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Él, ella y Hermione Granger — capítulo 2

Él, ella y Hermione Granger

Una mentira dicha mil veces, se convierte en una gran verdad.

Político venezolano.

Lágrimas amargas

Hermione se había quedado debajo del piano, temiendo que Snape se despertase. De un momento a otro, Snape había tenido reacciones que no comprendía y que le preocupaban. Sin embargo, parecía que en ese instante se había quedado profúndamente dormido y mantenía entre sus manos la botellita de filtro de muertos en vida. De puntillas, comenzó a caminar hacia la puerta del despacho. Seguramente, Snape no la detectaría y ella podría salir sin recibir un reclamo.

A la mitad de su camino, notó que Snape se despertaba nuevamente. Se había llevado una mano al rostro y trataba de mantenerse en calma. Lentamente, Hermione trató de pasar desapercibida. Fue imposible. Snape se giró y la observó con detenimiento, consciente de que alguien había visto y oído lo que él había estado queriendo ocultar.

Se enderezó en el asiento y apartó de su frente un mechón de cabello. Hermione sonrió nerviosa, tratando de excusarse sin sentido. Snape no le prestó atención de todas formas. Miró el pedazo de pergamino y luego la observó a ella.

  • Lo lamento- se disculpó ella, sin mirarlo- quise irme, pero pensé que usted no estaba bien y necesitaba ayuda.

Snape meditó lo que ella comentaba en voz débil. Volvió a mover su cabeza en dirección a la botella y le mantuvo la vista por un corto instante. Luego, volvió a mirar hacia Hermione.

  • ¿Sabe que es eso Granger?

  • Sí.

  • ¿Y sabe que se hace con eso?

  • Las personas jamás despiertan.

  • ¿Y no quiere saber, para qué quiero yo usarla?

  • ¿No querrá usted... asesinar a alguien? ¿O sí?

  • Si ese fuera mi plan, lo habría hecho con una varita- dijo amargamente. Como si eso fuera lo que desease en el alma. Hermione le miraba sin comprender, mientras él hablaba como si relatase una historia.

  • ¿Y qué quiere hacer con ella?

  • Pues, tengo que dormir a alguien. Ese alguien no debe despertar jamás.

  • ¡No puede!- dijo ella, tapándose la boca cuando rememorase a la mujer de la visita- ¡usted va a matar a una mujer y a su bebé!

  • ¿¡Quién le dijo eso!?- estalló él y la pequeña mesa vibró cuando su pie sin querer la golpeara. La detuvo para evitar que el frasco se reventara.

  • Lo oí, por accidente- tuvo que confesarlo. Pero Snape no se inmutó.

  • ¿Y acaso sabe usted de qué está hablando?

Hermione negó, a sabiendas de que esos detalles no los podía conocer. Suspirando, Snape se dejó caer en el sillón; hundiéndose en el mismo. Ella le mantuvo la vista, esperando por una aclaratoria.

  • Entonces permanezca callada.

  • ¿¡Callada!?- exclamó Hermione con violencia. Snape no hizo más, que un gesto con las manos para que se calmara.

  • Sí

  • ¡No!

Snape no esperó a explicarse demasiado. Suspirando tomó el pergamino, y lo arrojó al fuego. Se hizo cenizas en un santiamén, mientras Hermione pretendía avisarle al director. Al correr, Snape le detuvo sin darse la vuelta; contemplando el fuego.

  • Él ya lo sabe. Dumbledore ya lo sabe, Granger- dijo sin inmutarse. Hermione se giró lentamente hacia él; con una expresión de petrificación.

Intentó abrir la puerta, pero Snape no se lo permitió. La rodeó lentamente y se guardó la botellita en el bolsillo de la túnica. Se inclinó para mirar a Hermione quien había bajado la cabeza debido al temor.

  • Trataría de explicárselo, pero no tengo el tiempo suficiente- le dijo con una voz que pareció un susurro. Hermione no se atrevió a mirarle, ni se atrevió a alzar la cabeza.

Le observó irse y se mantuvo de pie, aún pasmada ante lo que acababa de escuchar. Aún así, la imagen de sus lágrimas persistía en su cabeza. Tenía que ser una realidad. Él no podía desear matar a nadie. ¿O sí?

Corrió tras él, todo lo que sus piernas le daban y un poco más. Lo alcanzó tiempo después, al pie de la escalera. Dumbledore, le había interceptado y le preguntaba con muchísima calma si tenía la poción en sus manos. Snape asintió, girando la cabeza buscando a Hermione. Ella se ocultó tras una columna. Tenía que hacer algo, ella no podía permitirle a Snape acabar con una vida.

