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Crónica de Cómo Destruí un Alma — capítulo 4

Erika abandonó el edificio llena de emoción. Por fin vería a David, ¡Por fin! No le importaba en absoluto mojar sus zapatos deportivos, o que su pantalón de mezclilla estuviera empapado hasta las rodillas. Subió al primer taxi que vio y el viaje se le hizo eterno pero valía la pena. O eso pensó.

Al llegar a la Universidad "St. Louis" tuvo que pasar por un largo proceso en el que los guardias de la escuela decidían sí o no dejarla entrar. Erika casi les rogó, les enseñó todas sus credenciales hasta que al final se compadecieron de ella.

"Esa chica está loca" -había murmurado uno y siguió comiendo su rosquilla al más puro estilo de Homero Simpson mientras Erika se alejaba por el camino bordeado de altos y frondosos árboles y dejando que sus pies chapotearan con libertad entre los charcos. Casi se había olvidado por completo de la sombrilla que llevaba. Su largo cabello se le pegaba en la cara pero era un pequeño sacrificio a cambio de todo lo bueno que recibiría. Ya cuando estuviera de vuelta a su habitación tendría tiempo de pelearse con cepillos, peines y tratamientos para evitar que se dañara el cabello.

La joven miró su reloj, era la hora de la comida. Se paró en seco en un cruce de pasillos y se mordió el labio inferior: ¡¿Dónde estaba el comedor?!Dos meses atrás había tenido la oportunidad de recorrer la Universidad "St. Louis" cuando creyó que aun existía la posibilidad de permanecer junto a David hasta que conoció la tira de materias y no, no era lo suyo. A pesar de sólo haber estado ahí una sola vez, podía recordar la localización de algunas partes importantes: Una vuelta a la izquierda, otra a la derecha, nuevamente a la ¿derecha?...

No me importa perderme 10 veces en este lugar, llegaré a él. -se dijo.

De todos modos, sería fácil encontrarlo: Delgado, de 1.70 metros de estatura, cabello corto y negro, y unas gafas sin armazón que casi siempre estaban torcidas sobre la nariz. Erika nunca entendió porque se le torcían tanto los lentes pero con ellos o sin ellos, a la joven le encantaba David. Lo adoraba.

Casi gritó de la emoción cuando lo vio de pie junto a una mesa, su pequeño grupo de amigos (y amigas) charlaban divertidos en lo que él se acomodaba en el asiento. Corrió a través del largo pasillo. Nadie la veía, nadie la escuchaba por encima de las conversaciones o el golpeteo de la lluvia sobre los grandes cristales.

Una chica en la mesa de David captó su presencia y detuvo su conversación. Tenía el cabello negro y corto hasta los hombros y alzó una ceja cuando comprendió que Erika se dirigía a ellos. El bombón de David siguió la mirada de esa joven hasta encontrarse con la mirada de Erika.

-¡Wow! -exclamó sorprendido. Se puso de pie frente a ella y se llevó una mano a los cabellos. -Ammm… ¿Qué haces aquí?

Erika no podía hablar, había corrido mucho pero quería contestarle, explicarle en pocas palabras porque se encontraba en ese lugar. Pero las palabras no salían en absoluto…

Entonces lo besó.

Había sido algo espontaneo. Ni siquiera estaba segura de lo que sus músculos le obligaron a hacer. Sólo en un momento estaba frente a él y al siguiente le había sujetado el rostro y rozado sus labios con los del chico de sus sueños.

David se puso tenso y apretó los labios. Erika de inmediato supo que algo no marchaba bien pero volvió a insistir moviendo sus labios dulcemente para que él le permitiera abrirse paso entre los suyos. Pero no pasó nada. Después de eso sintió unas firmes manos sobre sus muñecas pidiéndole que retrocediera. Ella no quería, ella quería estar junto a él pero se resignó y se alejó de David.

¿Dónde estaba la mirada cariñosa que ella había imaginado? ¿Por qué David la observaba como si no la conociera? ¿Cómo si fuese un bicho raro? ¿Dónde estaba esa sonrisa que ahora era remplazada por una mueca llena de seriedad y el ceño fruncido? ¿Dónde estaba su chico de ensueño?

Ella no entendía nada y las palabras que le dijo él tardaron mucho en procesarse en su mente porque simplemente no podían ser:

-Erika… -empezó a decir el muchacho dando un paso hacia atrás -Creo que es mejor que te vayas…