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¿Y yo que soy para ti? [últimos capitulos] — capítulo 39
Este capitulo está dedicado a todos ustedes que esperaron pacientemente a que actualizara.
Draco Malfoy nunca había visto esa faceta de Hermione. Llevaba al menos diez minutos observandola sin prestar mucha atención a lo que decían, él se aparto un poco del grupo ya que su turno de hablar y de planear había terminado. Ahora se encontraban planeando la entrada a Gringotts, no podía negar que su idea podría salir exitosamente a pesar de que la comadreja y el cara rajada dependerán totalmente de los conocimientos de la castaña. De vez en cuando, Draco interrumpía para añadir información que supiera acerca de lo que podría esperarles dentro de la bóveda.
Sin embargo, por mucho que se esforzará por concentrarse, ver a Hermione totalmente seria, determinante, astuta e inteligente… lo ha dejado desarmado, además de la forma en que sus mejillas se ruborizaban o los ojos le brillaban al saber ella misma que el plan podía funcionar, le invadían ganas de besarla ahí mismo enfrente de todos. Se sentía un completo tonto por querer encerrarla en la torre más alta del castillo para mantenerla a salvo cuando por fin comprendió que difícilmente podría alguien meterse con ella. Durante un momento se le hinchó el pecho de orgullo por ella y por primera vez se arrepintió enormemente de no haberse dado la oportunidad de conocerla desde tiempo atrás, dejó que los prejuicios tomaran las decisiones por él y si él no hubiese apartado eso para dejarse llevar por su curiosidad que lo llevó a quererla, él no estaría ahí babeando mirandola y ella posiblemente estaría con Potter.
Fue cuando sus pensamientos decidieron echarle un vistazo a cara rajada, notando cómo él la miraba sabiendo que entre su mirada y la de él, no había mucha diferencia.
-Pero, una vez que tengamos la copa, ¿cómo lo destruiremos? -preguntó Ron analizando en su cabeza el plan.
-Eso será hasta que regresen al castillo -contestó el profesor Dumbledore sin dar más detalles sobre el cómo.
-Supongo que no podemos hacer más hasta que Voldemort llamé a Malfoy -dijo Lupin sabiendo que mientras más esperen, las posibilidades estarán en su contra.
-¿Quién podría imaginar que ahora el rumbo de la guerra dependerá de Malfoy? -preguntó irónicamente Kingsley haciendo que todos los presentes miraran a Draco.
-El Sr. Malfoy aún tiene mucho que sorprendernos -lo apoyo de alguna manera Dumbledore notando como él ahora ponía una especie de fe sobre el rubio, lo cual lo hizo sentir incomodo.
-Solo espero que no le entre la cobardía instantes antes y decida echarse para atrás -susurró Ron con sorna hacia Harry.
Draco simplemente no puede dejar pasar la oportunidad de insultar a Weasley.
-Que quede de una vez claro, comadreja. Nunca me subestimes, no sabes con quién te estás metiendo -le amenazo Draco con frialdad.
Draco no estaba ahí porque de pronto tuvo el sentimiento de salvar a todos del mal y quisiese ser bueno para llamarse héroe, ni mucho menos estaba ahí para proteger a toda la familia de Weasley, por ejemplo. A él sólo le importaba tres cosas: el primero siendo el más egoísta, al planear que después de la guerra con toda su ayuda lo absolverán de todos sus cargos para no enviarlo a Azkaban; segundo, ofrecerle seguridad a su madre al ser ahora un blanco fácil para manipularlo. Y tercero siendo el más importante, lo hacia por Hermione, porque sin ninguna amenaza puedan tener una vida juntos. Hermione era consciente de ello.
-De nada servirá pelearnos entre nosotros, de alguna manera tendrán que llevar a cabo sus diferencias porque entonces el enemigo nos atacará fácilmente desde esa debilidad -interrumpió el profesor Dumbledore sabiendo muy bien la enemistad entre los jóvenes.- Si se dieran la oportunidad, podrían notar que no son muy diferentes después de todo.
Hermione sonrió con nostalgia ante ello, "si supiera como han cambiado las cosas" pensó mirando a sus dos mejores amigos quien solamente se limitaron a no hacer nada frente al director, en cambio Draco asintió con la cabeza. El problema no era él, sino ellos quienes no salían de su mente cerrada.
-Dumbledore tiene razón, ahora no es momento para sus riñas infantiles. Tenemos planes que realizar y sólo podrán salir exitosos si podemos llevarnos como equipo -interpuso Lupin quien igual había visto en innumerables ocasiones esa rivalidad cuando dio clases hace años.
Todos comprendieron, en la Orden ha habido otros problemas parecidos sin llegar al extremo y todos supieron dejar a un lado esos inconvenientes para lograr el objetivo, así que aquello era uno más añadido a la lista.
-Ahora creo que todos necesitamos descansar, el lunes comenzaran las clases normales por lo que ahora no se preocupen -agregó el director mirando a sus alumnos.- Por otro lado, no hay nada más que pudiéramos hacer.
En seguida todos se levantaron murmurando los pendientes personales o del trabajo que tenían por hacer. Draco se sintió tonto por no saber muy bien cómo actuar, afortunadamente Hermione lo salvó pero antes de poder intercambiar una palabra, Lupin la llamó junto con Ron y Harry.
-Esperame afuera -le susurró Hermione antes de darse la vuelta.
Sumido en sus pensamientos, el rubio comenzó a caminar a la salida del despacho sin darse cuenta que alguien lo seguía.
Andromeda le habló unas cuantas veces de lo poco que conocía de su sobrino y Nymphadora Tonks había escuchado otras cosas acerca de él. Decían que era un muchacho arrogante, orgulloso y frio, toda una imagen del difunto Lucius Malfoy, el atractivo que heredó también le ha ayudado a conseguir lo que quisiese y tenía todas las cualidades para ser un fiel heredero de la familia. A pesar de sólo haber escuchado características muy superficiales de su primo, no pudo sorprenderse de lo que vio el día de hoy, está segura que ya no era aquel chico al que describían antes y observandolo en la reunión, supo -por todo lo que le ha contado su madre- que Draco sacó lo mejor de Narcissa. Por ello se aventuró hablarle.
-Has sido muy valiente para ofrecerte aniquilar la serpiente de Voldemort -dijo Tonks interrumpiendo los pensamientos del rubio.
Draco la miró alzando una ceja interrogante,"¿quién es está chiflada?" pensó al notarla aún más de cerca con su cabello de color chillante, su rostro con rasgos de niña y su vestimenta.
-Alguien tenía que hacerlo -contestó Draco con frialdad creyendo que aquello sería suficiente para alejarla.
-No sabes quién soy, ¿verdad? -preguntó Tonks sin dejarse intimidar por él.
Justo en ese momento, ambos se detuvieron en la escalera de piedra que pronto se movió para que ellos pudieran irse del despacho. Draco la miraba, intentando recordar si alguna vez escuchó de aquella chica pero no era así, le incomodaba el interés que ella parecía tener por él, sus ojos oscuros brillaban de forma peculiar.
-Soy Nymphadora Tonks, tu prima -le dijo con una sonrisa en el rostro.
Draco la miró confundido, ahora se daba cuenta porque su madre nunca acepto estar en contacto con la familia de su tía. Aquella chica esta lejos de merecer el apellido Black, aunque no conociera a su padre, diría que salió con todas las características de aquel muggle.
Cuando la escalera se volvió a detener, ambos bajaron hacia el pasillo esperando a los demás. Draco deseaba que Hermione no tardara mucho.
-¿Alguna otra cosa qué quieras decirme? -le preguntó Draco con frialdad.
-Si, al principio no creí que en verdad sintieras algo romántico hacia Hermione pero he visto como la miraste durante este tiempo. Sé que las cosas son difíciles para ustedes, mi madre me contó cómo su familia la desconoció por completo cuando les dijo sobre mi padre y… -comenzó a decir Tonks mirandonlo ahora con comprensión.
El slytherin sabía de la existencia de su prima, a pesar de preguntarle en varias ocasiones a Narcissa, ella le dio muy poca información. Pero ahora observandola, podía darse cuenta de las increíbles diferencias entre ellos a pesar de compartir sangre, la manera en que ambos fueron criados y de la vida que han llevado, por un momento imagino como sería si ambos hubiesen crecido juntos, si ella pudiera en verdad llamarla familia…
-Tú y yo no nos conocemos pero puedes contar conmigo, cuando necesites algo pidemelo -le dijo con honestidad dejando a un lado la sonrisa.
-¿A cambio de qué? -preguntó Draco con hostilidad sin pensarlo.
Algo que Draco ha aprendido durante su vida es que no hay ningún favor hecho por pura caridad, siempre hay un precio que pagar y él no quería deberle nada a nadie. Tonks lo miró desconcertada por la respuesta, tampoco esperaba un agradecimiento pero aquello la dejó sorprendida.
-A cambio de nada, somos familia y vete acostumbrando a eso -le contestó Tonks regresando a su jovialidad.
Draco estuvo a punto de contestarle cuando las escaleras de piedra se volvieron a mover, los dos se quedaron mirando esperando y para alivio del rubio, Hermione estaba allí, junto con Potter, Weasley y su ex profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. No necesitaron preguntar para darse cuenta del ambiente tenso que parecía estar entre ese grupo, viniendo del trio dorado. Hermione miró a Draco regalando una sonrisa triste, al parecer intentaba fingir felicidad pero no pudo. El rubio cerró los puños, a él pueden ignorarlo, humillarlo, amenazarlo y no le importará en absoluto pero le enojaba de sobremanera que también le hicieran eso a la castaña.