Snape terminó de subir las escaleras, justo cuando ella comenzaba a hacerlo. Se detuvo apenas para descansar y continuó corriendo. Si recordaba bien, la mujer que respondía como Catrhina ya no estaba. Si la encontraba, ella podía... ella podía.

A mitad del camino, se llamó estúpida por escuchar lo que no era asunto de ella. Con el corazón acelerado continuó caminando. Muy pronto Snape se había perdido de vista y recostada de una pared, ella había perdido toda esperanza.

¡Dumbledore! Estalló de pronto su mente y fue entonces cuando comenzó a correr de nuevo. Para cuando llegó, Dumbledore estaba por salir. Ella se detuvo frente a él con una mirada de asombro. ¿Cómo podía estar tan calmo en una situación así?

  • ¡Señor!- dijo con violencia- ¡El profesor Snape va a matar a alguien!

  • Sí, va a hacerlo. ¿Cçomo sabes eso Hermione?

  • Lo escuché, bueno sé que no debí.... ¡Pero señor!

  • Váyase a su sala común.

  • ¡Catrhina está embarazada!

  • Ya lo sabemos- fue su respuesta antes de bajar las escaleras sin inmutarse.

Snape por su parte, ya había salido del castillo. Había desaparecido en las cercanías y se había reagrupado en una pequeña habitación. La cama era blanca y tenía algunas manchas de sangre sobre sus sábanas. Sus paredes también las tenían, pero a grandes rasgos poco desorden se podía percibir. Aparte de un extraño olor a sangre seca y a hojas chamuscadas.

Snape caminó entre la ropa que estaba en el suelo y vislumbró a una mujer de largos cabellos negros. Ella estaba en el suelo, cantando una canción de cuna mientras arrullaba a su "vientre". Snape se inclinó y la tomó por los hombros. La mujer mantenía la vista fija en la brillante botella que Snape tenía en su bolsillo. Al verla, comenzó a negar con fuerza mientras él la observaba a los ojos sin inmutarse. No demasiado.

  • ¡Vamos!- le espetó.

  • Por favor... Severus. Por favor. ¡No te atrevas, te lo ruego!- Exclamó, tratando de safarce. Snape, sin embargo, la sostenía con mucha fuerza.

No le hizo caso y comenzó a caminar hacia la puerta de la habitación. Ante la negativa de la mujer, simplemente optó por desaparecer. En poco tiempo ya no estaban en aquella habitación.

Regresó a la enfermería y la dejó en la cama, destapando la pequeña botella con los dientes. Echó su contenido con cierta torpeza, en una copa y se la puso frente a los ojos.

  • ¡Bébela!

  • Severus por favor, no lo hagas. Estoy embarazada

Había reunido la suficiente fuerza como para intentarlo. Catrhina colocó su mano sobre la de Snape, pero fue retirada con un gesto seco. Severus meditó por un largo instante. Luego giró la cabeza.

  • Sólo por eso.

Sacó su varita y trancó las ventanas, una por una. Luego de eso, tomó la varita de Catrhina y se la guardó en el bolsillo. Con unas cuerdas mágicas, la mantuvo atada a la cama.

  • Me duele más a mí que a ti. Pero no tiene sentido que siga con vida.

Trancó la puerta y con andar apresurado, se encaminó hacia la torre Gryffindor. Demandó que Hermione apareciera en el acto y eso fue lo que sucedió. Hermione estaba parada frente a él con una mirada llena de nerviosismo. Severus le observó por un corto instante, antes de sostenerla por los brazos.

  • Me va ayudar, Granger- Dijo de manera amenazante. Tomándola por los brazos y obligándola a chocar con una pared.

  • ¿Ayudarle? ¡Yo no pienso ayudarle! ¡Ni piense que yo le ayudaré!- exclamó ella, tratando de apartarse. La pared se lo evitaba

  • ¡Nadie le mandó a entrometer sus narices donde no debía! ¡Y ahora que lo ha hecho, no se arrepentirá!- susurró, con los dientes apretados y zarandeándola contra la pared

  • ¡Fue un accidente yo no..! ¡Yo no quise hacerlo!

  • Me ayudará a preparar una poción, que mate sólo al bebé. Será su castigo por su manía de escuchar conversaciones privadas. Ahora sí podrá hacer uso de su nombre "Sabelotodo".

  • Y si me rehuso ¿qué señor? ¿Qué sucederá si llego a rehusarme?

  • Dudo que quiera saber, la respuesta a eso Granger. Ahora, mantenga la boca cerrada mientras camina- Se había colocado a su estatura, y le hablaba al oído- ¿Qué espera?