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Él, ella y Hermione Granger — capítulo 1
Él, ella y Hermione Granger
Una mentira dicha mil veces, se convierte en una gran verdad
Político venezolano.
Día cualquiera en la rara escuela Hogwarths
Los días eran cálidos y frescos en Hogwarths. Para los que apreciaban la infraestructura desde afuera, podían pensar que vivía un hombre multimillonario adentro o simplemente un anciando excéntrico. Y así era, había un anciano viviendo tras esas cuatro o treinta y dos paredes. Pero no sólo vivía un anciano excéntrico, también vivía un detestable profesor de Pociones.
Era curioso, que una persona como esa pudiera existir. Bastaba decir, que sorprendía el hecho de que alguien pudiera ser tan amargado y odiar tanto la mera existencia. Sin embargo, en ese instante muchas cosas pasaron. ¿Por qué mencionamos esto? Bueno, por que cierta persona usó mal la expresión "las paredes oyen"
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¡No tiene sentido!- Gritaba una mujer, en el despacho del dichoso profesor. Ella simplemente pasaba, pero no pudo evitar oír aquello. ¡Sus quejidos se escuchaban hasta tres pisos arriba!
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¿Podrías bajar la voz? - Le reclamaba él. Nunca lo había visto así, usando una voz "tenue y calmada" más bien lo tachaba de "dulzura". Por supuesto, ella iba a seguir, pero sus pies seguían allí. Congelados.
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¿Que baje la voz? ¿Eso quieres? ¡Quieres que baje la voz! - Ella seguía gritando y él seguía parado, imposibilitándole la visión. ¿Quién le gritaba al profesor Snape, sin que él se inmutara siquiera?
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Dumbledore y yo ya lo discutimos. Es la mejor forma de- dijo Snape inexpresivo. La mujer de un momento a otro, se había movido y por fin pudo verla bien
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¡Te he dicho que no, Snape! ¡No van a hacerme esto! - rugió ella, moviendo las manos, gesticulizando lo que quería responder.
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Creo que he sido bastante claro - Decía, mientras se giraba. Iba a salirse de aquella habitación.
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Estoy embarazada Severus, no te atrevas - susurró ella, antes de que a él se le ocurriera decir algo más.
Se había quedado pasmada, sólo observaba lo que sucedía adentro. La mujer, salió de la habitación y lo último que vio de ella, fue su largo cabello negro. Estaba enfadada, o peor aún, embarazada. Pretendía irse, ya había visto demasiado, pero una especie de sonido débil la regresó a su espionaje accidental. Ella sólo quería preguntarle algo, no tenía la culpa.
Aquel hombre seco, hosco y de semblante severo, estaba allí. Estiró su brazo, y observó algo que tenía en sus manos. No pudo vislumbrar bien, de qué se trataba. Pero sí, observó algo que le paralizó en el instante. El profesor, lloraba. Lágrimas amargas que caían una tras otra. Por primera vez notó, que Severus Snape sabía llorar. - Severus, Cathrina se fue. Ella dijo que no iba a volver.
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Comprendo - fue lo único que dijo, pero ya no había rastro de esas lágrimas.
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¿Estás bien Severus?- Era Dumbledore, entraba en esa sala- Si lo deseas yo podría.
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¿Pedirle que se quede? ¿Cuando vamos a?- pero perdió el valor, su profesor por primera vez se quedó sin habla. Sin comentarios.
No había regresado al despacho, no después de lo que había oído, ni de lo que había visto. Por supuesto, Hermione Granger no era curiosa y no le gustaba meterse en problemas. Sin embargo, había olvidado su propósito al ir a verlo y tuvo que regresarse eventualmente. No se desprendía ningún sonido de aquel despacho y todo estaba en oscuridad. Seguramente Snape no estaba dentro, y no tenía sentido que ella intentase entrar. Pero estaba equivocada, sí había alguien dentro. Había un relajante sonido y por un momento, siquiera importó lo que estaba haciendo. Ella entró y caminó hacia esa particular melodía. Al final, se había encontrado con Snape y estaba leyendo algo mientras escuchaba una vieja canción. Por un momento sólo le contempló, nunca antes había visto algo así. No de él por supuesto. Ella siempre quiso conocerle, pero por supuesto, ambos tenían demasiados prejuicios contra ellos mismos que simplemente era imposible. Aún así, no pensaba acribillarle con preguntas hasta que él quisiese desnudarse enteramente hacia ella. Y no estaba siendo literal. Quiso devolverse, pero él ya la había escuchado entrar. Pero simplemente no se había preocupado por nimiedades. Se frotó los ojos con dos dedos y soltó los pergaminos que leía con mucha calma. Luego, giró la cabeza hacia atrás. Ella estaba parada allí, con su rostro a medio ver por la suave luz de una vela. - Supongo, que algún día... Usted aprenderá a tocar. - Lo lamento, creí que estaba vacío. - ¿Qué es lo que quiere señorita Granger? Como creo que ve, estoy ocupado justamente ahora. - Yo quisiera- ¿Qué quería? Preguntarle el por qué era tan cruel, por qué había llevado hasta el llanto a una mujer. Por qué no la había dejado hablar y la había dejado sola. - ¿Qué quiere?