-¿Nos vamos? -preguntó Tonks acercandose a Remus, uniendo sus manos.
El profesor aceptó, no sin antes despedirse de los chicos e incluso de Draco quien sólo asintió con la cabeza. La pareja se fue alejando dejando a los cuatro solos y con el ambiente aún más tenso. Hermione se acercó a Draco como refugio, a pesar de haber concordado de participar en el robo del horrocrux en Gringotts, las cosas estaban aún muy lejos de arreglarse entre ella y sus mejores amigos.
-No sé qué planeas Malfoy pero estaré vigilandote hasta que hayas cumplido tu palabra -le amenazó Harry con determinación.
-Me halaga que te guste lo suficiente para observarme todo el tiempo Potter, pero mejor preocupate por tus propios asuntos -le contestó Draco con arrogancia.
Harry estuvo a punto de contestarle cuando Hermione se puso entre ellos, por un momento quiso decirle que se moviera pero se contuvo. Algo en ella lo hizo detenerse en seco y lo dejó sin habla, parecía otra persona e incluso podría aventurarse a pensar que lucía unos años mayor. Ron la contempló con un nudo en la garganta, comenzaba a hartarse de estar peleado con ella.
-No peleen, por favor. En verdad, no puedo dividirme porque aún así sé que terminaran peleandose por todo… ya estoy muy cansada de esta situación -comenzó a decir Hermione con la voz quebrada, aguantando el sentimiento.- Al menos… intenten no hacerlo frente a mi.
Unos ojos miel tristes se toparon con los azules de Ron, luego los verde de Harry y por último en los grises de Draco. Por ella, se comportarían. Ninguno de los cuatro se movió por unos instantes, hasta que Harry agachó la mirada soltando un suspiró y ella supo que al menos hoy hubo un avance.
Draco estiro su mano para sujetar la de ella, dandole un apretón tierno. Ella volteo a mirarlo con cariño y sin despedirse de Harry ni Ron, comenzó a caminar junto al rubio quien la abrazo por los hombros. Ya era de noche e incluso la cena ya había terminado por lo que él planeaba llevarla a las cocinas para comer un poco.
Mientras se alejaban, Harry y Ron los miraban aún sin entender del todo. Vieron como Draco estrechaba a su mejor amiga para darle un beso en la sien, vieron como ella lo veía con cariño y finalmente vieron como ella le daba un beso en la mejilla para luego ambos se perdieran en la esquina. El pelirrojo le resultó incomodo ver eso, sin embargo algo cambio dentro de él y por un instante pensó "¿por qué me he comportado como un idiota?". Miró de reojo a su mejor amigo, parecía como si le hubieran dado un puñetazo en la cara, le dio unas palmadas en la espalda como diciendole "aceptalo ya" pero la mirada de Harry le indicó claramente que aún no lo aceptara.
Por primera vez en mucho tiempo, Ron supo que no podría dormir esa noche. Había cosas muy importantes en qué pensar.
La mañana se abrió paso en el cuarto de chicos en la torre de Gryffindor. Los rayos del sol eran débiles dejando ver que sólo durarán unas horas antes de que el cielo se nuble por completo, sin embargo a Ronald Weasley no le importaba en absoluto el clima. Tal y como lo había predicho, esa noche no había pegado el ojo ni por un minuto, además es la primera vez en que no tiene hambre o al menos desde aquella mañana en la que jugó seriamente por primera vez un partido de quidditch.
Se levantó de la cama para acercarse a la ventana y poder recibir la luz del sol en el cuerpo, cerró los ojos inmediatamente sintiendo la calidez invadiendole el cuerpo, haciendolo sentir tranquilo por unos minutos y dejandose llevar por la sensación para dejar su mente en blanco. Llevaba toda la noche pensando y aún no tenía mucho en claro. Ron no es un hombre que le guste pensar en retrospectiva para averiguar desde donde él comenzó a cometer errores, no le gusta aceptar que ha fallado y ha tomado malas decisiones pero tampoco puede ignorarlos.
Por ello, ayer cuando se dio cuenta lo mucho que extraña los momentos que pasaba con Harry y Hermione, con quienes hablaba de todo y a veces de nada, con quienes podía compartir sin fin de bromas así como de corajes para luego saber que todo el colegio podría darle la espalda menos ellos. Porque desde el primer año en Hogwarts, con la presencia de ellos dos, se sentía en casa y con el sentimiento de permanecer en algún lugar. Ayer cuando Hermione y él decidieron arriesgar una vez más su vida junto con Harry, sintió una terrible nostalgia porque ya no eran lo mismo. Al principio culpó a Draco Malfoy por poner esa enorme barrera entre su amistad, pero sólo lo pensaba como una excusa para no admitir que Malfoy no tenía ninguna culpa, si alguien puso una barrera fueron ellos mismos. Sobretodo él y Harry.
Fue toda una sorpresa ver a Malfoy imponente diciendo "quiero pertenecer a la Orden", no iba a negar que al principio pensó que si había alguna clase de relación entre el slytherin y la castaña debía ser puro capricho de él, pero una vez más juzgó mal. No hay ningún capricho que valga la pena para arriesgar la vida de esa manera y aquella fue la primera prueba que vio sobre los sentimientos de Malfoy, el hecho de pensar que aquel maldito arrogante tenía alguno lo hacía pensar en lo raro del mundo, ni se diga cuando pensaba que esos sentimientos eran dirigidos a la última persona que se le pudo ocurrir.
Ahora entendía cómo la vida podría dar giros inesperados y nadie está preparado para ello.
Ron decidió comenzar su día temprano, por esta vez no esperaría a su mejor amigo despertase ni tampoco podía estar más tiempo en aquella habitación. Él no es de las personas que disfruta de las caminatas mañaneras pero sentía que necesitaba una. Con todo el cuidado que pudo tener para no despertar a sus compañeros, se alistó y salió de la habitación. Tal como lo imaginaba, no había nadie en la sala común, además aún existía la recuperación por el ataque a las familias de hijos muggles. Sentía que hacia semanas de aquel incidente cuando sólo habían pasados un par de días.
Salió de la torre de Gryffindor encaminandose a los terrenos del castillo, un poco de aire fresco lo ayudará a disipar su mente pero nuevamente creyó que tendría que comenzar a creer en el destino porque justo cuando bajaba los últimos peldaños de las escaleras hacia el Hall, divisó una cabellera rubia sumamente familiar. No recordaba con exactitud cuando había sido la última vez que habló con ella, por enésima vez, tuvo ese sentimiento de nostalgia. Comenzaba a odiar el rumbo que su vida estaba teniendo.
-Luna -exclamó enseguida.
Luna Lovegood creyó perder un latido al escuchar su nombre de esa voz. Pretendía dar un paseo tranquilo pero obviamente eso no sucederá, la rubia volteo con una sonrisa, una sonrisa que hacía tiempo no le regalaba a Ron.
-Buenos días Ron -saludó Luna.
Ron no pudo evitar sentir un cosquilleo ante ese saludo. Luna lo miraba con sus brillantes ojos azules, su aura soñadora enseguida lo envolvió dejando a un lado todo lo terrible que cruzará en sus pensamientos.
-Buenos días -respondió él algo torpe.- ¿También darás un paseo? … ¿Puedo acompañarte?
Luna aceptó nerviosa ya que la última vez que estuvieron a solas no había sido nada agradable.
Ambos comenzaron a caminar en silencio, en realidad no había necesidad de decir algo. Sin ponerse de acuerdo, ambos tomaron el camino hacia el lago mientras disfrutaban del aire puro y el poco sol que había.
-¿Cómo… has estado? -le preguntó Ron después de un rato.
-Bien, ¿y tú? -respondió Luna enseguida.
El pelirrojo dudó aunque sabe que puede confiar completamente en ella.
-Anoche no pude dormir, estuve pensando toda la noche -admitió inquietante.
La tranquilidad que había logrado comenzaba a esfumarse. Sin embargo, Luna sonrió, ella ya lo intuía desde que vio su expresión en las escaleras.
-¿Es por el ataque que ocurrió? -preguntó ella sin usar un tono serio.
Ron asintió mirando ahora al lago, de esa manera podía expresarse mejor.
-En parte, ha sido una total locura después de ello y… -se interrumpió a si mismo, no sabía si era prudente hablarle de Hermione y Malfoy.
-Es malo quedarse con las preocupaciones, envenenas tu mente -le respondió Luna con una sonrisa inspirandolo a seguir hablando.
Ron ahora la miró, el viento jugaba con su cabello y ella no parecía molestarse por ello. Luna alzó su mano tocando las hojas de los árboles chicos que había alrededor para luego levantar la vista y deleitarse viendo las aves sobrevolando el lugar. Ron no pudo evitar pensar: Luna es hermosa a su manera. Nunca lo había notado con tanta claridad y por primera vez, se sentía totalmente hipnotizado por ella.
-También estoy preocupado por Hermione… siempre he confiado en ella pero creo que esta vez, no está tomando las decisiones correctas, está en una situación de la cual hay consecuencias graves y ella no lo está viendo de esa manera -admitió Ron balbuceando, Luna lo miró con paciencia.- Ella cree estar enamorada de una persona de la cual creo que sólo la está utilizando… o bueno al menos eso había pensado pero… -calló incapaz de decir algo congruente.
-Hablas de Hermione y Malfoy, ¿no es así? -preguntó Luna más directa, salvando a Ron de enredarse con sus palabras.
Ron la miró sorprendido, no sabiendo exactamente porque la rubia ya lo sabía o porque lo dijo con total naturalidad.
