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Sangre y clavos — capítulo 15
Snape la contempló, mientras ella estaba allí parada. Por su aspecto, parecía que llevaba mucho tiempo muerta. Graciosamente, las pistas lo habían conducido a donde vivía o se originaba la catástrofe. Ella estaba allí parada y sonreía. Tantas veces había soñado con algo familiar, pero antes no la había reconocido. Ahora justamente, entendía que no se trataba de Rose. Rose solo era un médium.
- Es insistente, pese a que bloqueé su camino tantas veces. ¿Por qué está aquí, Sr. Snape? Hablar con alguien fallecido, era lo más extraño que había hecho a lo largo de su carrera.
- Intentas asesinar a las personas, utilizando a una pequeña. Entonces, indudablemente tiene que ver conmigo.
- Hace muchos años, yo viví una historia similar. Yo tenía un padre que me amaba, una madre que me amaba. Viajábamos en un auto y chocamos. No supe por qué, estaba muy aturdida. Todos salieron del auto y los seguros se atoraron. Quise bajarme, pedí ayuda. Mi hermana me dejó allí dentro y no me dejó salir. Tiempo después, solo acabé con su vida y la de mis padres. Bueno, ella lo hizo por mí. Sé lo que se siente la ira, señor Snape.
- ¿Buscas venganza?
- Busco justicia. Por supuesto eso no me sirvió de mucho. Solo había sido mi hermana, no yo.
- ¿Tu hermana...?
- Ella está encerrada en una institución mental. Por que está loca. Y sus labios se curvaron en una sonrisa, que Snape no pudo mirar. La niña de no más de once años, caminó lentamente hacia la silla de ruedas.
- Pasé meses en esa silla. El auto se calcinó, pero yo pude escapar por un vidrio roto. Estaba totalmente desfigurada, terminé cerca de un lago. la piel se me caía como si fueran escamas. Y entonces, llegué a esa iglesia. Pasé un par de años allí encerrada. Me veían como fenómeno. Muchas cosas hicieron allí dentro. Muchas.
- Así que decidiste escapar, no sin antes dejar una muestra de tu presencia.
- No podía. Estaba muy herida como para actuar. Tenía mucho miedo. Caminé por las calles, en busca de ayuda y terminé en este lugar. Hasta que me reconstruí, supe que podía hacer más de lo que otros podían. había desarrollado mi odio, lo usaba para obtener lo que quería. Por eso los niños me temían. Me llamaban bruja.
- Y Rose, tenía un caso similar al tuyo.
- Su auto no se volcó sin ayuda.
- ¿Pensabas matarla?
- No precisamente, no estaba en mis planes. Pero le ayudé a sobrevivir. Y luego su madre. Su madre la había abandonado. Pero siempre estaba usted, para salvarla.
- Es injustificado. Ella ¿cómo podía suponerlo? Miró a su alrededor. Realmente la habitación, tenía un aspecto atípico. Con una sonrisa, ella continuó caminando hacia él y su aspecto sombrío, le decía que iban a ocurrir un par de cosas peligrosas y sin sentido aparente.
- La anciana... Ella.
- Ella sabe que estoy aquí. Ella lo trajo, Sr. Snape. Una mente tan inteligente, no trabaja sola todo el tiempo.
- ¿Qué quieres de mí?
- Un último favor y todo habrá terminado. Hermione se había despertado, luego de una pesadilla. Su esposo estaba deambulando los pasillos. Estaba muerto y podía ver su cráneo, la piel quemada que caía de sus brazos, de su rostro. Soñaba con la expresión de su hija, llena de miedo. Por supuesto, mientras él trataba de violarla. Y luego, soñaba con Snape. Con su muerte.
- Mamita. Tengo miedo. He visto algo terrible. Severus bajó de su auto, en una pequeña casa sobre el lago. La contempló, mientras la niña estaba cerca de la puerta y se volvía a mirarlo. Él inspiró y caminó tras ella, empujando la puerta. La figura fantasmal, se detuvo junto a un enorme salón. Allí había una mecedora y alguien se mecía en ella.
- Imaginé que volverías, Eris. No estaba equivocada.
- Entonces, vives aquí. Hermana. La observó levantarse y darse la vuelta. Su hermana era bastante mayor, a diferencia de ella. Con una sonrisa suave, se dio la vuelta. Era excesivamente blanca y pálida. Severus la observó, mientras ella lo miraba.
- Trajiste invitados.
- Solo un testigo de tu perecimiento. Las almas van al infierno, sin derecho al paraíso. Entonces, ¿quieres intentarlo?
- Tendrás que pasar por mí cadáver. Pues, la expresión bien hablaba con justicia. Miró las paredes a su lado, escuchaba los lamentos de miles de personas. Se corroían a un paso tan veloz, que costaba entender si se trataba de un efecto temporal o si solamente era una alucinación. La risa de la niña, comenzaba a ponerle nervioso. Era un simple espectador de un enorme hoyo en el suelo. Había miles de cadáveres allí y las mismas criaturas que parecían ser hombres, pero que eran menos que eso. Mientras observaba, le pareció reconocer a algunas de las víctimas. Su sonrisa, sus dientes llenos de sangre y la piel quemada. Muchas veces estuvo en sus sueños. Con Lily, con Rose y Hermione. Muchas veces estuvo usurpando sus pensamientos. Notó que su hermana sonreía y tenía entre sus manos, una enorme hacha. Antes de lanzarse sobre ellos, su cuerpo se detuvo. No respondió a sus movimientos. Como si una enorme masa lo empujara hacia atrás. El hacha resbalaba de sus manos, por más que intentaba sostenerla. Comenzaba a cortar sus palmas. Intentó tomarla por su mango, pero fue imposible. Se cortó varios dedos en el proceso. Soltó un quejido y el hacha cayó en el suelo. Se levantó de inmediato y flotaba en el aire.
