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Mi ángel — capítulo 2

Estaba allí, sus labios estaban entre abiertos y sus ojos cerrados. Estaba soñando con la sensación de que era su final.  Con lo que debía ser, luego de que muriera. Era lo mejor. Necesitaba morir. Necesitaba que su vida se extinguiera pronto.

Él no era nada importante. Sirvió una vez, quizá dos o tres, pero ya le había llegado el momento. ¿Quién se acordaría de un hombre como él?

Que hizo tanto daño, que hizo tantas lágrimas y tristezas. Mejor era morir de una buena vez, con dolor y sufrimiento. Lentamente y sin anestecias posibles.

Lo mejor que podía hacer por el mundo, era sentir su peso. Eso era lo único que necesitaba para morir feliz.

Sufrir como todos sufrieron, gracias a él.

Pero una dulce voz, acallaba sus pensamientos más profundos. Tenía el cabello rizado y hermoso. Largo y sobre sus hombros, de una forma muy natural. Brillaba, no entendía por qué, pero toda ella, brillaba.

Suspiró, trataba de alcanzarla, pero ella estaba lejos. Ella se inclinó y sonrió, sus labios simplemente se abrieron ante su mejilla.

Ella era juguetona. Ella era como una pequeña niña. De caderas pequeñas y delgada. Era hermosa. Sintió su mano sobre la suya y entonces, sintió calor.

"No te mueras"

"Tengo que irme"

"No, no tienes por qué"

"Fui un hombre malo"

"Fuiste muy valiente"

No sabía quién era o qué cosa, pero su mirar le hacía sonreír. Ella era angelical, un ángel aunque ya no pensara en algo coherente. Suspiró, ante su suave piel y su dulce aroma. Ella lo abrazó en aquella cama y negó con la cabeza.

"Yo te extrañaría...Si te fueras"

"Soy Severus Snape. ¿Lo entiendes?"

"Pudiste haber hecho mal. Pero al menos yo, te perdono"

Y a su lado, había una joven. Sostenía la mano de su profesor de pociones. Castaña, de ojos color miel y una mirada de preocupación en su semblante dulce.

  • No se muera, profesor Snape.