-¿Cómo…? ¿Te lo dijo ella? -preguntó el pelirrojo desconcertado.
-Ella no me dijo nada -contestó Luna.
-Entonces, ¿cómo…? -quiso saber.
Ron no podía dejar de mirarla, cómo ella caminaba un par de pasos, parecía disfrutar del clima y de su compañía, a ella en verdad no parecía preocuparle la situación… seguía en su propio mundo.
-Al principio, noté ciertos cambios en Hermione, creí ver una vez un par de wrackspurts sobre su cabeza pero fue demasiado rápido hasta que los volví a ver en Malfoy y me quedé sorprendida -comenzó a contar la ravenclaw como si fuera un cuento.- Después, sólo tuve que poner un poco más de atención para confirmarlo.
Ron la miró sin comprender mucho pero captó lo principal, ya estaba acostumbrado al modo de ser de la chica pero le sorprendió que también fuera gran observadora. De pronto, le llegó un recuerdo a su mente, cuando ellos dos iban saliendo y pasó Hermione junto a ellos muy rápidamente, Luna había dicho: "¿Te diste cuenta? Hay algo diferente".
-Aunque, no tienes por qué preocuparte -interrumpió Luna sus pensamientos.
El pelirrojo le dio la espalda por unos segundos, pasó sus manos por su cabello despeinandolo, luciendo un aspecto algo desesperado. De pronto se sentía enojado con ella.
-¿¡No preocuparme!? ¿Si sabes de quién estamos hablando? ¡Por Merlin, estoy cansado de escuchar la noble alma en que creen que se convirtió Malfoy! -exclamó frustado.- Ese tipo no le creo nada, algo debe estar tramando.
-¿Tienes pruebas? -le cortó Luna sin sonar fría.
Ron se detuvo un momento, poniendose ligeramente colorado a causa del coraje.
-No… pero no confió en él.
-¿Eso es todo?
-No, al parecer igual ella ha olvidado los años anteriores en los que nos molestaba a ella, Harry y a mi -continuo Ron.
-Entonces, ¿Hermione no puede estar con él porque tú no puedes superar su enemistad de la infancia? -preguntó Luna tratando de que él viera su error.
-Pero no se ha convertido en ningún santo.
Luna se acercó a él haciendo que sus miradas chocaran, no era la primera vez que trataba con la terquedad de Ron.
-Tampoco es una mala persona. Mira, yo creo que dentro de él siempre ha habido algo bueno y Hermione lo ayudó a desarrollar esa bondad sin que se diera cuenta de ello, porque para las personas verdaderamente malas no existe ese cambio -le dijo Luna con sinceridad.
-¿Cómo estás tan segura de ello? -le cuestionó Ron.
-Son cosas que uno puede observar -admitió encogiendo los hombros.
Ron soltó un suspiró mientras acortaba más la distancia entre ellos y ponía ambas manos en los hombros de la chica.
-Luna, sé que te gusta ver lo positivo en todas las cosas, pero esto es la vida real…
Luna Lovegood muy pocas veces se mostraba enojada y esa era una rara ocasión, de un movimiento se deshizo del agarre de Ron.
-Soy una persona positiva pero no soy estúpida -dijo Luna sin alzar la voz ni mostrarse fría, sólo seria.- Ronald, no puedes seguir con la mente tan cerrada porque estoy segura que ya te diste cuenta de la verdad solo que no puedes aceptarla y te estás aferrando a seguir creyendo que Malfoy es una persona mala cuando lo único que estás logrando es perder a tu mejor amiga.
Ron la miró desconcertado y una vocecilla en su interior le advirtió que lo había leído totalmente. Tenía razón en que no podía aceptarlo pero en la manera en que lo dijo Luna, simplemente lo dejó desarmado. Miró los ojos azules de la rubia y sintió vergüenza, una vergüenza no sólo por lo que ella le dijo, sino también rememorando todo lo que le hizo y dijo a Hermione. Agachó la mirada apenado.
-Hermione te necesita aunque sea orgullosa para decirtelo. Ella a pesar de todo, te ha apoyado bajo cualquier circunstancia… y el mundo mágico está en una situación grave, lo sabes, así que el enemigo no va sólo atacar de frente, sino desde los puntos más débiles de su contrincante -dijo Luna sin saber si abrazarlo o no.
El pelirrojo se llevó una vez más las manos al cabello, se sentía un completo imbécil. Él mismo había dicho que apoyaría a su mejor amiga y lo único que hizo fue lastimarla una y otra vez. Gracias a Luna, tenía la mente despejada sabiendo la mejor manera de hacer las pases con la castaña pero ahora tenía miedo de ser rechazado. Sin embargo, también sintió un profundo aprecio por Luna, más tranquilo alzó la cabeza para mirarla y ella la regalaba una sonrisa tímida. Entonces, la abrazo.
-Perdoname… fui un imbecil -susurró de pronto Ron sobre su cabello.
Luna no dijo nada, no entendía bien a qué se refería. Y el pelirrojo como adivinando sus pensamientos, añadió:
-Fui un imbécil contigo, no quise hacerte daño de esa manera… yo… perdón -admitió, Luna lo abrazó con más fuerza sintiendo un nudo en la garganta.- Eres una mujer extraordinaria y lo eché a perder por algo que no valía la pena, entiendo si sigues enojada conmigo por ello.
Ron le hablaba de cuando regresó con Lavender a pesar de reconocer que él y Luna tenían sentimientos entre ellos. Sin duda, Luna había sufrido, al principio no supo si fue por el coraje, la tristeza o la decepción lo que sintió por dentro, sólo supo que le dolió muchísimo. Sin embargo, se tragó las lágrimas en su momento porque por mucho que le afectara ver a esa persona que quiere con alguien más, no iba a sumirse en una depresión de la cual ella tuvo parte de la culpa por no decirle a Ron lo que sentía. Por ello, ella puso sus manos en el pecho del pelirrojo para apartarlo y se arrepintió de haberlo hecho al ver la mirada de él.
-Eso ya quedó en el pasado… ahora hay cosas más importantes de las cuales ocuparse -le dijo Luna sin mostrar alguna tristeza en su voz, manteniendose firme con su sonrisa.
Ron sintió que le faltaba el aire, sujeto ambas manos de la rubia con cariño y necesidad.
-No lo entiendes, por esas "cosas más importantes"… quiero pedirte que me des una oportunidad. Ver a Malfoy y Hermione me han hecho dar cuenta de que no vale la pena esperar hasta que todo haya pasado porque no estamos seguros si sobreviviremos. El momento y las oportunidades se presentan ahora y…
Luna enseguida lo abrazo, demasiado emocionada y apenada para besarlo de momento aunque tampoco quería decirle que si en seguida. Ron le devolvió el abrazo como si fuera alguna clase de salvación, no sabe en que momento se volvió a fijar en Lavender Brown pero casi enseguida se había arrepentido de ello y creyendo que Luna lo odiaría prefirió dejar las cosas así, hasta este momento.
-Por ahora, quiero que seamos como antes -le susurró Luna sin mirarlo.
Al principio creyó no haberla escuchado bien, después supo exactamente a lo que se refería con ello. Ella quiere asegurarse de que él no le hará lo mismo de nuevo y lo entendió.
-¿Vamos adentro? -susurró Ron con cariño.
Se separaron, Luna le sonrió y asintió sabiendo que por ahora, todo estaría bien.
El Gran Comedor a pesar de estar lleno de estudiantes, se veía muy triste. El ambiente en el aire parecía ser absorbida por la desolación y sus alumnos parecían estar de manera automática, comiendo por necesidad física donde pocos eran los que tenían ánimos para platicar sobre cualquier otra cosa. Parecian muy lejanos los días en que la mayor preocupación eran los próximos exámenes, de igual manera, parecía que en algún futuro lejano las cosas volverían a la normalidad. A partir de este momento muchos cayeron en la cuenta de estar en guerra, no siempre uno tiene que estar en medio de una batalla lanzando hechizos a diestra y siniestra contra el enemigo para saber lo que es una guerra. Porque el enemigo nunca te va atacar solamente en el campo de batalla, él te atacara en cualquier punto y en cualquier momento sin necesidad de usar su varita.
Cuando Ron y Luna llegaron a la entrada principal, se dieron cuenta que ya todos estaban en el Gran Comedor, mientras caminaban, el pelirrojo reunía valor para enfrentarse a Hermione preparando mentalmente un discurso. No obstante, de pronto la vio bajando las escaleras, ella iba tan distraída con sus propios pensamientos que no se dio cuenta de sus presencias. Sin pensarlo, Ron corrió hacia ella y un par de metros antes de que cruzara la puerta del comedor, la jaló del brazo sin ninguna delicadeza y la llevó lejos de miradas curiosas.
-¡Ronald Weasley, ¿qué rayos te ocurre?! -exclamó Hermione desconcertada por su acción.
-Yo… Me adelantaré -dijo Luna sabiendo que su presencia era totalmente innecesaria.
Sin esperar respuesta, Luna caminó hacia el Gran Comedor cuando diviso a cierto slytherin mirando la escena intenso. Se encontraba en el último escalón, al parecer igual iba de camino para desayunar. Luna se acercó a él como si fuesen amigos y esperaba que ambos se saludaran amigablemente.
-No le va hacer nada, déjalos -le dijo Luna con una sonrisa.
Draco Malfoy hasta ese momento se dio cuenta de la presencia de la ravenclaw, por un momento la miró con sorpresa al verse descubierto aunque enseguida compuso su expresión y la miró con desdén y frialdad.
-¿Qué te hace pensar que me importa lo que la comadreja haga con la sabelotodo? -le preguntó Draco con total desagrado en su rostro.
