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Historia 49808 — capítulo 3
Capítulo 3:
Era de noche, la mejor hora del día, por lo menos para mí. Llegué a un lugar llamado Calabria, un lugar hermoso. Vivía mucha gente, si moría alguna persona, no creo que los ciudadanos de por allí se dieran cuenta. Había mar, y casas de una belleza impresionante. Vi a varias personas, que no me complacieron hasta que encontré a un anciano que no se daba cuenta de nada y estaba sordo y ciego, que malo soy pensé en mi fuero interno. No me importaba mucho lo que hiciera, tenía un aroma muy bueno, como a lavanda.
- Signore, sembra male, vuoi per accompagnarlo a casa sua?- le pregunté amablemente en italiano. Los vampiros aprenden muy rápido los idiomas. (Señor parece que no se encuentra bien quiere que lo acompañe a casa)
- La ringrazio molto amabile ", dico, dove la mia casa?-me pregunto también amablemente.(Gracias ¿ le digo dónde está mi casa?)
- Non ti preoccupare so dove.-le respondí. (No se preocupe sé donde está)
Lo cogí por el brazo. Primero le saqué la sangre por la garganta, el anciano se estaba desangrando ya no respiraba, y no se movía porque, no sentía las piernas, ya no servía para nada más que para estorbarme, él gritaba pero sus llantos no se sentían, no tenía muchas fuerzas para hablar pero de vez en cuando soltaba alguna fracesita, también lloraba, decía palabras en italiano que significaban: eres un ser sin alma, eres aterrador, no tienes sentimientos hacia nadie, eres un ser maligno no te importan las personas. Yo no le hacía ningún caso, ya sabía que no tenía alma y que era un ser maligno. Se murió casi al instante de tirarlo en la acera de una casa. Le dije que lo sentía pero que no podía hacer otra cosa. Lo dejé tirado allí y luego me fui.
Los asesinatos se estaban convirtiendo en mi obsesión. Poco a poco notaba como cada vez tenía más y más hambre.
De repente se había hecho de día, nunca me había visto a mi mismo reflejado a la luz del sol. Entré en una casa abandonada, me suponía que habría algún espejo y encontré uno, lo llevé de allí y me fui a un bosque cercano. Lo puse frente a los árboles a la luz del sol y miré mi reflejo, parecía un diamante, mi piel estaba brillando y aparentaba que tenía diminutas joyas por mi cuerpo. Tenía miedo de mí mismo pero era un vampiro, la gente nos tiene miedo.
Fui junto a los Vulturis pero Heidi no me dejó, estos días se había comportado de manera muy extraña, no sabía que le pasaba todo el tiempo me evitaba y cada vez que intentaba hablarle ella ponía excusas para marcharse, de repente me dijo:
-Edward, siento haberme comportado de este modo contigo, sé que he sido una insulsa al no decirte esto antes pero espero que me perdones.-me dijo en tono triste y amargado.
- No estoy enfadado contigo pero no me gustó la forma en la que me trataste, ¿qué pasa?- le pregunté algo preocupado.
-Lo que pasa es que, me estoy enamorando de ti, por eso me intento alejar lo máximo, pero no lo consigo, sé que he sido un poco borde pero era la única forma, aunque no funcionó, ¿sientes lo mismo por mí? No intentes ser caballeroso simplemente dilo no me lo tomaré a mal.- me rogó.
-No te puedo decir que yo también te amo porque sería una mentira cruel por mi parte, pero sí, que tenemos una buena amistad y quiero que siga siendo así.
Ella sonrió ante mi respuesta y luego me abrazó le devolví el abrazo lo para consolarla y funcionó, en sus pensamientos se estaba calmando. Cuando aún no sabía lo que pasaba tampoco sus pensamiento lo expresaban en su mente no guardaba mentiras ni tampoco sus tristezas solo cosas como, lo bien que se llevaba con Aro. Yo había descubierto por los pensamientos de Caius que él si estaba amaba verdaderamente a Heidi, eso me alegró pronto lo descubriría ella y no estaría tan pesimista.
-Ya puedes ir junto a ellos, antes estaban ocupados.-me dijo Heidi entre risas, me gustaba verla sonreír.
Llamé a la puerta donde se encontraban todos no sabía que le pasaba, la mayoría tenían caras alegres algo muy poco común, como siempre Caius y Marco estaban serios.
-Hola Edward siento este homenaje tan tonto pero es porque, como te dije cuando llegaste, gracias a tu don podrías ser uno de los más importantes, y no creo que sea así si te quedas como un miembro sin valor de la guardia.-me contestó.
-Gracias maestro es un gran honor- le dije muy agradecido por la lealtad que habían puesto en mí.
Me asignaron un trono y me dijeron que a menudo tendría que sentarme ahí y juzgar vampiros. Esto también me animó.
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