutuo por toda la eternidad.
Su clase de biología fue el escenario de la primera batalla en aquella guerra que ya llevaba tres meses y felizmente sin ninguna perdida que lamentar.
Ingreso al aula y casualmente el único asiento vacio era a su lado. Sin más remedio se sentó junto a él y ahí empezó su guerra personal, Cullen por supuesto fue quien la inicio, ni bien se sentó a su lado y aquella mirada de hostilidad y repugnancia se dibujo en su… -tenia que aceptarlo- perfecto rostro.
Luego de eso, el muy desgraciado desapareció dos largas semanas, ganando así la primera batalla. Su orgullo había sido dañado, jamás se había sentido tan humillada y el único culpable: Edward Cullen.
Pero lo mas indignante es que cuando el muy… hipócrita volvió, hizo como si nada hubiera pasado. Estuvieron unos minutos atendiendo -o pretendiendo atender- la clase e ignorándose mutuamente hasta que la suave y aterciopelada voz de él la dejo en completo shock.
—"*Hola" —*había susurrado tan queda y perfectamente que en un segundo le pareció habérselo imaginado.
Al ver que no respondía volvió a saludar.
—Hola —No, no era su imaginación, ¿Y que hizo? Lo que tenia que hacer, lo ignoro. ¿O que creía? ¿Que lo saludaría y serian buenos amigos, se contarían todos sus secretos hasta ser novios y luego terminar con su feliz boda? ¡No!, esta Bella Swan no era así, y si Edward -perfección- Cullen quería guerra, guerra tendría.
Los tres meses siguientes fueron parecidos, Edward por una extraña razón intentaba acercársele y ella casi siempre lo ignoraba. Las veces que mantenía mínimas conversaciones con su compañero de pupitre terminaban discutiendo e ignorándose dos día o algunas veces tres, hasta que Cullen volvía a intentar acercársele.
Bella salió de su casa lista para el nuevo día de escuela, y con ello para su siguiente batalla con Cullen don perfecto.
—Prepárate Cullen, de esta nadie te salva —advirtió al viento mientras con su mas inocente sonrisa sostenía un pequeño recipiente hermético muy bien sellado.
Subió a su Chevrolet Pickup Truck (Chevy) del año 53 color rojo y emprendió camino a su escenario de guerra, una guerra que no acabaría hasta que Cullen aceptara ser un completo bipolar con complejo de vampiro.
Sonrió al recordarlo, tenia que tener complejo de vampiro, le temía al sol, dejaba de respirar cuando veía sangre, paraba pálido y podría jurar que una vez lo escucho decir que no dormía en las noches. Pero ella le daría una lección, una muy buena lección.
—Jake, eres lo máximo —volvió a hablar al viento. Una gran idea solo podía venir de una gran persona como Jacob Black, su mejor amigo.
Se estaciono y al bajar de su carro observo a los Cullen llegando en el plateadísimo volvo de su eterno enemigo. Sujeto con más fuerza el recipiente hermético y con una gran sonrisa ingreso a su primera clase.
No muy lejos de ahí, una hermosa niña caminaba hacia la escuela donde seguramente deberían estudiar sus padres. Su dulce sonrisa creció más al imaginarse como reaccionarían estos al saber la verdad.
—Después de todo, no todos los días recibes la visita de tu futura hija —hablo al aire. Igual que su madre.
Pero en medio de su caminata capto un dulce olor que le recordó que su madre seguía siendo humana y para no correr riesgos decidió desviar un poco su camino, internándose en las profundidades del bosque que se encontraba a poco distancia de ella.
"Papá, mamá, espérenme un poco mas… pronto estaré con ustedes" pensó mientras a una velocidad inhumana se perdía entre el verde de los arboles.
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