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Historia 50098 — capítulo 6
El día amaneció nublado y oscuro, terminando por convertirse en una mañana lluviosa y desagradable.
La jornada pasó lenta, calmada y tranquila, y cuando sonó la campana salvadora, corrí hasta donde debías estar. Debías estar allí, pero no estabas.
Me entristecí ligeramente, pero fui a buscar a Mery, Álvaro y Anne, que se alegraron de verme, pues últimamente apenas había hablado con ellos. Les tenía olvidados.
El día fue culminando poco a poco, y seguí sin ver tu rostro.
La lluvia continuó impasible, ajena y sobrenatural.
Y sentía que poco a poco, la presión de dentro de mí disminuía poco a poco. Y me di cuenta que se trataba de la ausencia de James, que lentamente quitaba esta congoja...de la obsesión. Cuando no tenía su rostro tan presente, lograba sentirme mucho mejor.
No podía evitar odiarme y preocuparme por este hecho.
Porque me sentía bien cuando James no estaba a mi lado, más que feliz...LIBRE. Seguía amandóle y ése era quizá el problema. Me encarcelaba yo misma en un amor rayano a la obsesión.
Pero el sentimiento de libertad se va convirtiendo en uno de necesidad imperiosa.
Si fuera una droga, sería la heroína. Cometí el error de soñarte, de anhelarte, y tuve la suerte maldita de encontrarte, James...´
Sumerjo mi rostro en el agua fría que sale a borbotones del grifo de un sucio lavabo de colegio. El agua no es lo que se diría cristalina, pero está helada y sirve para aclarar mi mente. Esos ojos tuyos se reflejan en el espejo, y sacudo la cabeza. Tus ojos desaparecen del pedazo de cristal, pero de pronto, en mi cabeza oigo unos gritos indescifrables...
El pánico me recorre, quiero chillar pero el terror me lo impide, y el agua fría contra mi rostro no funciona ni me despeja.
Me calmo lentamente, pero esos alaridos terribles resuenan en mi cabeza, y ahora puedo reconocer la voz que los emite.
Y es peor que la perspectiva de la locura.
Porque tu voz es la que grita desesperada.
<<¡¡Ayúdame!! ¡Lau, ayúdame...sácame de aquí! Estoy solo...y tengo miedo>>
El cántico que escuchaba dentro de mí, siempre el mismo y cada vez más alto.
Las lágrimas afloraron solas, y de ahí al ataque de histeria no hubo más que una delgada línea,cruzada enseguida.
No recuerdo cómo que he llegado a esta habitación de hospital.
En una placa veo que pone: Psicología.
Suspiro, y decido que no hablaré con ningún psicólogo. Nadie puede comprender que oigo la voz de mi novio en mi cabeza, pidiendo auxlio.
Tengo que ayudarle...algo le ocurre.
Tiene miedo, está solo...
-
Hola, Lauren...soy el doctor Matt.- un joven con aspecto de universitario se acercó a mí, pero sólo le dediqué una mirada fría y cerré los ojos.
-
Tenemos que hablar sobre lo que ha ocurrido.
-
No tengo nada que hablar con usted, doctor. Si se lo explicara no lo comprendería, me recetaría un medicamento y punto. Por eso, no se lo voy a explicar.-razoné con él como se razona con un crío de cinco años, pero no quiso escuchar. Exactamene como un crío de cinco años.
-
Puedes intentarlo. ¿Tiene algo que ver con...-buscó algo en una pequeña libreta que llevaba.- tu novio, James?
-
No...se atreva a hablar de él.-pronuncié con la mayor claridad y rabia contenida posibles.
-
Necesito conocer algo sobre él para ayudarte.- simplificó, y en ese momento lo odié.
-
¡NO HABLE DE ÉL COMO SI FUERA UNA MALDITA PRUEBA! ¡NO QUIERO QUE ME RECETE UN MALDITO ANTIDEPRESIVO! Quiero...quiero que lo salven.-después de murmurar esas última palabra, caí en coma.
No sé a ciencia cierta cuánto tiempo estuve en ese estado.
Me hallaba en una oscuridad brumosa, y la voz de James pidiendo socorro no me abandonó. Quise morir, pero no estaba segura de si estaba muerta.
En el momento en que desperté del coma, antes de enfocar el rostro preocupado del doctor Matt, pude ver unas imágenes muy distintas a la del hospital.
Se trataba de un coche estallando, chocando contra algo...y un escalofriante alarido de terror.
No comprendí su significado, y no me preocupé por ello, sólo me invadió una enorme sensación de alivio. Consciente, no oía los gritos de sufrimiento de James. Esa era la verdadera tortura para mí.
Al cabo de un rato, llamaron a la puerta, y entró Mery, acompañada de su madre, que se marchó a los dos minutos.
Mery, preocupadísima, me abrazó con fuerza y me hizo miles de preguntas, a las que no contesté.
- Mery...estoy bien, sólo fue...un ataque de histeria. Estoy muy cansada...-le hice entender que quería dormir, depositó un ramo de flores en mi mesilla y se despidió con otro abrazo.
Estaba deseando que esa puerta se cerrara tras ella, pero no para dormir
De hecho, sentía pánico de dormir, porque sabía que los gritos de James atenazarían mi sueño.
Pero Morfeo venció, y en contra a lo esperado, me sumergí en un sueño extraño. Se repetían, una y otra vez, las imágenes de el coche chocando y la primera vez que vi a James.
¿Qué habría ocurrido con mi ángel?
¿Qué querría decir ese coche estallando?
Siempre era él.
Mi madre, preocupada, pidió que me sedaran y me induciesen un coma para poder descansar, y se lo agradecí infinitamente.
Me sumí en un mundo oscuro, neutral y sin sueños...y sobre todo, en silencio, sin esos horribles gritos de auxilio y terror que me marcarían de por vida...