-En tu forma de mirarla, creeme, debes mejorar tu actuación -le contestó con tranquilidad.
Nuevamente, sin esperar respuesta, caminó hacia el gran comedor. Draco alzó las cejas incrédulo por la respuesta de la chica. Todo el mundo -él mismo incluso- ha dicho que aquella chica es una completa chiflada, bien dicen que "La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma." Después de aquel curioso momento, fijó su vista a Hermione y la comadreja, no sabiendo si dejarlos solos o no.
Ron no era absolutamente bueno para las palabras y menos cuando tenía tanto que decir.
-¿¡Y bien?! ¿Ya me vas a decir por qué te comportaste como un salvaje y me arrastraste aquí? -exclamó Hermione bastante enojada por la forma en que fue tratada.
Ron la observó. Hermione tenía ambas manos en la cintura adoptando esa postura siempre que lo regaña cuando deja los deberes a lo último, moviendo el pie de manera impaciente esperando siempre una defensa de él. Hacia mucho que no se comportaba con él de esa forma y se atrevió a mirarla directamente a los ojos. Su mirada azul se detuvieron en los ojos miel y se dio cuenta que no sólo se encontraba enojada, sino también, estaba a la defensiva, como si él fuera una clase de enemigo para ella, lo cual darse cuenta de ello fue como una punzada dolorosa. Ron nunca deseó convertirse en eso para Hermione ni viceversa.
-Justamente te estaba buscando -fue lo único que pudo decir Ron.
Hermione no supo contestar esperando a que el pelirrojo siguiera, ella misma notó como se esforzaba por encontrar las palabras y aunque no pareciese decir algo malo, no bajó la guardia. Ron enseguida se dio cuenta de esa actitud y por un momento se quedó desconcertado, había algo en ella ahora que a pesar de no demostrarlo por completo, lo había notado en su mirada… algo que en ocasiones especiales había visto. En primer año, cuando se aventuraron con Harry para detener a Snape de que obtuviera la piedra filosofal y prácticamente Ron se sacrificó en el juego de ajedrez. En segundo año, cuando él y Harry trataron de enseñarle lecciones de vuelo. En tercer año, cuando el profesor Lupin se transformó en hombre lobo frente a ellos. En cuarto año, cuando Harry exclamó "Voldemort ha vuelto"… Podría seguir con la lista pero ya no tenía caso porque ahora lo puede ver. Hermione le tiene miedo, no a él en sí… sino a sus palabras, tiene miedo a que la hiera con crueldad como últimamente lo ha hecho. Por primera vez, Ron se odio a si mismo.
-Yo… he sido un completo imbécil. Eché a perder años de amistad… -comenzó a balbucear Ron incapaz ahora de mirarla.
-Ron… -susurró Hermione por el repentino cambio del pelirrojo.
-No digas nada, ya no tienes que seguir defendiendote a ti porque ahora me toca defenderme a mi para que me perdones. Ayer pude comprender en lo equivocado que he estado, nunca debí dejar de confiar en ti y en lo que haces, cerré mi mente de tal manera de nunca dejé explicarte del todo. Me cerré por completo a ti aunque sólo abría la boca para herirte constantemente y me arrepiento profundamente de ello -continuo Ron, alzó nuevamente su vista para encontrarse con una Hermione sorprendida.- Todo este tiempo le echaba la culpa a Malfoy por haberte separado de nosotros, cuando fui yo quien se empeñaba en elevar un muro entre nosotros. Creí que eras un capricho para Malfoy o parte de un plan para acabar con Harry pero ayer, me di cuenta de que juzgué mal porque él corre en peligro su vida por ti demostrando cuánto te quiere y aunque me resulta de lo más incomodo pensar en eso… tu también lo quieres, noto lo feliz que eres y eso para mi, es suficiente para pensar que estás a salvo.
Hermione sentía como un nudo en la garganta se le formaba con cada palabra que él decía, no hubo cómo impedir que sus ojos se llenaran de lágrimas y cuando salió el primer sollozo de sus labios. Se lanzó sobre Ron para abrazarlo. Sabe que esta vez no se echaría para atrás… sabe que finalmente se está disculpando con sinceridad -sin duda le costó trabajo-, al igual que acepta su relación con Draco. Comenzó a llorar como niña pequeña mientras se refugiaba en los brazos de su mejor amigo, quien le dio un beso en la frente y le acariciaba el cabello para que se tranquilizará.
-¿Entonces… ya estás de acuerdo lo mío con Draco? -preguntó Hermione entre sollozos, necesitaba escucharlo directamente.
-Algo así… pero no esperes que a él también lo abrace -respondió Ron sacando una carcajada a la castaña, quien la estrechó con más fuerza en sus brazos.- Te extrañe…
-Ay Ron… -sollozó rompiendo aún más en llanto.
Tenía tanto miedo porque llegará el día de la batalla final y ella estuviera separada de su mejor amigo, sabiendo que están peleados y podría pasar cualquier cosa que hiciera que se arrepintieran de no arreglar sus problemas. Después de varias semanas, finalmente sentía que una parte de ella, regresaba en su lugar.
-Perdoname Hermione -dijo Ron haciendo que se rompiera la voz a lo último.
-Todo estará bien, ¿verdad? -preguntó Hermione.
Ron la sujetó de los hombros para apartarla, le limpío las lagrimas de su rostro y la miró con los ojos brillantes.
-Si, todo estará bien -le sonrío por primera vez en semanas.
Draco permaneció inmóvil durante la escena, se quedó para asegurarse de que la comadreja no la hiriera nuevamente pero al parecer de ahora en adelante le dará el beneficio de la duda. Camino hacia el Gran Comedor con una sonrisa en sus labios, en verdad le alegraba que Hermione pudiera arreglar las cosas. Aunque ella es feliz a su lado, siempre podrá complementar más esa felicidad con el apoyo de sus mejores amigos.
Draco Malfoy se encontraba en el despacho del director. Las piernas le fallaban haciendo que se cayera al suelo de rodillas por el cansancio, el sudor surcaba su rostro mientras intentaba jalar el aire posible para recuperarse, llevaba al menos dos horas y media intentando un nuevo hechizo muy peligroso pero a la vez poderoso, finalmente lo había conseguido dominar. "Sumamente extraordinario…" había dicho el profesor Dumbledore luego de ver el rápido progreso de su nuevo discípulo, haciendo que Draco sonriera con arrogancia sobre sus propias habilidades. Al principio el slytherin no tenía ni idea para que lo llamaba nuevamente Albus Dumbledore cuando ya habían acordado en que él lo vería a su despacho una vez que sepa sobre la próxima reunión con Voldemort, por ello se sorprendió cuando llegó una lechuza a su habitación.
-Es muy importante que controles esa última parte porque puede llevar graves consecuencias, tu misma muerte por ejemplo -le dijo el profesor Dumbledore mientras le brindaba un merecido descanso.
Dumbledore observaba a Draco. Después de escuchar cómo él se ofrecía para liquidar a Nagini, no podía simplemente dejarlo ir sin ninguna preparación y advertencia a lo que podría suceder, le impresionó la determinación y el coraje en el muchacho, lo cual nunca creyó tener -sin ofenderlo-. Desde la primera vez que lo vio, supo que Lucius lo había educado de una forma equivocada, haciendolo un fanático de la sangre pura y egocéntrico, sin embargo, mientras crecía también notó que no sólo lo consintió sino que también le enseño cosas que muy pocos magos sabían hacer durante toda su vida. Después notó ciertas características de la personalidad de su madre, Narcissa Black, y fue cuando supo que aquel chico estaba destinado a sobresalir fuera de su apellido. Aquel niño pálido, escuálido y presumido de su procedencia había desaparecido, ahora tenía ante él un joven hábil, calculador, inteligente, con gran poder mágico y últimamente, valiente.
-Lo tomaré en cuenta -jadeó Draco ante lo último que dijo el director.- ¿Está seguro que con esto, podré asegurarme de la muerte de la serpiente?
-Nagini es un horrocrux. Para poder destruir uno tiene que ser algo que inflija un mal tan grande al horrocrux que la magia residente en él no pueda recuperarse -contestó el profesor Dumbledore explicandole un poco más acerca de ésta magia oscura.- Para ello, hasta ahora sólo sé de dos maneras de destruirlo: con el veneno de basilisco y…
-El fuego maldito -terminó Draco por él.
Draco nunca creyó que el profesor "fanático de los muggles" Dumbledore, pudiera enseñar este tipo de hechizos poderosos a sus estudiantes pero claro, dada las circunstancias tiene que asegurarse de alguna manera que esa serpiente termine hecha cenizas. El slytherin no tuvo problemas para convocar aquel fuego maldito, lo increíblemente difícil es la parte del control, porque no sólo es para invocar un poco de llamitas sino es algo realmente espectacular y poderoso que está seguro ningún aguamenti podría extinguirlo. Tiene suerte que el profesor lo domine completamente como para evitar que queme todo su despacho y ambos se quemen por completo.
-Ahora que sabes conjurarlo, úsalo sabiamente -le advirtió Albus con seriedad.
Draco asintió con la cabeza mientras por fin recuperaba algo de fuerzas y se levantaba, gracias a este hechizo ya se sentía un poco más seguro al menos cuando se encuentre frente a Voldemort podría prender el lugar en llamas poderosas y salir huyendo.
-Lo sé, no es para niños -dijo Draco asegurandose de tener la confianza del profesor.
