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Él, ella y Hermione Granger — capítulo 3
Él, ella y Hermione Granger
Una mentira dicha mil veces, se convierte en una gran verdad
Político venezolano.
En el laboratorio
Hermione pasó largas noches, sin cerrar uno de sus ojos. Trataba de mantenerse despierta, apoyando su cabeza en una de sus manos. Mientras trataba, Severus analizaba la onceaba muestra que había preparado con su ayuda. No podía encontrar una pócima, que no causara efectos contrarios o que hiriera a la persona que la probara. Hasta ahora, había probado con animales y los resultados no eran los esperados. Había matado a tres y a uno, parecía que estaba a punto de desfallecer.
Se levantó para estirar las piernas. Severus la miró por unos minutos, mientras continuaba mezclando la pócima que tenía entre sus manos. Hermione paseó alrededor del laboratorio e inspiró en silencio. Con una sonrisa suave, Severus la miró a través del cristal que tenía en frente. Ella suspiró y tomó uno de los tarros, para mirarlo.
El líquido rojizo, con una fluidez como la miel, atrajo su atención de inmediato.
- Necesito que haga algo. Así no terminará aburriéndose, por lo que veo.
Hermione parpadeó pesadamente y asintió en silencio. En realidad, solo quería dormir. Suspiró y esperó por la orden de su profesor de pociones. Su asesino profesor de pociones.
- Vigile a Cathrina. No permita que se vaya. Aunque embarazada; es poco lo que se puede mover.
Ella no dijo nada y prefirió no pensarse cómplice del asunto. Inspiró en silencio y suspirando ese aire, caminó hacia la puerta. Antes de irse, Severus Snape tenía algo que agregar.
- Y no hable con nadie- dijo de pronto- o se arrepentirá.
Hermione asintió en silencio y abrió la puerta. Caminó hacia una habitación larga y con paredes viejas, de cal y suelos de piedra. Una especie de habitación, dentro de esa ratonera en la que solían vivir los Slytherin. Miró a su alrededor y pensó que no había nadie adentro. Sin embargo, dudó de eso, cuando una mano nerviosa se posó sobre su boca, impidiéndole gritar.
- Por favor, tienes que ayudarme a salir de aquí.
Ella inspiró, luego de que la soltara y pudiera respirar. La mujer, estaba sentada frente a ella y la miraba con mucho miedo. ¿Qué podía decirle, ahora que estaba allí adentro?
-
Sé que Severus te conoce, sé que él confía en ti. Necesito salir de aquí. ¡Por favor! No quiero perder a mi bebé. No dejes que él lo mate.
-
Pero. ¿Por qué quiere hacerte eso?
A su juicio, la mujer era muy hermosa. No creía que Severus Snape, estuviera casado. Con una inspiración profunda, la mujer juntó sus manos sobre su vientre y lo acarició ligeramente.
-
Severus quiere acabar con su vida, por su error. Por un accidente que cometió. Él no lo sabía, incluso yo... ¡Por favor, tienes que salvarnos!
-
Pero ¿Qué puedo hacer yo?
-
Tienes que ayudarme a escapar. Sé que él quiere acabar con su vida, pero yo quiero tenerlo. Por favor, ayúdame.
Pues, ella también estaba en contra de todo eso. Inspiró y trató de pensar cómo ayudarla. Con una sonrisa suave, asintió, tratando de calmar sus ansiosas palabras. Inspirando levemente, ladeó la cabeza hacia la puerta. Alguien se acercaba. Se apartó de la mujer y se quedó a un lado, esperando.
Severus Snape entraba en la habitación. Las miró a ambas y luego, a Hermione.
- Salga de aquí, Granger.
Hermione hizo lo que le pidieron, mientras la mujer la miraba con un gesto suplicante. Severus trancó la puerta y se dio la vuelta hacia ella. Cathrina retrocedió en la cama y suspiró nerviosa.
-
Cathrina, tienes que escucharme.
-
No. ¡No voy a escuchar nada de lo que tengas que decir, Severus Snape!
-
¡Ese bebé no puede nacer! No sabes lo peligroso que podría resultar. ¡Es ilógico!
-
Es mi hijo y lo tendré, te guste o no.
-
Pues en ese caso, no me dejas alternativa que hacértela beber.
-
¡Ni te atrevas! No puedes matar a un niño, por tu error. Eso es inhumano.
La mujer sollozó con fuerza, mientras Severus sostenía uno de sus brazos y trataba de obligarla. Ella forcejaba mientras lloraba. Ante todo eso, perdió la fuerza para continuar e hizo otra cosa.
La abrazó en silencio y se resbaló con ella. Cayó sobre sus rodillas y no dejó de llorar. La botella se había quedado en la mesa y brillaba con un resplandor curioso. Dejó de mirarla. Dejó de mirar lo que tenía a su alrededor.
- Severus por favor. ¡Por favor!
No quiso hablar, tampoco era que pudiese decir algo que remendara esa situación tan penosa. Alzó la cabeza y miró la poción sobre la cama. Tenía que estar pensando en estupideces. Tenía que estar sintiendo estupideces.
Pero ese bebé no podía nacer. Quisiera ella o no, ese bebé no podía nacer.
Y así perdiera algo que amara, tenía que arrancárselo.
- Lo siento- le dijo y ella abrió los ojos- no puedo.
"Lo siento, pero no puedo".