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Historia 49479 — capítulo 5

PoV Lyss

Volterra, here I come.

Me desperté cuando el avión empezó a tener turbulencias, miré por la ventanilla, nubes, y más nubes, el océano debajo de nosotros, y la chaqueta de Doug sobre mí, giré mi cabeza hasta mirarle. Él estaba dormido, debía de haberse quedado dormido después de mí. Rebusqué en mi bolsillo hasta sacar el móvil, me miré en el reflejo y me peiné un poco con los dedos, después, miré la hora.

Habían pasado dos horas desde que había decidido quedarme dormida, y no parecía que Doug llevase algo más. Sonreí y le retiré el pelo de la frente, no sabía como podía estar tan caliente, su temperatura corporal era superior a la mía. Acaricié su mejilla y me sobresalté al notar su mano agarrando mi muñeca.

-¿Cuánto llevo dormido?-preguntó con voz somnolienta.

-No mucho más que yo, así que, sigue durmiendo-le propuse mientras me recostaba de modo que, apoyaba mi cabeza en el respaldo y le miraba a él.

-No sé si podré, sabes que me pone nervioso viajar en avión-suspiró cerrando los ojos un par de segundos.- ¿Has vuelto a tener sueños raros?

Le miré divertida. No solía tener demasiado sueños raros el mismo día, es más, los solía tener salteados, cada dos o tres días.

-Sabes que nunca los tengo seguidos el mismo día…-suspiré encogiéndome de hombros.

-¿Y qué tal si me cuentas como empezó todo?-me propuso mientras se sentaba bien, yo le imité.-Nunca me lo has contado.

Y en eso tenía razón. Nunca me había preguntado como habían empezado mis visiones o sueños o como quisieseis llamarlo. Y ahora que me lo preguntaba, me daba cuenta de que por esa temporada, apenas le daba importancia.

-Pues, todo empezó cuando tenía seis años creo, mi tío favorito había salido a trabajar, y yo estaba en su casa jugando con su hija pequeña, mientras mi madre y mi tía tomaban un café en el salón-comencé.-Estábamos jugando a las casitas de muñecas-oí una risita por su parte.-Y de repente, me empezó a doler la cabeza mucho, muchísimo, y me caí al suelo. Recuerdo ver como un coche avanzaba a toda velocidad contra una señora mayor que estaba cruzando por un paso de cebra y de pronto, el coche se la llevaba por delante, la señora salía volando, y mi tío estaba parando en una esquina, mirando la escena… Y yo estaba parada, entre el coche y la señora… y cuando mi tío iba corriendo hacia la mujer, el sueño se evaporó.

-Vaya… ¿Sólo ves cosas malas?-preguntó mirándome curioso.

-No…-sonreí.-Te vi a ti.

Nunca se lo había dicho, nunca le había dicho a nadie que en mi viaje hacia Forks, había tenido una visión que había cambiado por completo mi punto de vista con respecto a la mudanza. Él ni si quiera se había echo esperar, nada más bajar del avión y montar en la furgoneta, le vi.

-¿Me viste?-sonrió dulcemente.-Cuéntame qué viste.

-Vi la escuela, la entrada principal del instituto y a ti, apoyado en esa moto estúpida que tienes-reí levemente.-Entonces, me chocaba contigo, mis libros se cayeron al suelo…

-Y yo me agaché a recogerlos, y nos dimos ambos en la cabeza el uno con el otro, porque nos habíamos agachado ambos a la vez. Tú te disculpaste tartamudeando, tenías miedo de hacer algo que pudiese costarte un amigo o al menos, un conocido en el instituto. Yo te dije que no importaba, que había sido culpa mía aunque no lo fuese pero no importaba, porque me tenías hechizado con tu sonrisa.

-Y siempre me lo acabas perdonando todo, porque a mi me basta una sola sonrisa para perdonarte todo, absolutamente todo-murmuré aun sin aliento, su rostro y el mío estaban a escasos centímetros, como solíamos hacer cuando no queríamos que nadie se enterase de lo que hablábamos.

-Estamos completamente locos-comentó antes de echarse a reír.

-Bueno, pero tú desde siempre, desde que te caíste de la cuna de pequeño, cariño-le saqué la lengua divertida.

Él rodó los ojos divertido y me tendió su coca-cola aun sin abrir con una sonrisa.

-Sé que tienes sed, siempre tienes sed. Toma-la vertió en mi vaso y finalmente, volvió a cerrar los ojos.-Voy a dormir un poco más, despiértame dentro de una hora, por favor.

Asentí mientras bebía un poco de la coca-cola. La voz del pilo nos notificaba que quedaba una o dos horas hasta llegar a Roma, y tenía dos opciones, o escuchar la radio que estaba a nuestra disposición o ponerme mi Iphone que aun no había apagado y que tenía canciones que realmente, me podrían interesar. Así que, opté por la segunda opción.

Puse una canción de simple plan y me centré en comer la bolsa de cacahuetes que Dougie apenas había tocado, lo que se suponía que podía comerla sin ningún problema.

No se cuando me había quedado completamente dormida, pero notar la mano ardiendo de Dougie sobre mi mejilla pareció despertarme totalmente.

-¿Cuánto llevo dormida?-pregunté curiosa.

-No sé, supongo que una hora o dos… El piloto acaba de anunciar que sólo quedan diez minutos hasta que nos den la pista para aterrizar, ya estamos sobrevolando Roma, bobita-me sonrió y después señaló la bolsa de cacahuetes que estaba vacía.-Por cierto, me debes una.

Suspiré y me cogí de hombros. Así que finalmente, opté por ignorar lo de la bolsa de cacahuetes y peinarme un poco más con los dedos.

-Estás muy guapa, deja de peinarte una y otra vez, por favor-suspiró y negó con la cabeza divertido.- ¿Qué vas a hacer cuando bajemos del avión?

Me encogí de hombros y le miré, estaba segura de que él tendría algún plan para los dos, como quedarnos dormidos para recuperarnos del cambio de horario, o ver una película en italiano mientras íbamos diciendo lo que creíamos que los protagonistas estaban contándose o diciendo o pensando… Es decir, no acertábamos ni una, pero nos lo pasábamos bien y eso era lo que realmente importaba en esos minutos.

-¿Una vueltecita sin tours interiores?-dijo de pronto.-Así te vas conociendo esa ciudad.

-Yo pensaba que ibas a preferir ver una película en el hotel, o dormir, porque eres muy dormilón, Dougie. Tenía que decírtelo, lo que más te gusta en el mundo es dormir-reí.

Él rodó los ojos.

-Vale, vemos una película, hacemos el tonto y luego damos una vuelta por Volterra, quieras o no quieras-me sonrió dulcemente.

-Eres una mala persona, y sabes que me vas a tener que coger a caballito-le saqué la lengua de nuevo.

-Qué remedio, eres como una niña de tres añitos-rió.

Le golpeé el brazo mientras notaba como el avión iba perdiendo altitud, llegados a un tramo, el puente de aterrizaje tocó tierra, y yo suspiré aliviada. Todo el mundo empezó a levantarse y a caminar hacia la puerta, así que, nosotros les imitamos.