- Quiero ver tu cuerpo ¡Arder en el infierno! Y se encendieron las hornillas, los objetos eléctricos comenzaron a prenderse en llamas ante una macabra risa. Severus retrocedió, ante el abrasante calor. La joven había querido moverse, pero no funcionaba. Miraba con horror, cómo las llamas se acercaban a ella. La rodearon rápidamente y sin embargo, jamás había visto forma peculiar de incendiarse. La niña había abierto sus brazos en cruz y las llamas habían comenzado a ascender por el cuerpo de su hermana; que chillaba de dolor mientras se quemaba. La miró. Lo único que podía ver eran sus globos oculares. El resto comenzaba a chamuscarse como papel. Y cayó al suelo, sosteniéndose la cara con las manos. Delgadas tiras de carne, comenzaron a desprenderse. Soltó un alarido, cuando ya no quedaba nada más que el esqueleto que fue absorbido por muchas sombras. Jamás había imaginado semejante despliegue de energía negra, sobre algo o alguien. Incluso solo el despliegue. Aquel demonio suspiró satisfecho y sonriendo, se dio la vuelta para mirarlo. No supo qué papel jugaba allí, pero lo había visto. Y regresó a casa, su auto estaba a pocos metros de una casa en llamas. La niña se había detenido en la puerta y allí se quedó. Jamás salió ni se apartó de aquel lugar. Hermione estaba sentada en el sofá del salón, escuchando las terribles noticias de los cadáveres. Y por sobretodas las cosas, de aquella casa incendiada. Allí, donde vivía Eris. Inspiró, temiendo lo peor, aferrándose a la fe en la que debía creer. Y entonces, escuchó el sonido del auto que bien conocía. Suspiró, imaginándose cualquier cosa y mirando la puerta que comenzaba a abrirse con un movimiento lento. Se abrió totalmente y ambos se miraron. No lo dudó dos veces y se lanzó a sus brazos, llena de lágrimas.
- Se terminó- le dijo él- se ha terminado.
- Tenía tanto miedo. Gracias al cielo.
- Y al poder de dios. Muchos meses después, se creyó que las causas del incendio habían sido por descuido y no se encontró cadáver que lo probara. Hermione estaba asistiendo a una terapia junto a Rose. Se habían mudado a la ciudad y ella comenzaría una escuela nueva.
- Mi amor, todo saldrá bien- le dijo, en el auto.- además el señor Snape, comentó que la escuela era muy agradable y la maestra era muy dulce.
- Tengo miedo.
- Estarás bien- dijo, dándole un beso en la frente- además, esto siempre me protegió y te protegerá.- colocó el crucifijo entre sus manos.
- Puedo ver a papá.
- Él se irá pronto. Cuando nos mudemos junto a Severus. ¿Qué te parece?- le sonrió y Rose asintió en silencio. Rose se bajó del auto y Hermione esperó hasta que entrara en la escuela. Mientras conducía lentamente para seguirla, notó a una pequeña niña en la esquina. Le era muy familiar. Sonrió y luego, se perdió en la lejanía.
- En mi vida, había visto algo semejante- dijo Lupin y Snape asintió junto a él. Un caso que había marcado historia. Sobretodo en su agencia. Aunque pocos lo creían. Mientras estaba mirando por la ventana, sintió dos brazos que rodeaban su pecho y temió escuchar lo mismo que antes.
- Hola, Severus- dijeron y él, se dio la vuelta para mirar.
- Hola, Hermione. ¿Cómo está Rose?
- Creo que le irá bien. Está bien protegida. ¿Qué tal ha estado tu día?
- La mitad de la agencia cree que estoy loco. La otra mitad cree que los golpes me han afectado la cabeza. En general, muy bien. Hermione no contestó, mientras él se daba la vuelta para mirarla. Lo besó, mordiendo su labio inferior y sonriendo.
- El cura Albus, ¿oficiaría nuestra boda, si nos casáramos? Claro, si no le teme al compromiso.
- Cumplo las promesas que hago.
- ¿Podrías prometerme otra cosa?
- ¿Qué?
- Prométeme que dejarás ese horrendo trabajo. No quiero recordar nada de esto ni quisiera perderte.
- Trataré. No puedo asegurarte nada y...- rió, cuando Severus la levantó del suelo- ahora quiero hacer una investigación de campo, sobre su estado de salud. ¿Subimos?
- Perfecto. Y se oyó a sí mismo, gimiendo su nombre. Ella sostenía su mano sobre la pared, muy cerca de un cristo que estaba colgado sobre la cama. Graciosa forma de terminar una creencia. Sonrió, mirándola bajo su cuerpo. Ella sonrió también.
- Tuve mucha suerte de encontrarme con usted- le dijo, acariciando su espalda descubierta. Severus inspiró en silencio y sonrió.
- Sí. A mi vida le hacía falta un poco de emoción. Y giró sobre sí mismo, mientras ella se abrazaba a su cuerpo. Lo último que recordó de esa vivencia, era que dormía abrazándola. Y soñando con Lily y su sonrisa. No recordaba nada más. Como si el tiempo hubiese vuelto a comenzar.