Dumbledore sólo asintió con la cabeza, tiene esperanzas en ese chico de la misma manera en que las tiene en Harry Potter. Ambos están destinados hacer algo increíble que cambiará el rumbo de la guerra al favor de ellos, por ahora no habría nada más que enseñarle a Malfoy ya que confía en las habilidades de él. En ese momento, se vieron interrumpidos por unos golpes en la puerta, el director murmuró "pase" mientras caminaba hacia la silla detrás de su escritorio para tomar asiento. Draco recompuso su aspecto y espero. Severus Snape entró al despacho del director con aire totalmente serio, se detuvo un momento en ver a Malfoy ahí pero no comentó nada.
-Si está ocupado puedo regresar en otro momento -dijo Snape mirando al director y luego a Draco.
-No es necesario, el Sr. Malfoy ya se iba -contestó Dumbledore con una sonrisa.
Draco se despidió de ambos profesores y salió de ahí dispuesto a ver a Hermione. Cuando los pasos del chico se dejaron de escuchar, el profesor Snape miró interrogante al director del colegio, no es nada normal ver a Malfoy en el despacho del director ni siquiera cuando resultaba castigado. Sin embargo esperaría a que el mismo director le diga antes de preguntar.
-Sientate Severus -lo invitó el director amablemente.
Snape lo obedeció esperando, independientemente de los asuntos de Malfoy, el director lo había citado con urgencia y a pesar del semblante del anciano, Severus no veía ningún peligro cerca.
-Las cosas no salieron como nosotros pensábamos, de hecho, resultaron mucho mejor -comenzó a decir Albus con complicidad, sin embargo Snape no entendía a lo que se refería.- Hace mucho tiempo, supe que Lucius Malfoy criaría a su hijo de la mala manera, metiendole ideas ortodoxas y con el único propósito de que siguiera sus pasos, creí que el muchacho se convertiría en un mago miserable. Pero no fue así, al parecer Narcissa ha tenido mucha influencia en el chico porque por fin está tomando las decisiones correctas…
Snape alzó una ceja interrogante, ¿por qué le daba toda esa información? Él mismo había pensado eso pero ¿por qué venir hasta su despacho para escuchar eso? Había veces en que el profesor creía que el director ya ha perdido la cabeza o su edad comenzaba a pegarle.
-Draco Malfoy, decidió ser parte de la Orden… -enseguida esas palabras llamaron nuevamente la atención de Snape.
-¿Cómo dice? -preguntó creyendo haberse imaginado lo que dijo.
-Lo sé, cuesta creerlo pero el Sr. Malfoy está de nuestro bando -contestó Albus estudiando la reacción de su colega.
Durante los siguientes minutos, el profesor Dumbledore se dedicó a explicarle todo acerca de la decisión de Draco, incluso le contó su misión suicida sobre acabar con algo muy personal de Voldemort y cómo se supone lo conseguiría. Conforme Snape escuchaba, no sabía si ponerse furioso por hacer algo tan insensato o admirar al chico que por años no hubiera puesto ni un dedo por nadie más que no sea él mismo.
-¿Entonces, está de acuerdo en que no sobrevivirá a su misión suicida? -preguntó Snape con incredulidad en su voz.
-El Sr. Malfoy aún tiene mucho para sorprendernos -contestó el profesor Dumbledore, creyendo que en realidad existe un 50/50 de probabilidades de que sobreviva o no.
Snape no pudo evitar reconocerse en las decisiones de Draco. No era ningún secreto del por qué el slytherin había tomado esas decisiones y por esa parte a Severus no le sorprendió. Hace muchos años, él mismo habría sacrificado su vida con tal de salvar la de alguien más, y también acepto ser espía del bando contrario, todo por la persona querida, porque él mismo sabe que uno haría cualquier cosa por ello y sin importar el bienestar de uno… que su historia haya terminado en tragedia, no quiere decir que Malfoy vaya en el mismo camino y así, en ese momento, Severus Snape se prometió a si mismo ayudar a Draco, si él no pudo tener un final feliz, Draco lo tendrá.
-Es importante que él aún no sepa de tu verdadera lealtad, será mejor que las cosas sigan así -le indicó el director.
El profesor Dumbledore no necesito pedirle que ayudará a Draco, ambos sabían perfectamente sus razones y no había necesidad de mencionarlos. Cuando Snape salió de su despacho, el director se sintió sumamente cansado y se quitó los lentes para masajearse el puente de la nariz. Algo en su interior le decía que falta poco tiempo, si Draco lograba su misión, él podría irse más tranquilo… Ya había enseñado todo lo que estaba a su alcance y conocimiento para que Harry Potter terminará su trabajo. Faltaba poco para que finalmente pudiera descansar.
Se encontraba rodeado de mortifagos, él se encontraba en medio y el Señor Oscuro frente a él, con una sonrisa cruel.
-¿En verdad creíste que podías traicionarme? -le dijo con malicia, mientras la maldita serpiente se retorcía de ansias junto a él.
Draco no pudo evitar mirarla atemorizado, había visto los suficientes ataques para saber lo doloroso que es. Y como si adivinara su pensamiento, Voldemort se rio haciendo que un escalofrío recorriera la espalda del rubio.
-Nagini no está ansioso por ti, aunque te sorprenda, no voy a matarte Draco. Eres demasiado valioso -le indicó divertido. Hizo una seña con la varita y enseguida las puertas a la derecha de la habitación se abrieron.
-¡No sueltenme! ¡NO! -gritó una voz lo suficientemente conocida para Draco sintiera que la sangre se le helaba por completo. Si antes había tenido miedo por su destino, ahora entró en pánico ante lo que le pasaría a esa persona que traían arrastrando.
Hermione Granger luchaba con todas sus fuerzas para zafarse del agarre de sus capturadores pero era inútil. Sabía que pronto todo terminaría. Con rudeza, la aventaron frente a Draco, en medio de él y Voldemort, algunos mortifagos de alrededor comenzaron a reirse de la emoción por lo que vendría.
-Ella no tiene nada que ver con esto -dijo Draco recuperando su voz pero sin mucho autocontrol.
-Te equivocas Draco, ésta sangre sucia es culpable de todo -le respondió Voldemort con asco y furia contenida.- La mejor solución sería matarte ahora mismo Draco, sin embargo… veo más entretenido verte muerto en vida.
-NO, ELLA NO -gritó Draco desesperado importandole un comino si se delataba con ello, pero por un maleficio no podía moverse.
-Mira con atención. Nagini, la cena… -agregó Voldemort con malicia disfrutando el momento, mientras recitaba algo en pársel y la serpiente se acercó a Hermione.
Un grito desgarrador llenó sus oidos…
Draco Malfoy se levantó ahogando un gritó en medio de la oscuridad.
-Draco, ¿qué pasa? Intenté despertarte… -escuchó la voz de Hermione muy cerca de él.
Se sentía desorientado y con una terribles ganas de llorar. Había sido una de las pesadillas más reales que jamás había experimentado, aún sentía el pánico en su cuerpo. La impotencia y angustia de no poder hacer nada le latía en las venas, el aire difícilmente le llenaba los pulmones.
-Draco, tranquilo… -susurró Hermione con cariño al tiempo que acariciaba su mejilla para calmarlo. Enseguida esa leve caricia hizo que su respiración fuera más controlada junto con la sensación de alivio.
El rubio volteo a mirarla, tratando de recobrar la calma. Sus ojos grises brillaban a causa de las lagrimas contenidas y soltando un gemido ahogado, acortó la distancia que lo separaban para besarla con frenesí. El sentimiento de perderla aún no se evaporaba, el terrible sentimiento de verla sufrir y morir delante de él sin que pudiera hacer nada, lo sentía en cada fibra de su cuerpo. Por ello, cuando la miró supo que no podría vivir sin ella. Ahora más que nunca sintió la arrebatadora necesidad de protegerla.
-Hermione… -susurró Draco a milimetros de sus labios.
-Shh… -Hermione lo calmó con suavidad, mientras le acariciaba la mejilla con suavidad.
-Sabes que te quiero y que...
-Lo sé… lo sé
Draco nuevamente la beso pero con la necesidad de transmitirle todo su amor por ella, ese acto puede decir mucho más que las palabras. Hasta ese momento no había sentido con tanto ímpetu el miedo al tiempo. El tiempo que le pueda quedar con ella si falla en la misión, el tiempo corto antes de que estalle la guerra como tal y el tiempo que no le alcanza para decirle todas esas cosas que aún faltan por mencionar. En resumen, es sólo cuestión de tiempo que algo suceda, no solamente que el muera en el intento de asesinar a la serpiente, sino también a Hermione puede pasarle y es ahí cuando simplemente no podía pensar más.
De pronto, un sollozo escapo de los labios de la castaña y por un momento él creyó que era un gemido, por ello la besó con profundidad. Al segundo sonido no hubo duda que era un sollozo y sintió las lagrimas de ella caer en su mejilla izquierda, enseguida se separó de Hermione para verla a la cara. Esperó pacientemente a que ella dijera algo mientras limpiaba sus lagrimas con los pulgares.
-Me asusta la manera en como me has besado… no me gusta que esto signifique despedida porque no lo es, al menos para mí. -dijo Hermione entre sollozos mirandolo con reproche.- Así que para ti tampoco debe serlo.
A lo último se le rompió la voz. Draco la miraba incapaz de saber qué decir, ¿acaso inconscientemente lo ha dado por terminado todo? Sintió un mal presentimiento, le recorrió por la espalda y se instaló en su mente como veneno. Hermione ahogo un sollozo y él la abrazo con ternura. Después de unos minutos, dejó de llorar así como su respiración también se tranquilizaba. Draco volvió a acostarse llevandose consigo a Hermione sobre su pecho.
-No me iré a ninguna parte, pase lo que pase, estaré contigo -prometió Draco.
