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Historia 49439 — capítulo 4

La chica que estaba allí era de su casa, era de su curso. Tenía el pelo castaño y las facciones suaves y delicadas. Y en relación a su cara la mente de Tom solo puso un nombre. Hermione Granger.

Había algo extraño en sus heridas, se fijo el ojiazul, un aura negra casi imperceptible rodeaba las heridas más profundas, sacando sangre de lugares donde seguramente ya habían sido tratados.

"Por eso Madame Pomfrey estaba tan nerviosa y angustiada" Pensó el pelinegro. Eran heridas hechas con magia negra, seguramente implementadas por alguien que las conocía bien pero no tanto como él mismo. Frunció el ceño al reconocer la maldición que habían usado para mantener abiertas las heridas, no había nada que Madame Pomfrey pudiese hacer, menos aún un sanador, ignorantes como solo ellos podían ser, ya que esa maldición solo la conocían los mayores secretos de la magia negra.

Los acompañantes de la chica miraron expectantes a la enfermera mientras esta le leía el diagnóstico al director, al parecer las cosas no iban a ser fáciles para la amigable castaña.

Un Nitratux Máximus(N/A: lo acabo de intentar, un hechizo que mantiene las heridas abiertas por siempre a no ser que sea tratado), seguramente había sido uno de sus anteriores compañeros dentro de la academia secreta de magia negra. Lugar donde él y otros cinco estudiantes se habían graduado el año pasado, aunque solo él se graduó con honores.

Cinco de sus diez compañeros del curso A llegaron a graduarse, ahora solo quedan vivos tres y medio, Charlie estaba en EE.UU. Alex estaba en España de vacaciones junto con Amelie, la única mujer de la clase. El otro que quedaba, Otto, se encontraba en coma hace ya tres meses, y el mismo Tom se encargó de que no volviera a despertar.

Tom repaso internamente sus opciones. La primera, dejar todo como estaba e irse a vivir su vida tranquilamente, una opción que hizo formarse una sonrisa en su boca. La segunda opción, susurrar la respuesta y hacerles creer a todos que la chica se había recuperado por sí misma. La tercera opción, salvarla y quedar como héroe frente a todos, ganar su amistad y poder acelerar su bien planeado plan.

Una sonrisa maléfica se formo al tomar la decisión.

-Nitrino Finite-susurro sin que nadie se diera cuenta. Las heridas dejaron de emitir esa extraña aura negra - Madame Pomfrey… - siguió como si nada hubiera pasado. - ¿Por qué no la curan?

-Porque ya lo intentamos señor Riddle - respondió la enfermera sin mirarle, se le notaba enojada y frustrada.

-¿Por qué no lo intenta de nuevo? Estoy seguro de que puede salvarse sin ir a San Mungo, eso si es que usted se cree capaz de salvarla sin ayuda. - eso ultimo fue lo único que necesito para hacer que la enfermera se motivara.

-Hágase a un lado, señor Riddle. - La enfermera echó a Tom con un movimiento levemente fuerte - Vulnera Sanentum - El hechizo sanador izo su efecto a la perfección sorprendiendo a la enfermera y alegrando a los chicos que estaban aún allí.

El de gafas, al que Tom reconoció como James Potter, sonrió al ver a su prima sin peligro de muerte. Su acompañante, Sirius Black, sonrió mostrando su perfecta dentadura antes de decirle algo al oído a James y salir caminando tranquilamente hacia la puerta de la enfermería.

Tom salió silenciosamente de la enfermería. No quería que nadie sospechara de lo que en verdad había ocurrido, sabía perfectamente que la chica se había dado cuenta de qué era lo que había hecho y que ella sabía muy bien quien realmente la había salvado de una muerte segura.

Por ahora, su plan se estaba cumpliendo.


Habían pasado ya cinco días desde el incidente. Por alguna razón nadie se extrañaba de la pronta rehabilitación de la chica, al contrario. Se alegraban de que fuera así ya que había pocos seres - exceptuando a los Slytherins - que podían evitar preocuparse por la chica.

Hermione no pasaba un solo minuto sola. Siempre había alguien acompañándola, ya sea alguno de los autodenominados Merodeadores o alguna otra amiga o compañera que se encargaba de mantenerla siempre ocupada.

Pero bajo los perspicaces ojos de Tom no había secreto posible. La chica sufría, a sus acompañantes se les acababan las excusas relativamente buenas para mantenerla ocupada, parecía como si cada persona cercana a ella quisiera evitar que la castaña entrara en el bosque prohibido, inventando razones y motivos llenos de mentiras.

Y además, parecían tener miedo de dejarla entrar sola al bosque prohibido, como si hubiera algo peligroso dentro del bosque que pudiera hacerle daño. Como si un animal herido y peligroso viviera en las profundidades de este bosque. Como si un monstruo fuera lo que había atacado a la castaña mientras ella vagaba sola por entre los árboles, mientras era vulnerable.

Y parecía que ni los profesores ni el director se habían dado cuenta del peligro que había tan cerca de sus preciados estudiantes. Por lo que seguramente o era algo muy pequeño y ocasional o era algo realmente malvado, algo astuto y malvado.

Astuto y malvado…. Una sonrisa se formo en el rostro del pelinegro, ese ser, cosa o lo que sea que se encuentre en el bosque prohibido se parecía mucho a él mismo.

En especial en lo malvado. Pensó el pelinegro.


Era un domingo por la tarde, el sol bañaba con sus últimas fuerzas el rostro de Tom. Nadie podía apreciar nada diferente en sus facciones cinceladas, pero dentro de su mente todo cambiaba, se deformaba y cambiaba de forma una y otra vez hasta que tomaba la forma que él deseaba.

Tomo un pergamino y una pluma, con solo pensar en unas simples palabras la pluma hizo un extraño movimiento antes de quedarse quieta, esperando ansiosa que su dueño comenzara a dictarle las palabras que expresaban su voluntad y el completo deseo de su mente.

No comprendo muchas cosas… ¿Por qué las rosas son rojas, si nunca han cometido pecado que haya podido manchar su eterna pureza con sangre roja imposible de quitar?

Tal vez porque nunca han querido mostrar inocencia y solo quieren mostrar su verdadera forma de ser, opacando al resto mostrando una belleza que las demás no pueden llegar a alcanzar.

Por eso yo creo la rosa es la flor de la codicia, porque siempre muestra una belleza superior sin darse cuenta de que lo que hace en realidad es opacar la hermosura de las otras flores, mientras se hace cada vez más bella a sí misma. Porque siempre quiere mostrarse más bella de lo que es en realidad. Porque siempre quiere ser más bella aún.

Y aunque posiblemente alguien más se ha dado cuenta de esto, nadie puede negar una simple verdad. No importa cuanta maldad haya dentro de una rosa, nadie puede negar que su belleza hipnotiza nuestros sentidos humanos.

-No sabía que tuvieras ese lado literario - dijo una voz cerca de su oído.

-Yo no sabía que eras tan metiche, Granger…