- le dijo secamente- no sé si me escuchó cuando dije, que estaba ocupado. - Señor- ella observó el lugar. Sobre el alfeizar estaba una pequeña botellita y debajo de ella un pedazo de pergamino- ¿Por qué se queda aquí dentro? La cena está entretenida, además la reunión. - No me siento con deseos de salir justo ahora- le dijo, sin mirarla. ¿Por qué no la insultaba? ¿Por qué permanecía en silencio y parecía deprimido? Quizás era momento de retirarse y regresar del lugar por el que provino. Cuando la situación se ponía de esa forma, era mejor irse. Quien sabe, a lo mejor de un momento a otro, estallaba en improperios. Pero a veces, Hermione no escuchaba consejos. No demasiado. - ¿Cómo puede estar acá sentado y no aburrirse? - Tengo muchas cosas importantes, que no me permiten aburrirme Granger- le dijo, amargamente. Hermione ladeó la cabeza, observando el lugar con muchísimo silencio. Le gustaba leer, pero si se leía todos esos libros que Snape coleccionaba, enloquecería. - ¿Toca el piano?- preguntó ella, mirándolo a lo lejos. En realidad, nunca lo había visto allí; a ciencia cierta. - De vez en cuando. ¿A qué viene todo esto Granger?- bien, ya saltarían los improperios- ¿A qué ha venido? ¿A hacer una encuesta para el corazón de brujas? - No, en realidad- ella se mordió el labio. Seguía sin saber a qué había ido, siquiera lo sabía de su primera vez- quería saber, si quería venir al comedor. - No, no quiero. Ya se puede ir. No tuvo más alternativa, esa fue su carta de salida. Para cuando la puerta se cerraba, estaba esa música nuevamente. No supo por qué, pero sentía que él la estaba tocando y al mirar por la puerta mal cerrada, así era. Severus Snape sabía tocar el piano. Parecía preocupado, deprimido. Una faceta diferente. Subió las escaleras, y se quedó en la cena. No tenía mucha hambre, pero aún así se obligó a comer. Para cuando terminaba de comer, un fantasma traspasaba las paredes del pasillo, y detenía a otros fantasmas. Estaba alarmado, por algo que sucedía en las mazmorras. Por supuesto, ella acudió enseguida. Podía Snape estar en dificultades. - ¡Se ha vuelto loco!- gritaba el fantasma. Un fraile- ha estado arrojando cosas por todo el lugar. - ¿Lo has visto? ¡Puede que esté encantado!- exclamaba otro. - ¡Sé que ese hombre está cuerdo! ¡Intenté decirle que dejara de arrojar cosas, pero fue imposible! De un momento a otro, había bajado las escaleras a zancadas. La primera vez, sí no había tenido razones para bajar, pero justamente en ese instante sí. Aunque, dudaba que él fuera a necesitarla si estuviera en problemas. Como si ella, tuviese más entrenamiento mágico que él. Salvaguardando, que él era profesor y ella una estudiante. Aún así, corrió hasta casi resbalarse y se detuvo en la puerta. Trató de entrar, pero primero tuvo que apartar una gran cantidad de cosas del suelo. - ¿Profesor Snape?- suspiró ella, otra vez inmiscuyéndose en temas que no tenían que ver con ella- ¿Está bien? Severus Snape estaba al fondo del despacho, simplemente parado, mirando a su alrededor. El lugar sí estaba hecho un completo desastre, excepto la pequeña botellita y la carta en el escritorio. Él seguía derramando lágrimas y seguía tan deprimido como lo había encontrado anteriormente. Sólo había una pequeña variante, estaba enfurecido y eso se le notaba a flor de piel. Intentó caminar hacia adentro, pero Snape ya se había movido y pretendía salir. Se apartó con rápidez y se dejó cubrir por las sombras de la mazmorra. En cuanto estuvo segura de que estaba sola, simplemente pudo salir para respirar. Pensaba regresarse, seguramente si él la veía le daría la regañina del siglo y más por como estaba actuando. Aún así, su ideal de ayuda le prohibió dar un paso fuera del despacho. Al entrar, sus ojos se centraron en la botellita y en el pedazo de pergamino. ¿Por qué estaban intactos y lo demás destrozado? No tenía lógica para ella. Se detuvo frente al escritorio y titubeó un poco; antes de simplemente tomar el pedazo de pergamino. Estaba dirigido hacia Snape y era escrito por Horace Slughorn. Comenzó a leerlo con muchísima atención. *La poción más fuerte de "Filtro de muertos en vida" que pudimos encontrar. Con unas dos gotas será suficiente, pero presiento que eso ya tú lo sabes Severus. Una lástima, que tengas que tomar esta medida, pero creo que es lo mejor.*Bien, esperaba ella que no fuera lo que estaba pensando. Esa poción, ¿Severus iba a matar a alguien? Por que, a no ser que tuviera algún propósito educativo, ella no le veía otro uso posible. Sí, a veces era muy paranoica. Escuchó pasos que se aproximaban, y simplemente dejó las cosas donde las encontró, refugiándose bajo el piano. Por los pasos y su sonido, parecía que Snape había regresado al despacho y ponía orden en el. Se mantuvo allí, sin atreverse a moverse. ¿Y si quería matarla a ella también? Todo estuvo en orden en muy poco tiempo. Él había regresado a su butaca, y se había arrojado a ella; descuidadamente. Lo podía ver, a través de un pedazo de madera que estaba flojo. Se llevó una mano a la sien y se permitió pensar. - No puedo hacerlo- dijo, mirando en dirección al pergamino- ¡Diablos, no puedo hacerlo! Acto seguido, había comenzado a llorar nuevamente, apoyando sus brazos sobre sus piernas y su cabeza entre ellos. Había algo que estaba mal y ella quería descubrirlo a toda costa. ¿Qué le dolía tanto al profesor de pociones? - Es demasiado para mí, no me obligues a hacerlo ¡Maldita sea! ¡No me obligues a hacerlo! Hermione cerró sus ojos, cuando Snape había pateado algo que pasó casi rozándola. Volvió a dejar su cabeza reposar en el sofá, mientras respiraba. Había cerrado los ojos y por un momento Hermione creyó que podía salirse. No podía ni debía permanecer debajo de ese piano por toda la noche.