El lunes en la mañana, las clases reanudaron con normalidad aunque en las aulas hubiera menos alumnos. Era notorio el modo en que los profesores se esforzaban al máximo para seguir con las actividades escolares como si nada, sobretodo al recordarles sobre los exámenes finales pero eran en vanos los esfuerzos. Todo el mundo se encontraba bajo el manto de la inquietud y miedo que había dejado el ataque a las familias de hijos muggles, todos tenían el presentimiento de que muy pronto habría otro ataque, sin embargo nadie quería especular nada porque muy en el fondo sabían que Hogwarts podría ser el próximo.
Quienes más aparentaban normalidad era la casa de Slytherin, eran los únicos que se comportaban indiferentes a la situación, entre ellos su líder Draco Malfoy quien mejor actuaba ese papel. A pesar de asistir a todas sus clases, la verdad es que su mente se encontraba en otro lugar muy lejos de las materias y exámenes finales. En el fin de semana, él y Hermione acordaron en practicas toda clase de maleficios y hechizos de defensas así sean verbales o no para la preparación de ambos. Draco de vez en cuando tenía que ir con sus compañeros de slytherin para que no hubiera ninguna sospecha y después de la hora permitida para los alumnos en las noches, se escabullía nuevamente con Hermione.
Sin embargo, Draco estaba lejos de sentirse tranquilo aún con la presencia de la castaña, la espera lo tenía atormentandolo con pesadillas, no podía dormir ni comer y cada hora que pasaba está más cerca de que Voldemort los llamé. Ya casi pasaba una semana y aún no había señales de una próxima reunión, ¿por qué esperaría tanto? ¿ya sabrá lo que él planea? ¿no confiará en él para ser llamado?
-Draco, ven acá un momento -exclamó Snape regresando a la realidad al slytherin.
La clase de Defensa contra las Artes Oscuras había finalizado, Draco le dedicó una mirada rápida a Hermione quien con un gesto se despidió.Ya todos se habían ido cuando Draco caminaba hacia el escritorio del profesor, tenía un presentimiento.
-Seré directo y breve -comenzó el profesor Snape con voz autoritaria.- Dentro de dos días el Señor Oscuro hará un llamado a sus más fieles seguidores, al parecer dará información sobre el siguiente paso.
A Draco le dio un vuelco en el corazón: en dos días… esas tres palabras sonaron como su sentencia.
-No estoy seguro si se llevará a cabo en horas de escuela pero te cubriré… mantente alerta -finalizó el profesor.
Draco asintió con la cabeza, ahora lo primero que haría es correr al despacho del director a informarle sobre la noticia, pero antes, quiso arriesgarse un poco.
-¿Sabe si mi madre estará ahí? -preguntó con indiferencia, escondiendo su nerviosismo por la respuesta.
Snape lo miró un momento estudiando a su alumno.
-No, tu eres el Malfoy que al Señor Oscuro le sirve más -contestó y pudo ver la expresión de alivio atravesandole el rostro.
El slytherin hizo una ligera reverencia antes de salir del aula mientras Severus se mordía la lengua. Había prometido no decirle sobre que él también es un espía dentro del bando de Voldemort. Tenía esa necesidad de advertirle las consecuencias de sus actos así como también saber si está lo suficientemente preparado pero calló al final. Confiaría en él tal y como Albus lo hace.
Draco caminaba rápidamente hacia el despacho del director al fin sabía lo que tanto esperaba, el corazón le latía aceleradamente y no era precisamente por la carrera. Una vez que rescataran a su madre podría respirar un poco mejor. Nuevamente sentía esa ansiedad sobre el tiempo, las cosas pasaban vertiginosamente y cuando menos lo esperara, él y Hermione tendría que despedirse para cumplir con sus respectivas misiones. Él yendo a la boca del lobo y ella meterse en el laberinto que es Gringotts. "Falta poco… falta poco".
Después de algunos minutos y de pronunciar la contraseña, subió los escalones que conducen al despacho del director en dos en dos. Se detuvo ante la puerta unos momentos para recuperar el aliento y tocó la puerta.
-Pase… -se escuchó del otro lado la voz del director.
Draco entró y en cuanto estuvo frente al profesor Dumbledore se permitió descansar un poco.
-En dos días, será la nueva reunión… -dijo aún recuperando el aliento.
Albus Dumbledore se encontraba escribiendo en un enorme pergamino, el slytherin no sabía sobre que pero parecía bastante concentrado en ello porque lo miró sin entender mucho o al menos que no compartiera la misma importancia en la noticia que él.
-Buenas noches, Draco -saludó el director con amabilidad.
-Ya sé cuando será la próxima reunión con Voldemort, dentro de dos días -repitió Draco haciendo caso omiso del saludo.
-Comprendo -dijo el profesor Dumbledore se levantaba y cogía tres sobres que se encontraba cerca de una estantería a su derecha, por unos momentos le dio la espalda a Draco.- ¿Estás listo?
El slytherin nunca había visto actuar de ese modo al director pero no le prestó mucha atención.
-Estoy listo, sobretodo para ir por mi madre a la Mansión. De hecho, aún no me dice donde la mandará -contestó Draco más ansioso de lo que le gustaría admitir.
-Mientras menos personas sepan su paradero mejor, incluyendote -respondió el profesor mientras regresaba su atención a su alumno.- Debes saber que la persona a quien solicité su hospedaje ha aceptado.
Eso no fue ninguna clase de alivio para Draco pero confía en el profesor, por ello no insistió más.
-¿Esa misma noche será trasladada ahí? -preguntó el slytherin queriendo dejar en claro que tan importante es para él la seguridad de su madre antes de realizar cualquier otra cosa para la Orden del Fénix.
El director asintió con la cabeza, rodeo su escritorio y se plantó frente a su alumno.
-Esto es importante Draco, necesito que me des tu palabra de que te asegurarás de aniquilar a la serpiente. Sé que ya lo sabes pero es necesario recordarte que el rumbo de esta guerra depende de ti. -habló el director serio sin dejar de mirar a los ojos a su alumno.
-Lo voy hacer, aniquilaré a esa serpiente -dijo Draco serio.
Dumbledore soltó un suspiro, al parecer estaba conteniendo la respiración. Regresó a su escritorio luciendo un aspecto más tranquilo.
-Mañana en la noche rescataremos a tu madre, te enviaré una lechuza para la hora en que tengas que venir a mi oficina -dijo Dumbledore más serio.- Ya puedes retirarte.
-¿Eso es todo? -preguntó Draco sintiendose confundido.
-No hay nada que puedas hacer hasta mañana en la noche -respondió el director.
Draco quiso gritarle que mínimo podría fingir que todo este asunto le importa un poco pero calló, no porque estaba hablando con el director de Hogwarts, si no porque se fijó en él. Por un momento sus facciones parecían muy cansadas y hasta enfermizas, ¿qué le ocurría? Y como si alguien pudiera escucharle, en un movimiento de la mano derecha hizo que la manga se corriera un poco más hacia arriba y pudo ver manchas negras, como si la piel se le estuviera muriendo. Incapaz de decir algo sobre ello, optó por despedirse del director y salir de su despacho.
Mientras caminaba por los pasillos recordaba que en la junta, cuando Dumbledore mencionó los horrocruxes encontrados mencionó un anillo, en el que había dicho: *"ha sido el más difícil de destruir, llevaba consigo una maldición…".*Entonces entendió qué clase de maldición era aquella, ser alumno de Bellatrix Lestrange tenía ventajas a cuanto el conocimiento de diferentes maleficios, maldiciones y hechizos podría conocer. Supo que el profesor no le quedaba mucho tiempo y si nadie sabía eso, es porque así lo quiere. A pesar de que no es cercano al director, no pudo evitar sentir un nudo en la garganta… si el director moría, todas las esperanzas se vendrían abajo, por ello hace rato quería estar seguro de que él iba aniquilar esa serpiente, porque el mismo director sabe que toda la fortaleza de la Orden se moriría con él a menos que no hubiera algo que les dé seguridad.
Draco sintió aún más pesado la carga sobre sus hombros, le hubiera gustado no darse cuenta de ello ahora. Siendo la hora del almuerzo, se dirigió a la biblioteca donde está seguro que estaría Hermione. Cuando llegó a la biblioteca, estaba vacía lo cual le dejó caminar libremente sin levantar sospechas, fue más allá de la Sección Prohibia y sintió que todo dejaba de importar cuando la vio: rodeada de libros y con el ceño fruncido leyendo un enorme libro. A unos pasos de ella, Hermione alzó la mirada y una sonrisa borró la expresión de seriedad que tenía. Draco se apresuró y la saludó con un beso corto en los labios.
-Hola a ti también -dijo Hermione con una sonrisa.
Draco se sentó a su lado mientras le contestaba con otra sonrisa. Hermione centró su atención en él dandose cuenta que tenía algo que decirle. Los próximos 15 minutos Draco le contó a Hermione lo que él se había enterado, excluyendo lo que descubrió de Dumbledore. La castaña se sentía aliviada de saber que al otro día rescatarían a la mamá de Draco pero por otro lado sintió los nervios a flor de piel por lo que significa. Además, tenía que prepararse junto con Ron, Harry y Bill para el plan de meterse a Gringotts, supone que para estas alturas, Harry ya debe saber cuando se llevará a cabo.
-¿Y cómo le piensas decir todo a tu madre? -le preguntó Hermione después de un rato.
Un par de ojos grises se posaron en ella, a decir verdad, Draco no había pensado en ello. Sonará tonto pero resulta ser lo que menos le preocupa ahora.
-No tengo idea, no sé ni como empezar a decirle todo -contestó Draco honestamente.
-Y… ¿le contarás de mi? -preguntó dudosa Hermione.
Draco la tomó de la mano con cariño.
-Si, le contaré sobre ti -le dijo con una sonrisa.- Pero tampoco sé bien como… supongo que las cosas surgirán por si solas.
Hermione asintió sintiendose más segura. Después de un rato de estar juntos, Draco la dejó diciendole que debería ir a la sala común de Slytherin, para no levantar sospechas. De por si ya arriesga mucho escabullirse en las noches para dormir con ella, no quería que comenzaran rumores sobre por qué desaparecía a menudo, es lo último que necesitan. Hermione lo miró marcharse sintiendo nuevamente un mal presentimiento, odiaba sentirse así porque nunca se equivocaba… y por Merlin, espera que esta vez se equivoque respecto a Draco. Simplemente, no podía perderlo.
Cuando menos lo esperaban, Draco y Hermione caminaban juntos hacia el despacho del director, era cerca de medianoche por lo que no había ni un alma en los pasillos del colegio, de esa manera dandose el lujo de caminar abrazados. Afortunadamente el rescate no debería salir peligroso pero hay precauciones que tomar, Draco dijo que a veces Bellatrix tiene la manía de hacer visitas sin avisar.
Después de varios minutos, llegaron al despacho del director, ya se encontraban los que acompañarían a Draco, los únicos que él reconoció fueron a los gemelos Weasley, Ojoloco Moody, Tonks y Lupin, sin embargo a los demás Hermione parecía conocerlos por lo que eso lo tranquilizó. En total eran diez quienes irían con él. Repasaron el plan sencillo, que consistiía de rodear la mansión en parejas esperando la señal del slytherin, el objetivo es que todo fuera lo más rápido posible para evitar que alguien fuera a visitar la mansión y fuesen descubiertos.
-Aquí está el traslador, aproximadamente tienen cinco minutos así que todos listos -dijo el profesor Dumbledore poniendo en su escritorio una tetera de porcelana.
Draco enseguida volteo hacia Hermione quien se notaba algo ansiosa, ambos se acercaron pero evitaron alguna muestra de cariño frente a los demás. Además, antes de ir al despacho ya se habían besado lo suficiente.
-Sólo ten cuidado… -dijo Hermione poniendo ambas manos en su pecho para después abrazarlo.
En cuanto se separaron notaron las miradas de los demás en ellos, haciendo el momento algo incomodo, sin embargo Draco ignoro a todos y se unió a quienes ya estaban alrededor del traslador. Hasta ese momento se sintió un poco mejor al pensar que verá de nuevo a su madre.
-¿Todos listos? -preguntó Dumbledore atrás de su escritorio.- A la cuenta de tres…
Draco le dedicó una sonrisa a Hermione.
-Uno, dos, tres…
Después de la sensación vertiginosa que causa la aparición, aterrizaron en un camino de grava, no había ninguna luz más que la luna por lo que tardaron en acostumbrarse a la penumbra antes de comenzar andar.
La imponente Mansión de los Malfoy se alzaba ante ellos, a pesar de su descuido, aún tenía la grandeza y elegancia que siempre ha mostrado. Aunque Draco extraña esos años en que estaba iluminada y lleno de invitados con sus vestimentas elegantes. Automáticamente se abrieron las puertas ante él reconociendo a uno de los dueños de la antigua Mansión. Ninguno de los que se encontraba detrás de él había ido a la casa de los Malfoy, habían escuchado rumores pero nada más. Draco se le infló el pecho de orgullo mientras sonreía arrogantemente.
-¿Hermione será dueña de esto? -susurro Fred a su gemelo.
Draco se sintió incomodo ante la idea que ellos ya pensaban que se casarían algún día, creyó que se ruborizaba.
-Sin duda salió más inteligente que todos nosotros -le respondió George.
-Luego discuten la vida personal de Granger -los regaño Ojoloco Moody.- ¿Qué sigue Malfoy?
-Cubrir el área, entrare primero para revisar si esta mi tía o cualquier otro mortifago, chispas azules es todo tranquilo y podrán entrar, chispas rojas hay peligro -dijo Draco recordandoles los códigos acordados.
-Vamos, separense como lo planeamos -ordenó Ojoloco.
Los 10 que lo acompañaban se separaron en parejas alrededor de la Mansión, permaneciendo escondidos y alertas ante cualquier señal. Draco se encamino directo hacia la Mansión, imaginando como le dirá ahora a su madre que se unió a la Orden del Fénix y tendrá que irse con él si quiere sobrevivir para después él irse a una misión suicida. Eso y añadirle su relación con una hija de muggles.
Narcissa Malfoy no compartía las ideas medievales de la familia Black con que la educaron, nunca creyó que los sangre pura era la raza superior pero tampoco esta de parte de los hijos de muggles, es más evitaba estar en contacto con ellos. No obstante, sabe que hay una brecha enorme entre la apatía y el odio asi ellos, así como desearles el mal. A fin de cuentas todos son seres humanos pero de preferencia mientras más alejados de ella mejor.
Por esa razón, Draco no tenía tanto miedo de la reacción de su madre, si tuviera que decirle a Lucius seria una historia totalmente diferente.
Draco dedicó una mirada hacia los terrenos que rodean la mansión asegurandose que todos se encontraran en su posición. Entonces, abrió la puerta sigilosamente. La oscuridad le dio la bienvenida a su casa, cerró con calma y se encamino a una sala de estar del lado este. Su madre pasaba la mayor parte del tiempo ahí y después de la muerte de Lucius, prácticamente vivía ahí.
Mientras caminaba, agudizo el oído tratando de escuchar voces de mas personas o miraba alrededor para encontrar alguna señal de que su madre no se encontraba sola. Sin embargo, todo era silencio, no va a negar que el estado emocional de Narcissa se vio muy afectada desde que asesinaron a su esposo -prueba para Draco que si amaba a su papá-, y como si la mansión y ella estuvieran conectadas, ambos han ido decayendo con el paso de los meses. Todo esto lo sabe Draco por mera observación, su madre nunca le ha dado indicaciones claras de su estado ni mucho menos se lo ha dicho abiertamente. De hecho, ninguno de los dos han hablado abiertamente de la muerte de Lucius Malfoy.
Por fin Draco había llegado a la sala de estar, la puerta se encontraba entreabierta por lo que la luz de las llamas de la chimenea se colaban por el pasillo. Se acercó y se asomó, vio a su madre con la mirada fija en el fuego, con un álbum de fotografías en el regazo y una mano en su pecho. Si no fuera por el movimiento de su cuerpo al respirar, juraría que sería una estatua. Agarrando valor, Draco abrió completamente la puerta y Narcissa reaccionó.
-¡Draco! ¿Qué estas haciendo aquí? -exclamó sorprendida levantandose haciendo que el álbum se cayera al suelo.
-Madre… -dijo Draco acortando la distancia para darle un rápido abrazo.
-¿Pasa algo? Deberías estar en el colegio -contestó Narcissa sin poder aún creer que su hijo se encontrará ahí.
-Será mejor que te sientes.
Narcissa obedeció a su hijo mientras éste acercaba una silla frente a ella. No tenía ni idea por donde empezar, la vio a los ojos pero no pudo soportarlo porque sólo hay dos posibilidades: le da la espalda o se unirá a él. Sin embargo, todo rastro de duda desapareció cuando bajo la mirada y observó mejor el álbum que aún se encontraba en el suelo, nunca lo había visto. Al caerse, una fotografía se había zafado y Draco se estiró para alcanzarla.
Estaban sus padres juntos, cuando eran jóvenes, eran apenas unos años mayores que Draco. Suponía que era antes de que su padre se uniera oficialmente a Voldemort, sus facciones eran jóvenes y despreocupadas. Sintió algo parecido a nostalgia y se conmovió por la fotografía. En ella, Lucius Malfoy sonreía al frente, mientras su madre siendo más baja de estatura que él apoyaba su frente en la barbilla, con los ojos cerrados… simplemente disfrutando la cercanía de su pareja mientras sonreía, después Lucius la abrazaba por completo para darle un beso en la frente. Draco se sintió por un momento identificado, podría casi palpar el amor juvenil entre sus padres y está seguro que si les tomarán una foto a él y Hermione, tendrían esa misma sonrisa de amor.
-Nunca había visto esa foto… -fue lo único que pudo decir Draco.
Narcissa echó un vistazo rápido y una sonrisa nostálgica se le escapó del rostro. Por un momento, ya no se veía tan abatida.
-Fue tomada un tiempo antes de casarnos -fue lo único que respondió.
-¿Lo extrañas? -se le escapó la pregunta.
Inmediatamente vio la reacción en el semblante de su madre, fue como si toda los muros que construyó de su fortaleza se hubiera caído como si fueran de hojas, sus ojos se llenaron de lágrimas y por primera vez, vio a Narcissa frágil e indefensa.
-En cada momento -admitió logrando que no se le cortase la voz, no iba a llorar frente a su hijo.
Draco se estiró para recoger el resto del álbum, hojeando rápidamente las fotos. Está seguro que ese álbum en su vida lo había visto, y es el que tiene las mejores fotos familiares. Eran muy diferentes a las serias que había visto, éstas en verdad parecían una familia completa.
-Sé que las cosas han estado difíciles después de la muerte de mi padre, no sólo por la manera en que lo traicionaron, sino porque yo me quedé al frente de esta familia -comenzó a decir Draco, apartando la vista del álbum para enfrentar a su madre. Ver las fotografías hizo que tuviera el valor para decirle el motivo de su llegada.- Estoy seguro que para este punto mi padre estaría buscando una alternativa para mantenernos a salvo de la guerra… y ahora es mi deber, por lo que tomé la decisión más viable.
-Tu padre me dijo lo mismo, la última vez que lo vi. Él creía que obedeciendo al pie de la letra las ordenes del Señor Oscuro, saldríamos ganando -respondió Narcissa creyendo que Draco no se refería exactamente a eso.
Draco cerró los puños alrededor del álbum que aún estaba en sus manos. Sentía tanto coraje por lo sucedido con su padre.
-He pedido ayuda a Dumbledore. Decidí unirme a la Orden del Fénix y ser espía, a cambio, pedí por tu seguridad. Yo… tengo miedo que un día despierte y te hagan lo mismo que a mi padre, por eso recibirás la seguridad de la Orden y serás llevada a una casa segura -dijo Draco soltando todo.
Narcissa Malfoy lo miraba inexpresiva, escuchando atentamente lo que decía su único hijo.
-Hemos hecho daño a muchas de las personas de esa Orden, ¿sólo así aceptaron? -preguntó Narcissa comenzando a pensar en lo peor.
Draco dudó en decirle, no quería agregarle más preocupaciones y estrés… no quería que ella también formará parte de su misión pero al verla sabía que no había manera de evadir la respuesta.
-Tengo que cumplir una misión, de alguna manera la serpiente que está con Voldemort es literal parte de la vida de él, así que tengo que matarla -dijo lo necesario.
Narcissa cerró los ojos, de pronto sintiendose débil, podría quedarse ahora sin su único hijo ¿y para qué? ¿por qué se arriesgaba?
-¿Eso no es trabajo de Potter? -preguntó con coraje, mirando a Draco con ansiosa.
-Soy el único que puede hacerlo, esa cosa siempre está pegada a Voldemort y cambia de cuartel constantemente. Al menos que seas parte de su circulo no hay otra manera de llegar a él.
-No es justo, se están vengando por todo…
-Madre, yo lo decidí. Nadie me impuso esa misión.
Narcissa se levantó, dandole la espalda a su hijo, su cuerpo temblaba ligeramente así como su respiración se hacía pesada. La determinación con que dice todo Draco la ha dejado sorprendida, en los últimos meses ha cambiado demasiado y puede ser bueno para él, sin embargo, eso de sacrificarse es algo que nunca se hubiese imaginado de él.
-¿Por qué? ¿Por qué estas haciendo esto?
-¡Porque no vamos a llegar a nada al lado de ese psicópata! No quiero tener un futuro donde me involucren con ese, quiero que me involucren por algo que me hará sentir orgulloso de mi mismo y tu también lo sientas. He tomado malas decisiones en mi vida por influencia de mi padre y por primera vez siento que estoy haciendo lo correcto -exclamó Draco con coraje, también se levantó tirando la silla con rudeza.
-¡Yo nunca culpe a Lucius por todo esto! Él siempre vio lo mejor para ti y tu futuro, así que no te atrevas a echarle la culpa -gritó Narcissa enfrentandose a Draco.
Draco suspiró mientras se llevaba las manos al rostro, de pronto se sintió demasiado cansado.
-Nunca lo culpe tampoco, además… yo creo que tengo la culpa de que lo hayan matado. Se supone que reemplazaría su lugar e hice todo lo que Voldemort me pedía con la frecuente amenaza de hacerles daño a ustedes si no lo cumplía. ¡Hice todo…! Pero no fue suficiente, fracasé, no fui el mejor… y mi padre pago las consecuencias… -finalmente Draco confesaba lo que tanto tiempo lo venía atormentando. Quizás si no hubiera estado ocupado con lo que sentía por Hermione, igual Lucius aún seguiría vivo.
-No, Draco… ni se te ocurra pensar algo así -exclamó su madre quien cruzó la habitación para estar frente a su hijo, sujeto ambos hombros de él.- Tú no tienes la culpa de nada, eso era algo que ya temíamos desde que tu padre fue a parar a Azkaban… era su sentencia de muerte y ambos lo sabíamos. No tuviste nada que ver en esto.
-¿Entonces por qué siento que lo es? -repuso Draco mirandola con dolor.
Narcissa abrazó a su hijo, nunca pensó que él se sintiera culpable por la muerte de su padre, pensar en lo difícil que fue para él todo este tiempo.
-No quiero que vuelvas a pensar eso, no eres culpable de nada Draco y si por eso estás haciendo toda esta locura… no lo hagas.
-Sé que es una locura pero no es por eso que lo hago, hay otros motivos -dijo Draco creyendo que será mejor decirle lo de Hermione y él cuando lleguen al castillo, donde había más tiempo.- Tenemos que irnos ya, no sabemos si alguien podría llegar…
Narcissa ya había pensado muchas veces en ir al colegio a pedirle ayuda a Albus Dumbledore, pero su orgullo no la dejaba simplemente ir a correr como damisela en peligro. Por ello confía en la decisión de Draco, porque haría exactamente lo mismo que él con tal de protegerlo. Pero sabía que no era solamente por ella quien hacía eso, una madre conoce tan bien a su hijo y a veces más que él mismo. Cuando Draco se separó de ella y le dio la espalda caminando hacia la puerta no pudo reprimir más esa idea.
-Draco, la amas ¿no es así? -preguntó de pronto su madre detrás de él, y más de sonar como una pregunta ya sonaba a una afirmación.
-¿De quién hablas? -intentó Draco fingir inocencia pero su expresión denotaba sorpresa.
-A la hija de muggles, Granger… -dijo Narcissa con determinación y sin rodeos.
Draco se asombró de ello, no ha visto a su madre últimamente y sorprendentemente ya lo sabía, ¿acaso sus sentimientos por ella se volvieron tan notorios? Porque entonces no puede entender de que otra forma su madre lo ha sabido. Y como si Narcissa leyera sus pensamientos, sonrió con un dejo de nostalgia.
-Creeme, me di cuenta mucho antes de que tú lo admitieras -respondió la rubia dejando más confundido a su hijo.
Narcissa siempre creyó que su hijo rompería con lo que tanto Lucius Malfoy se empeñaba en enseñarle, recuerda cómo a pesar de los múltiples regaños, él terminaba haciendo lo que quisiera y saliendose con la suya, de esa manera desafiando las reglas y todo lo que le impidiera ser feliz a su manera. La primera vez que vio a Granger fue de lejos en el callejón Diagon, cuando Draco de once años soltó un comentario acerca de la niña: "Nunca había visto que alguien llevará más libros que su propio peso, debe ser muy inteligente". En ese entonces, Narcissa dirigió su mirada hacia la niña que veía Draco y enseguida se dio cuenta de su origen, ella enseguida alejó a su hijo de ella para evitar más comentarios pero no le pasó por desapercibido el brillo en los ojos grises de su hijo y se sorprendió de ello. Tiempo después, en las múltiples cartas que le mandaba Draco, se dio cuenta que siempre la mencionaba aunque estaba llena de insultos y por más veces que decía cuanto la odiaba, parecía que con eso también quería convencerse a si mismo de ello. Narcissa se daba cuenta de cómo le interesaba esa sangre sucia a Draco y al principio le recordó a su hijo el lugar donde pertenecen ellos, pero sabía que en algún momento eso ya no sería suficiente para Draco. Sabía que cuando él se volvería lo suficientemente mayor para no dejarse influenciar por nadie ni siquiera sus padres, esas ideas de sangre le dejarían de importar y aceptaría el tanto "odio" que sintió por la srita. Granger.
Por si eso no fuera suficiente, los últimos meses lo delataron demasiado, aunque no dio ninguna pista de que fuera especialmente Granger, Narcissa lo sospechaba. Pero se lo guardó para si misma, Lucius nunca supo nada de eso.
-Pero…
-La amas, ¿si o no? -volvió a insistir.
Draco miró fijamente a su madre, no está seguro si estaba de acuerdo o no con la relación y tampoco sabe como reaccionará con la respuesta.
-Si, la amo...
Narcissa lo miró, la manera en que sus ojos cambiaron con esa respuesta, como si admitiendolo en voz alta fuera de los mejores alivios. Entendió que ha de ser muy difícil para ellos por las circunstancias al mismo tiempo que entendió que ese futuro del que habló su hijo ella estaba incluida en esos planes. Quizás Hermione Granger si es la indicada para Draco.
-Eso es suficiente para mi -contestó Narcissa, ya después tendrán tiempo para platicar.
Draco sonrió aliviado, él también sabe que la charla aún no termina pero por ahora todo parece bien. Madre e hijo salieron de la habitación dirigiendo hacia la entrada principal. El rubio le contó que por su seguridad no sabe a donde la trasladarán pero confía plenamente en Dumbledore, le dijo sobre algunos miembros de la Orden que están alrededor de la casa en espera de él y antes de irse, Narcissa ya tenía un equipaje preparado en caso de emergencias. Draco salió y lanzó las chispas azules de su varita, miró nuevamente dentro de su casa prometiendo restaurarla cuando todo termine, mientras se reunían todos, acomodó la fotografía que había visto con anterioridad debajo de su capa. Moría por regresar al castillo al lado de Hermione, a contarle todo.
Hola, sé que he estado muy muy ausente en los últimos meses pero este semestre en la universidad me dejaba hasta al cuello de proyectos. Espero que no se hayan desilusionado porque no voy a dejar la historia a medias, ahora que estoy de vacaciones lo terminaré.
Gracias por seguir leyendo, espero que les haya gustado este capitulo. En el siguiente veremos a Draco enfrentandose a Voldemort... :)
Besos